“La
Eucaristía: fuente y culmen de la vida y de la
misión de la Iglesia”.
del 2 al 23 de octubre de 2005
FASES
DE DESARROLLO DE UN SÍNODO
Para
cumplir su misión, el Sínodo de los Obispos trabaja según
una metodología basada en la colegialidad, concepto que caracteriza
cada fase del proceso sinodal desde los primeros pasos de
la preparación hasta las conclusiones alcanzadas en cada
asamblea sinodal. En pocas palabras, el método de trabajo
alterna análisis y síntesis, las consultas de las partes
involucradas y las decisiones de las autoridades competentes,
según una dinámica de feed-back que permite la continua
verificación de los resultados y la realización de nuevas
propuestas. Cada fase de este proceso se desarrolla en un
clima de comunión colegial.
Aún
en la fase de preparación, el tema de la asamblea sinodal
es el fruto de la colegialidad. El primer paso oficial en
dicho proceso es la consulta a Patriarcas, Conferencias Episcopales,
Superiores de Dicasterios de la Curia romana y la Unión de
Superiores Generales para tener indicaciones sobre posibles
temas para el Sínodo. Recientemente en asambleas ordinarias
generales esta consulta fue precedida por una petición informal
entre los Padres Sinodales hacia el fin de la Asamblea general
acerca sus preferencias en la materia. En cada caso se les
solicita que para la elección del tema tengan en cuenta los
siguientes criterios:
a)
universalidad, es decir que tengan referencia y aplicación
a toda la Iglesia;
b)
actualidad y urgencia, en sentido positivo, es decir eficacia
en la promoción de nuevas energías y en el impulso de la
Iglesia hacia el crecimiento;
c)
relevancia pastoral y sólida base doctrinaria;
d)
ejecutividad, es decir posibilidad de aplicación práctica.
Las
sugerencias sobre un tema - que deben incluir los motivos
de la elección - son clasificadas, analizadas y estudiadas
durante un encuentro del Consejo de la Secretaría General
del Sínodo de los Obispos. El Consejo, por lo tanto, somete
los resultados del encuentro, junto con las recomendaciones
pertinentes, al Santo Padre quien toma la decisión final
sobre el tema a tratar en la asamblea sinodal.
En
el encuentro sucesivo, el Consejo prepara las líneas principales
para presentar y desarrollar el tema sinodal en un documento
llamado Lineamenta. La redacción de este documento representa
el trabajo conjunto de los miembros del Consejo, teólogos
que tienen una cierta competencia en la materia que será tratada
en la asamblea sinodal y el staff de la Secretaría General
que coordina todos los esfuerzos. Después de haber examinado
el texto y haber aportado las modificaciones necesarias,
el Consejo redacta una versión final que es sometida al Santo
Padre para su aprobación. Seguidamente, el documento es traducido
a las principales lenguas del mundo y enviado al Episcopado
con el fin de promover a nivel local el estudio, el debate
y la oración por el Sínodo.
Los Lineamenta (palabra
latina que significa “líneas de orientación”) tienen, por
naturaleza, un amplio alcance y pretenden provocar observaciones
y reacciones a gran escala. Aunque los primeros y autorizados
destinatarios de los Lineamenta sean, obviamente,
los Obispos y sus Conferencias Episcopales, ellos, sin embargo
tienen plena libertad de ampliar su base de consulta. Después
de haber reunido y sumariado sugerencias, reacciones y respuestas
a los varios aspectos del tema de los Lineamenta ,
los Obispos preparan una comunicación que envían luego a
la Secretaría General dentro de una fecha determinada.
Después
de haber recibido dicho material, el Consejo de la Secretaría
General, siempre con la ayuda de expertos sobre el tema,
redacta otro documento llamado Instrumentum laboris ,
que servirá como base y punto de referencia durante la discusión
sinodal. Este “documento de trabajo”, aunque esté publicado,
es sólo un texto provisional que será objeto de discusión
durante el sínodo. El documento no es un borrador de las
conclusiones finales, sino sólo un texto destinado a focalizar
la discusión sobre el tema sinodal. Después de haber sido
sometido al control del Santo Padre y de haber sido aprobado
por él, el documento es traducido a las principales lenguas
y enviado a los Obispos y a aquellos miembros que participarán
en la asamblea sinodal. A veces el Santo Padre ha permitido
que el texto fuese publicado y tuviese, por lo tanto, una
mayor difusión, por ejemplo, a partir de 1983, esto ha ocurrido
en el caso del Instrumentum laboris de determinadas
asambleas sinodales. Los delegados episcopales y los otros
miembros leen el documento para conocer los contenidos que
luego serán discutidos durante la asamblea sinodal.
Gracias
al trabajo preparatorio de las Iglesias locales, basados
en los ya mencionados documentos, es decir, los Lineamenta y
el Instrumentum laboris , los obispos pueden presentar
a la asamblea sinodal las experiencias y las aspiraciones
de cada comunidad, así como también los frutos de las discusiones
de las Conferencias Episcopales.
Tres fases caracterizan las sesiones de trabajo del Sínodo:
a.
Durante la primera fase
cada miembro presenta la situación en su Iglesia particular.
Esto promueve un intercambio de fe y de experiencias culturales
sobre el tema sinodal y contribuye a ofrecer una visión inicial
de la situación de la Iglesia, que, sin embargo debe ser ulteriormente
desarrollada y profundizada.
b. segunda
fase
A la luz de estas presentaciones, el Relator del Sínodo
formula una serie de puntos para ser discutidos en la segunda
fase , durante la cual todos los Padres sinodales
se dividen en pequeños grupos llamados círculos menores,
en base a la lengua hablada. Los informes de cada uno de
estos grupos son leídos en la sesión plenaria. En este punto,
los Padres sinodales tienen la posibilidad de hacer preguntas
para aclarar los argumentos y de hacer comentarios.
c.
En la tercera fase ,
el trabajo prosigue en círculos menores con la formulación
de sugerencias y observaciones de una manera más precisa
y definida, de modo que en los días conclusivos de la asamblea
se puedan someter a votación propuestas concretas. El trabajo
inicial de los Padres sinodales en los círculos menores consiste
en formular varias propuestas sobre la base del debate en
la sala sinodal y de los informes de los círculos menores.
En dichos círculos, los Padres sinodales pueden votar una
propuesta con un “placet” (sí) o un “non placet” (no). Luego
las propuestas de los círculos menores son recogidas por
el Relator General y el Secretario Especial y reunidas en
un Lista unificada de las propuestas que es presentado por
el Relator General en la sesión plenaria. Los círculos menores
luego se reúnen nuevamente para discutir las propuestas.
En este punto los Padres sinodales pueden someter a la atención
del grupo las enmiendas individuales que serán utilizadas
en la composición colectiva de las enmiendas a votar con
las propuestas que se esperan de cada grupo. El Relator General
y el Secretario Especial examinan estas enmiendas colectivas
que pueden o no incorporar en la Lista final de las propuestas
sobre la base de sus decisiones que, en caso de rechazo,
debe ser justificada en un documento llamado Expensio
modorum . La Lista final de las propuestas es presentada
entonces en la sesión plenaria, en forma de folleto se convierte
a su vez en la papeleta con la que cada Padre sinodal puede
votar a favor o en contra de la propuesta.
Al
término de la Asamblea del Sínodo, el Secretario General
supervisa el archivo del material y la redacción del informe
sobre el trabajo sinodal para someterlos al Santo Padre.
No existe una norma establecida acerca del documento final
resultante de la Asamblea sinodal. Al final de las tres primeras
asambleas sinodales (Asambleas Generales Ordinarias de 1967
y 1971, y Asamblea General Extraordinaria de 1969) las conclusiones
fueron presentadas al Papa junto a unas recomendaciones en
respuesta a los problemas planteados. Después de la Asamblea
General Ordinaria de 1974, el mismo Santo Padre, considerando
las propuestas sinodales y los informes finales, escribió la
Exhortación Apostólica “ Evangelii nuntiandi ”.
El mismo proceso fue utilizado en las otras Asambleas Sinodales
Generales Ordinarias (1977, 1980, 1983, 1987, 1990, 1994,
2001), a las cuales siguieron las respectivas Exhortaciones
Apostólicas: Catechesi tradendae , Familiaris
consortio , Reconciliatio et paenitentia , Christifideles
laici , Pastores dabo vobis , Vita consecrata y Pastores
gregis . Después de la Asamblea Especial para África
(1994), el Santo Padre promulgó la Exhortación Apostolica
post-sinodal Ecclesia in Africa , que produjo buenos
resultados promoviendo la reflexión y las iniciativas pastorales
en el continente. En mayo de 1997, fue publicada la Exhortación
Apostólica post-sinodal de la Asamblea Especial para el Líbano
(1995), Una esperanza nueva para el Líbano, en ocasión de
la visita papal a ese país en el contexto de fase celebrativa
de la Asamblea Especial. El 23 de enero de 1999, el Santo
Padre promulgó la Exhortación Apostólica post-sinodal Ecclesia
in America en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe,
en México. El 6 de noviembre de 1999 fue firmada en Nueva
Delhi, India, la Exhortación Apostólica post-sinodal para
Asia, Ecclesia in Asia . Dado que por razones de
salud el Santo Padre no pudo viajar a Oceanía, la Exhortación
Apostólica post-sinodal Ecclesia in Oceania fue
publicada el 22 de noviembre de 2001 en una ceremonia en
la cual el Sumo Pontífice envió electrónicamente el documento
a todas la iglesias particulares de Oceanía. De este modo
fue trasmitido por la primera vez un documento pontificio
a través de internet. El 28 de junio de 2003 el Santo Padre
firmó la Exhortación Apostólica post-sinodal Ecclesia
in Europa , durante el oficio de Vísperas en la Basílica
de San Pedro.
A
partir del Sínodo de 1987 el Consejo de la Secretaría General
y el Secretario General fueron involucrados colegialmente
en el proceso que ha llevado a la publicación de la Exhortación
Apostólica postsinodal, el documento pontificio resultante
del Sínodo. Es interesante conocer la historia y el desarrollo
de estos Consejos.
Entre
la segunda y la tercera asambleas sinodales, fue instituido
un Consejo consultivo para la Secretaría General, compuesto
por doce Obispos designados y por tres de designación pontificia.
Este Consejo se reunió por primera vez desde el 12 hasta
el 15 de mayo de 1970; tenía por finalidad facilitar la comunicación
con las conferencias episcopales y formular el orden del
día para la asamblea sucesiva. Después de este encuentro,
tuvo inicio una consulta de los Obispos de todo el mundo
destinada a sugerir temas para las asambleas futuras (esta
consulta actualmente comienza en los días conclusivos de
la asamblea general ordinaria). Desde entonces los consejos
ordinarios de la Secretaría General, constituidos en cada
sínodo con vistas a la preparación del siguiente, se convirtieron
en un elemento permanente del Secretariado General:
-
II Consejo Ordinario (6.11.1971 – 27.09.1974);
-
III Consejo Ordinario (26.10.1974 – 30.09.1977);
-
IV Consejo Ordinario (29.10.1977 – 26.09.1980);
-
V Consejo Ordinario (25.10.1980 – 29.09.1983);
-
VI Consejo Ordinario (29.10.1983 – 1.10.1987);
-
VII Consejo Ordinario (30.10.1987 – 30.09.1990);
-
VIII Consejo Ordinario (28.10.1990 – 2.10.1994);
-
IX Consejo Ordinario (29.10.1994 – 30.09.2001);
-
X Consejo Ordinario (26.10.2001).
Con
la llegada de las asambleas continentales o regionales, el
Santo Padre decidió constituir durante las asambleas especiales
consejos especiales mediante elección según nombramiento
pontificio. El Secretario General, como consecuencia, además
del consejo ordinario, dispone también de los siguientes
consejos especiales desde su fecha de institución:
-
Consejo especial para los Países Bajos (31.01.1980);
-
Consejo especial para África (8.05.1994);
-
Consejo especial para el Líbano (14.12.1995);
-
Consejo especial para América (12.12.1997);
-
Consejo especial para Asia (14.05.1998);
-
Consejo especial para Oceanía (14.12.1998);
-
Consejo especial para Europa II (22.10.1999).
Del
mismo modo, en la preparación de la asamblea especial, el
Santo Padre ha nombrado a un grupo de Obispos, principalmente
del continente y de la región en cuestión, para formar consejos
presinodales. Estos consejos duran desde el nombramiento
hasta el primer día de la asamblea sinodal. La lista de los
consejos presinodales pasados, en esta categoría y con sus
fechas de existencia, por lo tanto, es la siguiente:
-
Consejo presinodal para África (6.01.1989-10.04.1994);
-
Consejo presinodal para Líbano (24.01.1992-26.11.1995);
-
Consejo presinodal para América (12.06.1995-16.11.1997)
-
Consejo presinodal para Asia (10.09.1995-19.04.1998);
-
Consejo presinodal para Oceanía (7.06.1996-22.11.1998);
-
Consejo presinodal para Europa II (9.02.1997-1.10.1999).
Como
puede verse, la metodología colegial es operativa desde la
fase inicial (a través de la elección del tema), durante
la preparación (mediante la elaboración del tema en los Lineamenta )
y desde la celebración de la asamblea sinodal hasta la publicación
del documento que es el fruto y la coronación del Sínodo
mismo. Es posible por lo tanto decir que el Sínodo actúa
como órgano colegial a través del cual en la primera fase
son consideradas las experiencias de fe y de vida de las
comunidades cristianas, seguidamente, en las sesiones plenarias
estos elementos son recapitulados e iluminados por la fe
y, finalmente, en espíritu de comunión, son formuladas algunas
proposiciones que el Santo Padre, principio de unidad de
la Iglesia, restituye a las Iglesias particulares, así como
la sangre oxigenada corre nuevamente por las arterias para
vivificar el cuerpo humano.
A
fin de que esta colegialidad pueda expresar plenamente su
potencial, debe existir un espíritu altruista de colaboración
entre todos aquellos que son llamados a participar en la
preparación de una asamblea sinodal, especialmente las Conferencias
Episcopales que reúnen a los Pastores de las Iglesias locales
en las cuales la fe del Pueblo de Dios es vivida y sentida
en toda su fuerza y riqueza. La participación colegial de
las Conferencias Episcopales se expresa concretamente sobre
todo a través de las respuestas a los Lineamenta .
Cuantas más Conferencias Episcopales respondan, más ricos
y variados serán los elementos que, reflejando fielmente
la vida de las Iglesias locales, constituyan los auténticos
puntos de referencia para la redacción del Instrumentum laboris
y para el debate en el aula sinodal.
Fuente:
www.vatican.va