
La
Anunciación del Señor
"Alégrate, Llena de Gracia, el Señor
es contigo”
Este
26 de marzo celebramos la solemnidad de la Anunciación
del Señor, se nos recuerda el misterio de la Encarnación
del Hijo de Dios en el seno de María. Una pequeña
Navidad en el corazón de la Cuaresma, un resplandor
de gozo en el corazón del tiempo penitencial. Volvemos
nuestros ojos a María.
El ángel Gabriel anuncia a la Santísima Virgen haber sido
escogida para Madre de Dios. Ante ello, la Santísima Virgen se turbó,
oyéndose saludar con títulos tan nuevos y excelentes, de los
cuales se juzgaba indigna y mostró de un modo especial: pureza
admirable, humildad profunda, fe y obediencia perfectas.
La Santísima Virgen María dio a conocer su gran amor a la pureza
con la solicitud de conservar la virginidad, solicitud que mostró al
tiempo mismo que se veía destinada a la dignidad de madre de Dios. Nos
muestra su profunda humildad con las palabras: “He aquí la esclava
del Señor”, dichas mientras era hecha madre de Dios. Y mostró la
Virgen María su fe y obediencia cuando dijo: “Hágase en
mí según tu palabra.”
En
el mismo punto en que la Virgen María dio el consentimiento para
ser madre de Dios, la segunda Persona de la Santísima Trinidad se
encarna en sus entrañas, tomando cuerpo y alma por obra del Espíritu
Santo. Y nacerá Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.
Por el "sí" de María se ha realizado el Gran Encuentro,
el mayor prodigio de la historia de todos los tiempos. En la Biblia hay cuatro "Fiat
o Hágase" que son las cuatro columnas del universo. Cuatro
misterios en una palabra: FIAT. En los labios de la Trinidad, Creación.
En los labios de María, Encarnación. En los labios de Cristo
-en Getsemaní - Redención. En nuestros labios -en el
Hágase del Padre Nuestro- Salvación a través
de la santificación.
La Santísima Virgen en su Anunciación, enseña en particular
a las vírgenes que hagan grandísima estima del tesoro de la virginidad;
nos enseña a todos a disponernos con gran pureza y humildad a recibir
dentro de nosotros a Jesucristo en la sagrada comunión y finalmente
nos enseña a rendirnos con presteza al divino beneplácito.
Hoy en la solemnidad de la Anunciación, adoremos profundamente al Verbo
encarnado por nuestra salvación y démosle gracias de tamaño
beneficio; alegrémonos con la Santísima Virgen de la dignidad
a que ha sido elevada de Madre de Dios, y honrémosla Señora y
Abogada nuestra; decidámonos a rezar siempre con gran respeto y devoción
el Ave María.
Jesús te ama.
|