Nuestra
Señora
de Lourdes
11
de febrero
[…] No se puede contemplar a María sin ser atraídos por Cristo
y no se puede mirar a Cristo sin advertir de inmediato la presencia de María.
Existe un vínculo inseparable entre la Madre y el Hijo generado en su seno
por obra del Espíritu Santo, y este vínculo lo advertimos, de modo misterioso,
en el Sacramento de la Eucaristía […]
Mensaje de Su Santidad Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo
(21 Enero 2008)
Este mes de Febrero, nos vamos a Lourdes,
al pie de los Pirineos, a la gruta de Massabielle, donde
ocurrió la primera
aparición de la Bienaventurada Virgen María a
Bernardita Soubirous; la niña de catorce años
a quien confía el mensaje de esperanza y de luz para
la humanidad enferma y que sufre en el espíritu y en
el cuerpo.
Las 18 apariciones entre el 11 de febrero
y el 16 de julio de 1858 se caracterizaron por la sobriedad
de las palabras
de la Virgen quien vino a agradecer el dogma de la Inmaculada
Concepción, declarado cuatro años antes por Pío
IX... y como en todas ellas nos pide nuestra colaboración
activa: Oración, penitencia, conversión, confianza
en Dios, y que seamos humildes y llevemos gozosos nuestra cruz.
Unos 6 millones de peregrinos de 150
países van a Lourdes
cada año, entre ellos 650.000 enfermos son ungidos...
¡
Es la Madre, la Inmaculada Concepción, haciendo cariños
a sus hijos!, para llevarlos a la iglesia de su Hijo Jesús...
y son los hijos, nosotros, que nos dejamos querer y mimar por
la Madre.
Al
respecto Juan Pablo II escribió: "Lourdes (...)
es lugar y a la vez símbolo de esperanza y de gracia
en el signo de la aceptación y de la oferta del sufrimiento
salvífico".
Hoy como en Lourdes, las manos siempre
juntas, con el santo rosario: en ferviente oración, redescubramos “esta oración
de paz”, “esta oración por la paz”.
Jesús
te ama.
La Reina del cielo,
la Madre de Dios,
en Lourdes, benigna,
su trono fijó.
Ave, Ave, Ave María...
Un largo rosario
que el cielo labró
sostiene en sus manos
más puras que el sol.
Ave, Ave, Ave María...
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Aquí los enfermos
encuentran vigor;
aquí luz y vida
halla el pecador.
Ave, Ave, Ave María...
«Haced penitencia
y ardiente oración
por los pecadores
que ofenden a Dios».
Ave, Ave, Ave María...
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