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ESTE DOMINGO ES EL DE LA PUERTA ABIERTA, PARA SALIR E IRSE Y PARA VOLVER A LA CASA
13 de marzo 2010 Sábado III cuaresma Os 6, 1-6
Hoy el profeta Oseas nos invita: «Vamos a volver al Señor» y nos asegura que «él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará. En dos días nos sanará; al tercero nos resucitará; y viviremos delante de él». Señor, que no perdamos nunca la esperanza de vivir el día tercero (la resurrección) en tu presencia.
Evangelio según San Lucas 18,9-14.
Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola: "Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano.  El fariseo, de pie, oraba así: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas'.
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!'. Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".
El fariseo y el publicano hablaron con Dios sobre sus personas. Sus actitudes hacia los demás contrastaban fuertemente. Al entrar en oración, puedo hablarle a Dios, humildemente, sobre mí y sobre mis vecinos, y decirle que me tomaré el tiempo necesario para escuchar su Voz.
Quizás, si me dejo llevar, y yo subo también al Templo a orar, me encontraré derecho, a orillas del fariseo, dando gracias con palabras similares: Le tengo que dar tantas gracias a Dios, porque todo lo hago bien, y no como tanta gente miserable y mala, que hace tanto mal en nuestro mundo!
Saboreo un rato esta oración y, si tengo dos dedos de frente, me doy cuenta de que allí detrás hay un publicano, uno de esos que yo menos tengo. Me voy, y escucho lo que dice, y lo repito humildemente. Entonces siento la voz de Jesús que dice: Este bajó a su casa, y no el otro.
Que soy pecador ya lo sé, ya lo tengo experimentado. Pues ¿por qué he empezado a orar como el fariseo? ¿Es que el Padre alguna vez me ha reprochado los pecados? ¿Es que no me acoge y me anima cada vez que me he descubierto pecador?
San Cipriano (hacia 200-258), obispo de Cartago y mártir. La oración del Señor, § 4, 6
«El publicano... no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo»
Las súplicas y las palabras de los hombres que oran deben hacerse con un método que implique paz y discreción. Debemos pensar que estamos en la presencia de Dios. Hay que ser agradables a los ojos de Dios tanto por la postura como por el tono de la voz. Pues así como es propio de los desvergonzados estar siempre gritando, también lo es de una persona discreta el rezar con preces comedidas.

El mismo Señor en su enseñanza nos ordenó orar en secreto, en sitios escondidos y apartados, e incluso, nuestros propios aposentos (Mt 14, 23; 6,6). Es lo más conveniente para nuestra fe. Sabemos que Dios está presente en todas partes, que ve y escucha a todos y que la plenitud de su majestad abarca también los lugares escondidos y apartados, como está escrito: «¿Soy yo Dios sólo de cerca -oráculo del Señor- y no soy Dios de lejos? Si uno se esconde en su escondrijo ¿acaso no lo veo yo? ¿Acaso no lleno yo el cielo y la tierra? (Jr 23,24).
El que ora, hermanos queridos, no debe ignorar como oró el publicano junto al fariseo en el templo. No oró con los ojos erguidos jactanciosamente hacia el cielo ni las manos desvergonzadamente levantadas, sino golpeándose humildemente el pecho y confesando los pecados ocultos, y de esta forma solicitaba la misericordia de Dios. El fariseo se complacía en sí mismo; por esto fue justificado aquél que oraba con humildad, y que, no habiendo puesto su esperanza de salvación en la seguridad de su inocencia, ya que nadie es inocente, oró confesando sus pecados, y su oración fue escuchada por Aquel que perdona a los humildes.
En la próxima semana la Iglesia recuerda a San José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús. Sartre, en su obra de teatro navideño "Barjona", trata de imaginarse a José en el establo de Belén. "Yo no dibujaría la imagen de José; sólo mostraría una sombra en el fondo del establo, y dos ojos que brillan intensamente. Porque no sé qué decir sobre José, y José no sabe qué decir de sí mismo. Él adora, es feliz adorando, y siente que en alguna forma está fuera de lugar. Creo que sufre, sin admitirlo. Sufre porque ahora ve que esta mujer, a quien ama, se parece tanto a Dios; ve cómo ella está ahora al lado de Dios. Pues Dios ha estallado como una bomba en el seno de su familia. José y María han sido separados para siempre por esta explosión de luz. Imagino que, a lo largo de toda su vida, José irá aprendiendo a aceptarlo".

EL PUBLICANO ESTA ATRAS Y EL FARISEO ADELANTE... COMO SE CAMBIAN LAS TORTAS
Como sacerdote he pasado por secretario de obispo, de cura de locos, portador de esperanza a muchos enfermos, buscador de alimentos, por años, sacerdote confesor y director espiritual por más de treinta años, he dado decenas de retiros y he atendido a miles de enfermos, he llegado a sitios que pocos sacerdotes llegan, he escuchado a miles de personas y de almas. Me parece que me estoy haciendo propaganda o como algunos llaman "protagonismo". He dado cursillos como delegado, he enseñado años...  tengo un paquetazo de servicios y de poner a más de una brujilla en su sitio de amor y amistades con más de algún obispo, he atragantado a un montón de servidores de la oscuridad y a pesar de todo estoy de paro y eliminado camino al asilo de los curillas molestos y en mi corazón, aunque fallón, sigo dándole en escribir que han sido miles de "toquecillos". Las mayoría son picantes y es que corre cada ejemplar de servidores y consagrados que mejor se para y les hacemos un "retiro".
Creo que no existe peor público para esto que los sacerdotes, somos de lo más crítico. Tengo que reconocer que en muchas ocasiones me he quedado marcado por la sensibilidad, sabiduría y profundidad de los ponentes/predicadores. En otras ocasiones me gustaría que hubiesen dicho mucho más o más claro. Pero también tengo que reconocer que las grandes lecciones espirituales me las he encontrado donde menos lo esperas: confesando a una viejecita, hablando con un joven, charlando con alguno de los chicos y chicas que me acompañaban en la liturgia que según algunos "santos" estoy desfasado, estando algún día rezando en algún sagrario. Muchas veces Dios te muestra la acción del Espíritu Santo en algunas personas y te quedas asombrado. Pienso: "Yo seré curilla, pero mira que soy sonsonazo" y envidio sanamente a aquellos que escucho.
"En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: - «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.» Esto nos pasa a veces. Pensamos que ya sabemos lo que Dios quiere, cómo es Dios y cómo contentarlo. Hacemos cosas por Dios, pero no dejamos que Dios haga cosas en nosotros. El fariseo era buen tipo, hacía todo lo que creía que tenía que hacer, pero no dejaba espacio para Dios. Tampoco nosotros somos malas personas: oramos, guardamos la abstinencia, hacemos alguna obra de caridad, en fin: cumplimos. Yo creo que me puedo apuntar a este grupo, así que me pondré de ejemplo y no involucro a nadie más. Imaginaos el día que llegue a estar delante de Dios (para eso hay que morirse, pero es un paso necesario), ¿Qué le diré? "Señor, he cumplido todo" mientras le enseño la lista de las cosas que he hecho. El Señor la leerá atentamente (siempre es muy considerado con sus hijos), levantará la cabeza y dirá: "Es perfecto, has hecho muchas cosas, pero en esta lista no está ninguna de las que yo te mandé". Y tendré que irme avergonzado.
"El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador." Aquí están los que te dan sorpresas. No es que no tengan que hacer oración, limosnas y penitencias. Pero saben que Dios es el que las hace en ellos. No se sienten orgullosos de dar lo que tienen porque saben que no es suyo. No dan su tiempo a Dios, sino que están agradeciendo el tiempo que han recibido. No se jactan de sus méritos pues saben que Dios es el que ama primero. Se saben pecadores, pero redimidos y, por lo tanto, agradecidos. Eso lo he encontrado en las personas que humanamente menos esperaba, porque Dios siempre sorprende.
Ojalá esta cuaresma nos dejemos sorprender por Dios. sin duda María, nuestra Madre Virgen, es la mujer más sorprendente de al historia. Nos hemos acostumbrado a su figura, pero si nos fijamos en ella despacio descubrimos que Dios hace lo que quiere con quien quiere. ¡Bendito sea! tal vez si esta cuaresma nos quedamos detrás, avancemos.
La humildad, la sencillez, la docilidad al Espíritu Santo son esenciales para abrir el corazón de Cristo. Pues estas virtudes serán el motivo para que Dios pose su mirada en nosotros. Siempre lo hace pero si nos esforzamos en vivir estas virtudes lo hará de manera especial. Por el contrario, la soberbia, el orgullo, la vanidad nacen del egoísmo y lo que parecería oración no es otra cosa más que alabanza a nosotros mismos. Come el fariseo que agradecía a Dios no ser como los demás hombres porque no cometía sus mismos errores y pecados que ellos. Los dos hombres estaban en oración pero qué oraciones tan distintas. Una hecha con presunción personal y la otra con humildad, con el corazón triste por haber fallado a Dios. ¿Quiere decir entonces que para hacer buena oración forzosamente debemos golpearnos el pecho y debamos hacer exámenes personales de autocrítica, rayando casi con un pesimismo?  Seguramente Cristo no quiere esto. Él más bien nos pide que como niños nos acerquemos a su corazón reconociendo las cualidades que nos ha dado pero tan bien con la humildad necesaria para reconocer nuestras faltas. Recordemos lo que dice el Catecismo respecto a la oración, dice que la piedad de la oración no está en la cantidad de las palabras sino en el fervor de nuestra alma. Pidamos a Cristo que nos enseñe a orar con espíritu humilde y sencillo como el publicano que el evangelio nos presenta el día de hoy. ESTAMOS ENTRANDO EN EL CORAZON MISMO DE LA CUARESMA, YA SE DESLUMBRA LA PASCUA, OJALA USTED Y YO PODAMOS APROVECHAR ESTOS HITOS DEL CAMINO PARA PERDONAR Y SACAR FUERZA PARA QUE CRISTO JESUS EL SEÑOR SEA EL REY DE REYES EN MI ALMA Y VIDA Y EN SER IGLESIA. LE DESEO A USTED Y A LOS SUYOS UN FELIZ FIN DE SEMANA Y SENTIRSE COMO EL HIJO PRODIGO TAN AMADO DEL PADRE DIOS.
La experiencia de buscar convertir nuestro corazón a Dios, que es a lo que nos invita constantemente la Cuaresma, nace necesariamente de la experiencia que nosotros tengamos de Dios nuestro Señor. La experiencia del retorno a Dios, la experiencia de un corazón que se vuelve otra vez a nuestro Señor nace de un corazón que experimenta auténticamente a Dios. No puede nacer de un corazón que simplemente contempla sus pecados, ni del que simplemente ve el mal que ha hecho; tiene que nacer de un corazón que descubre la presencia misteriosa de Dios en la propia vida. Durante la Cuaresma muchas veces escuchamos: "tienes que hacer sacrificios". Pero la pregunta fundamental sería si estás experimentando más a Dios nuestro Señor, si te estás acercando más a Él.

En la tradición de la Iglesia, la práctica del Vía Crucis -que la Iglesia recomienda diariamente durante la Cuaresma y que no es otra cosa sino el recorrer mentalmente las catorce estaciones que recuerdan los pasos de nuestro Señor desde que es condenado por Pilatos, hasta el sepulcro-, necesariamente tiene que llevarnos hacia el interior de nosotros mismos, hacia la experiencia que nosotros tengamos de Jesucristo nuestro Señor. Tenemos que ir al fondo de nuestra alma para ahí ver la profundidad que tiene Dios en nosotros, para ver si ya ha conseguido enraizar, enlazarse con nosotros, porque solamente así llegamos a la auténtica conversión del corazón. Al ver lo que Cristo pasó por mí, en su camino a la cruz, tengo que preguntarme: ¿Qué he hecho yo para convertir mi corazón a Cristo? ¿Qué esfuerzo he hecho para que mi corazón lo ponga a Él como el centro de mi vida?
Frecuentemente oímos: "es que la vida espiritual es muy costosa"; "es que seguir a Cristo es muy costoso"; "es que ser un auténtico cristiano es muy costoso". Yo me pregunto, ¿qué vale más, lo que a mí me cuesta o lo que yo gano convirtiéndome a Cristo? Merece la pena todo el esfuerzo interior por reordenar mi espíritu, por poner mis valores en su lugar, por ser capaz de cambiar algunos de mis comportamientos, incluso el uso de mi tiempo, la eficacia de mi testimonio cristiano, convirtiéndome a Cristo, porque con eso gano.

A la persona humana le bastan pequeños detalles para entrar en penitencia, para entrar en conversión, para entrar dentro de sí misma, pero podría ser que ante la dificultad, ante los problemas, ante las luchas interiores o exteriores nosotros no lográramos encontrarnos con Cristo. Nosotros, que tenemos a Jesucristo todos los días si queremos en la Eucaristía; nosotros, que tenemos a Jesucristo si queremos en su Palabra en el Evangelio; nosotros, que tenemos a Jesucristo todos los días en la oración, podemos dejarlo pasar y poner otros valores por encima de Cristo. ¡Qué serio es esto, y cómo tiene que hacer que nuestro corazón descubra al auténtico Jesucristo!
Dirá Jesucristo: "¿De qué te sirve ganar todo el mundo, si pierdes tu alma? ¿Qué podrás dar tú a cambio de tu alma?" Es cuestión de ver hacia dónde estamos orientando nuestra alma; es cuestión de ver hacia dónde estamos poniendo nuestra intención y nuestra vida para luego aplicarlo a nuestras realidades cotidianas: aplicarlo a nuestra vida conyugal, a nuestra vida familiar, a nuestra vida social; aplicarlo a mi esfuerzo por el crecimiento interior en la oración, aplicarlo a mi esfuerzo por enraizar en mi vida las virtudes. Cuando en esta Cuaresma escuchemos en nuestros oídos la voz de Cristo que nos llama a la conversión del espíritu, pidámosle que sea Él quien nos ayude a convertir el corazón, a transformar nuestra vida, a reordenar nuestra persona a una auténtica conversión del corazón, a una auténtica vuelta a Dios, a una auténtica experiencia de nuestro Señor. JESUS NOS HABLA... POR LA IGLESIA, LA CONFESION, LA EUCARISTIA, EL PERDON A LOS DEMAS A TODOS, TODITOS.
San Nicéforo
Confesor († 829)  Hacia el año 790, en Constantinopla, tienen un hijo Teodoro, secretario del emperador, y Eudoxia.  Hay por ese entonces en Oriente una peligrosa tendencia a la fiscalización por parte del emperador en cuestiones religiosas. Esto es mala cosa; las intromisiones por parte del poder civil en el campo de la teología casi siempre tuvieron malos resultados, como testifica la historia; so pretexto de ayudar a la fe, se disimula el afán desmedido de poder y pone de manifiesto -en este caso- la clara decisión de mostrar una oposición abierta a todo lo que llegue de Roma.
Se trata de la tendencia iconoclasta -el rechazo y prohibición de dar culto a las imágenes- que degenera en herejía.   Nicéforo se educa bajo la tutela celosa de su madre cuando muere en el destierro su padre. Ella se preocupó de llevarlo a los mejores maestros para que cuidaran su preparación intelectual y contribuyeran al asentamiento en su vida de los criterios morales por los que debería guiarse.   En el año 780 se inaugura un buen período de paz con la emperatriz Irene y su hijo Constantino VI. Nicéforo pasa a la corte a ocupar el puesto que de modo tan exquisito desempeñó su mismísimo padre; es nombrado Secretario general. Con la autoridad de legado imperial asiste al II concilio de Nicea que es el VII de los universales o ecuménicos, en el año 787.
La tendencia anímica de Nicéforo es la soledad. Construye a sus expensas un monasterio a orillas del Bósforo, en la parte oriental, y allí se retira para buscar una intimidad con Dios que no tenía en los palacios de la cosmópolis.   Se produce una nueva llamada a trabajar en la corte donde le añoran por su buen hacer, su honradez y bondad. Es un hombre cabal y fiable. Allá va de nuevo Nicéforo llevando consigo la nostalgia de un tiempo santo, sobrio y de paz. Vive en palacio, pero intenta como puede alternar las altas gestiones y la vida religiosa; incluso llega a hacerse cargo del hospital general de Bizancio donde tiene oportunidades sobradas de ejercitar la caridad con los que más la necesitan.   No es extraño que el pueblo le elija y el emperador lo proponga para la sede patriarcal de Constantinopla a la muerte de Tarasio.
Cierto que debió vencerse la timidez para aceptar porque buen conocimiento tenía él de cómo andaban los ánimos en las alturas y de qué manera se recibían e interpretaban las orientaciones del papa de Roma; por otra parte, su elección dejaba inevitablemente postergados a algunos aspirantes a la sede que se quedaban en segundo puesto y esto en los eclesiásticos no es fácil de asimilar; además, ni siquiera era sacerdote. Hubo que darle previamente la ordenación sacerdotal y tras la consagración episcopal toma posesión de Santa Sofía el 12 de abril del 806.   El 10 de Julio del año 813 corona como emperador a León V el Armeno. El buen soldado lo hubiera hecho bien si no se hubiera entrometido a remover en cuestiones teológicas que le sobrepasaban.
Volvió a resucitarse el tema de las imágenes; reunió en torno a sí un grupo de obispos adeptos, resentidos y ávidos de honor, que le apoyaran en sus propósitos de supeditar al poder civil la autoridad religiosa.   Anciano, enfermo y abandonado muere, el 2 de Junio del año 829 -día de su fiesta en la Iglesia Oriental- en el monasterio que construyó en el Bósforo. Repuesta su memoria, se trasladan sus restos a la basílica de los Santos Apóstoles de Bizancio el 13 de marzo del 829, -fiesta en la Iglesia latina.
Oremos:  Señor Dios todopoderoso, que de entre tus fieles elegiste a San Nicéforo para que manifestara a sus hermanos el camino que conduce a ti, concédenos que su ejemplo nos ayude a seguir à Jesucristo, nuestro maestro, para que logremos así alcanzar un día, junto con nuestros hermanos, la gloria de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Fiestas Marianas: Nuestra Señora de la Emperadora, Roma (593).


Santa Eufrasia
Virgen (382-412), más ilustre por su virtud que por su nobleza, nació en Constantinopla, hacia el 380, en tiempos del emperador Teodosio el Grande, con quien estaba emparentada.    Sus padres, Antígono y Eufrasia, eran dechado de virtudes en la corte. Ofrecieron su hija a Dios, y luego vivieron en continencia. Le hablaba del amor a Jesucristo, de la salvación eterna, del horror al pecado, del santo temor de Dios. La niña Eufrasia aprendió tan bien la lección que a la tierna edad de cinco años era la admiración de todos. Perdió a los cinco años a su padre.
El emperador la tomó bajo su tutela. Era tan agraciada que tuvo muchos pretendientes. El emperador firmó por ella un compromiso para cuando fuera mayor. También los tuvo su madre. viuda de veintidós años, tan admirada por su virtud como por su hermosura. Pero la madre, que ya había hecho voto de castidad, marchó a Egipto, con su hija, buscando un retiro para dedicarse a Dios el resto de su vida.   Encontraron en Egipto un convento de religiosas de perpetua clausura, de vida muy santa y de mucha austeridad, según el espíritu eliano. Allí acudían con frecuencia madre e hija para aprovecharse del ejemplo de sus virtudes y para cantar con ellas gozosamente las alabanzas del Señor. La deliciosa niña, con una inteligencia superior a su edad, pues apenas tenía diez años, como inspirada por Dios, decidió quedarse en aquel convento para siempre.
Se hincó de rodillas ante un Crucifijo, lo abrazó tiernamente, y exclamó:   «Yo me consagro a Vos para siempre, dulce Jesús mío. No saldré de este convento, porque no quiero otro esposo que a Vos».   Y escribe al emperador para romper el compromiso de matrimonio. La madre, deshecha en lágrimas de alegría, al verla precoz generosidad de su hija, la abrazó con ternura, y ella misma ofreció también a Dios aquella inocente víctima.    Poco después, la madre, debilitada por sus muchas austeridades, se durmió en el Señor. Ella y su esposo están canonizados. Su hija la lloró con lágrimas de consuelo y esperanza. Y unida ya con más estrechos lazos al cielo que a la tierra, redobló sus fervores, aumentó sus penitencias, buscaba los oficios más humildes, servía a todas, y sería imposible describir el amor a Jesucristo de este serafín.
El demonio no podía dejar de combatir tan noble princesa de sangre y de espíritu. Pero su obediencia a la abadesa, su probada humildad y su plena confianza en Jesucristo, la ayudaron a salir siempre victoriosa. Apuntemos un ejemplo, digno de las Fioretti. La abadesa le manda trasladar unas enormes piedras. La dulce Eufrasia obedece humildemente.    Las traslada sin dificultad. Al día siguiente le manda volverlas al lugar primero. Y así durante un mes, sin mostrar el menor signo de impaciencia. Para más probar su virtud, permitió el Señor que fuera acosada por la envidia y celos de alguna religiosa, sobre todo por una que se llamaba Germania, que la trató de hipócrita y ambiciosa.
La respuesta de nuestra dulce Eufrasia fue arrojarse a sus pies, y con la mayor humildad le pidió perdón, a la vez que le suplicaba por amor de Dios que rogase por ella. El Señor se había prendado de su fiel esposa, y hacia el año 410, ocupando la silla de San Pedro el papa Inocencio I, cuando Eufrasia frisaba los treinta años de edad, coronó su vida santa con una preciosa muerte.   Todo el mundo decía que había sido un ángel desterrado del cielo.
Oremos: Tú, Señor, que te complaces en habitar en los limpios y sinceros de corazón, por intercesión de Santa Eufrasia, virgen, concédenos vivir de tal manera que merezcamos tenerte siempre entre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo

San Rodrigo
También hoy son un modelo para el que quiera vivir al Evangelio fielmente.
El elenco de los santos mozárabes, que recoge el "Martyrologium Romanum" (Roma 2001), está compuesto en su mayoría por mártires, y por unos pocos confesores. Tenemos relatos de los martirios de la mayoría de ellos, escritos por contemporáneos, que los conocieron personalmente, y, que incluso compartieron la cárcel con ellos, y, posteriormente, padecieron el martirio.
Estos hombres y mujeres son mártires en el verdadero sentido de la palabra, es decir, que padecieron la muerte violenta por no renegar de su fe, y por practicar libremente el cristianismo, dando así un "testimonio" inapelable de la  Resurrección de Jesucristo. Llevaron una vida santa, de oración, amor a Dios y al prójimo, sin usar la violencia, detestable para un cristiano, y recibieron la muerte que ni deseaban, ni buscaban, con una inexplicable entereza y paz del alma, haciendo el bien, y no causando el mal. Fueron, en definitiva, buenos imitadores de Jesucristo, el Dios único, que se hizo Hombre y bajó a la tierra para salvarnos.
Oremos: Señor y Dios nuestro, que nos das constancia en la fe y fortaleza en la debilidad, concédenos, por el ejemplo y los méritos de los Santos Mozárabes, participar en la muerte y resurrección de tu Hijo para que también gocemos contigo, en compañía de tus mártires, de la plena alegría de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.
San Leandro de Sevilla
(Cartagena, ca. 534 - Sevilla, 13 de marzo de 600 ó 601). Clérigo católico, santo, nacido de una notable familia hispanorromana. Su padre era hispanorromano y su madre era visigoda. Su padre se llamaba Severiano y se le adjudica el título de dux (si bien su hermano Isidoro establece que era simplemente un ciudadano).
Tuvo tres hermanos menores (Fulgencio, Isidoro y Florentina) todos los cuales, como él mismo, fueron canonizados y son conocidos como los Cuatro Santos de Cartagena.
Se supone a su familia huida de Cartagena con ocasión de la ocupación bizantina (¿552? ¿555?), estableciéndose en Sevilla (si los bizantinos eran aliados de Agila I, tendría mucho sentido que la familia de Leandro se trasladara a la capital de su rival Atanagildo); la región de Cartagena en tal caso, hubiera sido partidaria de Atanagildo) donde ingresó en un monasterio. Cuando su padre murió, Leandro asumió la dirección de su familia quedándose como tutor de sus tres hermanos y ocupándose de la educación de Isidoro. Terminada la educación de sus hermanos San Leandro se dedicó a la vida monástica y a difundir el catolicismo entre los visigodos en contra del arrianismo
Su hermano Isidoro de Sevilla le atribuye la conversión de Hermenegildo al catolicismo el 579 aunque podría tratarse de un afán de protagonismo (pues cuando lo escribió Hermenegildo ya había triunfado). Sí es cierto que, tras conseguir la conversión, saldría inmediatamente hacia Constantinopla a solicitar auxilio imperial para el príncipe, o bien acababa de regresar de la capital del Imperio de Oriente, pues no parece que tuviera tiempo de volver en el mismo año y convertir al príncipe.
Su acceso al arzobispado de Sevilla se había producido antes del 584, año en que Leovigildo tomó la ciudad, siendo después desterrado por el rey. Desde el monasterio es elevado a las sede episcopal hispalense, donde sigue su preocupación contra la herejía arriana, que Leovigildo quiso hacer extensiva a toda Hispania. Pero el plan real sufre un duro golpe cuando su hijo Hermenegildo se convierte al catolicismo. El padre le había hecho gobernador de la bética cuya capital era Sevilla. Aquí, San Leandro e Infunda esposa católica de Hermenegildo, logran que este se convierta a la fe católica. Todos los autores contemporáneos atribuyen su conversión a la predicación y consejos de San Leandro. Esto provoca una guerra civil entre el duque de la bética, Hermenegildo contra su padre Leovigildo. Hermenegildo es vencido y desterrado. El rey veía en Leandro el culpable de la conversión de su hijo y por tanto su mayor obstáculo en su intento de unificación político-religiosa sobre la base de la fe arriana, por eso lo desterró.
Desde el exilio San Leandro siguió combatiendo el arrianismo. Viendo Leovigildo la imposibilidad de unificar la península en el arrianismo levanto el destierro a los obispos católicos. Su otro hijo, Recaredo, en contacto con San Leandro se convierte al catolicismo en el III Concilio De Toledo, en el año 586, presidido por el arzobispo hispalense. De esta forma, la población española adquiere la convicción de que forma un pueblo, una nación. Pero la influencia de San Leandro en la sociedad hispana no termina en ese concilio. En el 590 convoca y preside el I Concilio de Sevilla, creada por el, fue el más ilustre de todas las de España y el centro de la restauración científica visigótica. De esta escuela salió su discípulo más importante, su hermano San Isidoro.
Falleció a finales del siglo (finales de febrero o mediados de marzo del 598 o 601) en Sevilla. Se ha llegado a suponer que tenía una hermana llamada Teodosia o Teodora, que sería la primera esposa de Leovigildo, y por tanto Hermenegildo y Recaredo serían sus sobrinas, a causa de lo cual tuvo tanta influencia sobre ellas, pero nada acredita este extremo.
La mayor parte de sus restos mortales descansan junto a algunos de sus tres hermanos santos, Fulgencio, Isidoro y Florentina, en una urna de plata expuesta en el altar mayor de la Catedral de Murcia, ya que la mayor parte de los restos de San Fulgencio Y Santa Florentina están en la parroquia de S.Juan Bautista de Berzocana (Cáceres) pueblo en donde fueron hallados sus restos en 1223 y del que son sus Santos Patronos.
Oremos: Señor, tú que colocaste a San Leandro de Sevilla en el número de los santos pastores y lo hiciste brillar por el ardor de la caridad y de aquella fe que vence al mundo, haz que también nosotros, por su intercesión, perseveremos firmes en la fe y arraigados en el amor y merezcamos así participar de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

SANTA FINA  O SERAFINA - Mártir
Fiesta 12  de marzo (no está en el calendario actual)
Murió en  Geminiano (Toscana, Italia) el 12 de marzo de 1253. (No confunda  el nombre de esta santa con el apodo "Fina" que suele darse a las damas  llamadas "Josefina". Este nombre es el femenino de José)
El antiguo pueblo de San Geminiano, en Toscana,  conserva con especial veneración la memoria de Santa Fina, una joven  cuya causa de canonización  se fundó en la perfecta resignación con que aceptó el sufrimiento  corporal.
Nació de padres que habían caído en la pobreza.  La niña era bonita y tenía una inclinación hacia la caridad. A pesar de  su pobreza, guardaba la mitad de su escaso alimento para darlo a  aquellos mas pobres que ella. Vivía con la mayor humildad cosiendo,  hilando durante el día, pero ocupando el tiempo de descanso en la  oración.
Parece que su padre murió cuando era ella aun  joven y por esa época fue atacada por una serie de males. Su cabeza,  manos, ojos, pies y órganos internos se afectaron; sobrevino la  parálisis, perdió su belleza. Como crucificada, a imitación de Cristo,  permaneció en la misma postura por seis años sobre un tablón, sin  moverse.  Sólo su madre vivía con ella pero casi siempre estaba ausente,  trabajando o pidiendo limosna para comer. A pesar de sus terribles  sufrimientos, Fina nunca se quejó; permanecía serena y con sus ojos  fijos en el crucifijo repetía: "No son mis llagas las que me hieren, ¡Oh  Cristo!, sino las tuyas".
Un nuevo golpe cayó sobre ella.  Su madre murió repentinamente y Fina quedó totalmente sola en la  miseria. Con excepción de su fiel amiga Beldia, nadie más la veía y  únicamente dependía de las limosnas de los pobres vecinos, los cuales  muy poco se acercaban a ella a causa de sus llagas repugnantes.
Los insectos  se posaban en las llagas sobre su rostro. No los podía espantar porque  sus manos estaban inmóviles. A través de tantas calamidades, Santa Fina  recibía a quien le visitara con alegría y agradecimiento. Se consideraba  la mas dichosa de las criaturas.  Experimentaba éxtasis.
Fina había  oído hablar de San Gregorio  Magno y de sus sufrimientos, y tenía especial veneración por el.  Solía orar para que el, que había sido probado tanto por las  enfermedades, intercediera a Dios a fin de que ella tuviera paciencia   en su aflicción. Ocho días antes de su muerte, cundo yacía sola como de  costumbre, San Gregorio se le apareció y le dijo: "querida niña, en mi  festividad Dios te dará descanso".
Así sucedió: el 12 de marzo de 1253  murió y los vecinos declararon que su cadáver estaba sonriente. Al  levantar su cuerpo del tablón sobre el que había permanecido tanto  tiempo, la madera podrida se encontró cubierta de violetas blancas. Toda  la ciudad asistió al entierro y se afirma que se realizaron muchos  milagros por su intercesión.  Uno de ellos: Estando ya muerta, levantó  su mano y, ciñendo el brazo lesionado de su amiga Beldia, lo sanó.
Los  campesinos de San Geminiano aun llaman "flores de Santa Fina" a las  violetas blancas que florecen aproximadamente por la estación en la que  se celebra su festividad.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, que concediste a Santa Fina luchar por la fe hasta derramar su sangre, haz que, ayudados por su intercesión, soportemos por tu amor nuestras dificultades y con valentía caminemos hacia ti que eres la fuente de toda vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Santa Cristina
Doncella procedente de Persia.  Nada se sabe de su vida sino lo más importante: Murió azotada, mártir  por su fe en Cristo. 
Cristina Mirabilis (la maravillosa)
Fiesta: 24 de julio.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, que concediste a Santa Cristina luchar por la fe hasta derramar su sangre, haz que, ayudados por su intercesión, soportemos por tu amor nuestras dificultades y con valentía caminemos hacia tí que eres la fuente de toda vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Benedicto XVI: Beato Stepinac «Cartas del martirio diario»
CIUDAD DEL VATICANO, jueves 11 de marzo de 2010 "Extraordinario": con esta valoración acogió Benedicto XVI, con ocasión de la audiencia general de este miércoles, el volumen que recoge por primera vez en italiano la correspondencia del beato cardenal Alojzije Stepinac, arzobispo de Zagreb de 1937 a 1960, perseguido por el régimen comunista de Tito.
El libro, titulado "Lettere dal martirio quotidiano" ("Cartas desde el martirio diario"), a cargo de la Asociación Editorial Promozione Cattolica di Vigodarzere (Padua), presenta al público 180 cartas escritas durante el periodo de encarcelamiento comunista en la antigua Yugoslavia.
El volumen fue presentado al Papa, en el Aula Pablo VI, por monseñor Alberto Di Chio, de la arquidiócesis de Bolonia, experto en la Iglesia del silencio, y por la profesora Luciana Mirri, experta en Teología y Espiritualidad de Oriente, que se han ocupado de la edición, junto a Luciano Lincetto, director de la Asociación Editorial Promozione Cattolica.

"El Santo Padre se ha alegrado mucho por la contribución extraordinaria que estas cartas aportan al Año Sacerdotal", explicó Luciano Lincetto.
También informó que "el volumen ha sido enviado a todos los obispos de Italia" y que "se cuenta con mandarlo, con la ayuda de la Providencia, al mayor número de sacerdotes".
Durante el encuentro, Lincetto informó a Benedicto XVI del lanzamiento del primer diario católico gratuito que se llamará "La Via" (http://www.quotidianolavia.it/).
El Pontífice, bendiciendo, dijo, con una gran sonrisa: "Lo necesitábamos".

Santa Sede: "No hay excusas" para el abuso a menores por parte del clero
Intervención de monseñor Tomasi en la ONU
GINEBRA, viernes 12 de marzo de 2010. "No hay excusas" para los abusos sexuales a menores por parte de miembros del clero, y este gravísimo comportamiento se afronta con decisión porque debe "resolverse definitivamente".
Lo declaró el arzobispo Silvano Maria Tomasi, representante permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas y otros organismos internacionales en Ginebra.
Monseñor Tomasi intervino este miércoles en la 13ª sesión del Consejo para los Derechos Humanos sobre derechos de los niños. Los abusos sexuales a menores constituyen "un crimen odioso", afirmó, como informa Radio Vaticano.
A una "clarísima condena de la violencia sexual contra los niños y los jóvenes", explicó, el Papa "ha añadido la dimensión religiosa, recordando que el abuso también es un grave pecado, que ofende a Dios y a la dignidad humana".
"La integridad física y psicológica de los menores se viola con consecuencias destructivas", señaló.
Y recordó que varios estudios han demostrado que los niños que han sufrido abusos han estado después más expuestos a problemas como "embarazos en la adolescencia, falta de un hogar, drogodependencia y alcoholismo".
"La protección de las agresiones sexuales está en lo alto de la lista de prioridades de todas las instituciones eclesiásticas que luchan para acabar con este grave problema", indicó.
"Las medidas concretas para garantizar la transparencia y la asistencia a las víctimas y a sus familiares son la manera de aliviar la pena, el dolor y la confusión provocados por los abusos", añadió.
Monseñor Tomasi constató que, en los últimos años, "sacerdotes, religiosos y agentes laicos católicos, en diversos países, han sido acusados de abusos a menores y muchos han sido también condenados".
"No hay excusas para este comportamiento", afirmó.
En este contexto, "la comunidad católica continúa sus esfuerzos para resolver definitivamente este problema", aseguró.
El representante de la Santa Sede explicó que "los culpables de esos crímenes son inmediatamente suspendidos del ejercicio de sus funciones y tratados según la normativa civil y el derecho canónico".
Según monseñor Tomasi, la prevención es "la mejor medicina".
Por eso, son necesarios "educación y promoción de la cultura del respeto de los derechos humanos y de la dignidad de todo niño, especialmente a través del uso de métodos eficaces para la contratación del personal escolar".
Señor Jesucristo: Te saludo en tu cruz redentora como Supremo sacerdote, que penetraste en el santuario eterno con el sacrificio de tu propia vida. En ti finaliza el sacerdocio de la Antigua Alianza que sólo era figura y anuncio del sacerdocio que Tú iniciaste, y del cual haces participes a tus elegidos de la tierra.

Ellos son frágiles, Señor. Llénalos de fortaleza para que permanezcan en tu amor. Son limitados. Suscita en torno a ellos colaboradores comprensivos que prolonguen la obra evangelizadora, que emprendan en tu iglesia. Son humanos. Hazles sentir tu presencia que llena todas las aspiraciones del corazón humano y no permitas que le falten las amistades sinceras, que los sostengan, sobre todo en los días en que la soledad los angustie. Tienen responsabilidades enormes. No les falte tu gracia que los ilumine, los consuele, los conforte y los mantenga fieles a los compromisos adquiridos contigo y con tu iglesia.

Danos Señor los sacerdotes que necesita tu pueblo para que anuncien tu presencia, consagren la Eucaristía, perdonen a los pecadores y acompañen a tus hermanos en el camino de la fe. Tu mano les alivie el peso de su cruz y les señale, más allá de los horizontes visibles, el premio que reservas a los que te sirven y aman con inviolable constancia, a pesar de la flaqueza humana de que se hallan revestidos.

Sacerdote eterno, danos sacerdotes dignos de la vocación con que privilegias a los que decidieron seguirte. Amén

El mundo actual sólo pide a los sacerdotes que sean eso y nada más
"Benedicto XVI defiende el "valor sagrado" del celibato sacerdotal en mitad del escándalo por los abusos
El Vaticano defiende el celibato pese a los casos de pedofilia entre el clero
Schönborn considera el celibato como una de las causas de la pederastia
"La pederastia no tienen que ver ni con el celibato, ni con la homosexualidad"
Entrevista sobre celibato
Los sacerdotes casados vivían el celibato en los primeros siglos
Benedicto XVI hizo este mediodía una cerrada defensa del celibato sacerdotal, que considera con un "valor sagrado". El Pontífice hizo esa declaración ante medio centenar de obispos y medio millar de sacerdotes que han participado en un congreso teológico con motivo del Año Sacerdotal, organizado por la Congregación para el Clero, a los que recibió en el Vaticano.
Benedicto XVI agregó que el celibato es señal de la consagración "con el corazón indiviso a Dios y a las cosas del Señor" y que es una "altísima vocación" que hay que vivir y custodiar "con profunda fe y como un don precioso".
El Obispo de Roma dijo también que en una época como la actual, "de fuerte secularización, que excluye a Dios de la esfera pública y tendencialmente también de la conciencia social", muchas veces al sacerdote "se le ve como algo extraño al sentido común".
Ante ello, el Papa afirmó que hay que superar "los peligrosos reduccionismos que presentan al sacerdote como un 'operador social'".
El Pontífice aseguró que la sociedad actual tiene "una gran necesidad" de sacerdotes que hablen de Dios al mundo y que presenten a Dios al mundo, hombres no sujetos a efímeras modas culturales, sino capaces de vivir auténticamente esa libertad que sólo la certeza de pertenecer a Dios da".
Benedicto XVI agregó que el mundo actual sólo pide a los sacerdotes "que sean eso y nada más", ya que los laicos -subrayó- encontraran en otras personas lo que humanamente necesitan, "pero sólo en el sacerdote encontrarán la Palabra de Dios que deben tener siempre en los labios".
El Papa reiteró el celibato sacerdotal en medio de los escándalos de abusos sexuales por parte de curas pederastas en Alemania, Austria y Holanda y después de que el cardenal de Viena, Cristoph Schoenborn, afirmara -aunque después matizó- que los residuos de la revolución sexual de 1968, el desarrollo de la personalidad y el celibato sacerdotal pueden explicar en parte las acciones de los sacerdotes pederastas.
Según el obispo de Ratisbona (Alemania), Gerhard Muller, donde se han registrado algunos de estos casos, y el cardenal de Tegucigalpa, Oscar Rodríguez Maradiaga, no se puede relacionar el celibato sacerdotal con la pederastia, por lo que se mostraron contrario a la abolición del celibato.
Sobre el celibato, el diario italiano "La Repubblica" afirma hoy que la Santa Sede "ha comenzado a reflexionar" sobre esta norma surgida en el Concilio de Elvira (Granada, España) en el año 306 y que establece que los curas no pueden casarse, y estudia "un proyecto secreto para abolirlo dentro de 50 años".
El cardenal brasileño Claudio Hummes, prefecto de la Congregación para el Clero, dijo nada más ser nombrado (en 2006) que aunque el celibato forma parte de la historia y de la cultura católicas, la iglesia puede reflexionar sobre esta cuestión, pues no es un dogma, sino una norma disciplinaria.
LE ANOTO ALGUNAS HOMILIAS DEL DOMINGO IV DE CUARESMA PARA SU APOSTOLADO OJALA LE SIRVA
14 de marzo 2010 Domingo IV cuaresma Is 5, 9a.10-12
El pueblo de Israel, después de un gran periplo por el desierto, ha llegado a la tierra prometida. El Señor recuerda que ha sido Él quien lo ha hecho posible: «Hoy os he liberado de la ignominia de Egipto». Y nos recuerda el texto de hoy: «Entonces los hijos de Israel celebraron la fiesta de Pascua ». ¿Si tu crees que Dios te acompaña en el camino de tu libertad en Dios, como piensas celebrarlo? ¿Tienes tan mala memoria que no lo haces nunca? Señor, que no me olvide que el sentido de mi existencia eres tú.
Evangelio según San Lucas 15,1-3.11-32.
Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos". Jesús les dijo entonces esta parábola: Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos hijos.  El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes.  Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'. Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'. Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,  porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta. El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso. El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'. El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'. Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".
El hijo que se quedó en casa parece que olvidó el carácter generoso de su padre. Le pido a Dios que me bendiga con una comprensión profunda de mi relación con Él. Dios tiene un corazón lleno de amor para mí; ¿qué es lo que le pido?
El padre recibe el hijo no como lo que es, un sinvergüenza y un desgraciado, sino según lo que puede llegar a ser. El gran amor del padre hará que se vuelva a sentirse hijo, y mucho más que antes. El padre no da tiempo al hijo de terminar de decir lo que tenía pensado. Y el hijo ya no siente necesidad de decirlo, los signos incuestionables y aparentemente desmesurados del amor incondicional del padre han cambiado el hijo, lo han convertido. Qué alegría más íntima sentirse en casa, y ahora más que nunca. Seguramente yo, después de dar innumerables vueltas por la vida, lejos del Padre, necesito volver sentirme en Casa.
Quién sabe si la Cuaresma no es ocasión para mí de levantarme e ir a mi Padre, experimentar su manera indescriptible de abrazar, y allí reencontrarme con los hermanos. Qué alegría, qué paz, qué confianza!
San Pedro Crisólogo (hacia 406-450), obispo de Ravena, doctor de la Iglesia. Homilía sobre el perdón, 2,3
«Me pondré en camino adonde está mi padre»
Si bien es cierto que no nos gusta la conducta de este joven, lo que nos hace horror es que se marchara de su casa: en lo que se refiere a nosotros, ¡no nos alejemos nunca de un padre como éste! Tan sólo la vista de este padre nos hace huir del pecado, rechaza la falta, excluye toda mala conducta y toda tentación. Pero, si ya nos hemos marchado, si hemos malgastado toda la herencia del padre en una vida desordenada, si hemos sido capaces de cometer cualquier falta o fechoría, si hemos caído en el abismo de la impiedad y en el hundimiento total, tengamos el buen momento de levantarnos y regresemos a un padre tan bueno invitados por un ejemplo tan bello.  
«Cuando todavía estaba lejos su padre lo vio y se conmovió, y echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo». Os pregunto: ¿qué lugar hay aquí para la desesperación? ¿Qué pretexto para tener una excusa? ¿Qué falsa razón para temer? A no ser que se tema el encuentro con el padre, que se tenga miedo a sus besos y a sus abrazos; a no ser que se crea que el padre, cuando coge a su hijo por la mano, lo pone junto a su corazón y le aprieta con sus brazos, quiere tocar para recuperar, en lugar de recibir para perdonar. Pero si se diera un tal pensamiento que aplasta la vida, que se opone a nuestra salvación, es ampliamente vencido, ampliamente anonadado por lo que sigue: «El padre dijo a sus criados: Sacad enseguida el mejor traje para vestirlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete; porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado». Después de haber escuchado esto ¿podemos todavía demorarnos? ¿Qué esperamos para volver al padre?
EN EL PROCESO CUARESMAL DE NUESTRA CONVERSION, EN ESTE DOMINGO NOS ENCONTRAMOS CON ESTA PAGINA ADMIRABLE  DE LA PARABOLA DEL HIJO PRODIGO LES RECOMENDARIA A TODOS Y ME LE RECOMIENDO A MI MISMO DE TOMAR ESTA PAGINA DE SAN LUCAS Y LEERLA CON ATENCION Y PAUSADAMENTE PORQUE NOS DICE UNA COSA MUY IMPORTANTE. NO SOLO JESUCRISTO NOS EXPLICA ESTA HISTORIA DEL HIJO QUE NO AMABA A SU PADRE PORQUE LO ABANDONO. SOBRE TODO NOS HABLA DEL PADRE. EL PADRE QUE RECIBE CON LOS BRAZON MUY ABIERTOS AQUEL HIJO QUE HABIA IDO POR LAS SUYAS. LAS HABIA HECHO DE MUY GORDAS Y LO NORMAL HUBIERA SIDO CUANDO ESTE HIJO RETORNO A LA CASA QUE EL PADRE LO AMONESTASE Y SE LAS DIJERA O QUE LO CASTIGASE. Y QUE ES LO QUE LE HIZO, LO ESPERO CON LOS BRAZOS MUY ABIERTOS, NO QUISO SABER NADA DE LO QUE HABIA PASADO Y LLENO SU CORAZON DE ALEGRIA, PORQUE EL HIJO HABIA REGRESADO. ESTO ES LO QUE ERA IMPORTANTE PARA EL: NO EL PECADO SINO EL HIJO, Y EL HIJO QUE VUELVE A CASA PARA DISFRUTAR Y POSEER LA ALEGRIA DEL PADRE.
"De prisa, llevadle el mejor traje y ponédselo,
ponedle también el anillo y las sandalias,
traed el ternero cebado y matadlo, comemos y celebrémoslo,
porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida,
estaba perdido y lo hemos encontrado".  Lc 15,1-3.11-32

LE PONGO ALGUNAS FOTOS DE AUTENTICOS "PADRAZOS" YA EN LA SEMANA DE SAN JOSE, PARA QUE SIGAN SIENDO UNA BENDICION PARA TODOS LOS SUYOS Y LOS QUE TENEMOS LA BENDICION DE CONOCER A ESTOS PRECIOSOS CORAZONES QUE DE LO UNICO QUE SABEN ES DAR RIOS DE AUTENTICO AMOR DE VIDA Y SALUD.

PUERTAS ABIERTAS Lc 15,11-32
Una casa con las puertas abiertas es la metáfora doméstica de un Dios con los brazos abiertos. La razón última de las cosas, el fundamento de todo lo que existe, la energía cósmica universal, el ser supremo y absoluto ... es un padre y tiene los brazos abiertos. Un Dios en la puerta, este es el Padre de Nuestro Señor Jesucristo.

Y cuando las puertas están abiertas, puedes entrar, pero también puedes salir. Hay quien sale y no vuelve nunca. Hay quien no sale porque siempre se ha encontrado a gusto dentro. Hay quien sale, y algún día vuelve a entrar. Hay quien no ha salido nunca, pero tampoco ha acabado de entrar. En esta parábola, Jesús se interesa por estos dos últimos casos.

El hijo pequeño tuvo que salir para poder entrar de verdad. Tuvo que irse muy lejos para llegar tan cerca. A veces tenemos que ir a la otra punta del mundo para llegar a nuestra casa. Conozco gente que ha recorrido medio mundo, que ha hecho incursiones en las más diversas tradiciones religiosas, para finalmente terminar abrazando la fe de su infancia, sólo porque han podido por fin reconocer, detrás de la caricatura desfigurada de una religión esclerotizada, el padre con los brazos abiertos.
El hijo mayor, sin haber salido nunca, resulta que aún no había entrado en serio. Típico guardián de la puerta que ni entra ni deja entrar. Lleva tanto tiempo en casa que al final se cree con el derecho y el deber de gestionarla. Se reserva el derecho de admisión y la administra según unos criterios cada vez más estrechos y cortos de vista. Olvida que la casa no es suya, sino del padre. Y vive triste porque tiene un reproche a la recàmera que no ha acabado nunca de disparar. Tiene una deuda pendiente con Dios y aún no la ha saldado: por ser tan bueno y tan fiel, por no haber ido nunca ni haber roto un plato.

Y a todo esto, el Padre qué? Pues él, a la puerta. Nos lo encontramos en la puerta cuando marcha el hijo pequeño ... con las manos abiertas para darle la herencia que le es reclamada, sin preguntarle nada. Nos lo encontramos en la puerta cuando vuelve el hijo pequeño ... con los brazos abiertos para acogerlo y restituirle el nombre y la herencia, sin preguntarle nada. Nos lo encontramos en la puerta cuando llega el hijo mayor del trabajo y no entiende nada y se escandalizan de un padre injustamente generoso con los malos ... para acogerlo e invitarlo a entrar también, de una vez.

Estas son las paradojas del amor, con respecto a Dios ya su casa. Cada uno tiene la puerta de la casa como quiere, quiénes somos nosotros para discutirle a Dios como debe tener la suya?

Dios, rico en misericordia (Lc 15,1-3.11-32)
Semana IV del Tiempo de Cuaresma - 14 de marzo de 2010
Las tres "parábolas de la misericordia" -la oveja perdida, la dracma perdida y el hijo pródigo- se agrupan en este capítulo XV de Lucas, porque tienen en común revelarnos la alegría que se produce en el cielo -se entiende en Dios- por la conversión de un pecador. Las dos primeras tienen una conclusión que resulta incomprensible a la lógica humana: "Hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión" (Lc 15,7.10). Es la lógica divina que consiste en la misericordia y la gratuidad. En la parábola del hijo pródigo, que leemos en este IV Domingo de Cuaresma, la conclusión, repetida a modo de estribillo, insiste en lo mismo: "Celebremos una fiesta, porque este hijo mio (este hermano tuyo) estaba muerto  y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado" (Lc 15,24.32).
Para comprender la misericordia divina es necesario haberla experimentado. San Pablo, que la experimentó abundantemente, la reconoce admirado: "Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos a causa de nuestros pecados, nos vivificó juntamente con Cristo -por gracia habéis sido salvados- y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús" (Ef 2,4-6). Este proceder de Dios con los "muertos a causa del pecado" se explica porque él es "rico en misericordia". Pero él nos mostró "la sobreabundante riqueza de su gracia en Cristo Jesús" (Ef 2,8). El Evangelio de hoy nos ofrece esa muestra. Allí está expresada esta verdad no en una formulación general, como hace San Pablo, sino de manera viva, en el proceder de Jesús, y de manera dramatizada, en sus parábolas. Por eso es importante observar la circunstancia en que expone estas parábolas.
"Todos los publicanos y pecadores se acercaban a él para oírlo, y los fariseos y escribas murmuraban diciendo: ‘Éste acoge a los pecadores y come con ellos'". ¡Bendita murmuración que nos describe tan exactamente la conducta de Jesús! ¿Quién no se siente consolado al escuchar, de boca de sus opositores, que él "acoge a los pecadores"?. Cada uno conoce su pecado y sabe que, si Jesús no acogiera a los pecadores, estaríamos irremediablemente perdidos. El Evangelio dice que "todos" los publicamos y pecadores se acercaban a Jesús. El evangelista incurre en esta aparente exageración para insinuar que "todos" somos pecadores y necesitados de salvación: "Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios" (Rom 3,23).
En la parábola del hijo pródigo es evidente que el hijo menor ha pecado contra el padre y lo reconoce: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti". Este es el caso de los publicanos y pecadores que se acercaban a Jesús. El hijo mayor, en cambio, no se reconoce pecador: "Jamás dejé de cumplir una orden tuya". Él critica al padre que acoge al hermano pecador; él está en la situación de los fariseos que murmuran contra Jesús. Esta es la actitud que San Pablo se reprocha de haber tenido antes de su encuentro con Cristo: "En cuanto a la ley, fariseo... en cuanto a la justicia de la ley, intachable" (Fil 3,5.6). Pero, después que experimentó la misericordia de Dios, considera esa conducta anterior y se define "el primero de los pecadores" (1Tim 1,15). En este sentido el hermano mayor es más pecador que el menor. En efecto, éste con su conversión da al padre más alegría que aquél con su cumplimiento. Ese cumplimiento se revela calculador, frío y carente de amor hacia el padre. El cumplimiento solo no salva, sólo "el amor cubre multitud de pecados" (1Pet 4,8).
Misericordia entrañable
Era una escena complicada, que Jesús resolverá con una parábola impresionante. En torno a Él aparecen los publicanos y pecadores por un lado (el hijo menor), y los fariseos y letrados por otro (el hijo mayor). Pero, el protagonismo no re­cae en los hijos ni en sus representados, sino en el padre y en su misericordia.

La breve explicación de la mala vida del hijo menor, las consideraciones que se hace a sí mismo y el resultado fi­nal de su frívola escapada, tienen un término feliz. Sorprende la actitud del padre en el encuentro con su hijo, descrita con inten­sidad en los verbos que desarman los discursos de su hijo, indicando la ten­sión del corazón entrañable de ese padre: "Cuando estaba lejos, su padre lo vio; y echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo". El error que le condujo a la fuga hacia los espejismos de una falsa felicidad y de una esclavizante independencia, será transformado por el padre en encuentro de alegría inesperada e inmerecida. La última palabra dicha por ese padre, sobresale sobre todas las penúltimas dichas por el hijo, es el triunfo de la misericordia, la gracia y la verdad.

Triste es la actitud del otro hijo, cumplidor, sin escándalos, pero resentido y vacío. Si no pecó como su hermano, no fue por amor al padre, sino por amor a sí mismo. Cuando la fi­delidad no produce felicidad, no se es fiel por amor sino por interés o por miedo. El se había quedado con su padre, pero sin ser hijo, poniendo precio a su gesto. Pudo tener más de lo que exigía su mezquina fidelidad, pero sus ojos torpes y su corazón duro, fueron incapaces de ver y de gozar: "Tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo", le dijo el padre. Teniéndolo todo, se quejaba de la falta de un cabrito. Quien vive calcu­lando, no puede entender, ni siquiera puede ver, lo que se le ofrece gratui­tamente, en una cantidad y calidad infinitamente mayor de lo que su actitud rácana puede esperar.
La trama de esta parábola es la trama de nuestra posibilidad de ser perdona­dos. Como Péguy ha afirmado, Dios con esta parábola ha ido a donde nunca antes se había atrevido, acompañándonos con esta palabra más allá de cuanto nos acompaña con otras palabras también suyas. El sacramento de la Penitencia, que de un modo especial recibimos en estos días cuaresmales, es el abrazo de este Padre que viéndonos en todas nuestras lejanías se nos acerca, nos abraza, nos besa y nos invita a la fiesta de su perdón con misericordia entrañable.
Cuarto domingo - Cuaresma Jos 5,9 A.10-12; Co 5,17-21; Lc 15,1-3, 11-32
La revelación de Dios como Amor.
Hacia finales ya de la Cuaresma, la Iglesia nos hace ver hoy esta magnífica página de St.. Lucas conocida como la parábola del hijo pródigo, y que más bien debería llamarse la parábola de la incondicionalidad del amor del Padre-Dios o la parábola del gozo del Padre-Dios en recuperar lo que se le había perdido . Porque no hay que engañarse: el punto focal de la parábola no son los dos hijos poca-sueltas, cada uno a su manera, que nos representan a nosotros. El punto focal es la reacción del Padre ante la insolencia y mezquindad de los dos hijos, siendo como son: es la ostentación de alegría por el retorno del bala-perdida, porque, a pesar de haber hecho lo que ha hecho, lo ama incondicionalmente, en contraste con la falta de alegría del otro hermano que, sencillamente, no sabe lo que es amar. Esta parábola nos revela, seguramente más que ningún otro texto de la Biblia, el ser más profundo de Dios, la profundidad de su corazón: nos hace ver como con los ojos lo que será la síntesis final de toda la historia de la revelación: que Dios es Amor: Amor esencial, Amor incondicional, Amor total: el ser de Dios es amar, su alegría es amar, no puede hacer otra cosa, no hay nada en Dios o de Dios que no provenga de su Amor.
Por eso es tan importante esta parábola. A veces he pensado que, si se perdiera toda la Biblia y quedara sólo esta página de St.. Lucas, aquí lo tendríamos todo. Para que toda la Biblia no es más que la revelación de Dios como Amor, que queda tan luminosamente condensada en esta espléndida narración.
Esta revelación de la imagen de Dios como Amor nos es muy necesaria. Porque "a Dios no la ha visto nadie", pero nosotros tendemos a hacerlo a nuestra imagen. Y esta imagen es casi siempre una imagen contrahechos, viciada por nuestros prejuicios e intereses, lo que puede traer consecuencias sumamente perversas. Esto queda bien claro en la misma introducción del texto que hemos leído, que explica la situación en la que Jesús habría dicho esta parábola. Los fariseos y escribas murmuraban contra Jesús diciendo: "Ése acoge a los pecadores y come con ellos". Su imagen de Dios es que Dios debe ser santo y debe estar a favor de los santos, no de los pecadores. Que Jesús diga venir de Dios y acoja a los pecadores, los escandaliza. Defienden la imagen del Dios moralista. No pueden concebir que Dios quiera todos, porque todos son hijos suyos y que, como dice el salmo, "le duele la muerte de los que él ama" y los quiere recuperar.
El amor que respeta al otro.
Evidentemente, esto no quiere decir que a Dios tanto se le dé que seamos justos o pecadores. Precisamente porque nos ama, quiere que seamos buenos y justos, que seamos lo que debemos ser. Pero si fallamos, no por ello deja de amarnos, y entonces se esfuerza para recuperarnos. Porque Dios no nos ama por que nosotros somos o hacemos, sino por lo que él es y lo que nosotros somos para él. Él es bueno, y no puede hacer más que amar, eso sí, respetando nuestra libertad, porque el amor no se puede forzar ni imponer. Esto es el corazón de la parábola de hoy.
Cuando el hijo majadero va a su padre y le dice "Dame la herencia que me toca", al Padre se le parte el corazón. Pero no se niega. Porque lo ama, respeta su libertad y le da la herencia. No sé dónde leí que el misterio más grande es que Dios respete nuestra libertad, cuando nos empeñamos en hacer el mal. Pero es que el amor sólo puede ser libre: no se puede imponer ni puede imponer nada.
El majadero había creído - como tantas veces creemos nosotros - que sólo deshacerse de la dependencia del Padre haría lo que quisiera y sería feliz. La realidad le mostró pronto la falacia de sus ilusiones. No es en la independencia irreal, sino en la amorosa interdependencia que nos constituye donde encontraremos la verdadera bienaventuranza. El hijo majadero lo tuvo que aprender de la realidad amarga. Entonces recordó lo que valía el amor del Padre y el calor de la casa paterna. Pensó como recuperarlo, y pensó que tal vez lo lograría intentando ganarse el Padre con algún signo muy expresivo: postrarse en el suelo, confesó compungido su arrepentimiento ... No sabía aún cómo era el amor del Padre!
Dios se revela como Padre que ama incondicionalmente           
Cuando volvió, el Padre "lo vio de lejos", porque le esperaba. Y corrió hacia él, y no le dejó decir nada ... Sencillamente se abocó a él con extraordinarios signos de amor y alegría: el traje nuevo, el anillo, el calzado, el ternero cebado, el festín, la música ... No le pregunta nada de lo que ha hecho con la herencia, no le hace ningún reproche ... "El daba por muerto y ha revivido; lo dio er perdido, y lo he encontrado"! Qué imagen tan espléndida del Dios Amor, Amor incondicional y sin reservas, y como contrasta con el mezquino Dios moralista de los fariseos ..., y con nuestras mezquinas imágenes cuando pensamos en un Dios que sólo nos espía por encontrarnos en falta y nos espera para juzgarnos! No hay otra verdadera imagen de Dios que la de Dios Padre, que ama a sus hijos gratuitamente, no por lo que ellos hayan hecho o merecido, y que se llena de gozo para recuperarla cuando se han perdido. Esto es toda la Biblia.
Nos cuesta aceptar esta imagen de Dios. Es que, inconscientemente, hacemos un Dios a nuestra imagen, y nosotros muy raramente amamos con un amor totalmente gratuito, desinteresado, incondicional. Amamos a los que nos resultan "amables": los que tienen cualidades de inteligencia, simpatía, bondad, belleza ..., pero rechazamos los que juzgamos despreciables o desagradables ... En definitiva, estimamos "los que lo merecen". Dios no es así: no nos ama según nuestros méritos, sino según su bondad. Ama a los buenos, complaciente en su bondad; ama a los malos, compadeciéndose y deseando que vuelvan a ser lo que deberían ser. Ama el hijo mayor de la parábola, porque lo tiene contento a su casa; ama el hijo pequeño despilfarradora y bala-perdida, porque desea recobrarlo y acoger de nuevo en casa. El amor auténtico ama a todos: los buenos, porque son buenos, y los malos, porque querría y desea que sean buenos. El amor auténtico no condena ni excluye a nadie. Esto cuesta mucho tragar en una sociedad - y en una Iglesia - donde constantemente nos estamos excluyendo y condenando unos a otros.
Amar como Dios ama
Una última palabra sobre el hijo mayor de la parábola. Una vez, en una catequesis, un muchacho me interpeló diciendo sobre el hijo mayor: "Este es el que tiene toda la razón. El otro ha sido un sinvergüenza, y no se merece paso que le hagan ninguna fiesta , al menos hasta que no devuelva todo lo que ha malversado ". Esto es lo que seguramente pensamos en el fondo todos nosotros. No tiene ninguna lógica que después del disgusto que dio a su padre reclamando la herencia, y después de haberla disipado estúpidamente, aunque el premien. Esta es realmente nuestra lógica natural: dar a cada uno lo merecido. Pero esta no es la lógica del amor auténtico y total, que es querer el bien para todos, incluso para quienes no lo merecen. Y quizá aún más para éstos, pues son más desgraciados. Esta es la lógica del corazón compasivo de Dios, tal como se nos revela incomparablemente y definitivamente en esta parábola. Y desde aquí quizá podremos comprender mejor lo del Sermón de la Montaña que nos decía que debemos "ser perfectos" con el amor perfecto del Padre celestial, "que hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos ". Así nos ama Dios: no según nuestros méritos, sino según su bondad. Y así debemos procurar amar también nosotros, no mirando si el otro lo merece, sino según la bondad total de nuestro corazón.   
TODOS ELLOS SON AUTENTICOS PAPAS QUE SE DESVIVEN PARA SUS HIJOS Y DAN SU TIEMPO Y SU VIDA PARA AMAR   

Un Dios que no tiene espera.
El evangelio de este Domingo de Cuaresma, es una de las parábolas más conocidas. Una parábola con tres personajes.
Un padre con dos hijos. El más joven de los hijos, un día le pide su parte de la herencia al padre y se marcha de casa. El mayor vive con el padre y trabaja en sus propiedades.
El joven una vez gastado todo, y mal viviendo, se da cuenta de que en casa del padre cualquier jornalero vive mejor que él en aquellos momentos y decide volver y pedir perdón al padre.
El hermano mayor se enfada cuando ve que el padre hace una gran fiesta para un hijo que ha sido un crápula y un vividor.
Estamos ante un padre bueno, respetuoso con la libertad y capaz de perdonar. Ante un hijo pequeño inexperto, pero capaz de reflexionar y de pedir perdón y frente a un hijo mayor de corazón mezquino, incapaz de alegrarse de que su hermano vuelva arrepentido a casa.
Vamos a destacar algunos puntos que nos pueden hacer reflexionar.
Fijémonos que Jesús nos presenta como el Padre no se enfada cuando el hijo se va de casa, sino que queda triste, pero sigue amando el hijo e incluso resulta que el prefiere, ya que le esperaba y miraba si veía volver.
Jesús nos quiere decir que cuando no somos buenos, no es que Dios no nos ame, sino todo lo contrario. Dios nos ama más y espera con paciencia que nos convirtamos y volvamos a él.
Fijémonos también como el chico que ha ido de casa, no se convierte para ir a ver si el Padre lo perdona.
No piensa que el padre debe estar muy enfadado.
No quiere ir para ver si el desenfadada y el padre lo perdona.
Es todo lo contrario, el muchacho recuerda el amor del padre, recuerda lo bien que estaba en casa y es precisamente este recuerdo del amor del padre que le anima a volver a casa.
Jesús quiere que entendamos bien que no es que Dios nos perdone porque nosotros nos convertimos, sino que es todo lo contrario.
Nosotros nos tenemos que convertir porque Dios ya nos ha perdonado antes de que nosotros le pedimos.
El padre de la parábola no perdona el hijo cuando vuelve, sino que ya lo ha perdonado de entrada, le ha perdonado siempre, ya desde el principio.
Nunca ha dejado de perdonar, porque el perdón está en que Dios es el mismo amor.
Esto es lo que precisamente Jesús nos quiere decir:
Dios nos perdona porque nos ama.
Ahora bien, que Dios nos perdone así no quiere decir que nosotros por nuestra parte no nos tengamos que convertir, no tengamos que cambiar de manera de vivir.
Dios nos ama de verdad y por eso quiere que nosotros por nuestro lado nos convertimos, sino seguiríamos en el mal y no tendríamos vida, no seríamos felices, no viviríamos en plenitud.
Fijémonos en que cuando el hijo vuelve a casa, el padre ni siquiera le deja decir todo lo que el chico se había preparado para decirle, sino que, enseguida hizo una gran fiesta para celebrarlo.
Jesús nos dice otra vez lo mismo: que Dios nos ha perdonado y solo espera que nos decidamos a cambiar ya querer hacer el bien, para celebrarlo.
Recordemos como es el padre el que sale al encuentro del hijo, dice el evangelio que sólo verla de lejos corrió a tirar a él encima.
Finalmente vemos como el hermano mayor no entiende la manera de hacer del padre.
Él se pensaba que el padre lo castigaría.
Él no había entendido el amor del padre, ya que se pensaba que el padre le quería a él porque se había quedado en casa y no entendía que el padre ama siempre.
Jesús quiere que entendamos que Dios nos ama y nos perdona, no porque seamos buenos o no, sino que ama siempre.
El amor que Dios nos tiene no depende de si somos buenos o no.
Él no deja de amar nunca: si somos buenos nos ama, claro, y si somos malos, también nos ama y espera que nos convertimos.
Nosotros, pues, sabiendo esta manera de ser de Dios y de esta manera que tiene de amar y perdonar, tenemos que hacer como el hijo que se marchó, convertirnos.
Y si hacemos cosas buenas no tenemos que hacer como el hijo mayor que se pensaba que por eso Dios lo quería a él y nada más.
No debemos ser buenos para que Dios nos ame, sino que debemos esforzarnos en ser buenos porque Dios nos ama.
Y todo ese amor que me visto que Dios, que es nuestro Padre, tiene por nosotros,
¿Por qué no nos planteamos ahora ser nosotros como Él?.
Esto significa que debemos amar siempre.
Que siempre debemos estar preparados para acoger aquel que nos acerque a pedir ayuda.
Esto significa soportar siempre el que quizás es un poco pesado o impertinente.
Esto significa amar de verdad.
Amar como el padre de la parábola. Amar del todo tanto al que nos ama, como lo que no nos ama.
(Pero) Esto todo es muy difícil; (si) pero no imposible, con la ayuda de Dios.
Pidámosle en la oración.
"Dios mío yo quiero ser bueno como tú, ayúdame".

"SU PADRE LO VIO Y SE CONMOVIO"
En el cuarto domingo de Cuaresma nos encontramos en el evangelio con el entrañable parábola del hijo pródigo. Os invitamos a escucharla y leerla como si fuera la primera vez que lo hacemos, todo dejándonos impresionar por cada aspecto de esta profunda parábola e intentando situarnos dentro de cada uno de los personajes.
El mensaje que Jesús quiere dar a sus contemporáneos y hoy nosotros es bien claro: el Padre es un padre que ama entrañablemente a sus hijos por más que se hayan apartado de él o se hayan distanciado. Ante la actitud del hijo pequeño, la reacción del padre es sobrecogedora e impresionante: espera constantemente la llegada de su hijo, "Su padre lo vio y se conmovió"
En el cuarto domingo de Cuaresma nos encontramos en el evangelio con el entrañable parábola del hijo pródigo. Os invitamos a escucharla y leerla como si fuera la primera vez que lo hacemos, todo dejándonos impresionar por cada aspecto de esta profunda parábola e intentando situarnos dentro de cada uno de los personajes.
El mensaje que Jesús quiere dar a sus contemporáneos y hoy nosotros es bien claro: el Padre es un padre que ama entrañablemente a sus hijos por más que se hayan apartado de él o se hayan distanciado. Ante la actitud del hijo pequeño, la reacción del padre es sobrecogedora e impresionante: espera constantemente la llegada de su hijo, no pregunta nada, no quiere explicaciones, no cuestiona, no juzga, al contrario, recibe con una alegría inmensa el hijo alejado y degradado que devuelve, celebra una fiesta en honor de él, le devuelve la dignidad de hijo perdida ... todo queda borrado y perdonado. Es mucho mayor la alegría de haber recobrado el hijo que el que haya podido hacer.
Como contrapunto, el hermano mayor no lo entiende: ¿por qué el padre está actuando así? ¿No se merecería su hermano menor un buen castigo y una buena condena por lo que ha hecho? El hermano mayor no ha entendido nunca lo que le dice su padre: "Todo lo que yo tengo es tuyo"; ha vivido siempre a su lado y no ha sabido valorar ni apreciar suficientemente la amorosa presencia de su padre.
Así es Dios, como el padre de la parábola. Un Dios sorprendente y maravilloso que siempre nos espera, que no juzga, que acoge, que perdona, que ama incansablemente y que nos invita a hacer fiesta para cada uno de nuestros hermanos reencontrados.
Con la mirada puesta en el amor y en la ternura del Padre que Jesús nos descubre y nos revela, vamos haciendo camino hacia la Pascua.            

Santa Matilde
Reina de Alemania (c.a. 890-968)  Hija de Teodorico, conde sajón, nació en Wesfalia alrededor del año 890.  Se educó en el monasterio de Herford. Sus padres la casan en el año 909 con Enrique el Pajarero -llamado con este apodo por su afición a la caza con halcones- duque de Sajonia. A la muerte de Conrado, es elegido Enrique rey de Alemania en el 919. Es un buen príncipe con sus súbditos y añade a sus territorios Baviera después de conquistarla.
Matilde se ha hecho una reina piadosa y caritativa. Está como alejada de las vanidades de la corte; día y noche reza; conocen los palaciegos sus costumbres. Gran parte de su tiempo está ocupada con atención a los desvalidos; visita a los enfermos e intenta dar consuelo a afligidos. Y esto lo sabe, aprueba y apoya su marido.  Así transcurrieron sus 23 años de matrimonio hasta el año 936 en que muere Enrique. Después de la muerte del esposo, entrega sus joyas a los pobres, significando la total ruptura con la pompa del mundo.   El matrimonio ha tenido tres hijos: Otón, emperador de Alemania en el 937 a la muerte de su padre y luego de Roma en el 962 después de haber vencido a los bohemios y lombardos; Enrique, duque de Baviera y san Bruno, arzobispo de Colonia.
Sufrió las tensiones y luchas entre sus hijos Otón y Enrique por el poder y hasta tuvo que soportar la amargura de la conspiración contra ella por parte de sus hijos que la acusaron injustamente de dilapidar los bienes del Estado.    Es su época de restaurar iglesias y fundar monasterios; sobresalen sobre todos el de Polden, en el ducado de Brunswich, que llega a albergar para Dios a trescientos monjes, y el de Quedlimburgo, en Sajonia, donde murió y reposan sus restos junto a los de su marido que allí los trasladó.  Antes de morir en el año 968, quiso hacer humilde confesión pública de sus pecados ante los monjes del lugar.
Oremos: Concédenos, Señor, un conocimiento profundo y un amor intenso a tu santo nombre, semejantes a los que diste à Santa Matilde, para que así, sirviéndote con sinceridad y lealtad, a ejemplo suyo también nosotros te agrademos con nuestra fe y con nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Calendario de Fiestas Marianas: Nuestra Señora de la Breche, Chartres, Francia (1568).

Nuestra Señora en Madhu  
Uno de los santuarios marianos más célebres confiados a los Oblatos es, sin lugar a duda, el de Ntra. Sra. de Madhu, en Sri Lanka. Se establecieron en 1851 en ese antiguo centro de peregrinaciones que atrae a millares de peregrinos en las principales fiestas de la Santísima Virgen. Se la invoca ahí con el título de Ntra. Sra. del Santísimo Rosario. En 1933 el papa Pío XII le donó un enorme rosario, una verdadera obra de arte. La "Marcha triunfal" de Nuestra Señora es una procesión que levanta un entusiasmo indescriptible. La tierra de Madhu se la conoce por curar las mordeduras de serpientes venenosas, como la cobra. También se dan numerosas conversiones.
Los misioneros llegaron a Sri Lanka en el siglo XVI y trajeron en su corazón el amor a Jesús y a su madre María. El Evangelio llegó a esta isla gracias a los pescadores indios, recién convertidos en 1544 por la evangelización de San Francisco Javier. El mismo Francisco les envió un sacerdote a la isla el cual evangelizó con gran fruto. Unos 600 se convirtieron y la mayoría fueron mártires en la masacre por órdenes de Sankily, rey de Jaffna.
La fe plantada en Mannar no murió. En 1583 habían unos 43,000 cristianos con 26 iglesias. Una de estas estaba en Mantai, a unas 6 millas de Mannar. Esta iglesia fue el hogar original de la estatua de Nuestra Señora de Madhu, que en aquel tiempo se llamaba Nuestra Señora de la Salud

Con la conquista de la isla por los holandeses vino una gran persecución contra los católicos. Los fieles de Mantai pensaron llevar la estatua de la Virgen de Mantai a un lugar seguro. No tenían sacerdotes pero con la aprobación de 20 familias devotas, en 1670, se llevaron la estatua al territorio de Kandyan. Llegaron a Maruthamadhu donde los católicos de Manthai se establecieron.
Otro grupo de 700 católicos huyendo de la persecución holandesa llegaron milagrosamente a Maruthamadhu. Allí, inspirados por una piadosa mujer llamada Elena (Silena), construyeron la iglesia dedicada a la Virgen de Madhu. Aquel lugar se llamó "Silena-Marutha-Madhu" y así se llama el santuario en la actualidad.
La Virgen concedió muchos favores, entre ellos se hizo famosa su protección contra las picadas de serpientes venenosas. Al principio las picadas no tenían efecto en los terrenos de la iglesia. Entonces la gente comenzó a llevarse tierra de Madhu como medicina y esta también sanaba.

Los holandeses expulsaron a los sacerdotes de sus territorios.  Esta situación duró desde 1656 a 1686. Con la llegada de los ingleses terminó la persecución y llegó el padre José Vaz y los Padres del Oratorio. La fe ser renovó y se abrieron misiones.  Silena Maruthamadhu ya era un centro de misión en 1706 bajo la dirección del Padre Pedro Ferrao
En 1924, cien años después de que la estatua de Nuestra Señora se estableciera permanentemente en Madhu, fue solemnemente coronada por un delegado del papa Pío XI.
Oremos: Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo
Mi tierna madre, eres mi protectora en este mundo. Eres la que me aporta felicidad  en el sufrimiento, y la que escucha benigna mis oraciones.  Te ruego, Madre,  desde el cielo donde habitas, escucha mis oraciones con compasión, líbrame de todo pecado, líbrame de todo sufrimiento. 
UN FELIZ DOMINGO LLENO DE AMOR CON SUS SERES QUERIDOS Y SI ESTA SOLO/A CON TODA LA IGLESIA QUE VIVE EL GOZO DEL RETORNO A CASA Y ENCONTRAR LA PUERTA ABIERTA A TODA LA COMUNIDAD QUE PASO Y QUE PUEDE VOLVER A CASA DONDE ENCONTRARA LA FUERZA DEL ESPIRITU, EUCARISTIA Y COMUNICACIÓN HECHA DE SERVICIO Y AMOR PARA EDUCAR Y HACER SENTIR TODA LA VIDA DE LA GRACIA CON SALUD VIVA.

Vea aquí Toques del 12 de marzo