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Bullying:
cuando las bromas entre compañeros se
convierten en violencia escolar

Cuando
las burlas y bromas entre compañeros traspasan
la frontera del respeto y se convierten en constantes
agresiones y humillaciones, estamos ante un caso de ‘bullying’ o
violencia escolar, un grave problema que afecta, según
algunos estudios, a un considerable número de
alumnos españoles.
A
pesar de que parece un fenómeno nuevo, lo cierto es que
no los es. Siempre ha habido niños que tenían miedo
a acudir al colegio debido a los “problemas” de acoso
e intimidación que tenían con algunos compañeros,
si bien es cierto que, según los expertos, lo que ocurre
en la actualidad es que esta situación se ha vuelto, aún
si cabe, más grave.
El
acoso escolar o bullying es una forma de agresión reiterada
que un niño o grupo de niños ejercen sobre otros
a través de la intimidación física, verbal
o emocional, con la intención de causarle daño
o miedo.
Normalmente
la violencia que ejercen los niños es física, y
consiste en pegar, golpear o empujar, aunque también utilizan
una violencia emocional o psicológica que se basa en ridiculizar,
insultar y aislar o dar de lado a un compañero. Ésta
es un tipo de agresión más difícil de percibir,
pero provoca el mismo efecto en la víctima.
Aunque
esos son los tipos de abusos más habituales, también
ocurren, si bien con menos frecuencia, las amenazas con armas,
aquellas en que se obliga al niño a realizar acciones
que no desea y el acoso sexual.
Más frecuente en niños de entre 8 y 12 años
Según informó recientemente el representante de la Agencia de
Evaluación de Tecnología e Investigación Médica,
Lluís Rajmil, uno de cada cinco escolares europeos sufre acoso o agresión
entre sus compañeros, situación que es más frecuente en
niños de entre 8 y 12 años.
En
el marco de las jornadas 'Violencia, maltrato y amenaza a la
adolescencia: situación actual y perspectivas de prevención',
organizado por el Consorcio Sanitario de Barcelona y la Agencia
de Salud Pública de Barcelona, Rajmil señaló que
según el estudio 'Kidscreen', realizado en 8 países
europeos entre los que se encuentra España con encuestas
a 863 alumnos, por sexo los chicos sufren más rechazo
que las chicas y por edad, los pre adolescentes de entre 8 y
12 años “perciben más el rechazo social”.
Por
otro lado, según un estudio presentado por José María
Avilés, psicólogo de la Universidad de Valladolid,
durante la celebración del foro "Los hijos raros.
Claves para que los padres entiendan" organizado por la
Fundación de Ayuda a la Drogadicción (FAD) el pasado
mes de noviembre, más de la mitad de los alumnos que han
acosado en el colegio a sus compañeros y que han ejercido
violencia reconoce que sale impune de este tipo de actos.
Este
trabajo apunta también que el 6 por ciento de los estudiantes
de Primaria y Secundaria admite que utiliza la violencia de manera
habitual y un 1,6 por ciento de los escolares de Secundaria se
declara víctima a diario de violencia o agresiones.
Perfil del acosador
El ambiente en el que vive el niño tiene una influencia casi decisiva
en su comportamiento. De ahí que estos “niños maltratadores” sean
muchas veces víctimas de abusos y malos tratos. También suelen
carecer de afecto y se educan en un entorno familiar problemático, en
el que es habitual la falta de atención y control de los padres.
Son
niños que no se sienten queridos y que tratan de suplir
esta carencia utilizando la violencia como medio para conseguir
cosas, alcanzar protagonismo o sentirse respetados. En el fondo,
tienen un nivel de autoestima muy bajo y un sentimiento hostil
hacia los demás, por lo que descargan sobre sus compañeros
sus frustraciones y problemas.
En
este sentido, según los expertos, los chicos adolescentes
con factores como la hiperactividad, padres con conductas agresivas,
bajo rendimiento escolar, amigos con tendencia a la delincuencia,
bajo nivel socioeconómico y fácil acceso a las
drogas son los que tienen más riesgo de desarrollar conductas
de violencia.
Además,
estos niños no suelen actuar solos, sino que se rodean
de otros a los que utiliza para llevar a cabo sus acciones. Éstos
suelen en la mayoría de las ocasiones dejarse llevar por
miedo a ser ellos las víctimas o bien porque son débiles
o inmaduros o para mantener la amistad del acosador.
Normalmente,
buscan aquellas víctimas que ellos consideran más
vulnerables y actúan sin motivo, sin que sea necesario
que haya una provocación previa. Les mueve el “placer” que
les produce la humillación y el trato vejatorio en sus
víctimas, lo que les hace sentirse poderosos e importantes.
Los
más débiles, las víctimas
Cualquiera puede ser víctima, si bien, suelen ser los más débiles,
es decir, niños inseguros, tímidos, introvertidos o que tienen
alguna característica física que les diferencia del resto como
ser gordo, bajito, llevar gafas o sacar muy buenas notas.
Los
niños víctimas del acoso tienen miedo de ir al
colegio y de encontrarse con sus agresores. Se sienten desprotegidos
e indefensos ante ellos y observan cómo el resto de compañeros
permanecen quietos, sin defenderles ni ayudarles ante esta situación,
seguramente porque ellos también tienen miedo.
Normalmente
el lugar donde ocurren este tipo de agresiones es en las proximidades
de los centros escolares o en el interior de los mismos, bien
en los aseos, pasillos, patio o en las aulas. En algunos casos
tiene lugar incluso delante de los profesores, que, o bien se
sienten incapaces de resolver el problema, o lo dejan pasar como “algo
normal en los chicos”. Por esta razón, el niño
agredido se siente aún más solo y desprotegido.
El
efecto que el acoso puede causar en los niños es demoledor.
Se convierten en niños temerosos y humillados, con una
alta ansiedad y estrés, y afecta enormemente a su autoestima
y equilibrio emocional, llegando incluso a pensar en el suicidio.
Algunos se vuelven, incluso, igual que sus maltratadotes, y se
convierten a agresores.
¿Qué podemos
hacer los padres?
Si observas que tu hijo está siendo acosado y tiene problemas con algún
compañero, debes ponerlo en conocimiento del centro escolar para que
conjuntamente podáis acabar con el problema.
Lo
más difícil es averiguar qué es lo que le
ocurre al niño. Lo más probable es que él
no cuente nada por temor a represalias mayores. Por eso, es importante
que los padres sean observadores y sepan ver lo que ocurre.
Si
el niño repentinamente no desea ir al colegio, parece
angustiado, ausente, tiene pesadillas o llega a casa con los
libros rotos o con heridas, tal vez esté siendo víctima
de un acoso y necesita todo el apoyo que su familia pueda darle.
Por
otro lado, para evitar que se produzca este comportamiento violento
en algunos niños, es necesario que los padres sean conscientes
de la necesidad de educar desde muy temprana edad, corrigiendo
las malas formas y conductas de sus hijos. En toda familia debe
haber unas reglas que cumplir y unos modos de actuar.
Los
padres deben saber lo que hacen sus hijos y con quién
van. Tener una comunicación cordial y fluida con los hijos
facilita el control sobre los mismos y, por tanto, ayuda a prevenir
que su hijo pueda convertirse en un intimidador.
En
cuanto a los centros escolares, los expertos abogan porque éstos
adopten medidas anti-bullying promoviendo la comunicación
alumno-tutor, concienciando a los niños de la obligación
de informar si son testigos o víctimas de intimidación,
introduciendo charlas u obligándoles a realizar trabajos
sobre la convivencia y la no agresión y, en caso necesario,
poner vigilantes en el centro escolar.
En
cualquier caso, tal y como señala el profesor del Instituto
Universitario de Medicina Social de Lausanne (Suiza), Joan Carles
Surís, “los adolescentes son reflejo de la sociedad
en la que viven y vivimos en una sociedad violenta”, por
lo que es obligación de todos contribuir a erradicar este
comportamiento.
- Saludalia
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