El
jueves 11 de febrero de 1858, en apariencia era un
día
como cualquier otro de invierno. Juan Baoum, con bernardita
y su hermana Tenetam marchan a recoger leña para
atacar el frío.
La familia Sourbirous es tan pobre, que no pueden permitirse
el lujo de quedarse
sin trabajar junto al fuego, ni aún en los días más fríos
del invierno. Bernardita lo sabe, y aunque está delicada de salud se cubre
la cabeza y va contenta a buscar leña.
Después
de algunas vacilaciones, optan por el monte que estaba
en un recodo del Río Gave. Allí hay un
promontorio rocoso que en su idioma llaman Massabielle,
solo que para ir a aquel lugar hay que cruzar un riachuelo,
y mojarse hasta la rodilla. Juana y Tonetta, pasan;
Bernardita recuerda que su madre no la deja salir y
no se atreve a cruzar el río por temor a que
el frío le
haga mal.
Pero al rato, viendo que las otras niñas tardaban, comienzan a descalzarce
para seguirlas, cuando apenas había empezado a quitarse una media, oyó el
rumor del viento, como cuando se acerca una tempestad. Se movió mirando
a todas partes y observó que las ramas de los árboles no se movían...
Bernardita sintió algo de miedo y se puso a rezar;
de repente vuelve a sentir el mismo ruido del viento
y observa que viene de la parte de la gruta, donde ve
como se mueven las ramas de la entrada. Siguió descalzándose
y, cuando se disponía
a meter un pié en
el agua, oyó el mismo ruido delante de ella. Levantando
los ojos miró a la gruta en donde se movían
las ramas, y vió a una joven hermosísima,
como de su misma edad, que la saludó con una ligera
inclinación de la cabeza, al tiempo que extendía
los brazos y abría las manos. De su brazo derecho
colgaba un rosario. Se frotó los ojos pensando
que no era verdad lo que
veía, cuando la Virgen,
con una sonrisa la invitó a acercarse.
Cuando las otras regresaron Bernardita
aún estaba
en éxtasis; ellas al verla la
creyeron muerta.
en seguida volviendo en sí les dijo: ¿Han
visto algo?. Le contestaron : No, ¿y tu has visto
algo?. De pronto , Bernardita no quiso decirles lo que
había visto, pero en le camino, mientras regresaban
a casa, desahogándose, les contó: "He
visto una señora hermosísima y resplandeciente,
vestida de blanco, con una faja azul, y una rosa amarilla
en cada pie... !que hermosa era, que sonrisa mas amable,
Oh! como me gustaría volverla a ver, pero, por
favor, no se lo digan a nadie"
Las amigas prometieron no decirlo,
pero apenas llegaron a su casa, no pudieron ocultarlo.
Cuando legaron a casa,
a Tonette le faltó tiempo para contárselo
a su mamá. La madre que no les cree , las riñe
e incluso, llegó a castigarlas y les prohibió volver
allá. El domingo siguiente, Bernardita consigue
el permiso para volver a la gruta para rezar con sus
compañeras. AL ver de nuevo a la señora,
obedeciendo a la gente, le arroja agua bendita. La virgen
le sonríe y Bernardita cae de nuevo en éxtasis,
clava los ojos en la Señora que solamente ella
puede ver. La gente asombrada no deja de mirar a Bernardita,
cuya expresión es de inconcebible felicidad.
La
noticia de lo sucedido en Lourdes corre de pueblo en
pueblo y sus alrededores. Los más humildes la
creen y la envidian, mientras algunos se burlan.
La tercera aparición fue el 18 de febrero y ,
por encargo de algunas personas, ofreció papel
y pluma a la Virgen para que pusiera el nombre y lo que
deseaba. Pero ella se limitó a sonreír,
mientras le dijo: "Lo que tengo que decir, no es
necesario que se escriba. Quiero que vuelvas aquí durante
quince días".
Bernardita asintió muy contenta
y la Virgen añadió: "Te prometo que
te haré feliz, pero no lo será en este
mundo, sino en el otro..."
Bernardita, siguió acudiendo a sus citas con la
Virgen, y cada vez la acompañaban más curiosos
hasta que las autoridades comenzaron a preocupares y
quisieron hacer que Bernardita confesara que había
sido una broma y un engaño inventado por ella
y sus amigas. Un día la llamaron y habiendo concurrido
con su padre, el comisario la interrogó largamente
sin conseguir que la niña se retractara de lo
que venía diciendo. El dice que si no confiesa
la verdad será encarcelada con toda su familia.
Bernardita contesta llorando: "Solo digo la
verdad y no puedo decir otra cosa."
Por fin termina
el comisario: "Vete
a tu casa, pero no aprezcas más por Massabielle,
o acabarás en la cárcel tú y los
de tu casa".
Entonces
el padre lleno de amor filial le dijo: "No
tengas miedo, la verás y yo mismo te acompañare"
Volvió pues,
tres días seguidos: El sábado
la Virgen le enseñó una oración
que no reveló jamás. El domingo, primero
sonrió, pero unos minutos después lloró,
porque la señora con un rostro muy triste, le
dijo: "Ruega a Dios por los pecadores".
La séptima aparición fue
el martes 23 en la que tuvo un éxtasis que duró una
hora. La gente que la acompañaba ve como Bernardita,
habla y escucha, pero no entienden lo que le da a conocer
la Señora.
La octava, el miércoles 24, después de
la primera sonrisa, vieron como se entristeció y
lloró.
La novena fue el jueves 25, mientras
estaba extasiada, la gente ve como se levanta y va
un poco mas allá donde
escarba un poco y empieza a manar agua sucia con la que
Bernardita se lava y después bebe. Al momento
empezó a manar un chorro de agua milagrosa, que
aún hoy sigue manando y dando la salud a cuantos
le toman con fe.
Ese día recibe de la misma
Virgen el encargo que se construya una capilla en aquel
lugar.
Bernardita fue a hablar con el Sr. Cura y le dijo: "La
Señora que he visto en la gruta, me ha encomendado
que le diga que desea que se construya allí una
capilla"
El cura le preguntó: " Y, ¿quien
es esa Señora?, ¿Te ha dicho su nombre? ¿Es
acaso la Santísima Virgen?. Pregúntale
quien es y como se llama. y si quiere que yo le crea
dile que haga florecer el espino de la cueva como lo
hizo en Guadalupe".
Bernardita se va
triste porque el cura no le cree; y si ni el cura ni
las autoridades no le
creen ¿como hará la capilla?...
El
25 de marzo, Bernardita, armada de valor, por tres
veces le pregunta: "Señora ¿quiere
hacerme el favor de decirme quienes Ud.?"
La Virgen, juntando la manos y mirándola con indecible
ternura, le contestó: "YO SOY LA
INMACULADA CONCEPCIÓN"
Ya había dicho quien era, le sonrió y
desapareció.
Bernardita
volvió corriendo a casa del cura para
decirle: "Ya sé quien es la Señora"
"- ¿Quien
la Virgen Maria?"
"- No, señor cura, me ha dicho que es la
Inmaculada Concepción!"
Hacía cuatro años que el Papa Pío
IX había definido el dogma de la Inmaculada Concepción,
pero Bernardita no sabía ni comprendía
el significado.
Quienes
contemplaban a Bernardita extasiada, intuyen que está contemplando
algo muy bello y maravilloso, cuya misteriosa presencia
se refleja en
las pupilas.
Un día le acercan una vela para ver si puede sentir
algo y con sorpresa ven que no siente calor y no se quema,
pero una vez terminado el éxtasis, se la acercan
y rápidamente exclama: "¡Señor,
me quema!"
Muchos
de los que la acompañaban han ido por
curiosidad, tal vez pensando en descubrir el embuste;
pero al ver el rostro de Bernardita en éxtasis,
se han conmovido en el alma y se han convertido en sus
mas fieles seguidores.
Las
autoridades enemigas de Dios y de la Virgen, viendo
como acudían la gente a millares
a rezar en aquel lugar, clausuran la gruta cerrándola
con una valla.
No obstante la virgen se le apareció por decimoctava
y última vez, más hermosa que nunca. La
aparición duró un cuarto de hora con el
rosario en la mano como todas las veces, invitándola
a que nunca dejara de rezarlo.
El
rosario es la devoción predilecta de la Virgen
como lo demostró en Lourdes, en Fátima
y en todos los lugares en donde se ha aparecido: siempre
con el rosario en la mano y siempre invitándonos
a rezarlo. !Demos ese gusto a la Virgen y no dejemos
un solo día pasar sin rezarlo!
Después
de las 18 apariciones de la Virgen, los devotos seguían
acudiendo a rezar en aquel lugar, esperando impacientes
que las autoridades eclesiásticas las aprobasen.
Tras un atento exámen, el obispo declara que
la Santísima Virgen se ha aparecido en aquel
mismo lugar.
En 1869, el Papa Pío IX, publica un breve proclamando " La
luminosa evidencia de Lourdes".
Cuando se
coloca allí la primera escultura de
la Virgen, tal como la describiera Bernardita, mientras
la gente aplaudía entusiasmada, ella exclamó: "Oh,
la Señora es mil veces más bella, nadie
jamás podrá imitar su sonrisa..."
El
día 7 de julio de 1866, a
los 23 años ingresa en el noviciado de Neveras.
La cruz de Cristo la esperaba. La madre maestra temerosa
de que apareciera en ella algún vestigio de orgullo
por los favores que le había realizado la Virgen,
la humillaba constantemente y la trataba con rigor.
Pronto llamó la atención por su ejemplarísimo
comportamiento.
Decía Sor Elimina: "Solo ver a Bernardita
en oración me causa una indefinible impresión
que invita a la oración", "Hacia lo
mismo que todas, pero mucho mejor que todas"
Con
frecuencia besaba las paredes diciendo: "Casa
de Dios!, piadoso y Santo asilo".
Hizo
la profesión religiosa el 30 de octubre de 1867
en compañía de 44 compañeras y
a ella llevó los siguientes propósitos:
1- Vivir sólo por Dios y para Dios.
2-
No abandonar nunca el recogimiento, la oración
y la mortificación.
3-
Buscar en todas las cosas agradar a Dios y sólo
a Dios.
Ya
profesa desempeño los caminos
de enfermera y sacristana con gran maestría y
admiración de todas.
Poco
a poco su salud fue empeorando, tenía que hacer
penitencia por la conversión
de los pecadores, como se lo había pedido la Virgen,
y todos los trabajos le parecían pocos. "La
Virgen me dijo que no seré feliz en este mundo...
que importan los sufrimientos de esta vida en la cual
se viven sólo cuatro días, si luego tenemos
para ser felices la eternidad"
La superiora la invita a volver a Lourdes donde el agua
milagrosa cura a tantos enfermos, pero ella responde,
: "No madre, el agua milagrosa no puede con mi enfermedad,
yo debo seguir ofreciendo a Dios mis sufrimientos por
la conversión de los pecadores."
Las hermanas
la acompañan en su última
agonía.
En un momento
se vuelve hacia ellas para decirles: "Rueguen
por esta pecadora". Fueron sus últimas palabras,
era el 16 de abril de 1879 cuando volvió al Padre.
Santa
Bernardita subió al cielo para estar eternamente
cerca de la Virgen disfrutando aquella indescriptible
felicidad que comenzó a gozar en Lourdes. Allí la
Señora le había prometido que la haría
muy feliz.
Muchos van hoy a Lourdes a pedir la salud del cuerpo
y la consiguen; pero mucho mas son los que vuelven curados
en el alma, consiguiendo una salud que no se acaba con
la muerte.
Oración
a la Santísima Virgen de Lourdes.
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Se
que me amas y creo en tu Amor,
bendíceme desde la gruta que elegiste,
para manifestarte a Bernardita.
Derrama
tus gracias sobre todos los que amo
y dame salud de mi alma y de mi cuerpo
y que me vea libre de las tristezas del tiempo.
Que asi sea.
Amén
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