1 de Enero
La
solemnidad de Santa María, Madre de Dios
“...La
más antigua plegaria a María («Bajo tu
amparo...»)
contiene la invocación: Theotókos,
Madre de Dios.
Este título no es fruto de una reflexión
de los teólogos,
sino de una intuición de fe
del pueblo cristiano.
Los que reconocen a Jesús como
Dios
se dirigen a María como Madre de Dios
y esperan
obtener su poderosa ayuda en las pruebas de la vida.
(Catequesis
de Juan Pablo II 1995-1996)
Hoy celebramos la
solemnidad de Santa María, Madre
de Dios. ¡Bonita manera de empezar el año! ¡Bonita
de verdad! Con una fiesta de María, y, precisamente,
mirando a María en la mayor de sus grandezas, en la
máxima grandeza a que ha podido ser elevada una mujer:
en su Divina Maternidad.
Esta es la fiesta
mariana más antigua que se conoce
en Occidente. Ya en las Catacumbas o antiquísimos subterráneos
que están cavados debajo de la ciudad de Roma y donde
se reunían los primeros cristianos para celebrar la
Misa, en tiempos de las persecuciones, hay pinturas con este
nombre: "María, Madre de Dios".
El concilio de Efeso,
en el año 431, define el dogma
de la maternidad divina, atribuyendo oficialmente a María
el título de Theotókos, con referencia a la única
persona de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Este
título es el principal y el más importante de
la Virgen María, y de él dependen todos los demás
títulos y cualidades y privilegios que Ella tiene.
La maternidad divina
y virginal de María constituye
un acontecimiento salvífico singular: para la Virgen
fue presupuesto y causa de su gloria extraordinaria; para nosotros
es fuente de gracia y de salvación, porque "por
medio de ella hemos recibido al Autor de la vida".
También
debemos recordar que la Sede Apostólica,
desde el 1967, ha señalado para el 1 de Enero la celebración
de la "Jornada mundial de la paz". Y este año
nuestro Papa Benedicto XVI en su tradicional Mensaje para la
ocasión nos invita amorosamente: ”Dirijamos con
confianza y filial abandono la mirada hacia María, la Madre del
Príncipe de la Paz... le pedimos que ayude a todo el
Pueblo de Dios a ser en toda situación agente de paz,
dejándose iluminar por la Verdad que nos hace libres.”
Santa María, Madre de Dios, es un buen pórtico
por el que podemos entrar viendo con más nitidez y seguridad
los caminos que hemos de elegir a la hora de hacernos con esos
buenos propósitos de un Nuevo Año conquistándolos
con el apoyo y la fuerza de Dios.
Santa María, Madre de Dios, es una oportunidad que Dios
nos brinda para ver en nuestra existencia su huella, su poder
y su grandeza.
Santa María, Madre de Dios, abre delante de nosotros
un horizonte intenso con 365 días que pueden ser más
llevaderos si lo hacemos cogidos de la mano de Dios, arropados
con las Palabras de Jesús y, alentados por Ella: MARIA.
Celebremos la llegada del Año Nuevo unidos en fiesta
social amena, compartiendo la amistad, con diversión
limpia, disfrutando a placer el amor de la familia, y sellado
todo con un beso cariñoso que vale por muchos millones.
Porque quienes así sabemos celebrar el Año Nuevo
no olvidamos el poner en medio a Dios. A Dios y a su Hijo que
nos ha nacido Niño en Belén. Y con Jesucristo,
a su Madre María, que, como Madre que es, no echa a
perder nunca las fiestas de sus hijos, sino que las envuelve
todas con el calor de su Corazón amante...
Feliz
Año Nuevo en la paz de sus hogares y en la
paz de nuestros pueblos... Feliz Año Nuevo con
todos los dones de la Redención, traída por
Jesucristo, que nos viene y se nos da por María,
su Madre y Madre nuestra, que desde el primer día
nos toma bajo su protección
amorosa...
Jesús
te ama.
Compartamos
una linda oración:
Quiero
dejar, Señor, con
la ayuda de Santa María,
en el Año 2005 que ahora acaba:
La
envidia que me hace soñar aquello que no me corresponde
e infravalorar los golpes de suerte del que camina junto a
mí...
La violencia que me convierte en verdugo de innumerables prójimos...
La indiferencia ante el que vive horas amargas y encuentra
como respuesta el vacío de mis obras y palabras...
La pereza en el afán de superación...
Las manos que se cierran ante rostros que sufren...
El corazón altanero y ambicioso, hipócrita y
egoísta...
El pensamiento por lo puramente efímero...
La debilidad que me hace vulgar y uniforme en medio del mundo...
La mentira que oculta la veracidad de las cosas...
La tristeza por los proyectos truncados...
La desesperanza que trae mis limitaciones y carácter...
La tibieza en mis actitudes...
El disfraz que disimula mi franqueza...
Quiero alcanzar,
Señor, con la ayuda de Santa María,
en el año 2006 que ahora comienza:
Un
poco de tu paz para que sean días de sosiego...
La conformidad para que no sufra con aquello que carezco...
La fraternidad para ver al otro como un amigo y nunca como
un adversario...
La fe para liberarme de los innumerables grilletes con los
que aprietan las dudas...
La audacia para resolver los problemas que me asalten...
La profundidad para meditar y disfrutar con los misterios de
Dios...
La fortaleza para ser yo mismo y no dejarme arrastrar por lo
fácil...
La originalidad para sentirme siempre vivo y nunca muerto...
La verdad para no ser esclavo de mis falsedades...
La alegría para ser portador de optimismo en el mundo
que me rodea...
La esperanza para trabajar por un nuevo hombre y por un justo
orden...
La coherencia para que no exista distancia entre “el digo y
el hago”...
La nitidez para no ser malinterpretado en la percepción
de las cosas y de los hechos...
El amor para saber que es una puerta por la que se sirve en
la tierra y se entra en el cielo...
El perdón para comprender que es peso que quito de mis
hombros...
Amén.