Texto
de una estampa religiosa de finales del siglo XIX
La
Santísima Trinidad es el misterio de un sólo
Dios en tres personas. El hombre debe inclinarse con respeto
ante ese misterio sublime y creerlo sin procurar profundizarlo,
porque se halla por encima de la luz de su razón.
La Santísima Trinidad es el misterio fundamental de
nuestra religión. En su nombre hemos sido bautizados.
La señal de la cruz nos la recuerda, y el sacerdote,
en el altar, la invoca para terminar todas sus oraciones. En
su nombre somos absueltos en el tribunal de la penitencia,
y en su nombre, se renueva todos los días, en nuestros
altares, el sacrificio del Calvario.
La Santísima Trinidad es, además, prenda de
nuestra felicidad eterna: Dios mismo será nuestra recompensa
si hemos guardado su ley.
Santo, Santo, Santo, es el Señor, Dios de los ejércitos.
Llenos están los cielos y la tierra de su gloria.
Os adoro, Dios tres veces santo, Padre,
que nos habéis
creado, Hijo que nos habéis, redimido con vuestra sanare,
Espíritu Santo, que nos santificáis con las gracias
que nos concedéis todos los días. Haced que guarde
en mi alma vuestra semejanza o imagen, a fin de que, un día,
me reconozcáis y reine con vos en la eternidad.
En el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo.
Así sea.