Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba (2014-04-23)


Lombardi responde al informe de Naciones Unidas

El secretario de estado pide que "no concentre su poder en manos de unos pocos países"
Parolin reclama una ONU "fuerte pero democrática"
Asegura que Francisco defenderá la paz y la reconciliación durante su pontificado

La Iglesia no está para defender sus propios derechos ni para invocar privilegios para sí misma, sino para defender los derechos de cada hombre y de cada mujer, especialmente si son violados

 El secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, considera necesaria una reforma de la ONU para que sea una organización"fuerte pero democrática", que no concentre "su poder en manos de unos pocos países" y mantenga "la paz en el mundo".

"La ONU es un organismo meritorio y, a pesar de sus limitaciones, es mejor que exista a que no", afirma Parolin en una entrevista difundida hoy por "L'Osservatore Romano", y extractada del libro inédito "El Papa de la paz. La herencia de los Santos (Angelo Giuseppe) Roncalli y (Karol) Wojtyla para el papa Francisco", de Nina Fabrizio y Fausto Gasparrone.

La organización "necesitaría una reforma, pedida desde muchas partes, pero no es fácil de lograr. El mundo ha cambiado mucho desde que fue creada al final de la II Guerra Mundial", observa el cardenal.

Según Parolin, "no es fácil otorgarle" a la ONU "un poder efectivo con el que logre mantener la paz (su misión fundamental), sin que este poder esté solo en manos de algunos países. Una ONU fuerte, pero democrática, sería una bendición para todos".

 El Vaticano tiene en la ONU el estatuto de "observador permanente" y no es miembro de la organización, según la propia Santa Sede con el fin de mantener su neutralidad.

Parolin insta a un cambio sustancial en la ONU para que acabe, entre otros, con el"interminable conflicto" entre israelíes y palestinos.

Este enfrentamiento, dice el cardenal en la entrevista, "ha creado una situación de inestabilidad perpetua, en la que es muy difícil lograr una paz verdadera".

"La Iglesia no está para defender sus propios derechos ni para invocar privilegios para sí misma, sino para defender los derechos de cada hombre y de cada mujer, especialmente si son violados", resalta Parolin.

El prelado italiano también expresa su deseo de que "países más jóvenes" sigan el ejemplo de Europa, "que ha provocado las dos guerras más sangrientas de la historia" pero "parece haber aprendido la lección".

Parolin asegura que el papa Francisco defenderá la paz y la reconciliación durante su pontificado y "actuará con la palabra, interviniendo cada vez que la paz se vea amenazada".

Para ello, agrega, hará todo lo que esté en su mano, incluso viajar a los lugares en los que se produzcan conflictos.

El papa Francisco emprenderá un viaje a Tierra Santa el próximo 24 de mayo y en él tiene previsto defender la reconciliación entre israelíes y palestinos.


También, en la visita que hará el próximo 15 de agosto a Corea del Sur, Jorge Bergoglio abogará por la paz y la unión de las dos Coreas, adelanta el cardenal Parolin.

El libro, publicado con motivo de la canonización de los papas Juan Pablo II y Juan XXIII el próximo día 27, recoge también las opiniones de Parolin sobre ambos pontífices y su lucha por la paz.

"Los dos papas han pasado a la Historia por su compromiso a favor de la paz. Juan XXIII actuó para prevenir los conflictos en el caso de los misiles de la Unión Soviética instalados en Cuba", asegura.

También tiene palabras de elogio para Juan Pablo II, de quien destaca su compromiso por denunciar "incansablemente, casi a diario, los enfrentamientos y masacres" como los de la antigua Yugoslavia o la guerra de Irak.

Evangelio según San Lucas 24,13-35. 

 Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. 

Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. 

Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. El les dijo: "¿Qué comentaban por el camino?". Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!". 

"¿Qué cosa?", les preguntó. Ellos respondieron: "Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel.

Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron". 

 Jesús les dijo: "¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?" Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?". En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: "Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!". Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. 

Dos sacerdotes y un paralítico

Hechos de los apóstoles 3, 1-10; Sal 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9; Lucas 24, 13-35

 La primera lectura de la Misa de hoy nos cuenta un milagro impresionante. Todos los milagros impresionan, y no sólo porque lo que era agua ahora es vino, ni porque quien era paralítico, como en el caso de hoy, empiece a andar, sino porque un milagro nos da motivos de credibilidad. Un milagro nos recuerda que Dios existe, que Dios tiene poder, que dependemos de nuestro Padre Dios, que nuestra fe es verdadera.

El milagro lo hacen Pedro y Juan, dos discípulos si cabe hablar así, especialmente queridos por el Señor. Como todos los días, han dejado a un paralítico en la llamada puerta “Hermosa” del templo para pedir limosna. Llegan Pedro y Juan, y el paralítico, desde su camilla, extiende su mano con rostro lastimero, con el buen deseo de aumentar la piedad en los viandantes y aumentar de paso sus posibilidades de sustento. Añadiría muy probablemente algunas palabras de súplica llorosa: al ver a Pedro y Juan, dice el texto, “les pidió una limosna”. Y de pronto surge lo inesperado: “Pedro, con Juan a su lado, se quedó mirando y le dijo: “míranos”.

 Clavó los ojos en ellos esperando que le darían algo”. Imaginamos el cambio tímido de expresión en el rostro del paralítico, al ver que un par de amigos se acababan de apiadar de él y que tenía ya aseguradas unas monedas. Pero empieza a cambiar de nuevo su esperanzado rostro y a tornarse triste al oír que Pedro añade: “no tengo plata ni oro”. Mal asunto. Pero aquel hombre fuerte y robusto, aún añade algo más: “no tengo oro ni plata, te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar”. Y como sabemos, aquel paralítico comenzó a andar. Traslademos este hecho a un día normal de nuestro tiempo: un pobre a la salida de una Iglesia en cualquier ciudad de España pide limosna. Sale la gente de Misa. Un hombre, al ver al pobre se detiene delante de él y echa mano a su bolsillo; al pobre se le ilumina la cara; y aquel saca la cartera y le da 80.000 €. ¡Se imaginan! ¿Cuál sería la reacción del pobre? No se lo creería.

Quedaría confuso, aturdido, lloroso de la emoción; empezaría a besar las manos del dadivoso hombre, comenzaría a dar gritos de alegría. De hecho, la primera lectura de hoy nos dice que aquel paralítico al ver que podía andar “entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios”. Dando “brincos”. No es para menos. Esto que hace san Pedro y san Juan con el paralítico y el ejemplo trasladado a día de hoy que considerábamos nosotros, no es nada si lo comparamos con lo que hace el Señor cuando acudimos -paralíticos y pobres-al sacramento de la confesión, al también llamado sacramento de la reconciliación, del perdón, del amor. Nosotros entramos en el confesionario extendiendo la mano y rogando a Dios: “límpiame”. Y seguimos diciendo: “he pecado contra este mandamiento o aquel otro; tengo este defecto: la “parálisis” de la soberbia, la lepra de mi impureza, la ceguera de mi envidia, soy un mudo que no puede hablar sin mentir, estoy muerto como Lázaro, por el pecado mortal”. Y extendemos nuestra mano a Cristo o a sus discípulos -a Pedro y a Juan, pero también a los sacerdotes que les sucedieron después- y pedimos la limosna de la gracia de Dios, del perdón por nuestros defectos, ser curados de las enfermedades de nuestra alma. Y escuchamos las mismas palabras: “no tengo plata ni oro, te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar”. Es casi lo que dice el sacerdote en la confesión en el momento de perdonar los pecados. Uno acude allí para recibir a “Jesucristo Nazareno”: para que “en su nombre”, a través del contacto con la gracia de Dios, quedemos curados de nuestras parálisis y pobrezas.


San Adalberto de Praga 

(en polaco:Wojciech; en checo: Vojtěch), (c.956 - † 23 de abril de 997) Obispo de Praga y santo católico.

 Hermanastro de Radzim Gaudenty, fue obispo de Praga en el siglo X y murió martirizado cuando trataba de convertir al cristianismo a las tribus bálticas de Prusia. Es el santo patrón de Bohemia, Polonia, Hungría y Prusia.

Nació en Libice nad Cidlinou (Bohemia) en el seno de la familia Slavnikovci, muy poderosa y rival de los Premyslides. Estudió durante doce años en Magdeburgo, bajo la tutela del arzobispo Adalberto (que más tarde sería San Adalberto de Magdeburgo) de quien, al morir, tomaría el nombre para rendirle homenaje.

El 3 de abril de 983 fue nombrado obispo de Praga a petición de Boleslav II de Bohemia. Pronto se sintió enormemente frustrado por el estilo de vida que llevaban sus fieles que era realmente pagano. En 989 se fue a Romapara solicitar al Papa que le relevara de sus cargos. Permaneció cuatro años en Italia, exiliado, e ingresó como monje en Montecasino. En 992, el arzobispo de Maguncia le pidió que volviera a dirigir el obispado de Praga y regresó a Bohemia acompañado de unos cuantos monjes benedictinos.

Con la ayuda de Boleslav II fundó, en 993, en Brevnov, la primera abadíabenedictina de Bohemia. Bautizó a Géza de Hungría y a su hijo Esteban I de Hungría. Como quiera que seguía manteniendo muy malas relaciones con sus fieles regresó a Roma en 994. En 995 su familia fue masacrada por los hombres de Boleslav II, muerte de la que escapó Adalberto al hallarse fuera del país.

Tomó entonces la decisión de convertir a los prusianos. El duque Boleslao I el Bravo, futuro rey de Polonia, le apoyó y le ofreció una escolta militar que le acompañaría hasta Danzig. Sin embargo las tribus prusianas se mostraron muy renuentes a sus prédicas. El 23 de abril de 997, cerca de Trusol(Elblag) los paganos le decapitaron y su cabeza fue empalada.

 Según cuenta la leyenda, el duque Boleslav I el Bravo compró el cuerpo del mártir pagando su peso en oro y lo hizo llevar a Gniezno para ser enterrado allí. Después de su canonización, en 999, su tumba se convirtió en un lugar de peregrinaje y su vida fue relatada en numerosas biografías (Vita Sacti Adalberti) escritas, casi todas, en Roma, Lieja y en Aix-la Chapelle. En el año 1000, Otón III, fue en peregrinaje a Gniezno para rendir homenaje a San Adalberto.

En 1038, los checos del príncipe Bretislav I atacaron Polonia. InvadieronSilesia y destruyeron Poznań y Gniezno en 1039, e hicieron desaparecer lasreliquias de San Adalberto. Según se cuenta los polacos consiguieron conservar algunas reliquias. Actualmente, Adalberto tiene dos tumbas, una en Praga y otra en Gniezno. La autenticidad de las reliquias es harto dudosa pues, al parecer, el santo tiene dos cabezas, una en Praga y otra en Gniezno.

Por sus acciones, Adalberto hizo de Bohemia una nación importante en laEuropa cristiana. Legitimó a Boleslav I el Bravo consagrándole como rey y así reforzar la posición de Polonia frente a sus vecinos. Influyó notablemente en la política de Otón III que se apoyó en los eslavos para reforzar el Sacro Imperio Romano Germánico

La festividad de San Adalberto de Praga se celebra el 23 de abril.

Oremos
Señor, tú que hiciste fiel imitador de la pasión de tu Hijo al glorioso mártir San Adalberto, muestra, por su intercesión, el poder de tu fuerza a quienes confesamos la propia debilidad. Por nuestro Señor Jesucristo  tu Hijo.

Calendario de  Fiestas Marianas: Nuestra Señora de Mende, África (Siglo XVI).

Jorge, mártir († c. a. 303)

Terrible debió de ser el proceso del martirio hasta su muerte, cuando en Oriente se le llama el «Gran Mártir».

 Debió de ser un soldado nacido en Capadocia –en la Turquía actual– y que murió en Nicomedia a comienzos del siglo iv, probablemente en la persecución de Diocleciano. Poca cosa concreta se conoce de su vida con plena fiabilidad, porque las múltiples y variantes referencias están plagadas de fábulas y ficciones que, si bien portan ejemplarizantes lecciones y llevan consigo el encanto de la sencillez que cautiva la imaginación, es más que probable que nada tengan que ver con la verdadera y desconocida verdad de su existencia.

Es el santo que mata haciendo el bien. La iconografía lo ha representado con frecuencia con caballo, lanza, espada, casco y armadura, enfrentándose y venciendo al terrible dragón. Se cuenta de mil formas que aquella terrible bestia, asentada en las orillas del lago, tenía asolada a la ciudad pagana de Silene, en Libia. Solo con su aliento mataba. Para aplacarlo, cada día le llevaban dos ovejas que devoraba al instante; luego tuvo que ser una doncella. Un mal día le tocó el turno a la hija del rey, pero se presentó un apuesto jinete que cabalgaba haciendo el bien; se apercibió de lo que sucedía, hizo la señal de la cruz, y, en nombre del Señor Jesús, se lanzó aquel formidable guerrero contra el dragón con furia y valentía nunca vista.

Mató a la bestia y catequizó al pueblo, que comenzó jubiloso y agradecido una vida nueva. La leyenda de san Jorge es todo un símbolo. El dragón representa a las fuerzas del Mal que pretenden aniquilar, sedientas de sangre, a la indefensa comunidad de creyentes, que será conducida a un nuevo y feliz modo de vivir por Jesús, el único salvador capaz de vencerlas. Jorge solo es el sobre que lleva la carta.

 En Lydda –Palestina–, donde se dice que sufrió martirio, se construyó un templo dedicado al santo; inscripciones del siglo iv hablan de sus reliquias; los reyes merovingios se atribuyeron la descendencia de un hijo de san Jorge, para buscar su parentela; Ricardo Corazón de León lo nombró patrono de los cruzados, que fueron quienes se encargaron de extender su devoción y culto en Occidente, llegando a ser Patrón de Inglaterra, de Portugal, Génova y hasta de la Autonomía Catalana, que conserva en el edificio de la Diputación las reliquias del santo donadas a Felipe II por su embajador en Alemania. No se privaron los artistas como Rafael, Donatello, Carpaccio y otros de imprimir con sus pinceles la figura venerada por reyes y pueblos. La oficialidad de la Iglesia no se pronuncia sobre los datos narrados de mil maneras en torno a la figura del santo; ese que hace sonreír a los críticos, menear la cabeza a los sabios y quitarse el sombrero al hombre del pueblo. Sí que ha rebajado la categoría de su fiesta, haciéndola solo optativa, como dando a entender que una cosa es que existiera el mártir –testificado por dos inscripciones primitivas en una iglesia siria y por un catálogo del papa Gelasio I, fechado en el año 494, en el que san Jorge aparece mencionado como una persona cuyo nombre fue objeto de veneración– y otra que su figura se adapte a la epopeya aureolada con que popularmente se le envuelve.

Con respecto a la autenticidad de los relatos, ni afirma ni niega, solo deja que se sigan escuchando y… se lava las manos. Por cierto, ¿no será otro de los símbolos encerrados en la figura juvenil y aguerrida de san Jorge, presto siempre a la pelea contra el mal, la representación plástica de la firme persuasión acerca de lo que ha de ser la vida del cristiano, considerada como una continuada lucha contra los dragones personales que están solapados y disimulados en nuestro interior.

Nuestra gloria es la Cruz de Cristo

 Mucho es lo que Dios nos promete; pero es mucho más lo que recordamos que ha hecho ya por nosotros. ¿Dónde estábamos o qué éramos, cuando Cristo murió por nosotros, pecadores? ¿Quién dudará que el Señor ha de dar la vida a sus santos, siendo así que les dio su misma muerte? ¿Por qué vacila la fragilidad humana en creer que los hombres vivirán con Dios en el futuro? Mucho más increíble es lo que ha sido ya realizado: que Dios ha muerto por los hombres. ¿Quién es, en efecto, Cristo, sino aquella Palabra que existía al comienzo de las cosas, que estaba con Dios y que era Dios? Esta Palabra de Dios se hizo carne y puso su morada entre nosotros. Es que, si no hubiese tomado de nosotros carne mortal, no hubiera podido morir por nosotros. De este modo el que era inmortal pudo morir, de este modo quiso darnos la vida a nosotros, los mortales; y ello para hacernos partícipes de su ser, después de haberse hecho él partícipe del nuestro. Pues, del mismo modo que no había en nosotros principio de vida, así no había en él principio de muerte.

Admirable intercambio, pues, el que realizó con esta recíproca participación: de nosotros asumió la mortalidad, de él recibimos la vida. No sólo no debemos avergonzarnos de la muerte del Señor, nuestro Dios, sino, al contrario, debemos poner en ella toda nuestra confianza y toda nuestra gloria, ya que al tomar de nosotros la mortalidad, cual la encontró en nosotros, nos ofreció la máxima garantía de que nosdaría la vida, que no podemos tener por nosotros mismos.

 Pues quien tanto nos amó, hasta el grado de sufrir el castigo que merecían nuestros pecados, siendo él mismo inocente, ¿cómo va ahora a negarnos, él, que nos ha justificado, lo que con esa justificación nos ha merecido? ¿Cómo no va a dar el que es veraz en sus promesas el premio a sus santos, él, que, sin culpa alguna, soportó el castigo de los pecadores? Así pues, hermanos, reconozcamos animosamente, mejor aún, proclamemos que Cristo fue crucificado por nosotros; digámoslo no con temor sino con gozo, no con vergüenza sino con orgullo.

El apóstol Pablo se dio cuenta de este título de gloria y lo hizo prevalecer. Él, que podía mencionar muchas cosas grandes y divinas de Cristo, no dijo que se gloriaba en estas grandezas de Cristo -por ejemplo, en que es Dios junto con el Padre, en que creó el mundo, en que, incluso siendo hombre como nosotros, manifestó su dominio sobre el mundo-, sino: En cuanto a mí -dice-, líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

De los Sermones de san Agustín, obispo de Hipona

Dios perdona pero no con un decreto, sino con una caricia, acariciando nuestras heridas del pecado.


El rostro misericordioso de Dios

"¿Dios es de veras misericordioso?". Es ésta una pregunta que quizás no la hacemos en voz alta, pero delante de pecados personales, delante de nuestra mediocridad y falta de correspondencia a la gracia, a veces el pensamiento de que Dios ponga un límite a su misericordia puede salir a flote a nuestro espíritu de modo inquietante.

La misericordia no tiene prejuicios

 Queridos hermanos y hermanas, el Evangelio de hoy nos presenta el encuentro de Jesús con la mujer samaritana, sucedido en Sicar, junto a un antiguo pozo donde la mujer iba cada día, para sacar agua. Aquel día se encontró a Jesús, sentado, “fatigado por el viaje” (Juan 4, 6).

El inmediatamente le dice, “dame de beber” (v 7, 7). De este modo supera las barreras de hostilidad, que existían entre judíos y samaritanos y rompe los esquemas del prejuicio en frente a las mujeres. El simple pedido de Jesús es el inicio de un dialogo sincero, mediante el cual Él, con gran delicadeza, entra en el mundo interior de una persona a la cual, según los esquemas sociales, no tendría ni si quiera que haberle dirigido la palabra.

Jesús la pone frente a su realidad, no juzgándola sino haciéndola sentir considerada reconocida, y suscitando así en ella el deseo de ir más allá de la rutina cotidiana.

Aquella de Jesús era una sed no tanto de agua, sino de encontrar un alma sedienta. Jesús tenía necesidad de encontrar a la samaritana para abrirle el corazón: le pide de beber para poner en evidencia la sed que había en ella misma. La mujer queda tocada por este encuentro: dirige a Jesús aquellas preguntas profundas que todos tenemos dentro, pero que muchas veces ignoramos.

 ¡También nosotros tenemos tantas preguntas para hacer, pero no encontramos el coraje de dirigirlas a Jesús! La Cuaresma es el tiempo oportuno para mirarse adentro, para haceer surgir nuestros deseos espirituales más verdaderos y pedir la ayuda del Señor en la oración. El ejemplo de la samaritana nos invita a expresarnos así, “dame de esa agua así no tendré más sed”.

El evangelio dice que los discípulos quedaron maravillados de que su maestro hablara con esa mujer. Pero el Señor es más grande que los prejuicios por eso no tiene temor de detenerse con la samaritana: la misericordia es más grande que el prejuicio. El resultado de aquel encuentro junto al pozo fue que la mujer fue transformada: “dejó su cántaro” (v 28) y corre a la ciudad a contar su experiencia extraordinaria.

Había ido a buscar agua del pozo, y ha encontrado otra agua, el agua viva de la misericordia que salta hasta la vida eterna. ¡Ha encontrado el agua que buscaba desde siempre!, corre al pueblo, aquel pueblo que la juzgaba y la rechazaba, y anuncia que ha encontrado al Mesías: uno que le ha cambiado la vida.

En este evangelio encontramos también nosotros el estímulo para “dejar nuestro cántaro”, símbolo de todo lo que aparentemente es importante pero que pierde valor frente al “amor de Dios”, que “ha estado derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rm 5,5). Estamos llamados a redescubrir la importancia y el sentido de nuestra vida cristiana, iniciada en el bautismo y como la samaritana, ha de dar testimonio a nuestros hermanos, de la alegría del encuentro con Jesús y las maravillas que su amor, realiza en nuestra existencia.

Angelus 23 de Marzo 2014

LECTURAS

 "Señor, te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado" (Sb).

"El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas" (Sal).

-«Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: -«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.» (Lc)

Frase de confianza

Dios os deja en esas tinieblas para su gloria; aquí está la gran oportunidad de vuestro progreso espiritual. Dios quiere que vuestras miserias sean el trono de su misericordia y vuestra incapacidad, la sede de su omnipotencia.

Las heridas de su cuerpo nos revelan los secretos de su Corazón

 

 

 Las heridas que su cuerpo recibió nos dejan ver los secretos de su corazón; nos dejan ver el gran misterio de piedad, nos dejan ver la entrañable misericordia de nuestro Dios, por la que nos ha visitado el sol que nace de lo alto. ¿Qué dificultad hay en admitir que tus llagas nos dejan ver tus entrañas? No podría hallarse otro medio más claro que estas tus llagas para comprender que tú, Señor, eres bueno y clemente, y rico en misericordia. Nadie tiene una misericordia más grande que el que da su vida por los sentenciados a muerte y a la condenación.

Sobre el libro del Cantar de los Cantares

Tomo de las entrañas del Señor lo que me falta

Pero yo tomo de las entrañas del Señor lo que me falta, pues sus entrañas rebosan misericordia. Agujerearon sus manos y pies y atravesaron su costado con una lanza; y, a través de estas hendiduras, puedo libar miel silvestre y aceite de rocas de pedernal, es decir, puedo gustar y ver qué bueno es el Señor.

Sobre el libro del Cantar de los Cantares

En sus llagas habito con seguridad

¿Dónde podrá hallar nuestra debilidad un descanso seguro y tranquilo, sino en las llagas del Salvador? En ellas habito con seguridad, sabiendo que él puede salvarme. Grita el mundo, me oprime el cuerpo, el diablo me pone asechanzas, pero yo no caigo, porque estoy cimentado sobre piedra firme.

 Si cometo un gran pecado, me remorderá mi conciencia, pero no perderé la paz, porque me acordaré de las llagas del Señor. Él, en efecto, fue traspasado por nuestras rebeliones. ¿Qué hay tan mortífero que no haya sido destruido por la muerte de Cristo? Por esto, si me acuerdo que tengo a mano un remedio tan poderoso y eficaz, ya no me atemoriza ninguna dolencia, por maligna que sea.
Sobre el libro del Cantar de los Cantares

Dios se da más prisa para perdonarnos que nosotros para ofenderlo

¡Oh Dios de mi alma, qué prisa nos damos a ofenderos y cómo os la dais Vos mayor a perdonarnos! ¿Qué causa hay, Señor, para tan desatinado atrevimiento? ¿Si es el haber ya entendido vuestra gran misericordia y olvidarnos de que es justa vuestra justicia? Cercáronme los dolores de la muerte.

¡Oh, oh, oh, qué grave cosa es el pecado, que bastó para matar a Dios con tantos dolores! ¡Y cuán cercado estáis, mi Dios, de ellos! ¿Adónde podéis ir que no os atormenten? De todas partes os dan heridas los mortales.
Exclamaciones del alma a Dios

Por su infinita bondad nos ha liberado

 ¿Qué gracias os parece que se deben dar a quien por su infinita misericordia nos ha librado, de los infiernos, habiéndolos nosotros justamente merecido? ¿Qué daremos a quien tantas veces tendió su mano para que los demonios no nos ahogasen y llevasen consigo? Y, siendo nosotros crueles ofendedores de su Majestad, Él nos fue piadoso padre y dulce defendedor. Pensad que quizá están algunos en los infiernos con menos pecados que vos. Y de tal manera os mirad y servid a Dios como si hobiérades por vuestros pecados entrado en el infierno, y Él os hubiera sacado de allá; porque todo es una cuenta: haber estorbado que no vais allá, mereciéndolo vos, o sacaros de allá, por su gran misericordia.

Primer mal del pecado: manchar el alma

 Contra los males en que incurrimos por el pecado, hallamos remedio por la Pasión de Cristo. E incurrimos en cinco males (...) Primero, contraemos una mancha: cuando el hombre peca, ensucia su alma, pues así como la virtud es hermosura del alma, su mancha es el pecado. "¿Cómo es que estás, Israel, en tierra de enemigos..., te has contaminado con cadáveres?" (Bar 3,10). Pero la Pasión de Cristo limpia tal mancha, pues Cristo en su Pasión preparó con su sangre un baño para lavar en él a los pecadores. "Nos lavó de nuestros pecados con su sangre" (Ap. 1,5). El alma queda lavada con la sangre de Cristo en el bautismo, porque de la sangre de Cristo recibe éste su poder regenerador. Por eso, cuando uno se ensucia con el pecado, injuria a Cristo, y peca más gravemente que antes. "Si alguno quebranta la ley de Moisés, y se le prueba con dos o tres testigos, es condenado a muerte sin misericordia alguna; ¿pues de cuántos mayores tormentos creéis que es digno el que pisotee al Hijo de Dios, y considere profana la sangre de la alianza?" (Heb 10,28-29).

Exposición del símbolo de los apóstoles. Capítulo 4.

Resistir a la tentaciones por la misericordia de Dios

 La fortaleza con que resistimos a las tentaciones depende más de la misericordia con que Dios las suaviza que de nuestra propia virtud. Acerca de ello se pronuncia así el Apóstol: «No os ha sobrevenido tentación que no fuera humana; y fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas; antes bien dispondrá con la tentación el éxito para que podáis resistirla» . Y enseña también que Dios es quien dispone y fortalece nuestras almas para poder realizar toda acción buena, y obra en nosotros lo que le place: «y el Dios de la paz, que sacó de entre los muertos, por la sangre de la alianza eterna, al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, os haga aptos para toda obra buena, haciendo en vosotros lo que le place en su presencia». Y eleva luego esta plegaria para que se conceda un favor semejante a los tesalonicenses: «El mismo Señor nuestro Jesucristo y Dios nuestro Padre, que de gracia os amó y os otorgó una consolación eterna, una buena esperanza, consuele vuestros corazones y los confirme en toda obra y palabra buena».

Ser amigos de la misericordia de Dios

(Examinando la propia conciencia) aprenderéis una ciencia muy saludable que os hará llorar y no hinchar; la cual os guardará de la peligrosa enfermedad de la soberbia, que entra poco a poco, pareciéndose un hombre bien a sí mismo.

Velad sobre esta entrada, y guardaos con todo cuidado no os parezcáis bien vos a vos misma, mas con la lumbre de la verdad sabeos reprehender y desaplaceros; y seros ha vecina la misericordia de Dios, al cual aquellos solos parecerán bien, que a sí solos parecen mal, y a aquéllos perdona sus faltas con largueza de bondad, que las conocen y se humillan por ellas en el juicio de la verdad.
Audi filia

Oración de Misericordia a los Corazones de Jesús y María

 Oh benevolísimo y misericordísimo Corazón de Jesús,
estampa en nuestros corazones
una imagen perfecta de tu gran misericordia, para que podamos cumplir
el mandamiento que nos diste:
"Serás misericordioso
como lo es tu Padre ".
Madre de la misericordia,
vela sobre tanta desgracia, tantos pobres,
tantos cautivos, tantos prisioneros,
tantos hombres y mujeres que sufren persecución en manos de sus hermanos y hermanas,
tanta gente indefensa,
tantas almas afligidas, tantos corazones inquietos,
Madre de la misericordia,
abre los ojos de tu clemencia
y contempla nuestra desolación. Abre los oídos de tu bondad
y oye nuestra súplica.
Amorosísima y poderosísima abogada, demuéstranos que eres en verdad
la Madre de la Misericordia.

No es un tópico decir que el nuestro es un tiempo de cambios profundísimos ya todos los niveles. Estos cambios demandan a menudo de herramientas que nos ayuden a situarnos en el marco de la acción del Espíritu, en aquella situación humana abierta a discernir y captar el dinamismo de un Amor que no para nunca de amar.


Francisco durante la audiencia de hoy

Francisco pide "salir de nuestros sepulcros" y luchar contra "la vanidad mundana y el dinero"
"Jesús está vivo, ya no muere más, y actúa en la Iglesia y el mundo"
"Cada uno sigue un camino diferente para encontrar al mismo Señor", admite el Papa

¿Por qué tú, que te sientes solo, abandonado de los amigos, hasta de Dios, por qué buscas entre los muertos al que está vivo, tú que has perdido la esperanza, tú que aspiras a la belleza a la perfección, a la justicia a la paz?

 (Jesús Bastante).- "¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?". La frase del Evangelio de Lucas fue repetida esta mañana, una y otra vez, como un mantra, por el Papa Francisco, y por la multitud que se congregaba, pese a la lluvia, y que felicitó a Jorge Mario Bergoglio por su santo.

"¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?", dijo el ángel a las mujeres, y volvió a comentarlo Francisco en esta mañana lluviosa de Roma. El mal tiempop no fue óbice para que miles de peregrinos, muchos niños entre ellos, se acercaran a la plaza de San Pedro para acompañar a Francisco en su tradicional audiencia general que, además, coincidía con su santo.

Jorge Mario Bergoglio recogió losparabienes de la multitud, en una audiencia que cada vez dura más, y que cada vez tiene en los saludos iniciales gestos de ternura, alegría y sensibilidad de un papa cercano y querido por casi todos.

"Esta semana es la semana de la gloria. Celebramos la resurrección. Una alegría verdadera y profunda, basada en que Jesús ya no muere más, en que está vivo y actúa en la Iglesia y el mundo", señaló Bergoglio. Y sin embargo, "¿por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?".

"Estas palabras son como la piedra miliar en la historia, un ejemplo. Si no nos abrimos a la buena noticia, si pensamos que sería menos fastidioso un Jesús muerto que un Jesús vivo, estaremos invadidos por la vanidad mundana, el dinero, los deseos..."


"¿Por qué buscamos entre los muertos al que está vivo? ¿Por qué miráis ahí, si eso no nos dará vida?", proclamó Francisco. "Nos podrá dar la alegría de un día, de una semana, de un mes... ¿y después?".

 El Papa, que pidió hasta en dos ocasiones que los fieles repitieran una y otra vez la frase, ahora y después, en casa -"nos hará mucho bien"-, reconoció que "no es fácil estar abierto a Jesús, no es fácil aceptar su presencia hoy". Tampoco lo era en la Jerusalén del siglo I. "El Evangelio nos cuenta distintas reacciones: Tomás, María Magdalena, los discípulos de Emaús". Tomás, que "pone una condición al a fe: quiere tocar; María lo ve pero no lo reconoce, sólo cuando Jesús le llama por su nombre; y los discípulos se dejan acompañar por un desconocido caminante". "Cada uno sigue un camino diferente para encontrar al mismo Señor", advirtió el Papa. "Y yo ¿qué ruta sigo para encontrar al Cristo vivo? Él siempre estará cerca para dejarse encontrarse".

Para buscar entre los vivos al que ya nunca más estará muerto. "Jesús no está en el sepulcro: ha resucitado. Es el viviente. Siempre renueva su cuerpo que es la Iglesia y va caminando a lo largo de los siglos. La tumba de Jesús es la tumba de la Iglesia; el sepulcro de la verdad y de la justicia". "¿Por qué tú, que te sientes solo, abandonado de los amigos, hasta de Dios, por qué buscas entre los muertos al que está vivo, tú que has perdido la esperanza, tú que aspiras a la belleza a la perfección, a la justicia a la paz?", se preguntó el pontífice. La respuesta, en la misma pregunta del ángel, que "nos ayuda a huir de nuestros momentos de tristeza y nos abre a horizontes de alegría y esperanza, capaz de generar vida nueva para los otros". "Él está vivo, está con nosotros, no vayamos a otros sepulcros que nos prometen certezas y no nos dan más que tristeza. Él está vivo".

Síntesis de las palabras del Papa:

Queridos hermanos y hermanas:

En estos días celebramos con alegría el gran misterio de la resurrección de Cristo. Se trata de una alegría auténtica, profunda, que se basa en la certeza de que Cristo resucitado ya no muere más, sino que vive y actúa en la Iglesia y en el mundo. No es fácil aceptar la presencia del resucitado en medio de nosotros. La pregunta que el ángel dirigió a las mujeres, aquella mañana de Pascua: "¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?", nos debe interrogar también a nosotros. Buscamos entre los muertos al que vive cada vez que nos encerramos en el egoísmo o en la autocomplacencia, cuando nos dejamos seducir por el poder y las cosas de este mundo, olvidando a Dios y al prójimo, cuando ponemos nuestra esperanza en vanidades mundanas, en el dinero o el éxito; cada vez que perdemos la esperanza o no tenemos fuerzas para rezar, cada vez que nos sentimos solos o abandonados de los amigos, e incluso de Dios, cada vez que nos sentimos prisioneros de nuestros pecados. La advertencia del ángel nos ayudará a salir de nuestras tristezas y a abrirnos a la alegría y a la esperanza. La esperanza que remueve las piedras de los sepulcros y nos empuja a anunciar la Buena Nueva a los demás.

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Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, México, Costa Rica, Colombia, Uruguay y Argentina y otros países latinoamericanos. Que en este tiempo de Pascua abramos nuestra vida al encuentro con Cristo resucitado y vivo, el único que puede dar verdadera esperanza.


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