CONSEJO
PONTIFICIO DE LA CULTURA
CONSEJO PONTIFICIO PARA EL DIALOGO INTERRELIGIOSO
Jesucristo,
portador del agua de la vida Una
reflexión cristiana sobre la “Nueva
Era”
Fuente: www.Vatican.va
INDICE
Prefacio
1. ¿Qué tipo de reflexión?
1.1. ¿Por qué ahora?
1.2. En la era de las comunicaciones
1.3. Contexto cultural
1.4. La Nueva Era y la fe católica
1.5. Un desafío positivo
2.
La espiritualidad de la Nueva Era: visión general
2.1. ¿Qué hay de nuevo
en la Nueva Era?
2.2. ¿Qué pretende ofrecer la Nueva Era?
2.2.1. Encantamiento: tiene que haber
un ángel
2.2.2. Armonía y comprensión: buenas vibraciones
2.2.3. Salud: una vida dorada
2.2.4. Totalidad: un viaje mágico al misterio
2.3. Principios fundamentales del pensamiento de la Nueva
Era
2.3.1. Una respuesta global en tiempos de crisis
2.3.2. La matriz principal del pensamiento de la Nueva Era
2.3.3. Temas centrales de la Nueva Era
2.3.4. ¿Qué dice la Nueva Era sobre...
2.3.4.1. ...la persona humana?
2.3.4.2. ...Dios?
2.3.4.3. ...el mundo?
2.4. « ¿Habitantes del mito o de la historia? »:
La Nueva Era y la cultura
2.5. ¿Por qué ha crecido
la Nueva Era con tanta rapidez y se ha difundido de manera
tan eficaz?
3. La Nueva Era y la Espiritualidad Cristiana
3.1. La Nueva Era como espiritualidad
3.2. ¿Narcisismo espiritual?
3.3. El Cristo cósmico
3.4. Mística cristiana y mística Nueva Era
3.5. El « dios interior » y la « theosis »
4. Nueva Era y fe Cristiana frente a frente
5. Jesucristo ofrece el agua de la vida
6. Indicaciones importantes
6.1. Una necesidad: acompañamiento y formación
sólida
6.2. Iniciativas prácticas
7.
Apéndice
7.1. Algunas formulaciones breves de ideas de la Nueva Era
7.2. Glosario selecto
7.3. Lugares clave de la Nueva Era
8. Recursos
8.1.
Documentos del Magisterio de la Iglesia Católica
8.2. Estudios cristianos
9.
Bibliografía general
9.1. Algunos libros de la Nueva Era
9.2. Obras históricas, descriptivas y analíticas
PREFACIO
Este estudio se ocupa del complejo fenómeno de la Nueva
Era (New Age), que influye en numerosos aspectos de la cultura
contemporánea.
El estudio es un informe provisional.
Es el fruto de la reflexión
común del Grupo de Trabajo sobre Nuevos Movimientos
Religiosos, compuesto por miembros de diferentes dicasterios
de la Santa Sede: los Consejos Pontificios de la Cultura y
para el Diálogo Interreligioso, que son los redactores
principales de este proyecto; la Congregación para la
Evangelización de los Pueblos y el Consejo Pontificio
para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.
Estas reflexiones van dirigidas principalmente
a los encargados de la labor pastoral a fin de que puedan
explicar en qué difiere
el movimiento Nueva Era de la fe cristiana. El estudio invita
a los lectores a tener en cuenta la sed espiritual de muchas
personas de nuestro tiempo, que la espiritualidad de la Nueva
Era trata de colmar. Es preciso reconocer que el atractivo
que ejerce la religiosidad de la Nueva Era sobre algunos cristianos
puede deberse en parte a una falta de atención seria
por parte de las propias comunidades cristianas respecto a
temas que, en realidad, son elementos integrantes de la síntesis
católica. Tales son, por ejemplo, la importancia de
la dimensión espiritual del hombre, integrada en el
conjunto de su existencia, la búsqueda del sentido de
la vida, la vinculación entre los seres humanos y el
resto de la creación, el deseo de una transformación
personal y social, y el rechazo de una visión racionalista
y materialista de la humanidad.
La presente publicación subraya la importancia de comprender
la Nueva Era como corriente cultural, así como la necesidad
de que los católicos comprendan la auténtica
doctrina y espiritualidad católicas para valorar adecuadamente
los temas de la Nueva Era. Los dos primeros capítulos
presentan la Nueva Era como una tendencia cultural multifacética
y proponen un análisis de los fundamentos básicos
de las ideas transmitidas en dicho contexto. A partir del tercer
capítulo se ofrecen algunas indicaciones para el estudio
de la Nueva Era, comparándola con el mensaje cristiano.
Asimismo, se ofrecen también algunas sugerencias de
carácter pastoral.
Quienes deseen profundizar en el estudio
de la Nueva Era encontrarán
referencias útiles en los apéndices. Es de esperar
que esta obra proporcione un estímulo para ulteriores
estudios, adaptados a los diferentes contextos culturales.
Su objetivo consiste en fomentar el discernimiento de quienes
buscan puntos de referencia sólidos para una vida más
plena. Estamos convencidos de que en la búsqueda de
muchos de nuestros contemporáneos se puede descubrir
una auténtica sed de Dios. Como dijo el Papa Juan Pablo
II a un grupo de obispos de Estados Unidos: « Los pastores
deben preguntarse sinceramente si han prestado suficiente atención
a la sed del corazón humano en busca del “agua
viva” que solo puede dar Cristo nuestro Redentor (cf.
Jn 3, 7-13) ». Lo mismo que él, queremos apoyarnos « en
la novedad perenne del mensaje evangélico y en su capacidad
para transformar y renovar a quienes lo aceptan » (AAS
864, 330).
1 ¿QUÉ TIPO DE REFLEXIÓN?
Las siguientes reflexiones tienen por
objeto orientar a los encargados de la predicación del Evangelio y de la enseñanza
en la Iglesia, en todos los niveles. Este documento no pretende
proporcionar un conjunto exhaustivo de respuestas a las múltiples
cuestiones suscitadas por la Nueva Era o por otros indicios
contemporáneos de la perenne búsqueda humana
de felicidad, sentido y salvación. Es una invitación
a comprender la Nueva Era y a entablar un diálogo con
quienes se ven influidos por sus ideas. El documento ayuda
a los agentes de pastoral a comprender la espiritualidad de
la Nueva Era y a responder a la misma, ilustrando los puntos
donde dicha espiritualidad contrasta con la fe católica
y refutando las posturas propugnadas por los pensadores de
la Nueva Era en oposición a la fe cristiana. En realidad,
lo que se exige a los cristianos es, ante todo y sobre todo,
estar fundamentados firmemente en su fe. Sobre esta sólida
base, pueden construir una vida que responda positivamente
a la invitación de la primera carta de san Pedro: « Si
alguien os pide explicaciones de vuestra esperanza, estad dispuestos
a defenderla, pero con modestia y respeto, con buena conciencia » (1
Pt 3, 15s).
1.1. ¿Por qué ahora?
El comienzo del tercer milenio no sólo llega dos mil
años después del nacimiento de Cristo, sino también
en una época en que los astrólogos creen que
la Era de Piscis –conocida para ellos como la era cristiana– está tocando
a su fin. Estas reflexiones se refieren a la Nueva Era, que
recibe su nombre de la inminente Era astrológica de
Acuario. La Nueva Era es uno de los muchos intentos de dar
sentido a este momento histórico con que la cultura
(especialmente la occidental) se ve bombardeada. Resulta difícil
ver con claridad qué hay de compatible e incompatible
respecto al mensaje cristiano. Por eso parece que es este el
momento oportuno para ofrecer una valoración cristiana
del pensamiento de la Nueva Era y del movimiento de la Nueva
Era como conjunto.
Se ha dicho, y con razón, que en estos días
muchas personas vacilan entre la certeza y la incertidumbre,
especialmente en lo que se refiere a su identidad.1 Algunos
dicen que la religión cristiana es patriarcal y autoritaria,
que las instituciones políticas son incapaces de mejorar
el mundo y que la medicina tradicional (alopática) es
sencillamente incapaz de curar eficazmente a las personas.
El hecho de que lo que en otros tiempos eran elementos centrales
de la sociedad se perciban actualmente como indignos de confianza
o carentes de verdadera autoridad, ha creado un clima en el
que las personas dirigen su mirada hacia el interior, hacía
sí mismas, en busca de sentido y de fuerza. Hay también
una búsqueda de instituciones alternativas que se espera
puedan responder a sus necesidades más profundas. La
vida caótica y desestructurada de las comunidades alternativas
de los años setenta ha ido dando paso a una búsqueda
de disciplina y de estructuras, que son claramente los elementos
clave de los movimientos « místicos » inmensamente
populares. La Nueva Era resulta atractiva sobre todo porque
mucho de lo que ofrece sacia el hambre que con frecuencia las
instituciones oficiales dejan insatisfecha.
Aunque gran parte de la Nueva Era es
una reacción frente
a la cultura contemporánea, en muchos aspectos se revela
hija de esa misma cultura. El Renacimiento y la Reforma han
configurado el individuo occidental moderno, que no se siente
agobiado por cargas externas, como la autoridad meramente extrínseca
y la tradición. Hay muchos que sienten cada vez menos
la necesidad de « pertenecer » a las instituciones
(pese a lo cual, la soledad sigue siendo en gran medida un
azote de la vida moderna), y no se inclinan a dar a las opiniones « oficiales » mayor
valor que a las suyas propias. Con este culto a la humanidad,
la religión se interioriza, de manera que se va preparando
el terreno para una celebración de la sacralidad del
yo. Por eso la Nueva Era comparte muchos de los valores que
propugnan la cultura de la empresa y el « evangelio de
la prosperidad » (de los que se hablará más
adelante: sección 2.4), así como la cultura del
consumidor, cuyo influjo puede verse claramente en el número
cada vez mayor de personas que afirman que es posible conciliar
el cristianismo y la Nueva Era, aceptando lo que les parece
mejor de uno y otra.2 Merece la pena recordar que las desviaciones
en el seno del cristianismo también han superado el
teísmo tradicional, al aceptar una vuelta unilateral
al Yo, lo cual favorecería esta fusión de enfoques
diferentes. Lo que importa señalar es que, en ciertas
prácticas de la Nueva Era, Dios queda reducido a una
prolongación del progreso del individuo.
La Nueva Era atrae a personas imbuidas
de los valores de la cultura moderna. La libertad, la autenticidad,
la autosuficiencia
y otras cosas por el estilo se consideran sagradas. Atrae a
quienes tienen problemas con estructuras de tipo patriarcal. « No
requiere más fe o más creencia que la necesaria
para ir al cine »,3 y sin embargo pretende saciar el
apetito espiritual del hombre. Pero, y aquí se halla
la cuestión central, ¿qué se entiende
exactamente por espiritualidad en el ambiente de la Nueva Era?
La respuesta es clave para desentrañar algunas de las
diferencias entre la tradición cristiana y gran parte
de lo que puede llamarse Nueva Era. Algunas versiones de la
Nueva Era dominan las fuerzas de la naturaleza y buscan comunicarse
con otros mundos para descubrir el destino de los individuos,
para ayudarles a sintonizar con la frecuencia adecuada y sacar
el máximo partido de sí mismos y de sus circunstancias.
En la mayor parte de los casos, resulta completamente fatalista.
El cristianismo, por su parte, es una invitación a dirigir
la mirada hacia el exterior, más allá, al « nuevo
adviento » del Dios que nos llama a vivir el diálogo
del amor.4
1.2. En la era de las comunicaciones
La revolución tecnológica de las comunicaciones
en los últimos años ha provocado una situación
completamente nueva. La facilidad y la velocidad con que hoy
podemos comunicarnos es una de las razones por las que la Nueva
Era ha atraído la atención de personas de todas
las edades y ambientes. Muchos cristianos, sin embargo, no
están seguros de qué es en realidad. Internet,
en particular, ha adquirido un enorme influjo, especialmente
en los jóvenes, que lo consideran un medio agradable
y fascinante para obtener información. Pero sobre numerosos
aspectos de la religión es un vehículo superficial
de desinformación: no todo lo que se presenta con la
etiqueta de « cristiano » o « católico » es
de fiar, ni refleja la doctrina de la Iglesia Católica.
Al mismo tiempo, hay una notable expansión de las fuentes
de la Nueva Era que van desde cosas serias a lo ridículo.
Las personas necesitan, más aún, tienen derecho
a una información fidedigna sobre las diferencias entre
el cristianismo y la Nueva Era.
1.3. Contexto cultural
Cuando se examinan muchas de las tradiciones
de la Nueva Era, en seguida aparece claro que, en realidad,
es poco que hay
de lo nuevo en la Nueva Era. El nombre parece haberse difundido
a través de los rosacruces y la francmasonería,
en tiempos de las revoluciones francesa y americana. Sin embargo,
la realidad que denota es una variante contemporánea
del esoterismo occidental, que se remonta a los grupos gnósticos
surgidos en los primeros tiempos del cristianismo y que se
afianzaron en época de la Reforma en Europa. Este gnosticismo
se fue desarrollando junto con las nuevas visiones científicas
del mundo y adquirió una justificación racional
a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Implicaba un progresivo
rechazo del Dios personal y se fue centrando en otras entidades
que en el cristianismo tradicional figuraban como intermediarias
entre Dios y la humanidad, con adaptaciones cada vez más
originales de las mismas, e incluso añadiendo otras.
Una poderosa corriente de la cultura occidental moderna que
ha contribuido a difundir las ideas de la Nueva Era es la aceptación
general de la teoría evolucionista de Darwin. Esto,
junto con una atención centrada en los poderes o fuerzas
espirituales ocultas de la naturaleza, ha sido la columna vertebral
de lo que hoy se conoce como teoría de la Nueva Era.
En realidad, si la Nueva Era ha alcanzado un notable grado
de aceptación ha sido porque la cosmovisión en
que se basa ya estaba ampliamente aceptada. El terreno estaba
bien preparado por el crecimiento y la difusión del
relativismo, junto con una antipatía o indiferencia
hacia la fe cristiana. Ha habido, además, un vivo debate
acerca de si, y en qué medida, se puede calificar la
Nueva Era como un fenómeno posmoderno. La existencia
misma del pensamiento y la práctica de la Nueva Era,
así como su vitalidad, dan testimonio del insaciable
anhelo del espíritu humano en pos de la trascendencia
y del sentido religioso, algo que no es sólo un fenómeno
cultural contemporáneo, sino que ya se manifestaba en
el mundo antiguo, tanto cristiano como pagano.
1.4.
La Nueva Era y la fe católica
Aun cuando se pueda admitir que la religiosidad
de la Nueva Era en cierto modo responde al legítimo anhelo espiritual
de la naturaleza humana, es preciso reconocer que tales intentos
se oponen a la revelación cristiana. En la cultura occidental
en particular, es muy fuerte el atractivo de los enfoques « alternativos » a
la espiritualidad. Por otra parte, entre los católicos
mismos, incluso en casas de retiro, seminarios y centros de
formación para religiosos, se han popularizado nuevas
formas de afirmación psicológica del individuo.
Al mismo tiempo, hay una nostalgia y una curiosidad crecientes
por la sabiduría y los rituales de antaño, lo
cual explica en parte el notable aumento de la popularidad
del esoterismo y del gnosticismo. Muchos se sienten especialmente
atraídos por lo que se conoce –correctamente o
no– como « espiritualidad » celta,5 o por
las religiones de los pueblos antiguos. Los libros y cursos
sobre espiritualidad o sobre religiones antiguas u orientales
son un negocio floreciente y con frecuencia reciben el apelativo
de « Nueva Era » por razones de carácter
comercial. Pero los vínculos con dichas religiones no
siempre están claros. De hecho, con frecuencia se niegan.
Un discernimiento cristiano adecuado
del pensamiento y de la práctica de la Nueva Era no puede dejar de reconocer
que, como el gnosticismo de los siglos II y III, ésta
representa una especie de compendio de posturas que la Iglesia
ha identificado como heterodoxas. Juan Pablo II ha alertado
respecto al « renacimiento de las antiguas ideas gnósticas
en la forma de la llamada New Age. No debemos engañarnos
pensando que ese movimiento pueda llevar a una renovación
de la religión. Es solamente un nuevo modo de practicar
la gnosis, es decir, esa postura del espíritu que, en
nombre de un profundo conocimiento de Dios, acaba por tergiversar
Su Palabra sustituyéndola por palabras que son solamente
humanas. La gnosis no ha desaparecido nunca del ámbito
del cristianismo, sino que ha convivido siempre con él,
a veces bajo la forma de corrientes filosóficas, más
a menudo con modalidades religiosas o pararreligiosas, con
una decidida aunque a veces no declarada divergencia con lo
que es esencialmente cristiano ».6 Un ejemplo de esto
puede verse en el eneagrama, –un instrumento para el
análisis caracterial según nueve tipos– que,
cuando se utiliza como medio de desarrollo personal, introduce
ambigüedad en la doctrina y en la vivencia de la fe cristiana.
1.5.
Un desafío positivo
No debe subestimarse el atractivo de
la religiosidad de la Nueva Era. Cuando falta un conocimiento
profundo de los contenidos
de la fe cristiana, algunos, pensando erróneamente que
la religión cristiana no es capaz de inspirar una espiritualidad
profunda, la buscan en otros lugares. A decir verdad, algunos
dicen que la Nueva Era se está quedando anticuada y
hablan ya de la « próxima » era.7 Hablan
de una crisis que comenzó a manifestarse en Estados
Unidos a comienzos de los años 1990, pero admiten que,
especialmente fuera del mundo de habla inglesa, tal « crisis » puede
llegar más tarde. Sin embargo, las librerías
y las emisoras de radio, así como la multitud de grupos
de auto-ayuda en numerosas ciudades y capitales occidentales,
todos ellos parecen desmentir tal crisis. Parece que, al menos
por el momento, la Nueva Era sigue estando bien viva como parte
del actual panorama cultural.
El éxito de la Nueva Era presenta un desafío
a la Iglesia. Muchos piensan que la religión cristiana
ya no les ofrece –o tal vez nunca les proporcionó– algo
que necesitaran realmente. La búsqueda que con frecuencia
conduce a una persona a la Nueva Era es un anhelo auténtico:
de una espiritualidad más profunda, de algo que les
toque el corazón, de un modo de hallar sentido a un
mundo confuso y a menudo alienante. Hay algo de positivo en
las críticas que la Nueva Era dirige al « materialismo
de la vida cotidiana, de la filosofía e incluso de la
medicina y de la psiquiatría; al reduccionismo, que
se niega a tener en cuenta las experiencias religiosas y sobrenaturales;
a la cultura industrial de un individualismo desenfrenado,
que inculca el egoísmo y se despreocupa de los demás,
del futuro y del medio ambiente ».8 Los problemas que
plantea la Nueva Era nacen más bien de lo que propone
como respuestas alternativas a las cuestiones vitales. Si no
queremos que la Iglesia sea acusada de permanecer sorda a los
anhelos de los hombres, sus miembros deben hacer dos cosas:
afianzarse con mayor firmeza aún en los fundamentos
de su fe y escuchar el clamor, con frecuencia silencioso, del
corazón de los hombres, que les lleva a alejarse de
la Iglesia cuando no encuentran en ella respuestas satisfactorias.
En todo ello hay también una llamada a acercarse a Jesucristo
y a estar dispuestos a seguirle, ya que Él es el verdadero
camino hacia la felicidad, la verdad sobre Dios y la plenitud
de vida para cuantos estén dispuestos a responder a
su amor.
2 LA ESPIRITUALIDAD DE LA NUEVA ERA
VISIÓN GENERAL
En muchas sociedades occidentales, y
de manera creciente también
en otras partes del mundo, los cristianos con frecuencia entran
en contacto con diversos aspectos del fenómeno conocido
como Nueva Era. Muchos de ellos sienten la necesidad de entender
cómo pueden aproximarse de la mejor manera posible a
algo tan seductor y, al mismo tiempo, complejo, esquivo y en
ocasiones perturbador. Estas reflexiones intentan ayudar a
los cristianos a hacer dos cosas:
– identificar los elementos del desarrollo de la tradición
de la Nueva Era;
– señalar los elementos incompatibles con la
revelación cristiana.
Ésta es una respuesta pastoral a un desafío
actual. No pretende proporcionar una lista exhaustiva de los
fenómenos de la Nueva Era, ya que eso requeriría
un voluminoso tratado, aparte de que dicha información
está disponible en otros lugares. Es esencial intentar
comprender la Nueva Era correctamente para evaluarla con imparcialidad
y evitar crear una caricatura de la misma. Sería insensato,
además de falso, decir que todo lo relacionado con este
movimiento es bueno, o que es malo todo lo que se refiere a él.
No obstante, dada la visión subyacente a la religiosidad
de la Nueva Era, en términos generales es difícil
reconciliarla con la doctrina y la espiritualidad cristianas.
La Nueva Era no es un movimiento en el
sentido en que normalmente se emplea el término « Nuevo Movimiento Religioso »,
ni es lo que normalmente se da a entender con los términos « culto » o « secta ».
Es mucho más difuso e informal, ya que atraviesa las
diversas culturas, en fenómenos tan variados como la
música, el cine, seminarios, talleres, retiros, terapias,
y en otros muchos acontecimientos y actividades, si bien algunos
grupos religiosos o para-religiosos han incorporado conscientemente
algunos elementos de la Nueva Era, e incluso algunos han sugerido
que esta corriente ha sido fuente de inspiración para
varias sectas religiosas y para-religiosas.9 Sin embargo, la
Nueva Era no es un movimiento individual uniforme, sino más
bien un entramado amplio de seguidores cuyo característica
consiste en pensar globalmente y actuar localmente. Quienes
forman parte del entramado no se conocen necesariamente unos
a otros y raramente se reúnen, si es que llegan a hacerlo.
Con el fin de evitar la confusión que puede surgir al
usar el término « movimiento », algunos
se refieren a la Nueva Era como un « ambiente » (milieu)10
o un « culto de audiencia » (audience cult).11
Sin embargo, también se ha señalado que « es
una corriente de pensamiento muy coherente »,12 un desafío
deliberado a la cultura moderna. Es una estructura sincretista
que incorpora muchos elementos diversos y que permite compartir
intereses o vínculos en grados distintos y con niveles
de compromiso muy variados. Muchas tendencias, prácticas
y actitudes más o menos vinculadas la Nueva Era, en
realidad son parte de una reacción más amplia,
fácilmente identificable, frente a la cultura dominante,
de modo que el término « movimiento » no
está completamente fuera de lugar. Puede aplicarse a
la Nueva Era en el mismo sentido en que se aplica a otros movimientos
sociales de vasto alcance, tales como el movimiento por los
derechos civiles o el movimiento por la paz. Igual que éstos,
abarca un impresionante conjunto de personas vinculadas a los
objetivos fundamentales del movimiento, pero sumamente diferentes
por la manera en que se vinculan a él y por el modo
de entender algunas cuestiones concretas.
La expresión « religión de la Nueva Era » es
más controvertida, por lo que conviene evitarla, a pesar
de que la Nueva Era es con frecuencia una respuesta a preguntas
y necesidades religiosas, que ejerce su atracción sobre
personas que tratan de descubrir o redescubrir una dimensión
religiosa en su vida. Evitar el término « religión
de la Nueva Era » no significa en modo alguno poner en
cuestión el carácter genuino de la búsqueda
de significado y del sentido de la vida por parte de esas personas.
Respeta el hecho de que muchos de quienes están dentro
del movimiento Nueva Era distinguen cuidadosamente entre « religión » y « espiritualidad ».
Muchos han rechazado la religión organizada, porque
a su juicio no ha logrado responder a sus necesidades y por
ello se han dirigido a otros lugares para encontrar « espiritualidad ».
Más aún, en el corazón de la Nueva Era
está la creencia de que la época de las religiones
particulares ha pasado, por lo que referirse a ella como a
una religión sería contradecir su propia autocomprensión.
No obstante, se puede situar la Nueva Era en el contexto más
amplio de la religiosidad esotérica, cuyo atractivo
sigue creciendo.13
Hay un problema implícito en el presente texto. Tratando
de entender y evaluar algo que es esencialmente una exaltación
de la riqueza de la experiencia humana, inevitablemente se
le objetará que jamás podrá hacer justicia
a un movimiento cultural cuya esencia es precisamente romper
con lo que se consideran los límites restrictivos del
discurso racional. En realidad, tiene por objeto invitar a
los cristianos a tomar en serio la Nueva Era y, como tal, pide
a quienes lo lean entrar en un diálogo crítico
con quienes se aproximan al mismo mundo desde perspectivas
muy diferentes.
La eficacia pastoral de la Iglesia en
el tercer milenio depende en gran medida de la preparación de comunicadores eficaces
del mensaje evangélico. Lo que sigue es una respuesta
a las dificultades expresadas por muchos de quienes están
en contacto con ese fenómeno tan complejo y escurridizo
conocido como la Nueva Era. Es un intento de comprender qué es
la Nueva Era y de identificar las preguntas a las que ésta
pretende ofrecer respuestas y soluciones. Hay ya excelentes
libros y otros materiales que analizan el fenómeno en
su conjunto o que explican aspectos particulares con gran detalle.
Nos referiremos a algunos de ellos en el apéndice. No
obstante, no siempre realizan el necesario discernimiento a
la luz de la fe cristiana. El propósito del presente
texto es ayudar a los católicos a encontrar una clave
para entender los principios básicos que hay tras el
pensamiento de la Nueva Era, de modo que puedan valorar cristianamente
los elementos de la Nueva Era que encuentren. Conviene recordar
que muchas personas rechazan el término « Nueva
Era » y sugieren la expresión « espiritualidad
alternativa » como más correcta y menos restrictiva.
También es verdad que muchos de los fenómenos
mencionados en este documento probablemente no lleven ninguna
etiqueta particular, pero se presupone, en aras de la brevedad,
que los lectores identificarán el fenómeno o
conjunto de fenómenos que pueden estar razonablemente
vinculados con el movimiento cultural general conocido habitualmente
como Nueva Era.
2.1. ¿Qué hay
de nuevo en la Nueva Era?
Para muchos, el término « Nueva Era » se
refiere a un momento decisivo de la historia. Según
los astrólogos, vivimos en la Era de Piscis, que ha
estado dominada por el cristianismo y que será reemplazada
por la nueva era de Acuario a comienzos del tercer milenio.14
La Era de Acuario adquiere una enorme importancia en el movimiento
de la Nueva Era, en gran medida a causa del influjo de la teosofía,
el espiritismo y la antroposofía, así como de
sus antecedentes esotéricos. Quienes subrayan el inminente
cambio del mundo expresan a menudo el deseo de dicho cambio,
no tanto en el mundo mismo cuanto en nuestra cultura, en nuestro
modo de relacionarnos con el mundo. Esto es especialmente manifiesto
en quienes acentúan la idea de un Nuevo Paradigma de
vida. Es un enfoque atractivo, puesto que en algunas de sus
manifestaciones, los hombres no son espectadores pasivos, sino
que desempeñan un papel activo en la transformación
de la cultura y en la creación de una nueva conciencia
espiritual. En otras manifestaciones, se atribuye un mayor
poder a la progresión inevitable de los ciclos naturales.
En cualquier caso, la Era de Acuario es una visión,
no una teoría. Pero la Nueva Era es una tradición
amplia, que incorpora muchas ideas sin vinculación explícita
con el cambio de la Era de Piscis a la Era de Acuario. Entre
ellas hay visiones moderadas, pero muy generalizadas, de un
futuro en el que habrá una espiritualidad planetaria
junto a las religiones individuales, instituciones políticas
planetarias que complementarán las locales, entidades
económicas globales más participativas y democráticas,
una mayor importancia de las comunicaciones y la educación,
un enfoque mixto de la salud que combinará la medicina
profesional y la auto-curación, una comprensión
del yo más andrógina, y formas de integrar la
ciencia, la mística, la tecnología y la ecología.
Una vez más, esto demuestra el profundo deseo de una
existencia satisfactoria y saludable para la raza humana y
para el planeta. Entre las tradiciones que confluyen en la
Nueva Era pueden contarse: las antiguas prácticas ocultas
de Egipto, la cábala, el gnosticismo cristiano primitivo,
el sufismo, las tradiciones de los druidas, el cristianismo
celta, la alquimia medieval, el hermetismo renacentista, el
budismo zen, el yoga, etc.15
En esto consiste lo « nuevo » de la Nueva Era.
Es un « sincretismo de elementos esotéricos y
seculares ».16 Se vincula a la percepción, ampliamente
difundida, de que el tiempo está maduro para un cambio
fundamental de los individuos, la sociedad y el mundo. Hay
varias expresiones de la necesidad de cambio:
– de la física mecanicista de Newton a la física
cuántica;
– de la exaltación de la razón de la modernidad
a una valoración del sentimiento, la emoción
y la experiencia (descrita a menudo como un desplazamiento
del pensamiento racional del « cerebro izquierdo » al
pensamiento intuitivo del « cerebro derecho »);
– de un dominio de la masculinidad y el patriarcado,
a una celebración de la feminidad en los individuos
y en la sociedad.
En este contexto, se usa con frecuencia
el término « cambio
de paradigma » (paradigm shift). A veces, claramente
se presupone que tal cambio no sólo es deseable, sino
inevitable. El rechazo a la modernidad, subyacente a este deseo
de cambio, no es nuevo. Más bien puede describirse como « un
restablecimiento o “revival” moderno de las religiones
paganas con una mezcla de influjos tanto de las religiones
orientales como de la psicología, la filosofía,
la ciencia y la contracultura modernas, desarrolladas en los
años cincuenta y sesenta ».17 La Nueva Era no
es sino un testigo de una revolución cultural, una reacción
compleja frente a las ideas y valores dominantes en la cultura
occidental, a pesar de lo cual su crítica idealista
es, paradójicamente, típica de la cultura que
critica.
Es preciso decir una palabra sobre la
idea de cambio de paradigma. La popularizó Thomas Kuhn, historiador americano de
la ciencia, que concibió el paradigma como « la
constelación entera de creencias, valores, técnicas,
etc., compartidos por los miembros de una comunidad dada ».18
Cuando se produce un desplazamiento de un paradigma a otro,
se trata de una transformación en bloque de la perspectiva
más que de un desarrollo gradual: en realidad, es una
revolución. Kuhn puso de relieve que los paradigmas
rivales son inconmensurables y no pueden coexistir. Por eso,
afirmar que un cambio de paradigma en el ámbito de la
religión y de la espiritualidad es simplemente una manera
nueva de formular las creencias tradicionales, constituye un
error. Lo que sucede en realidad es un cambio radical de cosmovisión,
que pone en entredicho no sólo el contenido, sino también
la interpretación fundamental de la visión anterior.
Tal vez el ejemplo más claro de todo esto, por lo que
se refiere a la relación entre la Nueva Era y el cristianismo,
sea la reelaboración de la vida y el significado de
Jesucristo. Es imposible reconciliar estas dos visiones.19
Está claro que la ciencia y la tecnología han
sido incapaces de cumplir sus promesas de antaño, por
lo que los hombres se han vuelto hacia el ámbito espiritual
en búsqueda de significado y de liberación. Tal
como ahora la conocemos, la Nueva Era procedía de la
búsqueda de algo más humano y más bello
frente a la experiencia opresora y alienante de la vida en
la sociedad occidental. Sus primeros exponentes, dispuestos
a extender su mirada en esta búsqueda, hicieron de ella
un enfoque muy ecléctico. Podría ser uno de los
signos de la « vuelta a la religión », pero
desde luego no es una vuelta a las doctrinas y credos cristianos
ortodoxos. Los primeros símbolos de este « movimiento » que
se introdujeron en la cultura occidental fueron el conocido
festival de Woodstock, en el estado de Nueva York, en 1969,
y el musical Hair, que expuso los principales temas de la Nueva
Era en su canción emblemática « Aquarius ».20
Pero esto era tan sólo la punta de un iceberg cuyas
verdaderas dimensiones se han podido percibir sólo en
una época relativamente reciente. El idealismo de los
años 1960 y 1970 todavía sobrevive en algunos
sectores. Pero ahora ya no son los adolescentes quienes están
implicados principalmente. Los vínculos con la ideología
política de izquierdas se han desvanecido y las drogas
psicodélicas no tienen ya la importancia de entonces.
Han sucedido tantas cosas desde entonces que todo esto ya no
resulta revolucionario. Las tendencias « espirituales » y « místicas » que
antes se limitaban a la contracultura, hoy día forman
parte arraigada de la cultura dominante y afectan a facetas
tan distintas de la vida como la medicina, la ciencia, el arte
y la religión. La cultura occidental está ahora
imbuida de una conciencia política y ecológica
más generalizada y todo este desplazamiento cultural
ha ejercido un enorme impacto en los estilos de vida de las
personas. Algunos han sugerido que el « movimiento » Nueva
Era es precisamente ese gran cambio hacia lo que se considera « un
género de vida notablemente mejor ».21
2.2. ¿Qué pretende
ofrecer la Nueva Era?
2.2.1. Encantamiento: tiene que haber
un ángel
Uno de los elementos más comunes de la espiritualidad
de la Nueva Era es la fascinación por las manifestaciones
extraordinarias y en particular por los seres paranormales.
Las personas reconocidas como médiums aseguran que su
personalidad es poseída por otra entidad durante el
trance, un fenómeno de la Nueva Era conocido como « channeling » (canalización),
en el cual el médium puede perder el control de su cuerpo
y de sus facultades. Algunas personas que han sido testigos
de estos acontecimientos no dudarían en admitir que
las manifestaciones son efectivamente espirituales, pero no
proceden de Dios, a pesar del lenguaje de amor y luz que suele
usarse casi siempre... Probablemente sea más correcto
referirse a ello como a una forma contemporánea de espiritismo,
más que a una espiritualidad en sentido estricto. Otros
amigos y consejeros del mundo del espíritu son los ángeles
(que se han convertido en centro de un nuevo negocio de libros
e imágenes). Cuando en la Nueva Era se habla de ángeles,
se hace de manera poco sistemática, pues las distinciones
en este ámbito no siempre se consideran útiles,
sobre todo si son demasiado precisas, ya que « hay muchos
niveles de guías, entidades, energías y seres
en cada octava del universo... Están allí para
que los escojas y elijas según tus propios mecanismos
de atracción-repulsión ».22 Estos seres
espirituales a veces son invocados de manera « no religiosa » como
una ayuda para la relajación, con vistas a mejorar la
toma de decisiones y el control de la propia vida personal
y profesional. Otra experiencia de la Nueva Era, que aseguran
poseer algunos que se autodefinen como « místicos »,
consiste en la fusión con algunos espíritus que
enseñan a través de personas concretas. Algunos
espíritus de la naturaleza son descritos como energías
potentes que existen en el mundo natural y también en
los « niveles interiores »: es decir, aquellos
a los que se accede mediante el uso de rituales, drogas y otras
técnicas para alcanzar estados de conciencia alterados.
Está claro que, al menos en teoría, la Nueva
Era a menudo no reconoce ninguna autoridad espiritual más
allá de la experiencia personal interior.
2.2.2.
Armonía y comprensión:
buenas vibraciones
Fenómenos tan diversos como el Jardín de Findhorn
y Feng Shui23 representan una diversidad de estilos que ilustran
la importancia de estar en sintonía con la naturaleza
y el cosmos. En la Nueva Era no existe distinción entre
el bien y el mal. Las acciones humanas son fruto de la iluminación
o de la ignorancia. De aquí que no podamos condenar
a nadie, y que nadie tenga necesidad de perdón. Creer
en la existencia del mal sólo puede crear negatividad
y temor. La respuesta a la negatividad es el amor. Pero no
del tipo que tiene que traducirse en acciones; es más
una cuestión de actitudes de la mente. El amor es energía,
una vibración de alta frecuencia; el secreto de la felicidad
y de la salud consiste en sintonizar con la gran cadena del
ser, de encontrar el propio puesto en ella. Los maestros y
las terapias de la Nueva Era afirman ofrecer la clave para
encontrar las correspondencias entre todos los elementos del
universo, de modo que uno pueda modular la tonalidad de su
vida y estar en armonía absoluta con los demás
y con cuanto lo rodea, si bien el trasfondo teórico
varía de uno a otro.24
2.2.3. Salud: una vida dorada
La medicina formal (alopática) tiende en la actualidad
a limitarse a curar dolencias aisladas, concretas, y no logra
una visión de conjunto de la salud de la persona: esto
ha provocado frecuentemente una comprensible insatisfacción.
La popularidad de las terapias alternativas ha aumentado enormemente
porque aseguran abarcar a la persona en su totalidad y se dedican
a sanar más que a curar. Como es sabido, la sanidad
holística se centra en el importante papel que desempeña
la mente en la curación física. Se dice que la
conexión entre los aspectos espirituales y físicos
de la persona se encuentra en el sistema inmunológico
o en el sistema chakra hindú. Desde la perspectiva de
la Nueva Era, la enfermedad y el sufrimiento proceden de una
actuación contra la naturaleza. Cuando se está en
sintonía con la naturaleza, cabe esperar una vida más
saludable e incluso una prosperidad material. Según
algunos sanadores de la Nueva Era, en realidad no tendríamos
por qué morir. El desarrollo de nuestro potencial humano
nos pondrá en contacto con nuestra divinidad interior
y con aquellas partes de nuestro yo alienadas o suprimidas.
Esto se revela sobre todo en los Estados de Conciencia Alterados
(Alterated States of Consciuousness, ASCs), inducidos por las
drogas o por diversas técnicas de expansión de
la mente, particularmente en el contexto de la « psicología
transpersonal ». Se suele considerar al chamán
como el especialista de los estados de conciencia alterados,
como aquel que es capaz de mediar entre los reinos transpersonales
de los dioses y los espíritus y el mundo de los humanos.
Hay una notable variedad de enfoques
que promueven la salud holística, derivados unos de antiguas tradiciones culturales,
conectados otros con las teorías psicológicas
desarrolladas en Esalen durante los años 1960-1970.
La publicidad relacionada con la Nueva Era cubre un amplio
espectro de prácticas, tales como la acupuntura, el
biofeedback, la quiropráctica, la kinesiología,
la homeopatía, la iridología, el masaje y varios
tipos de « bodywork » (tales como ergonomía,
Feldenkrais, reflexología, Rolfing, masaje de polaridad,
tacto terapéutico, etc.), la meditación y la
visualización, las terapias nutricionales, sanación
psíquica, varios tipos de medicina a base de hierbas,
la sanación mediante cristales (cristaloterapia), metales
(metaloterapia), música (musicoterapia) o colores (cromoterapia),
las terapias de reencarnación y, por último los
programas en doce pasos y los grupos de auto-ayuda.25 Se dice
que la fuente de la sanación está dentro de nosotros
mismos, que la podemos alcanzar cuando estamos en contacto
con nuestra energía interior o con la energía
cósmica.
En cuanto la salud incluye una prolongación de la vida,
la Nueva Era ofrece una fórmula oriental en términos
occidentales. Originariamente, la reencarnación formaba
parte del pensamiento cíclico hindú, basada en
el atman o núcleo divino de la personalidad (más
tarde, el concepto de jiva), que se trasladaba de cuerpo a
cuerpo en un ciclo de sufrimiento (samsara), determinado por
la ley del karma, vinculado al comportamiento en las vidas
pasadas. La esperanza estriba en la posibilidad de nacer en
un estado mejor o, definitivamente, en la liberación
de la necesidad de volver a nacer. A diferencia de la mayoría
de las tradiciones budistas, lo que vaga de cuerpo en cuerpo
no es un alma, sino un contínuum de conciencia. En ambas
tradiciones, la vida presente está encerrada en un proceso
cósmico potencialmente infinito, sin fin, que incluye
incluso a los dioses. En occidente, después de Lessing,
la reencarnación se ha entendido de manera mucho más
optimista, como un proceso de aprendizaje y de realización
individual progresiva. El espiritismo, la teosofía,
la antroposofía y la Nueva Era ven la reencarnación
como una participación en la evolución cósmica.
Este enfoque postcristiano de la escatología se considera
como la respuesta a las cuestiones no resueltas por la teodicea
y prescinde del concepto de infierno. Cuando el alma se separa
del cuerpo, los individuos pueden volver la mirada hacia toda
su vida hasta ese instante y cuando el alma se une a su nuevo
cuerpo se obtiene una visión anticipada de la siguiente
fase de la vida. Uno puede acceder a sus vidas anteriores mediante
los sueños y las técnicas de meditación.26
2.2.4.
Totalidad: un viaje mágico
al misterio
Una de las preocupaciones centrales del
movimiento Nueva Era es la búsqueda de « totalidad ». Invita
a superar todas las formas de « dualismo », ya
que dichas divisiones son un producto insalubre de un pasado
menos iluminado. Las divisiones que según los promotores
de la Nueva Era se deben superar, incluyen la diferencia real
entre el Creador y la creación, la distinción
real entre el hombre y la naturaleza o entre el espíritu
y la materia, todas las cuales son consideradas erróneamente
como formas de dualismo. Se da por supuesto que estas tendencias
dualistas están basadas en definitiva en las raíces
judeocristianas de la civilización occidental, cuando
en realidad sería más acertado vincularlas al
gnosticismo, y en particular al maniqueísmo. A la revolución
científica y al espíritu del racionalismo moderno
se los considera culpables especialmente de la tendencia a
la fragmentación que considera las unidades orgánicas
como mecanismos reducibles a sus componentes más pequeños,
que pueden explicarse a continuación en función
de estos últimos, así como de la tendencia a
reducir el espíritu a la materia, de manera que la realidad
espiritual –incluyendo el alma– se convierte en
mero « epifenómeno » contingente de procesos
esencialmente materiales. En todas estas áreas, las
alternativas de la Nueva Era reciben el apelativo de « holísticas ».
El holismo impregna todo el movimiento Nueva Era, desde su
interés por la salud holística hasta la búsqueda
de la conciencia unitiva, y desde la sensibilidad ecológica
hasta la idea de un « entramado » global.
2.3. Principios fundamentales del pensamiento de la Nueva
Era
2.3.1. Una respuesta global en tiempos de crisis
« Tanto la tradición cristiana como la fe laica
en el progreso ilimitado de la ciencia tuvieron que hacer frente
a una grave ruptura manifestada por primera vez en las revueltas
estudiantiles del 1968 ».27 La sabiduría de las
viejas generaciones de repente se quedó sin significado
y sin respeto, mientras se desvanecía la omnipotencia
de la ciencia, de manera que la Iglesia ahora « tiene
que enfrentarse a una grave crisis en la transmisión
de su fe a las generaciones jóvenes ».28 La pérdida
generalizada de confianza en estos antiguos pilares de la conciencia
y de la cohesión social ha ido acompañada por
un retorno inesperado de la religiosidad cósmica, de
rituales y creencias que muchos pensaban habían sido
suplantados por el cristianismo. Sólo que esta perenne
corriente esotérica subterránea en realidad nunca
se había extinguido. En cambio, resultaba nuevo en el
contexto occidental el auge de la popularidad de la religión
asiática, bajo la influencia del movimiento teosófico
de finales del siglo XIX que « refleja la creciente conciencia
de una espiritualidad global que incorpora todas las tradiciones
religiosas existentes ».29
La eterna cuestión filosófica de la unidad y
la multiplicidad tiene su forma moderna y contemporánea
en la tentación no sólo de superar una división
indebida, sino incluso también la diferencia y la distinción
reales. Su expresión más común es el holismo,
ingrediente esencial de la Nueva Era y uno de los principales
signos de los tiempos en el último cuarto del siglo
XX. Se han invertido grandes energías en el esfuerzo
por superar la división en compartimentos estancos característica
de la ideología mecanicista, pero esto ha provocado
el sometimiento a un entramado global que adquiere una autoridad
cuasi-trascendental. Sus implicaciones más obvias son
el proceso de transformación consciente y el desarrollo
de la ecología.30 La nueva visión, meta de la
transformación consciente, ha tardado en formularse
y su puesta en práctica se ve obstaculizada por formas
de pensamiento más antiguas, a las que se considera
atrincheradas en el statu quo. En cambio, ha tenido un enorme éxito
la generalización de la ecología como fascinación
por la naturaleza y resacralización de la tierra, la
Madre Tierra o Gaia, gracias al celo misionero característico
de los « verdes ». La raza humana como conjunto
es el agente ejecutivo de la Tierra y la armonía y comprensión
que se requieren para un gobierno responsable se va entendiendo
de manera progresiva como un gobierno global, con una estructura ética
global. Se considera que el calor de la Madre Tierra, cuya
divinidad penetra toda la creación, colma el vacío
entre la creación y el Padre-Dios trascendente del judaísmo
y del cristianismo, eliminando la posibilidad de ser juzgado
por este último.
En esta visión de un universo cerrado, que contiene
a « Dios » y a otros seres espirituales junto con
nosotros, se descubre un panteísmo implícito.
Es éste un punto fundamental que impregna todo el pensamiento
y la actuación de la Nueva Era y que condiciona de antemano
cualquier otra valoración positiva de tal o cual aspecto
de su espiritualidad. Como cristianos creemos, por el contrario,
que « el hombre es esencialmente una criatura y como
tal permanece para siempre, de tal forma que nunca será posible
una absorción del yo humano en el Yo divino ».31
2.3.2. La matriz principal del pensamiento de la Nueva Era
La matriz esencial del pensamiento de
la Nueva Era ha de buscarse en la tradición esotérico-teosófica que
gozó de gran aceptación en los círculos
intelectuales europeos de los siglos XVIII y XIX. En particular,
tuvo vigencia en la francmasonería, el espiritismo,
el ocultismo y la teosofía, que compartían una
especie de cultura esotérica. En esta cosmovisión,
el universo visible y el invisible están vinculados
por una serie de correspondencias, analogías e influencias
entre el microcosmos y el macrocosmos, entre los metales y
los planetas, entre los planetas y las diversas partes del
cuerpo humano, entre el cosmos visible y los ámbitos
invisibles de la realidad. La naturaleza es un ser vivo, atravesado
por una red de simpatías y antipatías, animado
por una luz y un fuego secreto que los seres humanos tratan
de controlar. Las personas pueden conectar con los mundos superior
o inferior mediante su imaginación (órgano del
alma o espíritu), o bien recurriendo a mediadores (ángeles,
espíritus, demonios) o rituales.
Las personas pueden ser iniciadas en
los misterios del cosmos, Dios, o el yo, por medio de un
itinerario espiritual de transformación.
La meta última es la gnosis, la forma superior de conocimiento,
equivalente a la salvación. Implica una búsqueda
de la más antigua y elevada tradición de la filosofía
(lo que se llama, de modo inapropiado, philosophia perennis)
y de la religión (teología primordial), doctrina
secreta (esotérica) que es la clave de todas las tradiciones « exotéricas » accesibles
a todos. Las enseñanzas esotéricas se transmiten
de maestro a discípulo en un programa gradual de iniciación.
Algunos ven el esoterismo del siglo XIX
como algo totalmente secularizado. La alquimia, la magia,
la astrología y
otros elementos del esoterismo tradicional se habían
integrado completamente con aspectos de la cultura moderna,
incluyendo la búsqueda de las leyes causales, el evolucionismo,
la psicología y el estudio de las religiones. Alcanzó su
forma más clara en las ideas de Helena Blavatsky, una
médium rusa que, junto con Henry Olcott, fundó la
Theosophical Society en Nueva York en 1875. Esta sociedad tenía
por objeto fundir elementos de las tradiciones orientales y
occidentales en una forma de espiritismo evolucionista. Tenía
tres objetivos principales:
1. « Formar un núcleo de la Fraternidad Universal
de la Humanidad, sin distinción de raza, credo o color ».
2. « Promover el estudio comparativo de la religión,
la filosofía y la ciencia ».
3. « Investigar las leyes desconocidas de la Naturaleza
y los poderes latentes del hombre ».
« El significado de estos objetivos... debería
estar claro. El primer objetivo rechaza implícitamente
el “fanatismo irracional” y el “sectarismo” del
cristianismo tradicional tal como lo conciben los espiritistas
y los teósofos... Lo que no es inmediatamente evidente
en estos objetivos es que para los teósofos la “ciencia” significaba
las ciencias ocultas, y la filosofía, la occulta philosophia.
O que para ellos, las leyes de la naturaleza eran de índole
oculta o psíquica y esperaban que la religión
comparativa desvelase una “tradición primordial” modelada,
en último término, a partir de una philosophia
perennis hermética ».32
Un componente destacado de los escritos
de Madame Blavatsky era la emancipación de la mujer, lo cual implicaba un
ataque contra el Dios « masculino » del judaísmo,
del cristianismo y del Islam. Invitaba a volver a la diosa
madre del hinduismo y a la práctica de las virtudes
femeninas. Esta ideas continuaron bajo la guía de Annie
Besant, que se hallaba en la vanguardia del movimiento feminista.
En la actualidad, la Wicca (Véase el término
en el glosario del apartado n. 7) y la « espiritualidad
de las mujeres » continúan esta lucha contra el
cristianismo « patriarcal ».
En su obra The Aquarian Conspiracy, « La conspiración
del Acuario », Marilyn Ferguson dedicó un capítulo
a los precursores de la Era de Acuario, aquellos que habían
tejido una visión transformadora basada en la expansión
de la conciencia y en la experiencia de la autotrascendencia.
Dos de los mencionados son el psicólogo americano William
James y el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung. James definió la
religión como experiencia, no como dogma y enseñó que
los seres humanos pueden cambiar sus actitudes mentales a fin
de convertirse en arquitectos de su propio destino. Jung puso
de relieve el carácter trascendente de la conciencia
e introdujo la idea del inconsciente colectivo, una especie
de depósito de símbolos y recuerdos compartidos
con personas de diversas épocas y culturas diferentes.
Según Wouter Hanegraaff, ambos personajes contribuyeron
a la « sacralización de la psicología »,
que se ha convertido en un elemento fundamental del pensamiento
y de la práctica de la Nueva Era. En efecto, Jung « no
sólo psicologizó el esoterismo, sino que también
sacralizó la psicología, llenándola de
los contenidos de la especulación esotérica.
El resultado fue un corpus de teorías que permite hablar
de Dios cuando en realidad se quiere decir la propia psique,
y hablar de la propia psique cuando en realidad se quiere decir
lo divino. Si la psique es “mente”, y Dios también
es “mente”, entonces hablar de una cosa significa
hablar de la otra ».33 A la acusación de haber « psicologizado » el
cristianismo responde que « la psicología es el
mito moderno y sólo podemos entender la fe en estos
términos ».34 Ciertamente, la psicología
de Jung arroja luz sobre muchos aspectos de la fe cristiana,
especialmente sobre la necesidad de enfrentarse a la realidad
del mal. Pero sus convicciones religiosas son tan diferentes
a lo largo de las diversas etapas de su vida, que la imagen
de Dios que se desprende es sumamente confusa. Un elemento
central de su pensamiento es el culto al sol, donde Dios es
la energía vital (libido) del interior de la persona.35
Según afirmó él mismo « esta comparación
no es un mero juego de palabras ».36 Este es « el
dios interior » al que se refiere Jung, la divinidad
esencial que creía existía en todo ser humano.
El camino hasta el universo interior pasa a través del
inconsciente y la correspondencia del mundo interior con el
exterior reside en el inconsciente colectivo.
La tendencia a intercambiar la psicología y la espiritualidad
fue retomada por el Movimiento del Potencial Humano cuando éste
se desarrolló a finales de los años sesenta en
el Instituto Esalen de California. La psicología transpersonal,
fuertemente influida por las religiones orientales y por Jung,
ofrece un camino contemplativo donde la ciencia se encuentra
con la mística. El énfasis que se pone en la
corporeidad, la búsqueda de métodos para expandir
la conciencia y el cultivo de los mitos del inconsciente colectivo
eran todos acicates para buscar al « Dios interior » dentro
de uno mismo. Para realizar el propio potencial había
que ir más allá del ego individual a fin de convertirse
en el dios que uno es en lo más hondo de sí mismo.
Esto se podía llevar a cabo escogiendo la terapia adecuada:
la meditación, las experiencias parapsicológicas,
el uso de drogas alucinógenas. Todos estos eran los
caminos para lograr « experiencias cumbre », experiencias « místicas » de
fusión con Dios y con el cosmos.
El símbolo de Acuario, tomado de la mitología
astrológica, llegó a convertirse en la expresión
del deseo de un mundo radicalmente nuevo. Los dos centros que
constituían el centro propulsor inicial de la Nueva
Era (y que siguen siéndolo hasta cierto punto) eran
la Comunidad-Jardín de Findhorn, en el nordeste de Escocia,
y el Centro para el Desarrollo del Potencial Humano de Esalen,
en Big Sur, California, en los Estados Unidos. Sin embargo,
lo que más alimenta la difusión de la Nueva Era
es el desarrollo de una progresiva conciencia global y la percepción
creciente de una crisis ecológica inminente.
2.3.3. Temas centrales de la Nueva Era
La Nueva Era no es una religión propiamente dicha,
pero se interesa por lo que se denomina « divino ».
La esencia de la Nueva Era es la libre asociación de
diversas actividades, ideas y personas, a las que se podría
aplicar esta denominación. No existe, en efecto, una
sola articulación de doctrinas parecida a la de las
grandes religiones. A pesar de ello, y a pesar de la enorme
variedad que hay en la Nueva Era, existen ciertos puntos comunes:
– el cosmos se ve como un todo orgánico;
– está animado por una Energía, que también
se identifica con el Alma divina o Espíritu;
– se cree en la mediación de varias entidades
espirituales: los seres humanos son capaces de ascender a esferas
superiores invisibles y de controlar sus propias vidas más
allá de la muerte;
– se defiende la existencia de un « conocimiento
perenne » que es previo y superior a todas las religiones
y culturas;
– las personas siguen a maestros
iluminados...
2.3.4. ¿Qué dice
la Nueva Era sobre...
2.3.4.1. ...la persona humana?
La Nueva Era implica una creencia fundamental
en la perfectibilidad de la persona humana mediante una amplia
variedad de técnicas
y terapias (en contraposición con la idea cristiana
de cooperación con la gracia divina). Existe una coincidencia
de fondo con la idea de Nietzsche de que el cristianismo ha
impedido la manifestación plena de la humanidad genuina.
En este contexto, la perfección significa alcanzar la
propia realización según un orden de valores
que nosotros mismos creamos y que alcanzamos por nuestras propias
fuerzas: de ahí que podamos hablar de un yo auto-creador.
Desde esta óptica, hay más diferencia entre los
humanos tal como son ahora y como serán cuando hayan
realizado su potencial, que la que existe actualmente entre
los humanos y los antropoides.
Resulta útil distinguir entre el esoterismo, o búsqueda
de conocimiento, y la magia, u ocultismo: esta última
es un medio para obtener poder. Algunos grupos son a la vez
esotéricos y ocultistas. En el centro del ocultismo
hay una voluntad de poder basada en el sueño de volverse
divino. Las técnicas de expansión de la mente
tienen por objeto revelar a las personas su poder divino. Utilizando
ese poder, preparan el camino para la Era de la Iluminación.
Esta exaltación de la humanidad, cuya forma extrema
es el satanismo, subvierte la correcta relación entre
el Creador y la criatura. Satán se convierte en el símbolo
de una rebelión contra las convenciones y las reglas,
símbolo que con frecuencia adopta formas agresivas,
egoístas y violentas. Algunos grupos evangélicos
han manifestado su preocupación por la presencia subliminal
de lo que consideran simbolismo satánico en algunas
variedades de música rock, que ejercen una profunda
influencia en los jóvenes. En cualquier caso, dista
mucho del mensaje de paz y armonía que se encuentra
en el Nuevo Testamento y con frecuencia es una de las consecuencias
de la exaltación de la humanidad cuando implica la negación
de un Dios trascendente.
Pero no se trata solamente de algo que
afecte a los jóvenes.
Los temas básicos de la cultura esotérica también
están presentes en los ámbitos de la política,
la educación y la legislación.37 Esto se aplica
especialmente a la ecología. Su fuerte acentuación
del biocentrismo niega la visión antropológica
de la Biblia, según la cual el hombre es el centro del
mundo por ser cualitativamente superior a las demás
formas de vida natural. El ecologismo desempeña hoy
un papel destacado en la legislación y en la educación,
a pesar de que de este modo infravalora al ser humano. La misma
matriz cultural esotérica puede hallarse en la teoría
ideológica subyacente a la política de control
de la natalidad y los experimentos de ingeniería genética,
que parecen expresar el sueño humano de re-crearse a
sí mismos. Se espera lograr este sueño descifrando
el código genético, alterando las reglas naturales
de la sexualidad y desafiando los límites de la muerte.
En lo que podría llamarse un relato típico de
la Nueva Era, las personas nacen con una chispa divina, en
un sentido que recuerda el gnosticismo antiguo. Esta chispa
las vincula a la unidad del Todo, por lo que son esencialmente
divinas, si bien participan de la divinidad cósmica
según distintos niveles de conciencia. Somos co-creadores
y creamos nuestra propia realidad. Muchos autores de la Nueva
Era sostienen que somos nosotros quienes elegimos las circunstancias
de nuestra vidas (incluso nuestra propia enfermedad y nuestra
propia salud). En esta visión, cada individuo es considerado
fuente creadora del universo. Pero necesitamos hacer un viaje
para comprender plenamente dónde encajamos dentro de
la unidad del cosmos. El viaje es la psicoterapia y el reconocimiento
de la conciencia universal, la salvación. No existe
el pecado; sólo hay conocimiento imperfecto. La identidad
de cada ser humano se diluye en el ser universal y en el proceso
de sucesivas encarnaciones. Los hombres están sometidos
al influjo determinante de las estrellas, pero pueden abrirse
a la divinidad que vive en su interior, en una búsqueda
continua (mediante las técnicas apropiadas) de una armonía
cada vez mayor entre el yo y la energía cósmica
divina. No se necesita Revelación o Salvación
alguna que lleguen a las personas desde fuera de ellas mismas,
sino sencillamente experimentar la salvación escondida
en el propio interior (auto-salvación), dominando las
técnicas psicofísicas que conducen a la iluminación
definitiva.
Algunas etapas del camino hasta la auto-redención son
preparatorias (la meditación, la armonía corporal,
la liberación de energías de auto-sanación).
Son el punto de partida para procesos de espiritualización,
perfección e iluminación que ayudan a las personas
a adquirir mayor autocontrol y una concentración psíquica
en la « transformación » del yo individual
en « conciencia cósmica ». El destino de
la persona humana es una serie de encarnaciones sucesivas del
alma en cuerpos distintos. Esto se entiende no como el ciclo
de samsara, en el sentido de purificación como castigo,
sino como una ascensión gradual hacia el desarrollo
perfecto del propio potencial.
La psicología se utiliza para explicar la expansión
de la mente como experiencia « mística ».
El yoga, el zen, la meditación trascendental y los ejercicios
tántricos conducen a una experiencia de plenitud del
yo o iluminación. Se cree que las « experiencias
cumbre » (volver a vivir el propio nacimiento, viajar
hasta las puertas de la muerte, el biofeedback, la danza e
incluso las drogas, cualquier cosa que pueda provocar un estado
de conciencia alterado) conducen a la unidad y a la iluminación.
Como sólo hay una Mente, algunas personas pueden ser
canales, cauces para los seres superiores. Cada parte de este único
ser universal está en contacto con todas las demás
partes. El enfoque clásico de la Nueva Era es la psicología
transpersonal, cuyos conceptos básicos son la Mente
Universal, el Yo Superior, el inconsciente colectivo y personal
y el ego individual. El Ser Superior es nuestra identidad real,
un puente entre Dios como Mente divina y la humanidad. El desarrollo
espiritual consiste en el contacto con el Ser Superior, que
supera todas las formas de dualismo entre el sujeto y el objeto,
la vida y la muerte, la psique y el soma, el yo y los aspectos
fragmentarios de ese mismo yo. Nuestra personalidad limitada
es como una sombra o un sueño creados por el yo real.
El Ser Superior contiene los recuerdos de las (re-)encarnaciones
anteriores.
2.3.4.2. ...Dios?
La Nueva Era muestra una notable preferencia
por las religiones orientales o precristianas, a las que
se considera incontaminadas
por las distorsiones judeocristianas. De aquí el gran
respeto que merecen los antiguos ritos agrícolas y los
cultos de fertilidad. « Gaia », la Madre Tierra,
se presenta como alternativa a Dios Padre, cuya imagen se ve
vinculada a una concepción patriarcal del dominio masculino
sobre la mujer. Se habla de Dios, pero no se trata de un Dios
personal. El Dios del que habla la Nueva Era no es ni personal
ni trascendente. Tampoco es el Creador que sostiene el universo,
sino una « energía impersonal », inmanente
al mundo, con el cual forma una « unidad cósmica »: « Todo
es uno ». Esta unidad es monista, panteísta o,
más exactamente, panenteísta. Dios es el « principio
vital », « el espíritu o alma del mundo »,
la suma total de la conciencia que existe en el mundo. En cierto
sentido, todo es Dios. Su presencia es clarísima en
los aspectos espirituales de la realidad, de modo que cada
menteespíritu es, en cierto sentido, Dios.
La « energía divina », cuando es recibida
conscientemente por los seres humanos, suele describirse como « energía
crística ». También se habla de Cristo,
pero con ello no se alude a Jesús de Nazaret. « Cristo » es
un título aplicado a alguien que ha llegado a un estado
de conciencia donde el individuo se percibe como divino y puede,
por tanto, pretender ser « Maestro universal ».
Jesús de Nazaret no fue el Cristo, sino sencillamente
una de las muchas figuras históricas en las que se reveló esa
naturaleza « crística », al igual que Buda
y otros. Cada realización histórica del Cristo
muestra claramente que todos los seres humanos son celestes
y divinos y los conduce hacia esa realización.
El nivel más íntimo y personal (« psíquico »)
en el que los seres humanos « oyen » esta « energía
cósmica divina » se llama también « Espíritu
Santo ».
2.3.4.3. ...el mundo?
El paso del modelo mecanicista de la
física clásica
al « holístico » de la moderna física
atómica y subatómica, basado en la concepción
de la materia como ondas o quantos de energía en lugar
de partículas, es central para el pensamiento de la
Nueva Era. El universo es un océano de energía
que constituye un todo único o entramado de vínculos.
La energía que anima al organismo único del universo
es el « espíritu ». No hay alteridad entre
Dios y el mundo. El mundo mismo es divino y está sometido
a un proceso evolutivo que lleva de la materia inerte a una « conciencia
superior y perfecta ». El mundo es increado, eterno y
autosuficiente. El futuro del mundo se basa en un dinamismo
interno, necesariamente positivo, que conduce a la unidad reconciliada
(divina) de todo cuanto existe. Dios y mundo, alma y cuerpo,
inteligencia y sentimiento, cielo y tierra son una única
e inmensa vibración de energía.
El libro de James Lovelock sobre la hipótesis Gaia
afirma que « todo el ámbito de la materia viva
de la tierra, desde las ballenas hasta los virus y desde los
robles hasta las algas, podría considerarse como una única
entidad viviente, capaz de manipular la atmósfera de
la tierra para adaptarla a sus necesidades generales y dotada
de facultades y poderes que superan con mucho los de sus partes
constitutivas ».38 Para algunos, la hipótesis
Gaia es « una extraña síntesis de individualismo
y colectivismo. Parece como si la Nueva Era, tras haber arrancado
a las personas de la política fragmentaria, estuviera
deseando arrojarlas a la gran marmita de la mente global ».
El cerebro global necesita instituciones con las cuales gobernar,
en otras palabras, un gobierno mundial. « Para afrontar
los problemas de hoy día, la Nueva Era sueña
con una aristocracia espiritual al estilo de la República
de Platón, dirigida por sociedades secretas... ».39
Acaso sea un modo exagerado de plantear la cuestión,
pero hay numerosas pruebas de que el elitismo gnóstico
y el gobierno global coinciden en muchos temas de la política
internacional.
Todo cuanto hay en el universo esta interrelacionado.
En efecto, cada parte es en sí misma una imagen de la totalidad.
El todo está en cada cosa y cada cosa en el todo. En
la « gran cadena del ser », todos los seres están íntimamente
vinculados y forman una sola familia con diferentes grados
de evolución. Toda persona humana es un holograma, una
imagen de la creación entera, en la cual cada cosa vibra
con su propia frecuencia. Cada ser humano es una neurona del
sistema nervioso central y todas las entidades individuales
se hallan en relación de complementariedad unas con
otras. En realidad, hay una complementariedad o androginia
interna en toda la creación.40
Uno de los temas recurrentes en los escritos
y en el pensamiento de la Nueva Era es el « nuevo paradigma » que ha
puesto de manifiesto la ciencia contemporánea. « La
ciencia nos ha permitido una visión de la totalidad
y de los sistemas, nos ha dado estímulo y transformación.
Estamos aprendiendo a comprender las tendencias, a reconocer
los signos iniciales de un paradigma más prometedor.
Creamos panoramas alternativos del futuro. Comunicamos los
fallos de los viejos sistemas y forzamos nuevos contextos para
resolver problemas en todas las áreas ».41 Hasta
aquí, el « cambio de paradigma » es un cambio
radical de perspectiva, pero nada más. La cuestión
es saber si pensamiento y cambio real serán proporcionados
y si puede demostrarse la eficacia que tendría una transformación
interior sobre el mundo exterior. Es obligado preguntarse,
aun sin expresar un juicio negativo, hasta qué punto
puede considerarse científico un proceso mental que
incluye afirmaciones como ésta: « La guerra es
inconcebible en una sociedad de personas autónomas que
han descubierto la interconexión de toda la humanidad,
que no temen ideas extrañas ni culturas extranjeras,
que saben que todas las revoluciones comienzan en el interior
y que no se puede imponer el propio tipo de iluminación
a nadie ».42 No es lógico deducir que, puesto
que algo es inconcebible, no podrá suceder. Este es
el tipo de razonamiento típicamente gnóstico,
en el sentido de que confiere demasiado peso al conocimiento
y a la conciencia. Y esto no significa negar el papel fundamental
y crucial del desarrollo de la conciencia en los descubrimientos
científicos y en el proceso creativo, sino sencillamente
alertar contra la posibilidad de imponer sobre la realidad
exterior lo que hasta el momento sólo está en
la mente.
2.4. « ¿Habitantes del mito o de la historia? »:43
La Nueva Era y la cultura
« En realidad, el atractivo de la Nueva Era tiene que
ver con el interés por el yo, su valor, sus capacidades
y problemas, que la cultura actual fomenta. Mientras que la
religiosidad tradicional, con su organización jerárquica
se adapta bien a la comunidad, la espiritualidad no tradicional
se adapta bien al individuo. La Nueva Era es “del” yo
en la medida en que fomenta la celebración de lo que
ha de ser y devenir; y es “para” el yo en la medida
en que, al diferenciarse de lo establecido, está en
una situación capaz de afrontar los problemas generados
por las formas de vida convencionales ».44
El rechazo a la tradición en su forma patriarcal, jerárquica,
tanto social como eclesial, conlleva la búsqueda de
una forma alternativa de sociedad, inspirada claramente en
el concepto moderno del yo. Muchos escritos de la Nueva Era
defienden que no se puede hacer nada (directamente) para cambiar
el mundo y en cambio se ha de hacer todo para cambiarse a sí mismo.
Cambiar la conciencia individual se entiende como la manera
(indirecta) de cambiar el mundo. El instrumento más
importante para el cambio social es el ejemplo individual.
El reconocimiento universal de tales ejemplos personales llevará paulatinamente
a la transformación de la mente colectiva, transformación
que será el logro más importante de nuestro tiempo.
Esto forma parte, claramente, del paradigma holístico
y constituye una nueva formulación de la clásico
problema filosófico de la unidad y la pluralidad. También
está relacionada con el planteamiento jungiano de la
correspondencia y el rechazo de la causalidad. Los individuos
son representaciones fragmentarias del holograma planetario;
mirando al propio interior, no sólo se conoce el universo,
sino que también es posible cambiarlo. Sólo que
cuanto más se mira al interior, más pequeño
se torna el escenario político. Es difícil saber
si este planteamiento puede encajar con la retórica
de la participación democrática en un nuevo orden
planetario, o si por el contrario se trata de una manera inconsciente
y sutil de privar de poder a las personas, dejándolas
a merced de la manipulación. La actual preocupación
por los problemas planetarios (los temas ecológicos,
el agotamiento de los recursos naturales, el exceso de población,
la diferencia económica entre norte y sur, el enorme
arsenal nuclear, la inestabilidad política) ¿favorecen
o impiden el compromiso con otras cuestiones políticas
y sociales igualmente acuciantes? El antiguo adagio « la
caridad bien entendida empieza por uno mismo » puede
proporcionar un sano equilibrio a la manera de abordar dichos
temas. Algunos observadores de la Nueva Era detectan un autoritarismo
siniestro detrás de la aparente indiferencia respecto
a la política. El mismo David Spangler señala
que una de las sombras de la Nueva Era es « una capitulación
sutil frente a la impotencia y la irresponsabilidad esperando
que llegue la Nueva Era en vez de ser creadores activos de
plenitud en la propia vida ».45
Sería ciertamente exagerado afirmar que el quietismo
es general en las actitudes de la Nueva Era. Con todo, una
de las principales críticas al movimiento Nueva Era
es que la búsqueda individualista de la propia realización
en el fondo puede actuar en contra de una sólida cultura
religiosa. A este propósito, conviene destacar tres
puntos:
– Cabe preguntarse si la Nueva Era posee coherencia
intelectual para proporcionar una imagen completa del mundo
a partir de una cosmovisión que pretende integrar la
naturaleza y la realidad espiritual. La Nueva Era ve el universo
occidental escindido a causa de las categorías de monoteísmo,
trascendencia, alteridad y separación. Descubre un dualismo
fundamental en divisiones como las que hay entre real e ideal,
relativo y absoluto, finito e infinito, humano y divino, sacro
y profano, pasado y presente, que remiten todas a la « conciencia
infeliz » de Hegel y son responsables de una situación
considerada trágica. La respuesta de la Nueva Era es
la unidad mediante la fusión: pretende reconciliar alma
y cuerpo, femenino y masculino, espíritu y materia,
humano y divino, tierra y cosmos, trascendente e inmanente,
religión y ciencia, las diferencias entre las religiones,
el Yin y el Yang. Ya no hay, pues, alteridad. Lo que queda,
en términos humanos, es la transpersonalidad. El mundo
de la Nueva Era no es problemático: no queda nada por
alcanzar. Pero la cuestión metafísica de la unidad
y la pluralidad sigue sin respuesta, tal vez sin plantearse
siquiera; se lamentan los efectos de la desunión y de
la división, pero la respuesta es una descripción
de cómo aparecerían las cosas en otra óptica.
– La Nueva Era importa fragmentariamente prácticas
religiosas orientales y las reinterpreta para adaptarlas a
los occidentales. Esto implica un rechazo del lenguaje del
pecado y de la salvación, sustituido con el lenguaje
moralmente neutro de la dependencia y la recuperación.
Las referencias a las influencias extraeuropeas son a veces
una mera « pseudo-orientalización » de la
cultura occidental. Además, difícilmente se trata
de un diálogo auténtico. En un ambiente donde
las influencias grecorromanas y judeocristianas resultan sospechosos,
las orientales se utilizan precisamente porque son una alternativa
a la cultura occidental. La ciencia y la medicina tradicionales
son consideradas inferiores a los enfoques holísticos,
e igual sucede con las estructuras patriarcales y particulares
en la política y en la religión. Todas estas
cosas serán obstáculos para la venida de la Era
de Acuario. Una vez más, está claro que, en realidad,
optar por las alternativas de la Nueva Era implica una ruptura
total con la tradición de origen. Habría que
preguntarse si realmente es una actitud tan madura y tan liberada
como se suele pensar.
– Las tradiciones religiosas auténticas promueven
la disciplina con el objetivo último de adquirir sabiduría,
ecuanimidad y compasión. La Nueva Era refleja el anhelo
profundo e inextinguible que hay en la sociedad de una cultura
religiosa íntegra, de una visión más general
e iluminadora de lo que los políticos suelen ofrecer.
Pero no está claro si los beneficios de una visión
basada en la permanente expansión del yo son para los
individuos o para las sociedades. Los cursos de formación
de la Nueva Era (lo que solía llamarse « Cursos
de Formación Erhard » Erhard Seminar Trainings
[EST], etc.) conjugan los valores contraculturales con la necesidad
de triunfar, la satisfacción interior con el éxito
externo. El curso de retiro « Espíritu de los
Negocios » de Findhorn transforma la experiencia del
trabajo con el fin de aumentar la productividad. Algunos adeptos
de la Nueva Era se adhieren a ella no sólo para ser
más auténticos y espontáneos, sino también
para enriquecerse (mediante la magia, etc.). « Los cursos
de formación la Nueva Era tienen también resonancias
de ideas en cierto modo más humanistas que las extendidas
en el mundo de los negocios, lo que hace que al hombre de negocios
con mentalidad empresarial le resulten más atractivos.
Las ideas tienen que ver con el lugar de trabajo, como “un
entorno de aprendizaje”, que “humaniza el trabajo”, “humaniza
al jefe”, donde “las personas son lo primero” o “se
libera el potencial”. Tal como las presentan los formadores
de la Nueva Era, es probable que atraigan a los hombres de
negocios que ya han participado en otros cursos de formación
de corte humanista (laico) y que quieren dar un paso más:
interesados en su crecimiento personal, su felicidad y su entusiasmo
y al mismo tiempo en su productividad económica ».46
Así, está claro que las personas involucradas
buscan realmente sabiduría y ecuanimidad en beneficio
propio, pero ¿en qué medida las actividades en
que participan les capacitan para trabajar por el bien común?
Aparte de la cuestión de la motivación, todos
estos fenómenos deben ser juzgados por sus frutos, y
la pregunta que hay que plantearse es si promueven el yo o
promueven la solidaridad, no sólo con las ballenas,
los árboles o personas de mentalidad similar, sino con
el conjunto de la creación: incluyendo a la humanidad
entera. Las peores consecuencias de toda filosofía del
egoísmo, tanto si es adoptada por las instituciones
como por amplios sectores sociales, son lo que el Cardenal
Joseph Ratzinger define un conjunto de « estrategias
para reducir el número de los que se sienten a comer
a la mesa de la humanidad ».47 Este es un criterio clave
con el que se debe evaluar el impacto de cualquier filosofía
o teoría. El cristianismo busca siempre medir los esfuerzos
humanos por su apertura al Creador y a las demás criaturas,
un respeto firmemente basado en el amor.
2.5. ¿Por qué ha
crecido la Nueva Era con tanta rapidez y se ha difundido
de manera
tan eficaz?
Por muchas objeciones y críticas que suscite, la Nueva
Era es un intento de llevar calor a un mundo que muchos experimentan
como desabrido y despiadado. Como reacción frente a
la modernidad, opera casi siempre en el nivel de los sentimientos,
instintos y emociones. La angustia ante un futuro apocalíptico
de inestabilidad económica, incertidumbre política
y cambios climáticos desempeña un papel importante
en la búsqueda de una relación alternativa y
decididamente optimista con el cosmos. Hay una búsqueda
de plenitud y felicidad, con frecuencia en un nivel explícitamente
espiritual. Pero es significativo que la Nueva Era haya gozado
de un éxito enorme en una era que puede caracterizarse
por la exaltación casi universal de la diversidad. La
cultura occidental ha dado un paso más allá de
la tolerancia –en el sentido de aceptar a regañadientes
o soportar la idiosincrasia de personas o grupos minoritarios– a
la erosión consciente del respeto a la normalidad. La
normalidad se presenta como un concepto con connotaciones moralistas,
vinculado necesariamente a normas absolutas. Para un número
creciente de personas, las creencias o normas absolutas indican
sólo la incapacidad de tolerar las ideas y convicciones
de los demás. En este ambiente, se han puesto de moda
los estilos de vida alternativos: ser diferente no sólo
es aceptable, sino positivamente bueno.48
Es esencial tener en cuenta que las personas
se relacionan con la Nueva Era de maneras muy distintas y
en grados diversos.
En la mayoría de los casos no se trata realmente de
una « pertenencia » a un grupo o movimiento. Tampoco
hay una conciencia muy clara de los principios sobre los que
se basa la Nueva Era. Aparentemente, la mayoría de la
gente se siente atraída por terapias o prácticas
concretas, sin conocimiento de los planteamientos de fondo
que éstas conllevan; otros no son más que consumidores
ocasionales de productos que llevan la etiqueta « Nueva
Era ». Quienes utilizan la aromatoterapia o escuchan
música New Age, por ejemplo, suelen estar interesados
por el efecto que tienen en su salud o bienestar. Tan sólo
una minoría profundiza en estos temas y trata de entender
su significado teórico (o « místico »).
Lo cual encaja perfectamente con los esquemas de las sociedades
de consumo en las que el ocio y el entretenimiento desempeñan
un papel fundamental. El « movimiento » se ha adaptado
perfectamente a las leyes del mercado y el hecho de que la
Nueva Era se haya difundido tanto se debe en parte a que resulta
una propuesta económica muy atractiva. La Nueva Era,
al menos en algunas culturas, se presenta como una etiqueta
para un producto creado, aplicando los principios de la mercadotecnia
a un fenómeno religioso.49 Siempre habrá un modo
de aprovecharse de las necesidades espirituales de la gente.
Como muchos otros elementos de la economía contemporánea,
la Nueva Era es un fenómeno global que se mantiene unido
y se alimenta gracias a la información de los medios
de comunicación de masas. Se puede discutir si fueron
los medios de comunicación quienes crearon este fenómeno
o no; lo que está claro es que la literatura popular
y las comunicaciones de masas garantizan una rápida
difusión, a escala universal, de las nociones comunes
defendidas por los « creyentes » y simpatizantes.
Sin embargo, no es posible saber si esta difusión tan
rápida de las ideas obedece al azar o bien a un proyecto
deliberado, ya que se trata de comunidades muy poco rígidas.
Al igual que sucede en las « cibercomunidades » creadas
por Internet, éste es un ámbito en el que las
relaciones entre las personas pueden ser o muy impersonales
o interpersonales sólo en un sentido muy selectivo.
La Nueva Era se ha hecho sumamente popular
como un vago conjunto de creencias, terapias y prácticas, elegidas y combinadas
con frecuencia según el propio gusto, independientemente
de las incompatibilidades o incongruencias que implique. Por
lo demás, es lo que cabe esperar de una cosmovisión
conscientemente basada en el pensamiento intuitivo del « lado
derecho del cerebro ». Precisamente por eso es tan importante
descubrir y reconocer las características fundamentales
de las ideas de la Nueva Era. Lo que ésta ofrece suele
describirse sencillamente como algo « espiritual »,
más que como perteneciente a una religión concreta.
Sin embargo, los vínculos con algunas religiones orientales
concretas son mucho más estrechos de lo que imaginan
algunos « consumidores ». Naturalmente, esto es
importante para los grupos de « oración » en
los que uno decide integrarse, pero es también un problema
real en la gestión de un número creciente de
empresas, a cuyos empleados se les exige hacer meditación
y adoptar técnicas de expansión mental como parte
de la vida laboral.50
Valdría la pena añadir aún unas breves
palabras sobre la promoción organizada de la Nueva Era
como ideología, pero se trata de un asunto sumamente
complejo. Frente a la Nueva Era, algunos grupos han reaccionado
con acusaciones generalizadas de « conspiración ».
Se les suele responder que estamos asistiendo a un cambio cultural
espontáneo cuya trayectoria está en gran parte
determinada por influjos que escapan al control humano. No
obstante, basta señalar que la Nueva Era comparte con
un buen número de grupos internacionalmente influyentes
el objetivo de sustituir o trascender las religiones particulares
para dejar espacio a una religión universal que unifique
a la humanidad. Estrechamente relacionado con esto, hay un
esfuerzo concertado por parte de muchas instituciones para
inventar una Ética Global, un esquema ético que
reflejaría la naturaleza global de la cultura, la economía
y la política contemporáneas. Aún más,
la politización de las cuestiones ecológicas
influye en todo el tema de la hipótesis Gaia o culto
de la madre tierra.
3 LA NUEVA ERA
Y LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA
3.1. La Nueva Era como espiritualidad
Los promotores de la Nueva Era la definen
como una « nueva
espiritualidad ». Parece irónico llamarla « nueva » cuando
tantas ideas están tomadas de las religiones y culturas
antiguas. Lo realmente nuevo en la Nueva Era es la búsqueda
consciente de una alternativa a la cultura occidental y a sus
raíces religiosas judeocristianas. « Espiritualidad »,
en este sentido, indica la experiencia interior de armonía
y unidad con la totalidad de la realidad, que sana los sentimientos
de imperfección y finitud de toda persona humana. Las
personas descubren su profunda conexión con la fuerza
o energía universal sagrada que constituye el núcleo
de toda vida. Cuando han llevado a cabo este descubrimiento,
pueden emprender el camino hacia la perfección que les
permitirá ordenar sus vidas y su relación con
el mundo, y ocupar su propio puesto en el proceso universal
del devenir y en la Nueva Génesis de un mundo en constante
evolución. El resultado es una mística cósmica51
basada en la toma de conciencia de un universo rebosante de
energías dinámicas. Así, la energía
cósmica, la vibración, la luz, dios, el amor –incluso
el Ser supremo– todo se refiere a la misma y única
realidad, la fuente primaria presente en todo ser.
Esta espiritualidad consta de dos elementos
distintos: uno metafísico, otro psicológico. El componente metafísico
procede de las raíces esotéricas y teosóficas
de la Nueva Era y es básicamente una forma nueva de
gnosis. El acceso a lo divino se produce por medio del conocimiento
de los misterios escondidos, en la búsqueda individual
de « lo real que hay detrás de lo que es sólo
aparente, el origen más allá del tiempo, lo trascendente
más allá de lo meramente fugaz, la tradición
primordial detrás de la tradición meramente efímera,
lo otro detrás del yo, la divinidad cósmica detrás
del individuo encarnado ». La espiritualidad esotérica « es
una investigación del Ser más allá de
la separación de los seres, una especie de nostalgia
de la unidad perdida ».52
« Puede verse aquí la matriz gnóstica
de la espiritualidad esotérica. Ésta es palpable
cuando los hijos de Acuario buscan la Unidad Transcendente
de las religiones. Tienden a escoger de las religiones históricas
sólo el núcleo esotérico, del cual pretenden
ser guardianes. En cierto modo niegan la historia y no aceptan
que la espiritualidad pueda tener sus raíces en el tiempo
o en ninguna institución. Jesús de Nazaret no
es Dios, sino una de las muchas manifestaciones del Cristo
cósmico y universal ».53
El componente psicológico de este tipo de espiritualidad
procede del encuentro entre la cultura esotérica y la
psicología (cf. 2.3.2). La Nueva Era se convierte así en
una experiencia de trasformación psico-espiritual personal,
que se contempla como algo análogo a la experiencia
religiosa, después de una crisis personal o una larga
búsqueda espiritual. Para otros procede del uso de la
meditación o de algún tipo de terapia, o de experiencias
paranormales que alteran los estados de conciencia y proporcionan
una penetración en la unidad de la realidad.54
3.2. ¿Narcisismo
espiritual?
Diversos autores ven la espiritualidad
de la Nueva Era como una especie de narcisismo espiritual
o pseudo-misticismo. Es
interesante notar que esta crítica ha sido formulada
incluso por David Spangler, un importante exponente de la Nueva
Era, que en sus últimas obras se distanció de
los aspectos más esotéricos de esta corriente
de pensamiento.
Spangler escribió que en las formas más populares
de la Nueva Era « los individuos y los grupos viven sus
propias fantasías de aventura y poder, generalmente
de forma ocultista o milenarista... La característica
principal de este nivel es la adhesión a un mundo privado
de satisfacción del ego y el consecuente alejamiento
(aunque no siempre sea evidente) del mundo. En este nivel,
la Nueva Era se ha visto poblada por seres extraños
y exóticos, maestros, adeptos, extraterrestres. Es un
lugar de poderes psíquicos y misterios ocultos, de conspiraciones
y enseñanzas escondidas ».55
En una obra posterior, David Spangler
enumera lo que considera elementos negativos o « sombras » de la Nueva Era: « alienación
del pasado en nombre del futuro; adhesión a la novedad
por la novedad...; indiscriminación y falta de discernimiento
en nombre de la totalidad y de la comunión, de donde
la incapacidad para entender o respetar el papel de los límites...;
confusión de los fenómenos psíquicos con
la sabiduría, de la “canalización” (cfr.
Glosario) con la espiritualidad, de la perspectiva de la Nueva
Era con la verdad última ».56 Pero, al cabo, Spangler
está convencido de que el narcisismo egoísta
e irracional se limita solamente a unos pocos miembros. Los
aspectos positivos que subraya son la función de la
Nueva Era como imagen del cambio y como encarnación
de lo sagrado, movimiento en el que la mayoría de las
personas son « grandes buscadores de la verdad »,
que trabajan en beneficio de la vida y del crecimiento interior.
David Toolan, un jesuita americano que
pasó varios
años en el ambiente de la Nueva Era, analiza el aspecto
comercial de muchos productos y terapias que llevan la etiqueta
Nueva Era (New Age). Observa que los seguidores de la Nueva
Era han descubierto la vida interior y se sienten fascinados
por la perspectiva de ser responsables del mundo, pero que
también se dejan vencer fácilmente por una tendencia
al individualismo y a enfocarlo todo como objeto de consumo.
En este sentido, aunque no sea cristiana, la espiritualidad
de la Nueva Era tampoco es budista, por cuanto no implica la
negación de sí mismo. El sueño de una
unión mística parece conducir, en la práctica,
a una unión meramente virtual que, al cabo, deja a las
personas aún más solas e insatisfechas.
3.3.
El Cristo cósmico
En los días primeros del cristianismo, los creyentes
en Jesucristo se vieron forzados a hacer frente a las religiones
gnósticas. No las ignoraron, sino que aceptaron el reto
positivamente y aplicaron a Cristo mismo los términos
utilizados para con las divinidades cósmicas. El ejemplo
más claro es el famoso himno a Cristo en la carta de
san Pablo a los cristianos de Colosas:
« Él [Cristo] es imagen de Dios invisible, primogénito
de toda criatura;
porque por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
É
l es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
É
l es también cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
É
l es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz » (Col 1, 15-20).
Aquellos primeros cristianos no esperaban
la llegada de ninguna edad nueva cósmica. Lo que celebraban con este himno
era que la Plenitud de todas las cosas había comenzado
en Cristo. « En realidad el tiempo se ha cumplido por
el hecho mismo de que Dios, con la encarnación, se ha
introducido en la historia del hombre. La eternidad ha entrado
en el tiempo: ¿qué « cumplimiento » es
mayor que éste? ¿Qué otro « cumplimiento » sería
posible? ».57 La creencia gnóstica en fuerzas
cósmicas y en una especie de oscuro destino elimina
la posibilidad de una relación con el Dios personal
revelado en Cristo. Para los cristianos, el verdadero Cristo
cósmico es el que está presente activamente en
los diversos miembros de su cuerpo, que es la Iglesia. No dirigen
su mirada a fuerzas cósmicas impersonales, sino al amor
afectuoso de un Dios personal. Para ellos el bio-centrismo
cósmico tiene que ser transferido a un conjunto de relaciones
sociales (en la Iglesia). Y no se encierran en un esquema cíclico
de acontecimientos cósmicos, sino que se centran en
el Jesús histórico, especialmente en su crucifixión
y en su resurrección. En la Carta a los Colosenses y
en el Nuevo Testamento hallamos una doctrina de Dios distinta
de la que está implícita en el pensamiento de
la Nueva Era: la concepción cristiana de Dios es la
de una Trinidad de Personas que ha creado la raza humana deseando
compartir la comunión de la vida trinitaria con las
personas creadas. Entendido adecuadamente, esto significa que
la auténtica espiritualidad no consiste tanto en nuestra
búsqueda de Dios, sino en que Dios nos busca a nosotros.
En los círculos de la Nueva Era se ha hecho popular
otra visión, completamente distinta, del significado
cósmico de Cristo. « El Cristo Cósmico
es el modelo divino que se conecta en la persona de Jesucristo
(pero no se limita en modo alguno a tal persona). El modelo
divino de conectividad se hizo carne y acampó entre
nosotros (Jn 1, 14)... El Cristo Cósmico es el guía
de un nuevo éxodo de la servidumbre y de las ideas pesimistas
de un universo mecanicista, newtoniano, lleno de competitividad,
ganadores y perdedores, dualismos, antropocentrismo, y del
aburrimiento que sobreviene cuando nuestro maravilloso universo
se describe como una máquina privada de misterio y misticismo.
El Cristo Cósmico es local e histórico, indudablemente íntimo
a la historia humana. El Cristo Cósmico podría
vivir en la casa de al lado o incluso en el interior más
profundo y auténtico del propio yo ».58 Aunque
posiblemente no todos los que están relacionados con
la Nueva Era estén de acuerdo con esta afirmación,
sin embargo da en el clavo y muestra con absoluta claridad
dónde estriban las diferencias entre estas dos visiones
de Cristo. Para la Nueva Era, el Cristo Cósmico aparece
como un modelo que puede repetirse en muchas personas, lugares
o épocas. Es el portador de un enorme cambio de paradigma.
Es, en definitiva, un potencial dentro de nosotros.
Según la doctrina cristiana, Jesucristo no es un simple
modelo. Es una persona divina cuya figura humano-divina revela
el misterio del amor del Padre hacia cada persona a lo largo
de la historia (Jn 3, 16). Vive en nosotros porque comparte
su vida con nosotros, pero ésta ni se nos impone ni
es automática. Todos los seres humanos están
invitados a compartir su vida, a vivir « en Cristo ».
3.4.
Mística cristiana y mística
Nueva Era
Para los cristianos, la vida espiritual
consiste en una relación
con Dios que se va haciendo cada vez más profunda con
la ayuda de la gracia, en un proceso que ilumina también
la relación con nuestros hermanos. La espiritualidad,
para la Nueva Era, significa experimentar estados de conciencia
dominados por un sentido de armonía y fusión
con el Todo. Así, « mística » no
se refiere a un encuentro con el Dios trascendente en la plenitud
del amor, sino a la experiencia provocada por un volverse sobre
sí mismo, un sentimiento exaltante de estar en comunión
con el universo, de dejar que la propia individualidad se hunda
en el gran océano del Ser.59
Esta distinción fundamental es evidente en todos los
niveles de comparación entre la mística cristiana
y la mística de la Nueva Era. El método de purificación
de la Nueva Era se basa en la conciencia del malestar o de
la alienación, que ha de ser vencido mediante la inmersión
en el Todo. Para convertirse, una persona necesita hacer uso
de técnicas que conducen a la experiencia de la iluminación.
Esto transforma la conciencia de la persona y la abre al contacto
con la divinidad, que se entiende como la esencia más
profunda de la realidad.
Las técnicas y métodos que se ofrecen en este
sistema religioso inmanentista, que carece del concepto de
Dios como persona, proceden « desde abajo ». Aunque
implican un descenso hasta las profundidades del propio corazón
o de la propia alma, constituyen una empresa esencialmente
humana por parte de la persona que busca elevarse hasta la
divinidad mediante sus esfuerzos. Con frecuencia es un « ascenso » del
nivel de conciencia hasta lo que se entiende como una percepción
liberadora del « dios interior ». No todos tienen
acceso a tales técnicas, cuyos beneficios quedan restringidos
a una « aristocracia » espiritual privilegiada.
Por el contrario, el elemento esencial
de la fe cristiana es que Dios se abaja hacia sus criaturas,
particularmente a
los más humildes, a los más débiles y
menos agraciados según los criterios del « mundo ».
Hay algunas técnicas espirituales que conviene aprender,
pero Dios es capaz de soslayarlas e incluso de prescindir de
ellas. Para un cristiano « su modo de acercarse a Dios
no se fundamenta en una técnica, en el sentido estricto
de la palabra. Eso iría en contra del espíritu
de infancia exigido por el Evangelio. La auténtica mística
cristiana nada tiene que ver con la técnica: es siempre
un don de Dios, cuyo beneficiario se siente indigno ».60
Para los cristianos, la conversión consiste en volverse
al Padre, por medio del Hijo, dóciles al poder del Espíritu
Santo. Cuanto más se avanza en la relación con
Dios –que es siempre y en todos los casos un don gratuito–,
más aguda es la necesidad de convertirse del pecado,
de la miopía espiritual y de la autocomplacencia, cosas
todas que impiden un abandono confiado de sí en Dios
y una apertura a los demás.
Todas las técnicas de meditación necesitan purificarse
de la presunción y de la ostentación. La oración
cristiana no es un ejercicio de contemplación de sí mismo,
quietud y vaciamiento de sí, sino un diálogo
de amor, que « implica una actitud de conversión,
un éxodo del yo del hombre hacia el Tú de Dios ».61
Conduce a un sometimiento cada vez más completo a la
voluntad de Dios, mediante el cual se nos invita a una solidaridad
profunda y auténtica con nuestros hermanos y hermanas.62
3.5.
El « dios interior » y la « theosis »
Este es un punto de contraste entre la
Nueva Era y el cristianismo. En la literatura New Age abunda
la convicción de que
no existe un ser divino « ahí afuera » o
que sea de alguna manera distinto del resto de la realidad.
Desde Jung en adelante, ha habido toda una corriente que profesaba
una creencia en « el dios interior ». Desde la
perspectiva de la Nueva Era, nuestro problema consiste en la
incapacidad de reconocer nuestra propia divinidad, una incapacidad
que puede superarse con ayuda de un guía y usando toda
una serie de técnicas para liberar nuestro potencial
(divino) escondido. La idea fundamental es que « Dios » se
encuentra en el fondo de nuestro interior. Somos dioses y descubrimos
el poder ilimitado que hay dentro de nosotros despojándonos
de las capas de inautenticidad.63 Cuanto más se reconoce
este potencial, más se realiza. En este sentido la Nueva
Era tiene su propia idea de la theosis: transformarnos en dioses
o, más exactamente, reconocer y aceptar que somos divinos.
Algunos dicen que estamos viviendo en « una época
en que nuestra comprensión de Dios tiene que ser interiorizada:
de un Dios omnipotente y externo a un Dios, fuerza dinámica
y creativa que se halla en el centro mismo de todo ser: Dios
como Espíritu.64
En el Prefacio al Libro V de Adversus
Haereses, san Ireneo se refiere a « Jesucristo, que, por medio de su amor
trascendente, se convirtió en lo que somos, para poder
llevarnos a ser lo que él mismo es ». Aquí la
theosis, el modo cristiano de entender la divinización,
no se realiza solamente en virtud de nuestros esfuerzos, sino
con el auxilio de la gracia de Dios, que actúa en y
por medio de nosotros. Naturalmente, esto implica una conciencia
inicial de nuestra imperfección, incluso de nuestra
condición pecadora, todo lo contrario de la exaltación
del yo. Además, se despliega como una introducción
a la vida de la Trinidad, un caso perfecto de distinción
en el corazón mismo de la unidad: sinergia y no fusión.
Todo esto acontece como resultado de un encuentro personal,
del ofrecimiento de un nuevo género de vida. La vida
en Cristo no es algo tan personal y privado que quede restringido
al ámbito de la conciencia. Ni es tampoco un nivel nuevo
de conciencia. Implica una transformación de nuestro
cuerpo y nuestra alma mediante la participación en la
vida sacramental de la Iglesia.
4 NUEVA ERA Y FE CRISTIANA FRENTE A FRENTE
Resulta difícil separar los elementos individuales
de la religiosidad de la Nueva Era, por inocentes que puedan
parecer, de la estructura general que penetra todo el mundo
conceptual del movimiento Nueva Era. La naturaleza gnóstica
de este movimiento exige que se lo juzgue en su totalidad.
Desde el punto de vista de la fe cristiana, no es posible aislar
algunos elementos de la religiosidad de la Nueva Era como aceptables
por parte de los cristianos y rechazar otros. Puesto que el
movimiento de la Nueva Era insiste tanto en la comunicación
con la naturaleza, en el conocimiento cósmico de un
bien universal –negando así los contenidos revelados
de la fe cristiana–, no puede ser considerado como algo
positivo o inocuo. En un ambiente cultural marcado por el relativismo
religioso, es necesario alertar contra los intentos de situar
la religiosidad de la Nueva Era al mismo nivel que la fe cristiana,
haciendo que la diferencia entre fe y creencia parezca relativa
y creando mayor confusión entre los desprevenidos. En
este sentido, resulta útil a exhortación de San
Pablo: « avisar a algunos que no enseñen doctrinas
extrañas, ni se dediquen a fábulas y genealogías
interminables, que son más a propósito para promover
disputas que para realizar el plan de Dios, fundado en la fe » (1
Tim 1, 3-4). Algunas prácticas llevan erróneamente
el marchamo Nueva Era, simplemente como estrategia de mercado
para venderse mejor, sin que estén realmente asociadas
a su cosmovisión. Lo cual únicamente crea mayor
confusión. Es por ello necesario identificar con precisión
los elementos que pertenecen al movimiento Nueva Era, que no
pueden ser aceptados por quienes son fieles a Cristo y a su
Iglesia.
Las siguientes preguntas pueden ser el
modo más simple
para evaluar algunos de los elementos centrales del pensamiento
y de la práctica de la Nueva Era desde una perspectiva
cristiana. El término Nueva Era se refiere a las ideas
que circulan acerca de Dios, el hombre y el mundo, las personas
con quienes pueden dialogar los cristianos en torno a temas
religiosos, el material publicitario para grupos de meditación,
terapias y demás, las declaraciones explícitas
sobre la religión, etcétera. Algunas de estas
preguntas aplicadas a personas e ideas que no lleven explícitamente
la etiqueta Nueva Era pondrían de manifiesto otros vínculos,
implícitos o inconscientes, con todo el ambiente Nueva
Era.
• ¿Dios es un ser con quien mantenemos una relación,
algo que se puede utilizar, o una fuerza que hay que dominar?
El concepto de Dios propio de la Nueva
Era es un tanto vago, mientras que el concepto cristiano
es muy claro. El Dios de
la Nueva Era es una energía impersonal, en realidad
una extensión o componente particular del cosmos; Dios
en este sentido es la fuerza vital o alma del mundo. La divinidad
se encuentra en cada ser, en una gradación que va « desde
el cristal inferior del mundo mineral hasta e incluso más
allá del mismo Dios Galáctico, del cual no podemos
decir absolutamente nada, salvo que no es un hombre, sino una
Gran Conciencia ».65 En algunos escritos « clásicos » de
la Nueva Era, está claro que los seres humanos deben
considerarse a sí mismos como dioses, lo cual se desarrolla
en unas personas más plenamente que en otras. Ya no
hay que buscar a Dios más allá del mundo, sino
en lo hondo de mi yo.66 Incluso cuando « Dios » es
algo exterior a mí, está ahí para ser
manipulado.
Esto es muy diferente de la concepción cristiana de
Dios, Creador del cielo y de la tierra y fuente de toda vida
personal. Dios es en sí mismo personal, Padre, Hijo
y Espíritu Santo, y ha creado el universo a fin de compartir
la comunión de su vida con las personas creadas. « Dios,
que “habita una luz inaccesible”, quiere comunicar
su propia vida divina a los hombres libremente creados por él,
para hacer de ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos.
Al revelarse a sí mismo, Dios quiere hacer a los hombres
capaces de responderle, de conocerle y de amarle más
allá de lo que ellos serían capaces por sus propias
fuerzas ».67Dios no se identifica con el principio vital
entendido como el « Espíritu » o « energía
básica » del cosmos, sino que es ese amor, absolutamente
diferente del mundo, que está sin embargo presente en
todo y conduce a los seres humanos a la salvación.
•¿Hay un único Jesucristo
o existen miles de Cristos?
En la literatura de la Nueva Era Cristo
es presentado con frecuencia como un sabio, un iniciado o
un avatar entre muchos,
mientras que en la tradición cristiana es el Hijo de
Dios. He aquí algunos puntos comunes de los enfoques
New Age:
– El Jesús histórico,
personal e individual, es distinto del Cristo universal,
eterno, impersonal;
– Jesús no es considerado el único
Cristo;
– La muerte de Jesús en
la Cruz, o bien se niega, o bien se reinterpreta para excluir
la idea de que pudiera
haber sufrido como Cristo;
– Los documentos extrabíblicos (como los evangelios
neo-gnósticos) son considerados fuentes auténticas
para el conocimiento de aspectos de la vida de Cristo que no
se hallan en el canon de la Escritura. Otras revelaciones en
torno a Cristo, proporcionadas por entidades, guías
espirituales y maestros venerables o incluso por las Crónicas
Akasha, son básicas para la cristología de la
Nueva Era;
– Se aplica un tipo de exégesis esotérica
a los textos bíblicos para purificar al cristianismo
de la religión formal que impide el acceso a su esencia
esotérica.68
En la tradición cristiana Jesucristo es el Jesús
de Nazaret del que hablan los Evangelios, el hijo de María
y Unigénito de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre,
revelación plena de la Verdad divina, único Salvador
del mundo: « por nuestra causa fue crucificado en tiempos
de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al
tercer día, según las Escrituras, y subió al
cielo, y está sentado a la derecha del Padre ».69
• El ser humano: ¿existe un único
ser universal o hay muchos individuos?
« El objetivo de las técnicas de la Nueva Era
es reproducir los estados místicos a voluntad, como
si fueran un asunto de material de laboratorio. El renacer,
el biofeedback, el aislamiento sensorial, los mantras, el ayuno,
la privación de sueño y la meditación
trascendental, son intentos para controlar esos estados y experimentarlos
continuamente ».70 Todas estas prácticas crean
una atmósfera de debilidad (y vulnerabilidad) psíquica.
Cuando el objeto del ejercicio consiste en reinventarnos a
nosotros mismos, se plantea realmente la pregunta acerca de
quién soy « yo ». El « Dios interior » y
la unión holística con todo el cosmos subrayan
esta pregunta. Las personalidades individuales aisladas serían
patológicas para la Nueva Era (según su particular
psicología transpersonal). Pero « el verdadero
peligro es el paradigma holístico. La Nueva Era es un
pensamiento basado sobre una unidad totalitaria y precisamente
por eso es un peligro... ».71 Con un tono más
suave: « Somos auténticos cuando nos “hacemos
cargo” de nosotros mismos, cuando nuestra opción
y nuestras reacciones fluyen espontáneamente de nuestras
necesidades más profundas, cuando nuestro comportamiento
y nuestros sentimientos manifiestos reflejan nuestra plenitud
personal ».72 El Movimiento por el Potencial Humano es
el ejemplo más claro de la convicción de que
los seres humanos son divinos, o contienen una chispa divina
dentro de sí mismos.
El enfoque cristiano procede de las enseñanzas de la
Escritura respecto a la naturaleza humana. Hombres y mujeres
han sido creados a imagen y semejanza de Dios (Gen 1, 27) y
Dios los trata con gran consideración, para sorpresa
del salmista (cf. Ps 8). La persona humana es un misterio plenamente
revelado sólo en Jesucristo (cf. GS 22), y de hecho
se hace auténtica y adecuadamente humana en su relación
con Cristo por medio del don del Espíritu.73 Esto está muy
lejos de la caricatura del antropocentrismo atribuido al Cristianismo
y rechazado por muchos autores y seguidores de la Nueva Era.
• ¿Nos salvamos a nosotros mismos o la salvación
es un don gratuito de Dios?
La clave estriba en descubrir qué o quién creemos
que nos salva. ¿Nos salvamos a nosotros mismos por nuestras
propias acciones, como suele ser el caso en las explicaciones
de la Nueva Era, o nos salva el amor de Dios? Las palabras
claves son realización de uno mismo, plenitud del yo
y auto-redención. La Nueva Era es esencialmente pelagiana
en su manera de entender la naturaleza humana.74
Para los cristianos, la salvación depende de la participación
en la pasión, muerte y resurrección de Cristo,
y de una relación personal directa con Dios, más
que de una técnica cualquiera. La condición humana,
afectada como está por el pecado original y por el pecado
personal, sólo puede ser rectificada por la acción
de Dios: el pecado es una ofensa contra Dios, y sólo
Dios puede reconciliarnos consigo. En el plan salvífico
divino, los seres humanos han sido salvados por Jesucristo,
quien, como Dios y hombre, es el único mediador de la
redención. En el cristianismo, la salvación no
es una experiencia del yo, una inmersión meditativa
e intuitiva dentro de uno mismo, sino mucho más: el
perdón del pecado, el ser levantado desde las profundas
ambivalencias del propio ser, el apaciguamiento de la naturaleza
mediante el don de la comunión con un Dios amoroso.
El camino hacia la salvación no se halla sencillamente
en una transformación autoprovocada de la conciencia,
sino en la liberación del pecado y de sus consecuencias,
que conduce a luchar contra el pecado que hay en nosotros mismos
y en la sociedad que nos rodea. Esto nos conduce necesariamente
hacia una solidaridad amorosa con nuestros hermanos necesitados.
•¿Inventamos la verdad o
la abrazamos?
La verdad para la Nueva Era tiene que
ver con buenas vibraciones, correspondencias cósmicas, armonía y éxtasis,
experiencias placenteras en general. Se trata de encontrar
la propia verdad en función del bienestar. La valoración
de la religión y de las cuestiones éticas obviamente
está relacionada con las propias sensaciones y experiencias.
En la doctrina cristiana, Jesucristo
se presenta como « el
Camino, la Verdad y la Vida » (Jn 14, 6). A sus seguidores
se les pide que abran su vida entera a él y a sus valores,
en otras palabras, a un conjunto objetivo de exigencias que
forman parte de una realidad objetiva asequible en definitiva
por todos.
•La oración y la meditación: ¿hablamos
con nosotros o con Dios?
La tendencia a confundir la psicología y la espiritualidad
aconseja recalcar que muchas de las técnicas de meditación
ahora en uso no son oración. A menudo son una buena
preparación para la oración, y nada más,
aun cuando conduzcan a un estado de placidez mental o de bienestar
corporal. Las experiencias que se obtienen son realmente intensas,
pero quedarse en ese plano es quedarse solo, sin estar todavía
en presencia del Otro. Alcanzar el silencio puede enfrentarnos
al vacío más que al silencio contemplativo del
amado. También es cierto que las técnicas para
profundizar en la propia alma son, en definitiva, una llamada
a nuestra propia capacidad de alcanzar lo divino, o incluso
a llegar a ser divinos. Si descuidan que es Dios quien va en
búsqueda del corazón humano, no son oración
cristiana. Aun cuando se considera como un vínculo con
la Energía Universal, « esta “relación” fácil
con Dios, donde la función de Dios se concibe como la
satisfacción de todas nuestras necesidades, revela el
egoísmo que hay en el corazón de la Nueva Era ».75
Las prácticas de la Nueva Era no son realmente oración,
pues suelen tratarse de introspección o de fusión
con la energía cósmica, en contraste con la doble
orientación de la oración cristiana, que comprende
la introspección pero que es, sobre todo, un encuentro
con Dios. La mística cristiana, más que un mero
esfuerzo humano, es esencialmente un diálogo que « implica
una actitud de conversión, un éxodo del yo del
hombre hacia el Tú de Dios ».76 « El cristiano,
también cuando está solo y ora en secreto, tiene
la convicción de rezar siempre en unión con Cristo,
en el Espíritu Santo, junto con todos los santos para
el bien de la Iglesia ».77
• ¿Nos sentimos tentados
a negar el pecado o aceptamos que exista tal cosa?
En la Nueva Era no existe un verdadero
concepto de pecado, sino más bien el de conocimiento imperfecto. Lo que
se necesita es iluminación, que puede alcanzarse mediante
particulares técnicas psicofísicas. A quienes
participan en actividades de la Nueva Era no les dirán
qué tienen que creer, qué tienen que hacer o
no hacer, sino: « Hay mil maneras de explorar la realidad
interior. Ve adonde te conduzcan tu inteligencia y tu intuición.
Confía en ti ».78 La autoridad se ha trasladado
de Dios al interior del yo. Para la Nueva Era, el problema
más serio es la alienación respecto a la totalidad
del cosmos, en lugar de un fracaso personal o pecado. El remedio
consiste en lograr estar cada vez más inmerso en la
totalidad del ser. En algunos escritos y prácticas de
la Nueva Era, está claro que una sola vida no basta,
por lo que tiene que haber reencarnaciones que permitan a las
personas realizar su potencial pleno.
En la perspectiva cristiana, « la realidad del pecado,
y más particularmente del pecado de los orígenes,
sólo se esclarece a la luz de la Revelación divina.
Sin el conocimiento que ésta nos da de Dios no se puede
reconocer claramente el pecado, y se siente la tentación
de explicarlo únicamente como un defecto de crecimiento,
como una debilidad psicológica, un error, la consecuencia
necesaria de una estructura social inadecuada, etc. Sólo
en el conocimiento del designio de Dios sobre el hombre se
comprende que el pecado es un abuso de la libertad que Dios
da a las personas creadas para que puedan amarle y amarse mutualmente ».79 « El
pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia
recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con
el prójimo a causa de un apego perverso a ciertos bienes.
Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad
humana... ».80 « El pecado es una ofensa a Dios...
se levanta contra el amor que Dios nos tiene y aparta de Él
nuestros corazones... El pecado es así “amor de
sí hasta el desprecio de Dios” ».81
• ¿Se nos anima a rechazar
o a aceptar el sufrimiento y la muerte?
Algunos autores de la Nueva Era ven el
sufrimiento como algo impuesto sobre el yo, como un mal karma
(ver Glosario) o, al
menos, como un fallo del dominio de nuestros propios recursos.
Otros se centran en los métodos para alcanzar el éxito
y la riqueza (e.g. Deepak Chopra, José Silva et al.).
En la Nueva Era, la reencarnación se ve con frecuencia
como un elemento necesario para el crecimiento espiritual,
una etapa de la evolución espiritual progresiva que
comenzó antes de que naciéramos y continuará después
de que muramos. En nuestra vida presente, la experiencia de
la muerte de otras personas provoca una crisis saludable.
Tanto la unidad cósmica como la reencarnación
son irreconciliables con la creencia cristiana de que la persona
humana es un ser único, que vive una sola vida de la
que es plenamente responsable: este modo de entender la persona
pone en cuestión tanto la responsabilidad personal como
la libertad. Los cristianos saben que « en la cruz de
Cristo no sólo se ha cumplido la redención mediante
el sufrimiento, sino que el mismo sufrimiento humano ha quedado
redimido. Cristo –sin culpa alguna propia– cargó sobre
sí “el mal total del pecado”. La experiencia
de este mal determinó la medida incomparable de sufrimiento
de Cristo que se convirtió en el precio de la redención...
El Redentor ha sufrido en vez del hombre y por el hombre. Todo
hombre tiene su participación en la redención.
Cada uno está llamado también a participar en
ese sufrimiento mediante el cual se ha llevado a cabo la redención.
Está llamado a participar en ese sufrimiento por medio
del cual todo sufrimiento humano ha sido también redimido.
Llevando a efecto la redención mediante el sufrimiento,
Cristo ha elevado juntamente el sufrimiento humano a nivel
de redención. Consiguientemente, todo hombre, en su
sufrimiento, puede hacerse también partícipe
del sufrimiento redentor de Cristo ».82
• ¿Hay que eludir el compromiso
social o hay que buscarlo positivamente?
Buena parte de lo que hay en la Nueva
Era es una descarada autopromoción, pero algunas figuras relevantes del movimiento
defienden que es injusto juzgar todo el movimiento por una
minoría de personas egoístas, irracionales y
narcisistas, o dejarse deslumbrar por algunas de sus prácticas
más extravagantes, que son un obstáculo para
ver en la Nueva Era una búsqueda espiritual y una espiritualidad
auténticas.83 La fusión de los individuos en
el yo cósmico, la relativización o abolición
de la diferencia y de la oposición en una armonía
cósmica es inaceptable para el cristianismo.
Donde hay verdadero amor, tiene que haber
un « otro »,
una persona, diferente. Un verdadero cristiano busca la unidad
en la capacidad y en la libertad del otro para decir « sí » o « no » al
don del amor. En el cristianismo, la unión se ve como
comunión y la unidad como comunidad.
•Nuestro futuro, ¿está en
las estrellas o hemos de ayudar a construirlo?
La Nueva Era que ahora está amaneciendo estará poblada
por seres perfectos, andróginos, que estén al
mando total de las leyes cósmicas de la naturaleza.
En este escenario, el cristianismo tiene que ser eliminado
y dejar paso a una religión global y a un nuevo orden
mundial.
Los cristianos están en un estado de vigilancia constante,
preparados para los últimos días, cuando vuelva
Cristo. La Nueva Era de los cristianos comenzó hace
dos mil años con Cristo, que no es otro que « Jesús
de Nazaret; él es la Palabra de Dios hecha hombre para
la salvación de todos ». Su Espíritu Santo
está presente y activo en los corazones de los individuos,
en « la sociedad y en la historia, en los pueblos, las
culturas y las religiones ». En realidad, « el
Espíritu del Padre, derramado abundantemente por el
Hijo, es quien todo lo anima ».84 Vivimos ya en los últimos
tiempos.
Por un lado, está claro que muchas prácticas
de la Nueva Era no plantean problemas doctrinales a quienes
las realizan; pero, al mismo tiempo, es innegable que estas
prácticas, aunque sólo sea indirectamente, comunican
una mentalidad que puede influir en el pensamiento e inspirar
una visión particular de la realidad. Ciertamente, la
Nueva Era crea su propia atmósfera y puede resultar
difícil distinguir entre cosas inocuas y cosas realmente
objetables. Sin embargo, conviene darse cuenta de que la doctrina
acerca de Cristo difundida en los círculos de la Nueva
Era se inspira en las doctrinas teosóficas de Helena
Blavatsky, la antroposofía de Rudolf Steiner y la « Escuela
Arcana » de Alice Bailey. Sus seguidores contemporáneos
no sólo promueven hoy las ideas de estos pensadores,
sino que también trabajan con los adeptos de la Nueva
Era para desarrollar una comprensión completamente nueva
de la realidad, una doctrina conocida como « la verdad
de la Nueva Era ».85
5 JESUCRISTO OFRECE EL AGUA DE LA VIDA
El único fundamento de la Iglesia es Jesucristo, el
Señor. Él está en el corazón de
toda acción cristiana y de todo mensaje cristiano. Por
eso la Iglesia regresa constantemente al encuentro de su Señor.
Los Evangelios nos narran muchos encuentros de Jesús:
desde los pastores de Belén a los dos ladrones crucificados
con él, desde los doctores que lo escuchaban en el Templo
hasta los discípulos que caminaban apesadumbrados hacia
Emaús. Pero un episodio que indica con especial claridad
lo que Él nos ofrece es el relato de su encuentro con
la samaritana junto al pozo de Jacob, en el capítulo
cuarto del evangelio de san Juan. Este encuentro ha sido descrito
incluso como « un paradigma de nuestro compromiso con
la verdad ».86 La experiencia del encuentro con un desconocido
que nos ofrece el agua de la vida es una clave para entender
la manera en que podemos y debemos entablar el diálogo
con quien no conoce a Jesús.
Uno de los elementos más atractivos del relato de Juan
(Jn 4) es la demora de la mujer en captar qué quiere
decir Jesús con eso del « agua de la vida » o
el agua « viva » (v. 11). Aun así, se siente
fascinada –no sólo por el desconocido mismo, sino
también por su mensaje–, y eso le hace escucharlo.
Después del impacto inicial, al darse cuenta de lo que
Jesús sabe de ella (« tienes razón al decir
que no tienes marido; pues has tenido cinco hombres, y el de
ahora tampoco es tu marido. En eso has dicho la verdad »,
vv. 7-18), se abre completamente a su palabra: « Señor,
veo que eres profeta » (v. 19). Comienza el diálogo
sobre la adoración a Dios: « Vosotros dais culto
a lo que desconocéis, nosotros damos culto a lo que
conocemos; pues la salvación procede de los judíos » (v.
22). Jesús tocó su corazón y la preparó para
escuchar lo que tenía que decir acerca de sí mismo
como Mesías: « Soy yo, el que habla contigo » (v.
26). La dispuso para que abriese su corazón a la verdadera
adoración en Espíritu y a la manifestación
de Jesús como Ungido de Dios.
La mujer « dejó el cántaro, se fue a la
aldea y contó a los vecinos » lo referente a aquel
hombre (v. 28). El extraordinario efecto sobre la mujer de
este encuentro con el desconocido provocó la curiosidad
de aquéllos, de modo que también ellos « acudieron
a él » (v. 30). Pronto aceptaron la verdad de
su identidad: « Ya no creemos por lo que nos has contado,
pues nosotros mismos hemos escuchado y sabemos que éste
es realmente el Salvador del mundo » (v. 42). Pasan de
oír hablar de Jesús a conocerle personalmente,
comprendiendo entonces el significado universal de su identidad.
Y todo esto porque se han implicado con la mente y con el corazón.
El hecho de que la historia tenga lugar
junto a un pozo es significativo. Jesús ofrece a la mujer « un manantial
que brota dando vida eterna » (v. 14). La delicadeza
con que Jesús trata a la mujer es un modelo de eficacia
pastoral: ayudar a los otros sincerarse sin sufrir en el doloroso
proceso de reconocimiento propio (« me ha contado todo
lo que he hecho », v. 39). Este enfoque podría
producir abundantes frutos con quienes se sienten atraídos
por el « aguador » (Acuario) y siguen buscando
sinceramente la verdad. Habría que invitarlos a escuchar
a Jesús, que no sólo ofrece agua para saciar
nuestra sed, sino además las profundidades espirituales
ocultas del « agua viva ». Es importante reconocer
la sinceridad de las personas que buscan la verdad; no se trata
de falsedad o de auto-engaño. También es importante
ser paciente, como todo buen educador sabe. Una persona poseída
por la verdad se ve repentinamente llena de una sensación
de libertad completamente nueva, especialmente frente a los
errores y temores del pasado. « Quien se esfuerza por
conocerse a sí mismo, como la mujer junto al pozo, infundirá a
los demás un deseo de conocer la verdad que puede liberarlos
también a ellos ».87
La invitación a seguir a Cristo, portador del agua
de la vida, tendrá un peso mucho mayor si quien la hace
se ha visto profundamente afectado por su propio encuentro
con Jesús, porque no se trata de alguien que se haya
limitado a oír hablar de él, sino de quien está seguro
de « que es realmente el Salvador del mundo » (v.
42). Se trata de dejar que las personas reaccionen a su manera,
a su propio ritmo, y dejar a Dios hacer el resto.
6 INDICACIONES IMPORTANTES
6.1.
Una necesidad: acompañamiento y formación
sólida
¿Cristo o Acuario?La Nueva Era casi siempre tiene que
ver con « alternativas »: una visión alternativa
de la realidad, o una manera alternativa de mejorar la propia
situación presente (magia).88 Las alternativas no ofrecen
dos posibilidades, sino únicamente la posibilidad de
escoger una cosa frente a otra. En términos religiosos,
la Nueva Era ofrece una alternativa a la herencia judeocristiana.
La Era de Acuario se concibe como la que sustituirá a
la Era de Piscis, predominantemente cristiana. Los pensadores
de la Nueva Era son plenamente conscientes de esto. Algunos
de ellos están convencidos de que es inevitable el cambio
que se avecina, mientras que otros están además
activamente comprometidos en su llegada. Quienes se preguntan
si es posible creer al mismo tiempo en Cristo y en Acuario
conviene que sepan que se hallan ante una alternativa excluyente, « aut-aut,
o esto o aquello ». « Ningún criado puede
servir a dos señores, porque aborrecerá a uno
y amará al otro; o bien se entregará a uno y
despreciará al otro » (Lc 16, 13). A los cristianos
les basta pensar en la diferencia entre los Magos de Oriente
y el rey Herodes para darse cuenta de los tremendos efectos
que conlleva la opción a favor o en contra de Cristo.
No debemos olvidar nunca que muchos de los movimientos que
han alimentado la Nueva Era son explícitamente anticristianos.
Su postura frente al cristianismo no es neutral, sino neutralizadora:
a pesar de lo que se suele decir sobre la apertura a todos
los puntos de vista religiosos, el cristianismo tradicional
no es considerado sinceramente una alternativa aceptable. De
hecho, con frecuencia queda bien claro que no « hay cabida
tolerable para el cristianismo auténtico », incluso
con argumentos que justifican un comportamiento anticristiano.89
Esta oposición, que inicialmente se limitaba a los ambientes
enrarecidos de quienes van más allá de una vinculación
superficial con la Nueva Era, ha comenzado recientemente a
penetrar en todos los niveles de la cultura « alternativa »,
que ejerce una poderosa fascinación, sobre todo en las
sofisticadas sociedades occidentales.
¿Fusión o confusión?Las tradiciones de
la Nueva Era consciente y deliberadamente difuminan las diferencias
reales: entre Creador y creación, entre humanidad y
naturaleza, entre religión y psicología, entre
realidad subjetiva y objetiva. Idealmente, la intención
es siempre superar el escándalo de la división,
pero para la teoría de la Nueva Era se trata de la fusión
sistemática de elementos que normalmente han estado
claramente diferenciados en la cultura occidental. Quizá sea
más justo llamarla « confusión ».
Decir que la Nueva Era se alimenta de la confusión no
es un mero juego de palabras. La tradición cristiana
siempre ha valorado el papel de la razón para justificar
la fe y comprender a Dios, al mundo y a la persona humana.90
La Nueva Era acierta cuando sintoniza con un estado de ánimo
que rechaza la razón fría, calculadora, inhumana.
Y si bien recuerda la necesidad de un equilibrio entre todas
nuestras facultades, ello no justifica la marginación
de una facultad que es esencial para una vida plenamente humana.
La racionalidad tiene la ventaja de la universalidad: está al
alcance de todos, gratuitamente, a diferencia del carácter
misterioso y fascinante de la religión « mística »,
esotérica o gnóstica. Todo aquello que alimenta
la confusión conceptual o el secretismo ha de ser examinado
con sumo cuidado, pues en lugar de revelar la naturaleza última
de la realidad, la esconde. Corresponde a la pérdida
de confianza en las sólidas certezas de antaño
propia de la posmodernidad, que con frecuencia lleva a refugiarse
en el irracionalismo. El gran desafío consiste en mostrar
cómo una sana colaboración entre la fe y la razón
mejora la vida humana y promueve el respeto a la creación.
Crea tu propia realidad.La convicción generalizada
en la Nueva Era de que cada uno crea su propia realidad es
atractiva pero ilusoria. Cristaliza en la teoría de
Jung, según la cual el ser humano es una vía
de acceso desde el mundo exterior a un mundo interior de infinitas
dimensiones, donde cada persona es un Abraxas que da a luz
su propio mundo o lo devora. La estrella que brilla en este
mundo interior infinito es el dios y meta del hombre. La consecuencia
más dolorosa y problemática de la aceptación
de la idea de que las personas crean su propia realidad es
la cuestión del sufrimiento y de la muerte: las personas
con graves deficiencias o enfermedades incurables se sienten
engañadas y degradadas cuando se les sugiere que son
ellas quienes han hecho caer la desgracia sobre sí mismas,
o que su incapacidad para cambiar las cosas indica una debilidad
en su manera de afrontar la vida. Todo esto dista mucho de
ser un tema puramente académico: tiene profundas implicaciones
en el enfoque pastoral de la Iglesia ante las difíciles
cuestiones existenciales que todo el mundo se plantea. Nuestras
limitaciones son parte de la vida, inherentes a la condición
de criatura. La muerte y el sufrimiento constituyen un desafío
y una oportunidad, pues la tentación de refugiarse en
una reelaboración occidentalizada de la reencarnación
es una prueba clara del temor ante la muerte y del deseo de
vivir para siempre. ¿Aprovechamos al máximo estas
oportunidades para recordar lo que Dios nos promete en la resurrección
de Jesucristo? ¿Hasta qué punto es real la fe
en la resurrección de la carne que los cristianos proclaman
cada domingo en el credo? Aquí se plantea sobre todo
la idea de la Nueva Era de que en cierto sentido también
somos dioses. Toda la cuestión depende, desde luego,
de la propia definición de realidad. Es preciso fortalecer
de manera adecuada un enfoque sólido de la epistemología
y de la psicología en todos los niveles de educación,
formación y predicación católicas. Es
importante concentrarse constantemente sobre los modos más
eficaces de hablar de la trascendencia. La dificultad fundamental
de todo el pensamiento de la Nueva Era es que esa trascendencia
es estrictamente una auto-trascendencia que debe alcanzarse
en un universo cerrado en sí mismo.
Recursos pastorales.En el capítulo 8 se ofrecen indicaciones
sobre los principales documentos de la Iglesia Católica,
en los que se puede encontrar una valoración de las
ideas de la Nueva Era. En primer lugar figura la alocución
del papa Juan Pablo II citada en el Prefacio. El papa reconoce
en esta tendencia cultural algunos aspectos positivos, tales
como la « búsqueda de un nuevo significado de
la vida, una nueva sensibilidad ecológica y el deseo
de superar una religiosidad fría y racionalista ».
Pero también llama atención de los fieles sobre
ciertos elementos ambiguos que son incompatibles con la fe
cristiana: estos movimientos « prestan poca atención
a la Revelación », « tienden a relativizar
la doctrina religiosa a favor de una cosmovisión difusa », « con
frecuencia proponen un concepto panteísta de Dios », « sustituyen
la responsabilidad personal frente a Dios por nuestras acciones
con un sentido del deber respecto al cosmos, subvirtiendo así el
verdadero concepto del pecado y de la necesidad de la redención
por medio de Cristo ».91
6.2.
Iniciativas prácticas
En primer lugar, conviene recordar una
vez más que,
dentro del vasto movimiento de la Nueva Era, no todas las personas
ni todas las cosas están vinculadas de la misma manera
a las teorías del movimiento. Igualmente, la etiqueta
misma de « Nueva era » con frecuencia se aplica
mal o se extiende a fenómenos que pueden ser clasificados
de otra manera. Incluso se ha abusado del término Nueva
Era para demonizar a ciertas personas y prácticas. Es
esencial examinar si los fenómenos vinculados a este
movimiento, aunque sea de manera tangencial, reflejan una visión
cristiana de Dios, la persona humana y el mundo o están
en conflicto con ella. La mera utilización del término « Nueva
Era » de por sí no significa nada. Lo que cuenta
es la relación de la persona, el grupo, la práctica
o el producto, con los principios del cristianismo.
• La Iglesia católica dispone de redes propias,
muy eficaces, que aún podrían utilizarse mejor.
Por ejemplo, el gran número de centros pastorales, culturales
y de espiritualidad. Además de servir a las necesidades
de la Iglesia, estos mismos podrían emplearse para abordar
de forma creativa la confusión respecto a la religiosidad
de la Nueva Era, por ejemplo, con foros de discusión
y estudio. Desgraciadamente, hay que admitir que en muchos
casos algunos centros de espiritualidad específicamente
católicos están comprometidos activamente en
la difusión de la religiosidad de la Nueva Era dentro
de la Iglesia. Es necesario corregir esta situación,
no sólo para detener la propagación de la confusión
y del error, sino también para que se conviertan en
promotores eficaces de la verdadera espiritualidad cristiana.
Los centros culturales católicos en particular no son
sólo instituciones doctrinales, sino espacios para el
diálogo sincero.92 Algunas instituciones especializadas
abordan todas estas cuestiones de modo excelente. Son recursos
valiosísimos que deberían ser compartidos generosamente
con zonas más desfavorecidas.
• No pocos grupos de la Nueva Era aprovechan cualquier
oportunidad para exponer su filosofía y sus actividades.
Convendría abordar con cuidado los encuentros con este
tipo de grupos, incluyendo siempre personas capaces tanto de
explicar la fe y la espiritualidad católicas, como de
reflexionar críticamente sobre el pensamiento y las
prácticas de la Nueva Era. Es sumamente importante comprobar
las credenciales de las personas, grupos e instituciones que
pretenden ofrecer orientación e información sobre
la Nueva Era. En algunos casos, lo que había comenzado
como una investigación imparcial acaba convirtiéndose
en una promoción activa o en una defensa de las « religiones
alternativas ». Algunas instituciones internacionales
están realizando activamente campañas de promoción
del respeto a la « diversidad religiosa » y reclaman
el carácter religioso para algunas organizaciones más
que dudosas. Esto concuerda con la visión de la Nueva
Era, de pasar a una época en que la limitación
de las religiones particulares ceda el paso a la universalidad
de una nueva religión o espiritualidad. Por el contrario,
el diálogo sincero debe respetar siempre la diversidad
desde el principio y nunca intentará desdibujar las
distinciones fundiendo en una todas las tradiciones religiosas.
• Algunos grupos locales de la Nueva Era califican sus
encuentros como « grupos de oración ». Quienes
sean invitados a dichos grupos deben buscar los signos de una
espiritualidad auténticamente cristiana y comprobar
que no haya ceremonias de iniciación de ningún
tipo. Tales grupos se aprovechan de la falta de preparación
teológica o espiritual de las personas para atraerlas
gradualmente a lo que en realidad puede ser una forma de culto
falso. Hay que educar a los cristianos respecto al verdadero
objeto y contenido de la oración –dirigida al
Padre, por medio de Jesucristo, en el Espíritu Santo–,
para juzgar rectamente la intención de un « grupo
de oración ». La oración cristiana y el
Dios de Jesucristo son fácilmente reconocibles.93 Muchas
personas están convencidas de que no hay peligro alguno
en « tomar prestados » elementos de la sabiduría
oriental. Sin embargo, el caso de la Meditación Trascendental
(MT) debería invitar a los cristianos a ser más
cautos ante la posibilidad de afiliarse sin saberlo a otra
religión (en este caso, el Hinduismo), pese a que los
promotores de la MT insistan en su neutralidad religiosa. El
aprendizaje de la meditación en sí mismo no plantea
problema alguno, pero el objeto o el contenido del ejercicio
determinan claramente si se establece una relación con
el Dios revelado por Jesucristo, o bien con alguna otra revelación,
o simplemente con las profundidades ocultas del yo.
• También hay que prestar el debido reconocimiento
a los grupos cristianos que promueven el cuidado de la tierra
como creación de Dios. El respeto a la creación
también debe abordarse creativamente en las escuelas
católicas. Con todo, gran parte de lo que proponen los
elementos más radicales del movimiento ecológico
es difícilmente conciliable con la fe católica.
El cuidado del medio ambiente, en general, es una señal
oportuna de una renovada preocupación por lo que Dios
nos ha dado, quizá incluso una señal del necesario
cuidado cristiano de la creación. La « ecología
profunda », sin embargo, se basa con frecuencia en principios
panteístas y, en ocasiones, gnósticos.94
• El comienzo del Tercer Milenio ofrece un auténtico
kairós para la evangelización. Las mentes y los
corazones están abiertos como nunca antes a recibir
información seria sobre la visión cristiana del
tiempo y de la historia de la salvación. La prioridad
no debería consistir tanto en poner de relieve las carencias
de otros enfoques, sino más bien regresar constantemente
a las fuentes de nuestra propia fe, para poder ofrecer una
presentación adecuada y sólida del mensaje cristiano.
Podemos estar orgullosos de lo que se nos ha confiado y por
eso hemos de resistir a las presiones de la cultura dominante
y no enterrar esos dones (cf. Mt 25, 24-30). Uno de los instrumentos
más útiles de que disponemos es el Catecismo
de la Iglesia Católica. Tenemos también una inmensa
herencia de caminos de santidad en las vidas de los cristianos
del pasado y del presente. Allí donde el rico simbolismo
cristiano, sus tradiciones artísticas, estéticas
y musicales es desconocido o ignorado, los cristianos han de
realizar una enorme labor en beneficio propio y, en definitiva,
de todos aquellos que buscan una experiencia o una mayor conciencia
de la presencia de Dios. El diálogo entre los cristianos
y las personas seducidas por la Nueva Era, tendrá mayores
garantías de éxito si tiene en cuenta la atracción
que ejercen el mundo de las emociones y el lenguaje simbólico.
Si nuestra tarea consiste en conocer, amar y servir a Jesucristo,
tiene una importancia capital comenzar con un buen conocimiento
de la Sagrada Escritura. Pero, sobre todo, salir al encuentro
del Señor Jesús en la oración y en los
sacramentos, que son precisamente los momentos de santificación
de nuestra vida ordinaria, y el camino más seguro para
encontrar el sentido de todo el mensaje cristiano.
• Tal vez la medida más sencilla, la más
obvia y urgente que hay que tomar, y acaso también la
más eficaz, sea aprovechar al máximo las riquezas
de la herencia espiritual cristiana. Las grandes órdenes
religiosas son depositarias de ricas tradiciones de meditación
y espiritualidad, que podrían hacerse más asequibles
mediante cursos o periodos de permanencia en sus casas, ofrecidos
a personas con auténtico espíritu de búsqueda.
Esto ya se está llevando a cabo, pero hace falta ir
más allá. Ayudar a las personas en su búsqueda
espiritual ofreciéndoles técnicas ya aprobadas
y experiencias de auténtica oración podría
abrir un diálogo que revelaría las riquezas de
la tradición cristiana y tal vez clarificaría
en ese mismo proceso muchas de las cuestiones planteadas por
la Nueva Era.
Con una imagen sugerente y directa, uno
de los mismos exponentes del movimiento de la Nueva Era ha
comparado las religiones
tradicionales con las catedrales, y la Nueva Era con una feria
mundial. El Movimiento Nueva Era es una invitación a
los cristianos para que lleven el mensaje de las catedrales
a la feria que ahora ocupa el mundo entero. Esta imagen plantea
a los cristianos un desafío positivo, pues cualquier
momento es bueno para llevar el mensaje de las catedrales a
la gente de la feria. Los cristianos, en efecto, no deben aguardar
una invitación para llevar la Buena Noticia de Jesucristo
a quienes andan buscando respuestas a sus preguntas, un alimento
espiritual que les satisfaga, el agua viva. Siguiendo la imagen
propuesta, los cristianos deben salir de la catedral, alimentados
por la palabra y los sacramentos, para llevar el Evangelio
a todos los ámbitos de la vida cotidiana. « Ite,
Missa est, Id, la misa ha terminado ». En la carta apostólica
Novo Millennio Ineunte el Padre Santo destaca el gran interés
por la espiritualidad que se descubre en el mundo de hoy día,
y cómo las demás religiones están respondiendo
a esta demanda de modo atrayente. A continuación lanza
un reto a los cristianos: « Nosotros, que tenemos la
gracia de creer en Cristo, revelador del Padre y Salvador del
mundo, debemos enseñar a qué grado de interiorización
nos puede llevar la relación con él » (n.
33). Para quienes hacen sus compras en la feria mundial de
propuestas religiosas, la llamada del cristianismo se manifestará,
en primer lugar, a través del testimonio de los miembros
de la Iglesia, de su confianza, su calma, su paciencia y su
optimismo, y de su amor concreto al prójimo. Todo ello,
fruto de una fe alimentada en la oración personal auténtica.
7
APÉNDICE
7.1. Algunas formulaciones breves de ideas de la Nueva Era
Formulación de la Nueva Era segúnWilliam
Bloom,1992, citada en Heelas,p. 225s.:
• Toda vida, –toda existencia– es la manifestación
del Espíritu, del Incognoscible, la Conciencia suprema
conocida con diferentes nombres en tantas culturas distintas.
• El propósito y la dinámica de toda existencia
es llevar el Amor, la Sabiduría, la Iluminación...a
su plena manifestación.
• Todas las religiones son expresión
de esta misma realidad interior.
• Toda vida, tal como la percibimos con los cinco sentidos
humanos o con los instrumentos científicos, no es sino
el velo externo de una realidad invisible, interior y causal.
• Igualmente, los seres humanos
son criaturas dobles con: (i) una personalidad exterior temporal,
y (ii) un ser
interior multidimensional (alma o yo superior).
• La personalidad exterior es limitada
y tiende hacia el amor.
• El propósito de la encarnación
del ser interior es atraer las vibraciones de la personalidad
exterior
hacia una resonancia de amor.
• Todas las almas encarnadas son
libres de escoger su propia senda espiritual.
• Nuestros maestros espirituales son aquellos que, liberada
su alma de la necesidad de encarnarse, expresan amor incondicional,
sabiduría e iluminación. Algunos de estos grandes
seres son bien conocidos y han inspirado las religiones del
mundo. Otros son desconocidos y operan invisiblemente.
• Toda vida, en sus diferentes formas y estados, es
energía interrelacionada, e incluye nuestras acciones,
sentimientos y pensamientos. Por tanto, colaboramos con el
Espíritu y con estas energías en la creación
de nuestra realidad.
• Aunque sostenidos por la dinámica del amor
cósmico, somos conjuntamente responsables del estado
de nuestro propio yo, de nuestro entorno y de toda vida.
• Durante este periodo de tiempo, la evolución
del planeta y de la humanidad ha alcanzado un punto en que
estamos experimentando un profundo cambio espiritual en nuestra
conciencia individual y colectiva. Por eso hablamos de una
Nueva Era. Esta nueva conciencia es resultado de una encarnación
cada vez más lograda de lo que algunos llaman energías
del amor cósmico. Esta nueva conciencia se manifiesta
en una comprensión instintiva de la sacralidad de toda
existencia y, en particular, de su interrelación.
• Esta nueva conciencia y esta nueva comprensión
de la interdependencia de toda vida son el signo de que actualmente
está gestación una nueva cultura planetaria.
Heelas cita (p. 226) la « formulación complementaria » de
Jeremy Tarcher:
1. El mundo, incluyendo la raza humana,
es expresión
de una naturaleza divina superior, más completa.
2. Oculto en el interior de cada ser
humano, existe un Yo divino superior, que es la manifestación de esta naturaleza
divina superior y más completa.
3. Esta naturaleza superior puede ser despertada y convertirse
en el centro de la vida cotidiana del individuo.
4. Este despertar es la razón
de ser de cada vida individual.
David Spangler citado en Actualité des religions n.
8, septiembre 1999, p. 43, sobre las principales características
de la visión de la Nueva Era, que es:
• holística (globalizadora, porque sólo
hay una energía-realidad)
• ecológica (la Tierra,
Gaia, es nuestra madre, cada uno de nosotros es una neurona
del sistema nervioso central
de la tierra)
• andrógina (el arco iris y el Yin Yang son símbolos
NE, que tienen que ver con la complementariedad de los contarios,
especialmente lo masculino y lo femenino)
• mística (que encuentra lo sacro en todas las
cosas, en las más ordinarias)
• planetaria (las personas deben estar, a la vez, enraizadas
en su propia cultura y abiertas a la cultura universal, buscando
amor, compasión, paz, y el establecimiento de un gobierno
mundial).
7.2. Glosario selecto
Androginia: no es hermafroditismo, es
decir, la presencia de características físicas de los dos sexos en
una persona, sino una conciencia de la presencia de los elementos
masculinos y femeninos en cada persona. Se describe como un
estado equilibrado de armonía interior del animus y
el anima. En la Nueva Era, es un estado resultante de una nueva
conciencia de este modo doble de ser y existir característico
de todo hombre y de toda mujer. Cuanto más se difunda,
más ayudará a transformar la conducta interpersonal.
Antroposofía: doctrina teosófica popularizada
originalmente por el croata Rudolf Steiner(1861-1925), que
abandonó la Sociedad Teosófica después
de ser el dirigente de su rama alemana desde 1902 hasta 1913.
Es una doctrina esotérica que tiene por objeto iniciar
a las personas en el « conocimiento objetivo » en
la esfera divino-espiritual. Steiner estaba convencido de que ésta
le había ayudado a explorar las leyes de la evolución
del cosmos y de la humanidad. Cada ser físico tiene
un ser espiritual correspondiente, y la vida terrena está influida
por las energías astrales y las esencias espirituales.
Se dice que la Crónica Akasha es una « memoria
cósmica » accesible a los iniciados.95
Canalización (v. Channeling)
Chamanismo: prácticas y creencias vinculadas a la comunicación
con los espíritus de la naturaleza y con los espíritus
de los muertos mediante la posesión ritual del chamán
(por parte de los espíritus), a los que éste
sirve de médium. El atractivo de estas prácticas
en los círculos de la Nueva Era se debe a que ponen
el acento en la armonía con las fuerzas de la naturaleza
y en la sanación. A ello se añade también
una imagen « romántica » de las religiones
indígenas y de su cercanía a la tierra y a la
naturaleza.
Channeling
(canalización): los mediums psíquicos
sostienen que actúan como canales de información
de otros yoes, normalmente entidades incorpóreas que
viven en otro plano. Pone en relación a seres tan diversos
como maestros excelsos, ángeles, dioses, entidades colectivas,
espíritus de la naturaleza y el Yo Superior.
Conciencia
planetaria: esta cosmovisión se desarrolló en
los años 1980 para promover el sentimiento de lealtad
a la comunidad humana en lugar de a las naciones, tribus u
otros grupos tradicionales. Puede considerarse heredera de
movimientos de comienzos del siglo XX que promovían
un gobierno mundial. La conciencia de la unidad de la humanidad
encaja perfectamente con la hipótesis Gaia.
Cristales: se considera que vibran con
frecuencias particulares. De aquí que sean útiles para la autotransformación.
Se utilizan en varias terapias, así como en la meditación,
visualización, el « viaje astral » o como
amuletos de la suerte. Vistos desde el exterior, no tienen
poder intrínseco, sino que son sencillamente bellos.
Cristo: en la Nueva Era, la figura histórica de Jesús
no es más que una encarnación de una idea, una
energía o un conjunto de vibraciones. Para Alice Bailey,
hace falta una gran jornada de súplica, en la que todos
los creyentes logren crear una concentración de energía
espiritual tal que se produzca una nueva encarnación
que revelará a los hombres el modo de salvarse... Para
muchos, Jesús no es más que un maestro espiritual
que, como Buda, Moisés y Mahoma, u otros, ha sido penetrado
por el Cristo cósmico. Al Cristo cósmico también
se le conoce como la energía crística presente
en cada ser y en el ser total. Los individuos necesitan ser
iniciados gradualmente en la conciencia de las características
crísticas que tienen. Cristo representa –para
la Nueva Era– el estado más elevado de perfección
del yo.96
Eneagrama: (del griego ennéa = nueve + gramma = signo)
el nombre designa un diagrama compuesto por un círculo
con nueve puntos en su circunferencia, unidos entre sí por
un triángulo y un hexágono circunscritos. Originariamente
se utilizó para la adivinación, pero recientemente
se ha popularizado como símbolo de un sistema de tipología
de la personalidad que consta de nueve tipos caracterológicos
básicos. Se hizo popular tras la publicación
del libro The Enneagram de Helen Palmer,97 pero la autora reconoce
su deuda con el médico y pensador esotérico ruso
G. I. Gurdjieff, el psicólogo chileno Claudio Naranjo,
y el autor Óscar Icazo, fundador de Arica. El origen
del eneagrama permanece envuelto en el misterio, si bien algunos
sostienen que procede de la mística sufí.
Era
de Acuario: cada era astrológica, de unos 2146
años, recibe el nombre de uno de los signos del zodiaco,
pero los « días grandes » siguen un orden
inverso, de modo que la actual Era de Piscis está a
punto de acabar y se instaurará la Era de Acuario. Cada
Era tiene sus propias energías cósmicas. La energía
de Piscis ha hecho de ella una era de guerras y conflictos.
Pero Acuario está destinada a ser una era de armonía,
justicia, paz, unidad, etc. En este sentido, la Nueva Era acepta
el carácter inevitable de la historia. Algunos ven en
la era de Aries la época de la religión judía,
en Piscis la del cristianismo y en Acuario la era de una religión
universal.
Esoterismo (del griego esotéros = lo que hay en el
interior): designa generalmente un conjunto de conocimientos
antiguos y ocultos accesible sólo a grupos de iniciados,
que se describen a sí mismos como guardianes de las
verdades ocultas a la mayoría de la humanidad. El proceso
de iniciación conduce desde un conocimiento de la realidad
meramente externo, superficial, hasta la verdad interior y,
mediante ese proceso, despierta la conciencia a un nivel más
profundo. Las personas son invitadas a emprender este « viaje
interior » para descubrir la « chispa divina » que
hay dentro de ellas. En este contexto, la salvación
coincide con el descubrimiento del yo.
Espiritismo: si bien siempre ha habido
intentos de establecer contacto con los espíritus de los muertos, se considera
que el espiritismo del siglo XIX es una de las corrientes que
desembocan en la Nueva Era. Se desarrolló en el ambiente
de las ideas de Swedenborg y Mesmer, y llegó a convertirse
en una nueva religión. Madame Blavatsky era una médium,
por lo que el espiritismo ejerció gran influjo en la
Sociedad Teosófica, aunque en este caso el acento recaía
en el contacto con entidades del pasado remoto más que
con personas que habían muerto recientemente. Allan
Kardec influyó en la difusión del espiritismo
en las religiones afro-brasileñas. En algunos nuevos
movimientos religiosos de Japón se dan también
elementos espiritistas.
Evolución: en la Nueva Era va mucho más allá de
la evolución de los seres hacia formas de vida superiores.
El modelo físico se proyecta sobre el ámbito
espiritual, de modo que una fuerza inmanente del interior de
los seres humanos los impulsa hacia formas superiores de vida
espiritual. Se dice que los seres humanos no tienen control
sobre esta fuerza, pero sus buenas o malas acciones pueden
acelerar o retrasar el proceso. Se piensa que la creación
entera, incluyendo la humanidad, avanza inexorablemente hacia
una fusión con lo divino. La reencarnación, naturalmente,
ocupa un lugar importante en esta visión de una evolución
espiritual progresiva que, según se dice, comienza antes
del nacimiento y continúa después de la muerte.98
Expansión de la conciencia: si el cosmos se concibe
como una cadena continua de ser, todos los niveles de la existencia –minerales,
vegetales, animales, humanos, seres cósmicos y divinos– son
interdependientes. Se dice que los seres humanos se hacen conscientes
de su puesto en esta visión holística de la realidad
global expandiendo su conciencia más allá de
sus límites normales. La Nueva Era ofrece una enorme
variedad de técnicas para ayudar a la gente a alcanzar
un nivel de percepción de la realidad más elevado,
una manera de superar la separación entre los sujetos
y entre los objetos en el proceso cognoscitivo, concluyendo
en una fusión total de lo que la conciencia normal,
inferior, ve como realidades separadas o distintas.
Feng-shui: forma de geomancia, en este
caso un método
oculto chino de descifrar la presencia escondida de corrientes
positivas y negativas en los edificios y otros lugares, basada
en el conocimiento de las fuerzas terráqueas y atmosféricas. « Lo
mismo que en el cuerpo humano o el cosmos, en cada lugar se
atraviesan influjos cuyo equilibrio correcto es fuente de salud
y de vida ».99
Gnosis: en sentido amplio, una forma
de conocimiento no intelectual, sino visionaria o mística, que se cree revelada y capaz
de unir al ser humano con el misterio divino. En los primeros
siglos del cristianismo, los Padres de la Iglesia lucharon
contra el gnosticismo, por cuanto se oponía a la fe.
Algunos ven un renacer de las ideas gnósticas en gran
parte del pensamiento de la Nueva Era, algunos de cuyos autores
de hecho citan el gnosticismo primitivo. Sin embargo, la acentuación
del monismo e incluso del panteísmo o panenteísmo
típica de la Nueva Era lleva a algunos a utilizar el
término neo-gnosticismo para distinguir la gnosis de
la Nueva Era del gnosticismo antiguo.
Gran Hermandad Blanca: Madame Blavatsky
afirmaba mantener contactos con los mahatmas o maestros,
seres excelsos que,
conjuntamente, constituyen la Gran Hermandad Blanca. Según
ella, eran éstos quienes dirigían la evolución
de la raza humana y orientaban la labor de la Sociedad Teosófica.
Hermetismo: prácticas y especulaciones filosóficas
y religiosas vinculadas a los escritos del Corpus Hermeticum
y a los textos alejandrinos atribuidos al mítico Hermes
Trismegistos. Cuando se conocieron por primera vez durante
el Renacimiento se pensó que revelaban doctrinas pre-cristianas,
sin embargo estudios posteriores han demostrado que datan del
primer siglo de la era cristiana. 100 El hermetismo alejandrino
es una fuente fundamental del esoterismo moderno, con el que
tienen mucho en común: el eclecticismo, la refutación
del dualismo ontológico, la afirmación del carácter
positivo y simbólico del universo, la idea de la caída
y posterior restauración de la humanidad. La especulación
hermética ha reforzado la creencia en una antigua tradición
fundamental, la llamada philosophia perennis, falsamente considerada
común a todas las tradiciones religiosas. Las formas
elevadas y rituales de la magia se desarrollaron a partir del
hermetismo renacentista.
Holismo: concepto clave del « nuevo paradigma »,
que pretende ofrecer una estructura teórica que integra
toda la cosmovisión del hombre moderno. En contraste
con la experiencia de una fragmentación creciente en
la ciencia y en la vida cotidiana, se acentúa el « holismo »,
el « totalismo », como concepto metodológico
y ontológico central. La humanidad se integra en el
universo como parte de un único organismo vivo, un entramado
armonioso de relaciones dinámicas. Diversos científicos
que tienden un puente entre la ciencia y la religión
rechazan la distinción clásica entre sujeto y
objeto, de la que se suele culpar a Descartes y a Newton. La
humanidad forma parte del entramado universal (el ecosistema,
la familia), de la naturaleza y del mundo y debe buscar la
armonía con todos los elementos de esta autoridad cuasi-transcendente.
Cuando se comprende cuál es el propio lugar en la naturaleza,
también se entiende que la « totalidad » y
la « santidad » son una misma y sola cosa. La articulación
más clara de este concepto se halla en la hipótesis « Gaia ».
101
Iniciación: en etnología religiosa es el viaje
cognitivo yo experimental, mediante el cual una persona es
admitida, individualmente o como miembro de un grupo, a través
de rituales particulares, a formar parte de una comunidad religiosa,
una sociedad secreta (p.e. la Francmasonería) o una
asociación mistérica (mágica, esotérico-oculta,
gnóstica, teosófica, etc.).
Karma: (de la raíz sánscrita Kri = acción,
obra) noción clave en el hinduismo, jainismo y budismo,
cuyo significado no ha sido siempre el mismo. En el antiguo
periodo védico se refería a la acción
ritual, especialmente el sacrificio, mediante la cual una persona
obtenía acceso a la felicidad o a la bienaventuranza
en la otra vida. Cuando aparecieron el jainismo y el budismo
(aproximadamente seis siglos antes de Cristo), Karma perdió su
sentido salvífico: el camino hacia la liberación
era el conocimiento del Atman o « yo ». En la doctrina
del samsara, se entendía como el ciclo incesante del
nacimiento y la muerte humanas (hinduismo) o del renacer (budismo).
102 En los ambientes de la Nueva Era la « ley del karma » se
concibe con frecuencia como el equivalente moral de la evolución
cósmica. El Karma no tiene ya que ver con el mal o el
sufrimiento –ilusiones que hay que experimentar como
parte de un « juego cósmico »– sino
que es la ley universal de la causa y el efecto, y forma parte
de la tendencia de un universo interrelacionado hacia el equilibrio
moral. 103
Mística: la mística de la Nueva Era consiste
en volverse hacia el interior del propio yo más que
en una comunión con Dios, que es el « totalmente
otro ». Es una fusión con el universo, la aniquilación
definitiva del individuo en la unidad del todo. La experiencia
del Yo se toma como experiencia de la divinidad, por lo que
se debe mirar hacia dentro para descubrir la auténtica
sabiduría, creatividad y fuerza.
Monismo: doctrina metafísica según la cual las
diferencias entre las cosas son ilusorias. Sólo hay
un ser universal único, del cual cada cosa y cada persona
son sólo una parte. En la medida en que el monismo de
la Nueva Era incluye la idea de que la realidad es fundamentalmente
espiritual, es una forma contemporánea del panteísmo
(que rechaza a veces explícitamente el materialismo,
en especial el marxismo). Su pretensión de resolver
todo dualismo no deja lugar a un Dios transcendente, de manera
que todo es Dios. Para el cristianismo se plantea un problema
ulterior cuando se suscita la cuestión del origen del
mal. C. G. Jung vio el mal como el « lado sombrío » de
Dios, que, en el teísmo clásico, es todo bondad.
Movimiento
del Potencial Humano: desde
sus comienzos (Esalen, California, en los años 1960), se ha convertido en una
red de grupos que promueven la liberación de la capacidad
humana innata de creatividad mediante la realización
del yo. Cada vez son más las empresas que utilizan diversas
técnicas de transformación personal en programas
de formación de dirigentes, en definitiva por puras
razones económicas. Si bien las Tecnologías Transpersonales,
el Movimiento por una Conciencia Espiritual Interior, el Desarrollo
Organizativo, y la Transformación Organizativa, se presentan
como no-religiosos, en realidad los empleados de las empresas
pueden encontrarse sometidos a una « espiritualidad » extraña
en una situación que plantea conflictos con su libertad
personal. Hay vínculos evidentes entre la espiritualidad
oriental y la psicoterapia, mientras que la psicología
jungiana y el Movimiento del Potencial Humano han ejercido
su influjo sobre el chamanismo y formas « reconstruidas » del
paganismo, como el druidismo y la wicca. En sentido amplio,
el « crecimiento personal » puede entenderse como
la forma que adopta la « salvación religiosa » en
el movimiento de la Nueva Era: se afirma que la liberación
del sufrimiento y de la debilidad humanas se alcanzará desarrollando
nuestro potencial humano, lo cual da como resultado el que
nos encontremos cada vez más en contacto con nuestra
divinidad interior. 104
Música New Age: se trata de una industria floreciente.
Este tipo de música suele promocionarse como un medio
para alcanzar la armonía consigo mismo y con el mundo.
En parte suele ser música « celta » o druídica.
Algunos compositores New Age sostienen que su música
tiene como objeto tender puentes entre lo consciente y lo inconsciente,
lo cual es especialmente cierto cuando además de melodías
hay una repetición meditativa y rítmica de estribillos
clave. Al igual que otros muchos fenómenos de la Nueva
Era, algunas de estas músicas se proponen como una introducción
a este movimiento, pero la mayoría tiene sencillamente
una finalidad comercial o artística.
Neopaganismo: término rechazado con frecuencia por
aquellos a quienes se aplica. Se refiere a una corriente que
sigue un trayecto paralelo al de la Nueva Era y con el cual
suele relacionarse. En la oleada de reacción contra
las religiones tradicionales, especialmente la herencia judeocristiana
de occidente, son muchos los que han vuelto la mirada a las
antiguas religiones indígenas, tradicionales, paganas.
Se considera que cuanto precedió al cristianismo era
más conforme al espíritu de la tierra y de la
nación, o que era una forma pura de la religión
natural, en contacto con las fuerzas de la naturaleza, a menudo
matriarcal, mágica o chamánica. Según
dicen, la humanidad será más sana si retorna
al ciclo natural de las fiestas (agrícolas) y a la afirmación
general de la vida. Algunas religiones « neopaganas » son
reconstrucciones recientes cuya verdadera relación con
las formas originales puede ser discutible, particularmente
en los casos en que están dominadas por componentes
ideológicos modernos como la ecología, el feminismo
o, en casos raros, por los mitos de pureza racial. 105
Ocultismo: el conocimiento oculto (escondido)
y las fuerzas de la mente y la naturaleza se hallan en la
base de las creencias
y prácticas vinculadas a una supuesta « filosofía
perenne » oculta, derivada, por una parte, de la magia
y la alquimia griega antigua, y de la mística judía
por otra. Se conservan ocultas mediante un código secreto
impuesto a los iniciados en los grupos y sociedades que conservan
el conocimiento y las técnicas que implican. En el siglo
XIX, el espiritismo y la Sociedad Teosófica introdujeron
nuevas formas de ocultismo que, a su vez, han influido en varias
corrientes de la Nueva Era.
Panteísmo: (en griego pan = todo y theós = Dios)
la creencia de que todo es Dios o, en ocasiones, que todo está en
dios y dios está en todo (panenteísmo). Todo
elemento del universo es divino, y la divinidad está presente
por igual en todo. En esta visión no tiene cabida Dios
como un ser distinto en el sentido del teísmo clásico.
Parapsicología: trata de cosas como la percepción
extrasensorial, la telepatía mental, la telequinesia,
la sanación psíquica y la comunicación
con espíritus mediante médiums o el channeling.
A pesar de las duras críticas de los científicos,
la parapsicología ha ido creciendo y encaja perfectamente
en la mentalidad popular de ciertos sectores de la Nueva Era,
según la cual los seres humanos tienen habilidades psíquicas
extraordinarias, aunque con frecuencia en un estadio poco desarrollado.
Pensamiento
Nuevo: movimiento religioso
del siglo XIX fundado en los Estados Unidos de América. Tuvo su origen en
el idealismo, del cual era una forma popularizada. Se decía
que Dios era completamente bueno y el mal una mera ilusión;
la realidad básica era la mente. Puesto que es la mente
la que causa los acontecimientos de la propia vida, el individuo
debe asumir la responsabilidad última sobre cada uno
de los aspectos de su situación.
Pensamiento
Positivo: convicción de que las personas
pueden cambiar la realidad física o las circunstancias
externas alterando su actitud mental, pensando de manera positiva
y constructiva. A veces es un modo de percibir conscientemente
creencias inconscientes que determinan nuestra situación
vital. A los adeptos del Pensamiento Positivo se les promete
salud, integridad e incluso inmortalidad.
Psicología profunda: la escuela de psicología
fundada por C. G. Jung, antiguo discípulo de Freud.
Jung reconocía que la religión y los temas espirituales
eran importantes para la integridad y la salud. La interpretación
de los sueños y el análisis de los arquetipos
fueron elementos clave de su método. Los arquetipos
son formas que pertenecen a la estructura heredada de la psique
humana. Aparecen en los temas o imágenes recurrentes
de los sueños, fantasías, mitos y cuentos de
hadas.
Rebirthing: (v. Renacer)
Reencarnación: en el contexto de la Nueva Era, la reencarnación
está vinculada al concepto de la evolución ascendente
hasta convertirse en un ser divino. A diferencia de religiones
de la India, o derivadas de ellas, la Nueva Era concibe la
reencarnación como el progreso del alma individual hacia
un estado más perfecto. Lo que se reencarna es esencialmente
algo inmaterial o espiritual; más exactamente, es la
conciencia, la chispa de energía que en la persona comparte
la energía cósmica o « crística ».
La muerte no es sino el paso del alma de un cuerpo a otro.
Renacer: a comienzos de los años 1970, Leonard Orr
describió el renacer (rebirthing) como un proceso mediante
el cual a una persona puede identificar y aislar áreas
de su conciencia sin resolver y que son origen de sus problemas
actuales.
Rosacruces: son grupos ocultos occidentales
relacionados con la alquimia, la astrología, la teosofía y las
interpretaciones cabalísticas de la Sagrada Escritura.
La Fraternidad Rosacruciana contribuyó al renacimiento
de la astrología en el siglo XX, mientras que la Antigua
y Mística Orden de la Rosae Crucis (AMORC) vinculó el éxito
con una supuesta capacidad para materializar las imágenes
mentales de salud, riqueza y felicidad.
Teosofía: término antiguo, que se refería
originalmente a una especie de mística. Se la ha relacionado
con los gnósticos y los neoplatónicos griegos,
con el Maestro Eckhart, Nicolás de Cusa y Jacob Boehme.
La Sociedad Teosófica, fundada por Helena Petrovna Blavatsky
y otros en 1875 confirió gran importancia al término.
La mística teosófica tiende al monismo, acentúa
la unidad esencial de los componentes espirituales y materiales
del universo. Busca también las fuerzas ocultas responsables
de la interacción entre la materia y el espíritu,
de modo que la mente humana y la divina acaben por encontrarse.
Es aquí donde la teosofía ofrece la redención
mística o la iluminación.
Trascendentalismo: movimiento de escritores
y pensadores del siglo XIX de Nueva Inglaterra, que compartían un conjunto
idealista de creencias en la unidad esencial de la creación,
la bondad innata de la persona humana, y la superioridad de
la intuición frente a la lógica y la experiencia
para descubrir las verdades más profundas. La figura
principal es Ralph Waldo Emerson, que se apartó del
cristianismo ortodoxo, y a través de los Unitarios pasó a
un nuevo misticismo natural que integraba conceptos del hinduismo
con otros de carácter popular americano, tales como
el individualismo, la responsabilidad personal y la necesidad
de triunfar.
Wicca: antiguo término inglés para designar
a las brujas, aplicado a un resurgir neopagano de algunos elementos
de la magia ritual. Acuñado en 1939 por Gerhard Gardner
en Inglaterra: se basaba en algunos textos eruditos, según
los cuales la brujería europea medieval era una antigua
religión natural perseguida por los cristianos. Con
el nombre « the Craft », se extendió rápidamente
en Estados Unidos durante los años 1960, donde se vinculó con
la « espiritualidad de las mujeres».
7.3. Lugares clave de la Nueva Era
Esalen: comunidad fundada en Big Sur,
California, en 1962, por Michael Murphy y Richard Price,
cuyo objetivo fundamental
era llegar a la auto-realización del ser mediante el
nudismo, las visiones y la « medicina suave ».
Se ha convertido en uno de los centros más importantes
del Movimiento del Potencial Humano, y ha difundido sus ideas
respecto a la medicina holística en el mundo de la educación,
la política y la economía. Lleva a cabo esta
tarea mediante cursos sobre religión comparada, mitología,
misticismo, meditación, psicoterapia, expansión
de la conciencia, etc. Junto con Findhorn, se le considera
el punto clave del crecimiento de la conciencia de Acuario.
El Instituto Soviético-Americano de Esalen cooperó con
funcionarios soviéticos en el Proyecto de promoción
de la Salud.
Findhorn: esta comunidad agrícola holística
iniciada por Peter y Eileen Caddy logró el crecimiento
de plantas enormes mediante métodos no convencionales.
La fundación de la comunidad Findhorn en Escocia en
1965 constituyó un importante hito en el movimiento
que lleva la etiqueta de Nueva Era. De hecho « se consideró que
Findhorn encarnaba sus principales ideas de transformación ».
La búsqueda de una conciencia universal, el ideal de
la armonía con la naturaleza, la visión de un
mundo transformado, y la práctica del channeling, todo
lo cual son elementos clave del Movimiento de la Nueva Era,
se hallaron presentes en Findhorn desde su fundación.
El éxito de esta comunidad la llevó a convertirse
en modelo e inspiración de otros grupos, tales como
las Alternativas de Londres, Esalen en Big Sur, California,
y el Centro Abierto y el Instituto Omega de Nueva York ».
106
Monte
Verità: comunidad utópica cerca de Ascona,
Suiza. Desde finales del siglo XIX fue punto de encuentro de
los exponentes europeos y americanos de la contracultura en ámbitos
tales como la política, la psicología y la ecología.
Las conferencias Eranos se vienen celebrando allí todos
los años desde 1933, reuniendo a grandes luminarias
de la Nueva Era. Sus anuarios manifiestan claramente la intención
de crear una religión mundial integrada. 107 Resulta
fascinante ver la lista de quienes se han reunido en Monte
Verità a lo largo de los años.
8 RECURSOS
8.1.
Documentos del Magisterio de la Iglesia Católica
Juan Pablo II, Alocución a los Obispos Norteamericanos
de Kansas, Missouri y Nebraska en su visita “ad limina”,
28 de mayo de 1993.
Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los
Obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos
de la meditación cristiana (Orationis Formas), Ciudad
del Vaticano (Libreria Editrice Vaticana) 1989.
Comisión Teológica Internacional, Algunas cuestiones
actuales de escatología,1992, n. 9-10 (sobre la reincarnación).
Comisión Teológica Internacional, Algunas cuestiones
sobre la teología de la Redención,1995, I29 y
II35-36.
Comité para la Cultura de la Conferencia Episcopal
Argentina, Frente a una Nueva Era. Desafío a la pastoral
en el horizonte de la Nueva Evangelización,1993.
Comisión Teológica Irlandesa, A New Age of the
Spirit? A Catholic Response to the New Age Phenomenon, Dublín
1994.
Godfried Danneels, Au-delà de la mort: réincarnation
et resurrection, Carta Pastoral, Pascua de 1991.
Godfried Danneels, Le Christ ou le Verseau? Carta Pastoral,
Navidad 1990.
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Age », en Religioni e Sette nel Mondo 1996/2.
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fede cristiana, Turín
(LDC) 1994.
Edward Anthony McCarthy, The New Age
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Pastoral, 1992.
Paul Poupard, Felicità e fede
cristiana, Casale Monferrato (Ed. Piemme) 1992.
Joseph Ratzinger, Situación actual de la fe y la teología,
Guadalajara, mayo de 1996, en L'Osservatore Romano (edición
española) 1 de noviembre de 1996.
Norberto Rivera Carrera, Instrucción
Pastoral sobre el New Age, 7 de enero de 1996.
Christoph von Schönborn, Risurrezione
e reincarnazione, Casale Monferrato (Piemme) 1990.
J. Francis Stafford,Il movimento « New Age »,
en L'Osservatore Romano (edición italiana), 30 de octubre
de 1992.
Grupo de Trabajo sobre Nuevos Movimientos
Religiosos, Ciudad del Vaticano (ed.), Sectas y Nuevos Movimientos
Religiosos.
Antología de documentos de la Iglesia Católica,
Santafé de Bogotá (CELAM) 1996.
8.2. Estudios cristianos
Michel Anglarès, Nouvel Age et Foi Chrétienne,
Paris (Centurion) 1992. Trad. esp. Nueva Era y fe cristiana,
Madrid 1994.
Raúl Berzosa Martínez, Nueva Era y Cristianismo.
Entre el diálogo y la ruptura, Madrid (BAC) 1995.
André Fortin, Les Galeries du Nouvel Age: un chrétien
s'y promène, Ottawa (Novalis) 1993.
Grupo de Trabajo Ecuménico « Neue Religiöse
Bewegungen in der Schweiz », New Age – aus christlicher
Sicht, Freiburg (Paulusverlag) 1987.
Claude Labrecque, Une religion américaine. Pistes de
discernement chrétien sur les courants populaires du “Nouvel
Age”, Montréal (Médiaspaul) 1994.
The Methodist Faith and Order Committee, The New Age Movement
Report to Conference 1994.
Aidan Nichols, « The New Age Movement »,
en The Month, March 1992, pp. 84-89.
Alessandro Olivieri Pennesi, Il Cristo del New Age. Indagine
critica, Ciudad del Vaticano (Libreria Editrice Vaticana) 1999.
Mitch Pacwas.j., Catholics and the New Age. How Good People
are being drawn into Jungian Psychology, the Enneagram and
the New Age of Aquarius, Ann Arbor MI (Servant) 1992.
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für die Christen, Mainz (Matthias-Grünewald-Verlag)
1987. Trad. esp.: La nueva religiosidad, Madrid 1990.
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Esoterik, Zürich (Theologie für Laien) 1996.
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Journey into New Age Consciousness, New York (Crossroad) 1987.
Juan Carlos Urrea Viera, « New Age ». Visión
Histórico-Doctrinal y Principales Desafíos, Santafé de
Bogotá (CELAM) 1996.
Jean Vernette, « L'avventura spirituale dei figli dell'Acquario »,
en Religioni e Sette nel Mondo 19962.
Jean Vernette, Jésus dans la nouvelle religiosité,
Paris (Desclée) 1987.
Jean Vernette, Le New Age, Paris (P.U.F.) 1992.
9
BIBLIOGRAFÍA GENERAL
9.1. Algunos libros de la Nueva Era
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London (Rider) 1991.
Fritjof Capra, The Tao of Physics: An Exploration of the Parallels
between Modern Physics and Eastern Mysticism, Berkeley (Shambhala)
1975.
Fritjof Capra, The Turning Point: Science, Society and the
Rising Culture, Toronto (Bantam) 1983.
Benjamin Creme, The Reappearance of Christ and the Masters
of Wisdom, London (Tara Press) 1979.
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Personal and Social Transformation in Our Time, Los Angeles
(Tarcher) 1980. Trad.
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y sociales en este fin de siglo, Barcelona (Kairós)
1985.
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Teachings of the Light Institute, New York (Simon & Schuster)
1987.
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científicas,
México (FCE) .
David Spangler, The New Age Vision, Forres (Findhorn Publications)
1980.
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(Rainbow Bridge) 1976.
David Spangler, Towards a Planetary Vision, Forres (Findhorn
Publications) 1977.
David Spangler, The New Age, Issaquah (The Morningtown Press)
1988.
David Spangler, The Rebirth of the Sacred, London (Gateway
Books) 1988. Trad. esp. Emergencia. El renacimiento de lo sagrado,
Barcelona 1991.
9.2.
Obras históricas, descriptivas y analíticas
Christoph Bochinger, « New Age » und moderne Religion:
Religionswissenschaftliche Untersuchungen, Gütersloh (Kaiser)
1994.
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1993. Trad. Esp.: Diccionario de la Nueva Era, Estella (Verbo
Divino) 1994.
Hans Gasper, Joachim Müllerand Friederike Valentin, Lexikon
der Sekten, Sondergruppen und Weltanschauungen. Fakten, Hintergründe,
Klärungen, edición actualizada, Freiburg-Basel-Vienna
(Herder) 2000. Véase, entre otros, los artículos « New
Age » por Christoph Schorsch,Karl R. Essmanny Medard
Kehl,y « Reinkarnation » por Reinhard Hümmel.
Manuel Guerra Gomez, Diccionario enciclopédico de las
Sectas, s.v. « Nueva Era », Madrid 1998, 617-632.
Manabu Hagay Robert J. Kisala(ed.), « The New Age in
Japan », en Japanese Journal of Religious Studies, Otoño
1995, vol. 22, n. 3 y 4.
Wouter Hanegraaff, New Age Religion and
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York-Köln (Brill)
1996. Contiene abundante bibliografía.
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by New Religious Movements, Hong Kong (Good Tiding) 1992.
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zur Innenwelt. Spirituelle Impulse aus New Age und Esoterik
in kritischer Beleuchtung,
Stuttgart (Quell Verlag) 1988.
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mente: teorias alternativas », en A Igreja Católica
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(1992) Stanford CA.
Notas
(1) Paul Heelas, The New Age Movement. The Celebration of
the Self and the Sacralization of Modernity. Oxford (Blackwell)
1966, p. 137.
(2) Cf. P. Heelas, op. cit., p. 164s.
(3) Cf. P. Heelas, op. cit., p. 173.
(4) Cf. Juan PabloII, Carta Encíclica
Dominum et vivificantem (18 de mayo de 1986), 53.
(5) Cf. Gilbert Markuso.p., « Celtic Schmeltic » (1),
en Spirituality, vol. 4, noviembre-diciembre de 1998, no 21,
pp. 379-383; y (2) en Spirituality, vol. 5, enero-febrero de
1999, n. 22, pp. 57-61.
(6) Juan PabloII, Cruzando el umbral
de la esperanza, Barcelona (Plaza & Janés) 1994,
pp. 103-104.
(7) Cf. especialmente Massimo Introvigne,
New Age & Next
Age, Casale Monferrato (Piemme) 2000.
(8) M. Introvigne, op. cit., p. 267.
(9) Cf. Michel Lacroix, L'Ideologia della
New Age, Milano (il Saggiatore) 1998, p. 86. La palabra « secta » se
usa aquí no en sentido peyorativo, sino más bien
para denotar un fenómeno sociológico.
(10) Cf. Wouter J. Hanegraaff, New Age
Religion and Western Culture. Esotericism in the Mirror of
Secular Thought, Leiden-New
York-Köln (Brill) 1996, p. 377 et passim.
(11) Cf. Rodney Starkand William Sims Brainbridge, The Future
of Religion. Secularisation, Revival and Cult Formation, Berkeley
(University of California Press) 1985.
(12) Cf. M. Lacroix, op. cit., p. 8.
(13) El curso suizo « Theologie für Laien » titulado
Faszination Esoterik lo plantea con claridad. Cf. « Kursmappe
1 – New Age und Esoterik », texto acompañado
de diapositivas, p. 9.
(14) El término ya aparece en el título de The
New Age Magazine,publicado por el Antiguo Rito Masónico
Escocés Aceptado en la jurisdicción meridional
de los Estados Unidos de América, remontándose
a 1900. Cf. M. York,« The New Age Movement in Great Britain »,
en Syzygy. Journal of Alternative Religion and Culture, 1:2-3
(1992), Stanford CA, p. 156, nota 6. La datación exacta
y la naturaleza del cambio a la Nueva Era son interpretadas
de maneras distintas según los diferentes autores. Las
estimaciones para tal fecha oscilan entre 1967 y 2376.
(15) A finales de 1977, Marilyn Fergusonenvió un cuestionario
a 210 « personas comprometidas en la transformación
social », a los que también llama « Conspiradores
de Acuario ». Es interesante lo que sigue: « Cuando
se pedía a los encuestados que dieran el nombre de los
individuos cuyas ideas les habían influido, bien a través
del contacto personal, bien por medio de sus escritos, los
más nombrados, por orden de frecuencia, fueron: Pierre
Teilhard de Chardin, C. G. Jung, Abraham Maslow, Carl Rogers,
Aldous Huxley, Roberto Assagioli y J. Krishnamurti. También
aparecen mencionados frecuentemente: Paul Tillich, Hermann
Hesse, Alfred North Whitehead, Martin Buber, Ruth Benedict,
Margaret Mead, Gregory Bateson, Tarthang Tulku, Alan Watts,
Sri Aurobindo, Swami Muktananda, D. T. Suzuki, Thomas Merton,
Willis Harman, Kenneth Boulding, Elise Boulding, Erich Fromm,
Marshall McLuhan, Buckminster Fuller, Frederic Spiegelberg,
Alfred Korzybski, Heinz von Foerster, John Lilly, Werner Erhard,
Oscar Ichazo, Maharishi Mahesh Yoghi, Joseph Chilion Pearce,
Karl Pribram, Gardner Murphy, y Albert Einstein »: The
Aquarian Conspiracy. Personal and Social Transformation in
Our Time, Los Angeles, (Tarcher) 1980, p. 50 (nota 1) y p.
434. (Trad. esp. La conspiración de Acuario. Transformaciones
personales y sociales en este fin de siglo, Barcelona [Kairós]
1985).
(16) W.J. Hanegraaff , op. cit., p. 520.
(17) Comisión Teológica Irlandesa, A New Age
of Spirit? A Catholic Response to the New Age Phenomenon, Dublín
1994, capítulo 3.
(18) Cf. La estructura de las revoluciones
científicas,
México, FCE, 1995.
(19) Cf. Alessandro Olivieri Pennesi,
Il Cristo del New Age. Indagine critica, Ciudad del Vaticano
(Librería Editrice
Vaticana) 1999, passim, pero especialmente las pp. 11-34. Véase
también la sección 4 más abajo.
(20) Merece la pena recordar la letra
de esta canción,
que se grabó inmediatamente en las mentes de toda una
generación, tanto en Norteamérica como en Europa
occidental: « When the Moon is in the Seventh House,
and Jupiter aligns with Mars, then Peace will guide the Planets,
and Love will steer the Stars. This is the dawning of the Age
of Aquarius... Harmony and understanding, sympathy and trust
abounding; No more falsehoods or derision –golden living,
dreams of visions, mystic crystal revelation, and the mind's
true liberation. Aquarius... ».
(« Cuando la Luna esté en la Séptima Casa,
y Júpiter se alinee con Marte, entonces la Paz guiará a
los Planetas, y el Amor conducirá a las Estrellas. Es
el amanecer de la Era de Acuario... Abundarán la armonía
y la comprensión, la simpatía y la confianza,
no habrá más engaños ni más burlas:
una vida dorada, sueños de visiones, una revelación
mística cristalina, y la auténtica liberación
de la mente. Acuario... »).
(21) Paul Heelas, op. cit., p. 1 y s.
La publicación
de agosto de 1978 de la Coalición Cristiana de Berkeley
lo expresa de este modo: « Hace exactamente diez años
la espiritualidad “funky” a base de drogas de los
hippies y la mística de los yogis occidentales se limitaban
a la contracultura. Hoy día, ambas se han abierto camino
en la corriente fundamental de nuestra mentalidad cultural.
La ciencia, las profesiones de la salud, las artes, por no
mencionar la psicología y la religión, están
todas comprometidas en una reconstrucción fundamental
de sus premisas básicas ». Citado en Marilyn Ferguson,
The Aquarian Conspiracy. Personal and Social Transformation
in Our Time, Los Angeles (Tarchner) 1980, p. 370 y ss.
(22) Cf. Chris Griscom, Ecstasy is a
New Frequency: Teachings of the Light Institute, New York,
(Simon & Schuster) 1987,
p. 82.
(23) Véase el Glosario de términos, § 7.2
Glosario selecto.
(24) Cf. W.J. Hanegraaff, op. cit. capítulo 15 (« The
Mirror of Secular Thought »). El sistema de correspondencias
está heredado claramente del esoterismo tradicional,
pero tiene un significado nuevo para quienes siguen (conscientemente
o no) a Swedenborg. Mientras que para la doctrina esotérica
tradicional cada elemento natural poseía en su interior
la vida divina, para Swedenborg la naturaleza es un reflejo
muerto del mundo espiritual vivo. Esta idea está muy
metida en el corazón de la visión posmoderna
de un mundo desencantado y en los diversos intentos por « re-encantarlo ».
Blavatsky rechazó las correspondencias y Jung relativizó fuertemente
la causalidad a favor de la cosmovisión esotérica
de las correspondencias.
(25) W.J. Hanegraaff, op. cit., pp. 54-55.
(26) Cf. Reinhard Hümmel,« Reinkarnation »,
en Hans Gasper,Joachim Müller, Friederike Valentin(eds.),
Lexikon der Sekten, Sondergruppen und Weltanschauungen. Fakten,
Hintergründe, Klärungen, Freiburg-Basel-Wien (Herder)
2000, pp. 886-893.
(27) Michael Fuss,« New Age and Europe. A Challenge
for Theology », en Mission Studies Vol. VIII-2, 16, 1991,
p. 192.
(28) Ibid., loc. cit.
(29) Ibid., p. 193.
(30) Ibid., p. 199.
(31) Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta
a los Obispos de la Iglesia católica sobre algunos aspectos
de la meditación cristiana (Orationis Formas), 1989,
14. Cf. Gaudium et Spes, 19; Fides et Ratio, 22.
(32) W.J. Hanegraaff, op. cit., p. 448s.
Los objetivos están
citados según la versión definitiva (1896); las
versiones anteriores subrayaban la irracionalidad del « fanatismo » y
la urgencia de promover una educación no sectaria. Hanegraaff
cita la descripción que hace J. Gordon Meltonde la religión
de la Nueva Era como enraizada en la tradición « oculto-metafísica » (ibid.,
p. 455).
(33) W.J. Hanegraaff, op. cit., p. 513.
(34) Thomas M. KingSJ, « Jung and Catholic Spirituality »,
en America, 3 de abril de 1999, p. 14. El autor señala
que los devotos de la Nueva Era « citan pasajes que tratan
del I Ching, la astrología y el Zen, mientras que los
católicos citan pasajes que tratan de los místicos
cristianos, la liturgia y el valor psicológico del sacramento
de la reconciliación » (p. 12). También
incluye una lista de personalidades e instituciones espirituales
claramente inspiradas y guiadas por la psicología de
Jung.
(35) Cf. W.J. Hanegraaff, op. cit., p. 501s.
(36) C. J. Jung, Wandlungen und Symbole der Libido, citado
en Hanegraaff, op. cit., p. 503.
(37) Sobre este punto, cf. Michael Schooyans,
L'Évangile
face au désordre mondial, con un prefacio del Cardenal
Joseph Ratzinger,París (Fayard) 1997.
(38) Citado en The True and the False
New Age. Introductory Ecumenical Notes, de la Comunidad Maranatha,
Manchester (Maranatha)
1933, 8.10; no se especifica la numeración original
de las páginas.
(39) Michel Lacroix, L'Ideologia della
New Age, Milán
(il Saggiatore) 1998, pp. 84ss.
(40) Cf. el apartado sobre las ideas
de David Spangleren Actualité des
religions n. 8, septembre 1999, p. 43.
(41) M. Ferguson, op.cit., p. 407.
(42) Ibid., p. 411.
(43) « Ser americano... es precisamente imaginar un
destino más que heredarlo. Siempre hemos sido habitantes
del mito más que de la historia »: Leslie Fiedler,citado
en M. Ferguson, op. cit., p. 142.
(44) Cf. P. Heelas, op. cit., p. 173s.
(45) David Spangler, The New Age, Issaquah (Morningtown Press)
1988, p. 14.
(46) P. Heelas, op. cit., p. 168.
(47) Véase el prefacio al libro de Michel Schooyans,
L'Évangile face au désordre mondial, escrito
por el Cardenal Joseph Ratzinger, París (Fayard) 1997.
La cita está traducida del italiano, Il nuovo disordine
mondiale, Cinisello Balsamo (San Paolo) 2000, p. 6.
(48) Cf. Our Creative Diversity. Report
of the World Commission on Culture and Development, París (UNESCO) 1995, que
ilustra la importancia que se confiere a la celebración
y promoción de la diversidad.
(49) Cf. Christoph Bochinger, «New Age » und moderne
Religion: Religionswissenschaftliche Untersuchungen, Güttersloh
(Kaiser) 1994, especialmente el capítulo 3.
(50) Las limitaciones de estas técnicas que, sin embargo,
no son oración se discuten más adelante, § 3.4.
Mística cristiana y mística Nueva Era.
(51) Cf. Carlo Maccari, « La ‘mistica cosmica'
del New Age » ,en Religioni e Sette nel Mondo 19962.
(52) Jean Vernette, « L'avventura spirituale dei figli
dell'Acquario », en Religioni e Sette nel Mondo 19962,
p. 42s.
(53) J. Vernette, loc. cit.
(54) Cf. J. Gordon Melton, New Age Encyclopedia, Detroit (Gale
Research) 1990, pp. xiii-xiv.
(55) David Spangler, The Rebirth of the Sacred, Londres (Gateway
Books) 1984, p. 78s.
(56) David Spangler, The New Age, Issaquah (Morningtown Press)
1988, p. 13s.
(57) Juan PabloII, Carta apostólica
Tertio Millenio Adveniente (10 de noviembre de 1994), 9.
(58) Matthew Fox, The Coming of the Cosmic
Christ. The Healing of Mother Earth and the Birth of a Global
Renaissance, San
Francisco (Harper & Row) 1988, p. 135.
(59) Cf. el documento publicado por el
Comité para
la Cultura de la Conferencia Episcopal Argentina Frente a una
Nueva Era. Desafío a la pastoral en el horizonte de
la Nueva Evangelización, 1993.
(60) Congregación para la Doctrina
de la Fe, Orationis Formas, 23.
(61) Ibid., 3. Véanse las secciones sobre la meditación
y la oración contemplativa en Catecismo de la Fe Cristiana,
2705-2719.
(62) Cf. Orationis Formas, 13.
(63) Cf. Brendan Pelphrey, «I said, You are Gods. Orthodox
Christian Theosis and Deification in the New Religious Movements» en
Spirituality East and West, Pascua 2000 (N. 13).
(64) Adrian Smith, God and the Aquarian Age. The new era of
the Kingdom, Great Wakering (Mc Crimmons) 1990, p. 49.
(65) Cf. Benjamín Creme, The Reappearance
of Christ and the Masters of Wisdom, Londres (Tara Press)
1979, p. 116.
(66) Cf. Jean Vernette, Le New Age, París, (P.U.F.)
1992 (Collection Encyclopédique Que sais-je?), p. 14.
(67) Catecismo de la Iglesia Católica,
52.
(68) Cf. Alessandro Olivieri Pennesi,Il
Cristo del New Age. Indagine Critica, Ciudad del Vaticano
(Librería Editrice
Vaticana) 1999, especialmente las páginas 13-34. La
lista de puntos comunes está en la p. 33.
(69) Credo de Nicea-Constantinopla.
(70) Michel Lacroix, L'Ideologia della
New Age, Milán
(Il Saggiatore) 1998, p. 74.
(71) Ibid., p. 68.
(72) Edwin Schur, The Awareness Trap. Self-Absorption instead
of Social Change, Nueva York (McGraw Hill) 1977, p. 68.
(73) Cf. Catecismo de la Iglesia Católica,
355-383.
(74) Cf. Paul Heelas, The New Age Movement. The Celebration
of the Self and the Sacralization of Modernity, Oxford (Blackwell)
1996, p. 161.
(75) A Catholic Response to the New Age
Phenomenon, Comisión
Teológica Irlandesa 1994, capítulo 3.
(76) Congregación para la Doctrina
de la Fe, Orationis Formas, 3.
(77) Ibid., 7.
(78) William Bloom, The New Age. An Anthology of Essential
Writings, Londres (Rider) 1991, p. xvi.
(79) Catecismo de la Iglesia Católica,
387.
(80) Ibid., 1849.
(81) Ibid., 1850.
(82) Juan PabloII, Carta Apostólica
Salvifici doloris sobre el sufrimiento humano (11 de febrero
de 1984), 19.
(83) Cf. David Spangler, The New Age, op. cit., p. 28.
(84) Cf. Juan PabloII, Carta Encíclica Redemptoris
Missio (7 de diciembre de 1990) 6, 28, y la Declaración
de la Congregación para la Doctrina de la Fe Dominus
Jesus (6 de agosto de 2000), 12.
(85) Cf. R. Rhodes, The Counterfeit Christ of the New Age
Movement, Grand Rapids (Baker) 1990, p. 129.
(86) Helen Bergino.p., «Living One's Truth»,
en The Furrow, Enero 2000, p. 12.
(87) Ibid., p. 15.
(88) Cf. Paul Heelas, op. cit., p. 138.
(89) Elliot Miller, A Crash Course in
the New Age. Eastbourne (Monarch) 1989, p. 122. Para una
documentación sobre
la postura vehementemente anticristiana del espiritismo, cf.
R. Laurence Moore, « Spiritualism », en Edwin S.
Gaustad(ed.), The Rise of Adventism: Religion and Society in
Mid-Nineteenth-Century America, Nueva York 1974, pp. 79-103,
y también R. Laurence Moore, In Search of White Crows:
Spiritualism, Parapsychology, and American Culture, Nueva York
(Oxford University Press) 1977.
(90) Cf. Juan PabloII, Carta encíclica
Fides et Ratio (14 de septiembre de 1998), 36-48.
(91) Cf. Juan PabloII, Alocución a los Obispos Norteamericanos
de Iowa, Kansas, Missouri y Nebraska en su visita «ad
limina», 28 de mayo de 1993.
(92) Cf. Juan PabloII, Exhortación Apostólica
Post-Sinodal Ecclesia in Africa, 103. El Consejo Pontificio
para la Cultura ha publicado un guía que contiene una
lista de estos centros en todo el mundo: Centros Culturales
Católicos (3a edición, Ciudad del Vaticano, 2001).
(93) Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Orationis
Formas, y § 3 supra.
(94) Ésta es un campo donde la falta de información
puede desorientar a los responsables de la educación
a causa de los grupos cuya verdadero programa es contrario
al mensaje del Evangelio. Es el caso particularmente de los
colegios y escuelas, donde los jóvenes, llenos de curiosidad
y obligados a escuchar constituyen una presa fácil y
un objetivo ideal para el comercio ideológico. Cf. la
llamada de atención en Massimo Introvigne, New Age & Next
Age, Casale Monferrato (Piemme) 2000, p. 277s.
(95) Cf. J. Badewien,Antroposofia, en H. Waldenfels(ed.) Nuovo
Dizionario delle Religioni, Cinisello Balsamo (san Paolo) 1993,
p. 41.
(96) Cf. Raúl Berzosa Martínez,Nueva
Era y Cristianismo, Madrid (BAC) 1995, p. 214.
(97) Helen Palmer, The Enneagram, Nueva York (Harper-Row)
1989.
(98) Cf. el documento del Comité para
la Cultura de la Conferencia Episcopal Argentina, op. cit.
(99) 2 J. Gernet, en J.-P. Vernantet
al., Divination et Rationalité,París
(Seuil) 1974, p. 55.
(100) Cf. Susan Greenwood, « Gender
and Power in Magical Practices, en Steven Sutcliffey Marion
Bowman(eds.), Beyond
New Age. Exploring Alternative Spirituality, Edinburgo (Edinburgh
University Press) 2000, p. 139.
(101) Cf. M. Fuss, op. cit., pp. 198-199.
(102) Cf. C. Maccari, La “New Age” di
fronte alla fede cristiana, LeumannTorino (LDC) 1994, p.168.
(103) Cf. W.J. Hanegraaff, op. cit., pp. 283-290.
(104) Para un estudio breve pero esclarecedor
del Movimiento del Potencial Humano, véase Elizabeth Puttik,« Personal
Development: the Spiritualisation and Secularisation of the
Human Potential Movement », en Steven Sutcliffey Marion
Bowman(eds.), Beyond New Age. Exploring Alternative Spirituality,
Edinburgo (Edinburgh University Press) 2000, pp. 201-219.
(105) Sobre este último punto, sumamente delicado,
véase el artículo « Neonazismus » de
Eckhard Türken Hans Gasper, Joachim Müller, Friederike
Valentin(eds.), Lexikon der Sekten, Sondergruppen und Weltanschauungen.
Fakten, Hintergründe, Klärungen, Freiburg-Basel-Wien
(Herder) 2000, p. 726.
(106) Cf. John Saliba, Christian Responses to the New Age
Movement. A Critical Assessment, London (Geoffrey Chapman)
1999, p. 1.