Como se canoniza un Santo

Los primeros santos venerados fueron los discípulos de Jesús y los mártires. Más tarde también se incluyó a los confesores, las vírgenes y otros cristianos que demostraron amor y fidelidad a Cristo y a su Iglesia y vivieron con virtud heroica. Con el tiempo creció el número de los reconocidos como santos y se dieron abusos y exageraciones, por lo que la Iglesia instituyó un proceso para estudiar cuidadosamente la santidad. Este proceso, culmina con la "canonización".

En el año 993 tenemos el primer caso en que una canonización es aprobada directamente por un Papa. A partir de 1234 las canonizaciones se reservaron sólo al Sumo Pontífice. En 1588 el Papa Sixto V creó la Congregación de Ritos y la encargó de estudiar los casos de canonización. En 1917 el proceso aparece codificado en el Código de Derecho Canónico y en la década de los 80 se han realizado las últimas reformas para simplificar el proceso.

Ya en el Siglo V, los criterios por los que se consideraba "santa" a una persona eran:

1) su reputación entre la gente "fama de santidad",
2) el ejemplo de su vida como modelo de virtud heroica y
3) su poder de obrar milagros, en especial aquellos producidos póstumamente sobre las tumbas o a través de las reliquias.
Actualmente hay tres pasos en el proceso oficial de la causa de los santos:

1. Venerable

Con el título de Venerable se reconoce que un fallecido vivió las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad), las cardinales (fortaleza, prudencia, templanza y justicia) y todas las demás virtudes de manera heroica; es decir, extraordinaria.

2. Beato

Además de los atributos personales de caridad y virtudes heroicas, se requiere un milagro obtenido a través de la intercesión del Siervo/a de Dios y verificado después de su muerte. El milagro requerido debe ser aprobado a través de una instrucción primaria canónica especial, que incluye tanto el parecer de un comité de médicos (algunos de ellos no son creyentes) y de teólogos. El milagro no es necesario si la persona ha sido reconocida mártir.
Los beatos son venerados públicamente por la iglesia local.

3. Santo

Con la canonización, al beato es incluido en la lista o canon de los santos de la Iglesia (de allí el nombre de canonización). Para este paso hace falta otro milagro atribuido a la intercesión del beato y ocurrido después de su beatificación. El Papa puede obviar estos requisitos. La canonización compromete la infalibilidad pontificia.
Mediante la canonización se concede el culto público en la Iglesia universal. Se le asigna un día de fiesta y se le pueden dedicar iglesias y santuarios.

El catecismo de la iglesia dice al respecto: "Al canonizar a ciertos fieles, es decir, al proclamar solemnemente que esos fieles han practicado heroicamente las virtudes y han vivido en la fidelidad a la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder del Espíritu de santidad, que está en ella, y sostiene la esperanza de los fieles proponiendo a los santos como modelos e intercesores.(CC. 284) "Los santos y las santas han sido siempre fuente y origen de renovación en las circunstancias más difíciles de la historia de la Iglesia".(CC. 285) En efecto, "la santidad de la Iglesia es el secreto manantial y la medida infalible de su laboriosidad apostólica y de su ímpetu misionero".(CC.286) Podemos estar seguros que quien es canonizado es verdaderamente santo. Solo se consideran para canonización unos pocos que han vivido la santidad en grado heroico.

La canonización es para el bien de nosotros en la tierra. La devoción a los santos es una expresión de la doctrina de la Comunión de los Santos que enseña que la muerte no rompe los lazos que unen a los cristianos en Cristo.
El reconocimiento público de la santidad de los mártires y de quienes han practicado las virtudes de manera heroica es una constante en la vida de la Iglesia, desde sus comienzos. Juan Pablo II se refiere con optimismo enraizado en la fe a la tarea pastoral apasionante que aguarda a la Iglesia en el momento presente y no duda en afirmar que el punto de mira ante el que debe situarse esa pastoral es la llamada de todos a la santidad. Dentro de esa perspectiva, el Papa ha querido dar un fuerte impulso al número de canonizaciones y de beatificaciones a lo largo de su pontificado. Con la canonización, la Iglesia da gracias a Dios, a la vez que honra a esos hijos suyos que han sabido corresponder generosamente a la gracia divina y les propone como intercesores y como ejemplo de la santidad a la que todos estamos llamados.

La santidad no es un asunto puramente individual, ya que la Iglesia es la familia de Dios y sólo como miembros de ella alcanzaremos la meta. Jesucristo es la Cabeza del Cuerpo Místico, del que forman parte quienes han llegado ya al Cielo o se purifican para entrar en la Gloria o aún peregrinan en la Tierra. En esta comunión de los santos y comunicación de bienes se hace realidad la santidad de cada uno. Dentro de este marco se encuadran los beneficios que nos brindan el ejemplo y la intercesión de los santos.
La reforma del procedimiento de canonización introducida en 1983 por Juan Pablo II ha simplificado considerablemente el itinerario de las causas de los Santos. Esa reforma de Juan Pablo II responde al deseo expresado por el Vaticano II de ver en los altares a santos contemporáneos, personas que todo cristiano considera más cercanas a las circunstancias en las que se desenvuelve su existencia, porque han vivido en el mismo contexto cultural, con problemas semejantes a aquellos a los que todos nosotros hemos de hacer frente cada día.

"Los caminos de la santidad son múltiples y se adaptan a la vocación de cada uno. Doy gracias al Señor que me ha concedido beatificar y canonizar durante estos años a tantos cristianos, entre ellos a muchos laicos, que se han santificado en las circunstancias más ordinarias de la vida. Es hora de proponer de nuevo a todos con convicción esta "medida alta" de la vida cristiana ordinaria: toda la vida de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe orientarse en esta dirección" (Tertio Millennio ineunte, n. 29). Desde que en 1588 fue instituida la Congregación de las Causas de los Santos hasta la elección de Juan Pablo II, los santos eran 296 y los beatos, 808. A lo largo de su pontificado, este Papa ha canonizado 459 santos y ha proclamado 1.274 beatos.



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