Corpus Christi

Si es pan lo que vemos,
¿cómo dura, sin que comiendo de él se nos acabe?
Si Dios, ¿cómo en el gusto a pan nos sabe?
¿Cómo de sólo pan tiene figura?
Si pan, ¿cómo le adora la criatura?
Si Dios, ¿cómo en tan chico espacio cabe?
Si pan, ¿cómo por ciencia no sabe?
Si Dios, ¿cómo le come su hechura?
Si pan, ¿cómo nos harta siendo poco?
Si Dios, ¿cómo puede ser partido?
Si pan, ¿cómo en el alma hace tanto?
Si Dios, ¿cómo le miro y le toco?
Si pan, ¿cómo del cielo ha descendido?
Si Dios, ¿cómo no muero yo de espanto?

“Preguntas de Amor” - Fray Luis de León.

Esta semana con nuestros corazones llenos de alegría, libertad y gratitud, celebramos la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, memoria de la Eucaristía, que resume la existencia entera de Jesucristo. Nos aproximamos a este misterio infinito de Fe y de Amor acogiendo al Santísimo Sacramento, Pan venido del cielo, Pan de Vida, don inconmensurable, presencia tan cercana, tan real, tan íntima...

Convencidos de la presencia real de Jesucristo entre nosotros, celebramos esta festividad con pasión, alegría y libertad reflejadas en himnos, cantos, poemas, alfombras de flores, procesiones, nada es suficiente para expresar en todo y a todos que a quien abrimos el paso, el de la Custodia es el Amor de los Amores, es la realidad del Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesús. Y vamos en Procesión... Una Procesión en la que participan familias enteras, jóvenes y amigos acompañando a Jesús Sacramentado, todos ellos representando al Pueblo de Dios en adoración.

Sin embargo, no se trata sólo de una Procesión, el verdadero sentido de esta fiesta está en nuestro compromiso de vida cristiana, que lleve a testimoniar valientemente aCristo en medio de nuestra vida familiar, social, cultural, económica, pública, etc.: dando un testimonio audaz y coherente de que creemos en Cristo. Un compromiso que se manifiesta especialmente en la caridad y la justicia con los más pobres y necesitados. Por eso, el Corpus Christi es el día del Amor; el Amor a Cristo lleva a amar a los demás, sin distinciones de procedencia, raza ni condición social.

Y de ese modo, ese amor, se hace oración por todos aquellos que esto de que Jesús esté realmente presente en el Sacramento es un imposible, es una utopía y no pasa de una bonita invención de la Iglesia Primitiva y por algunos otros para los que no es un imposible, porque Dios lo puede todo, pero no lo hizo: se contentó con dejar el pan como un recuerdo,  pero no como una presencia real. Una oración para que cada día seamos más los que celebremos esta solemnidad, creyendo en las palabras de Jesús que no admiten discusión: lo dijo, lo podía, y lo hizo... ¡Está entre nosotros! Y cantamos: ¡Venid, adoradores, adoremos a Cristo Redentor! Y cada uno de nosotros ante el sagrario, en el silencio de nuestros corazones, nos unimos a las palabras de Santo Tomás de Aquino: “¡Te adoro devotamente, oh Divinidad escondida, que lates bajo las apariencias humildes del pan! Mi corazón se te rinde todo entero, porque al contemplarte desfallece de amor...”

Y es así como este anuncio eucarístico es verdaderamente un gran misterio de Fe y de Amor. Es misterio de Fe ya que se trata de comer y beber nada menos que la carne y la sangre del Hijo de Dios, aquél que ha descendido del cielo y al cielo nuevamente se ha elevado…como nos dice la canción: “Antes del tiempo, mucho antes que la tierra comenzase a existir, el Verbo estaba junto a Dios…Vino a este mundo y para no abandonarnos en el viaje nos dejó su Cuerpo hecho Pan de Vida: Verbum caro factum est… Verbum panis factum est…

Es misterio de Amor  porque nos llama a conocer, amar y asimilar  la vida de Jesús, en la certeza que ella es la historia del amor de Dios por los hombres, y como sigue la canción: “Tú sigues repartiéndonos tu Pan y quien coma de este pan no tendrá más hambre.
Tú sigues habitándonos, Señor, en tu Iglesia vives hoy, esta es nuestra casa. Verbum caro factum est… Verbum panis factum est…

Esa es la gran posibilidad que se nos ofrece a quienes nos unimos a Jesucristo, la posibilidad de que Jesús mismo viva en nosotros y nosotros en Jesús…Recibir la Eucaristía, es  para nosotros, participar de la misma vida de Dios, ¡vida divina y eterna! Quien vive del amor de Jesús, vive ya aquí en la tierra la vida misma de Dios que es amor, amor más fuerte que la muerte…

Con los ojos de la fe contemplamos el gran misterio de la Eucaristía tal como se anuncia en el Nuevo Testamento: la Eucaristía es memorial de toda la vida del Hijo, de su preexistencia cerca al Padre antes que el mundo existiera, de su existencia humana que culmina en su Pasión y muerte, de su Resurrección, de su actual intercesión por nosotros al Padre, de su venida final en la gloria.

Acerquémonos a la Eucaristía llenos de gratitud por aquel don inconmensurable, con estremecida devoción, porque en cada Eucaristía una vez más, el cielo desciende a la tierra…y en ese silencio profundo de nuestros corazones quizá sintamos como le sucediese a San Juan Crisóstomo la presencia de los ángeles y el  rumor de sus alas…

Y a ejemplo de María Santísima, “Mujer Eucarística», entremos en comunión con Cristo, dejándonos penetrar en el cuerpo y en el espíritu por su presencia. Pidámosle a Ella, nuestra santa Madre, que nos ayude a abrir cada vez más todo nuestro ser a la presencia de Cristo para que nos ayude a seguirle fielmente, día tras día, por los caminos de nuestra vida.

Jesús te ama.

“No se puede «comer» al Resucitado, presente en la forma del pan,
como un simple trozo de pan.
Comer este pan es comulgar, es entrar en comunión
con la persona del Señor vivo.
Esta comunión, este acto de «comer», es realmente un encuentro entre dos personas,  es un dejarse penetrar por la vida de quien es el Señor,
de quien es mi Creador y Redentor.
El objetivo de esta comunión es la asimilación de mi vida con la suya,
mi transformación y configuración con quien es Amor vivo.”

 (Benedicto XVI - Mayo de 2005)

 


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