
Infidelidades
on-line
Algunos
piensan que tener amistades por Internet no puede
afectar o destruir un matrimonio ¿en realidad
es tan inofensivo?
Hace unos años, en los principios de Internet en
nuestro país, un amigo íntimo con el que
hablaba periódicamente, me comentaba que había
comenzado a utilizar Internet y que había descubierto
muchas cosas, entre otras a entrar en algunos foros y,
principalmente, a chatear. Comentaba que empezaba a tener
relaciones con mujeres, algunas bastante íntimas
pero inofensivas.
Recuerdo que en aquella ocasión le hice una pregunta “¿Quieres
a tu mujer?”, “por supuesto”, contestó. “Pues
en este caso deja de chatear, le recomendé”. “Va,
con esto no hay ningún problema”.
Así las cosas, seguí preguntando: “¿Qué te
parece si tu mujer se pusiera a flirtear con el vecino
desde la ventana de vuestra habitación?” “No
quiero ni pensarlo”, contestó. Seguimos hablando: “¿qué pasaría
si tus conversaciones cibernéticas la tuvieras personalmente
con la compañera de oficina?” (en aquel tiempo
trabajaba en una entidad bancaria, en una pequeña
oficina en la que sólo eran dos). “No es lo
mismo”, contestó. Le recomendé que
si realmente quería a su mujer y no exponerse a
destrozar su familia, lo más prudente es que dejara
de chatear.
Después de un tiempo volvimos a hablar. “Qué, ¿enganchado
a internet?” “No, tenías razón,
tuve que cortar, hubo una que me pidió el teléfono,
me llamaba a casa y a la oficina, estaba dispuesta a que
nos viéramos en Girona. Nunca más. Tú tenias
razón, gracias por haberme avisado, ha servido para
cortar a tiempo. Además conozco a otros amigos que
no han cortado a tiempo.
De esto hace unos años, pocos. Entonces se trataba
de un caso aislado, pero hoy es una moda extendida ampliamente.
No hace mucho pudimos leer el titular: “Infidelidades
por Internet se convierten en un nuevo motivo de separación”.
Se trata de casos reales, como el de mi amigo, personas
que empiezan a confraternizar de manera íntima con
sus “amistades” on line. En algunos países
esta práctica se ha convertido el primera causa
de divorcio.
Las estadísticas indican que son muchas las personas
que se conectan diariamente a foros, chats, comunidades
on-line. Estas personas en muy poco tiempo consiguen largas
listas de amigos con los que casi diariamente es escriben
mensajes mail y en algunos casos incluso llegan a llamarse
telefónicamente.
El proceso es muy rápido, en menos de tres meses
cualquiera puede conseguir varios amigos con los que a
la larga se escribirá e-mails de forma diaria. El
problema aparece cuando esta persona empieza a encapricharse
de uno de sus amigos on line. "Me quedaba hasta más
tarde en el trabajo para hablar con él. Me decía
cosas maravillosas. Después me llamaba por teléfono
y era increíble lo que me hacía sentir",
esta es la explicación de una joven ejecutiva que
actualmente, después de separarse de su pareja,
vive con “su amigo on line”.
El perfil de estas personas no es
para nada homogéneo,
pues entre los aficionados a las conversaciones online,
aunque el tramo más frecuente es entre los veinticinco
y los cuarenta y cinco años, se dan muchos casos
de mayor edad, la profesión –aunque abunda
los de buena posición o de cierto nivel cultural-
tampoco es el factor limitante: la plaga parece extenderse
a todos los sectores.
Los diferentes estudios realizados
por instituciones sociológicas,
ponen de manifiesto que el hecho de anonimato inicial aporta
una gran dosis de seguridad. La relación se inicia
en total anonimato, ya que el ciberaffaire, a diferencia
del adulterio físico, pasa totalmente inadvertido.
Otro de los elementos que exponen los estudios realizados
es la clara relación entre las relaciones románticas
o sexuales on line y el divorcio.
Como en el caso de mi amigo, muchos
tienen el peligro en casa, aunque en estos casos el problema
no es Internet
sino la falta de voluntad o la timidez. Es lógico:
acciones que algunas personas jamás cometerían
a luz del día pueden llevarlas a cabo fácilmente
escondidos tras el anonimato de la Red. Pienso que estas
acciones no son por ello más sinceras y que su reiteración,
inicialmente inocente, ayudan perder el miedo y a llegar
tan lejos donde uno jamás quiso hacerlo.