El
Romano Pontífice
¿Cuál
es su papel? ¿Por qué se le llama
así? Las respuestas a las preguntas más comunes
sobre la figura del Papa en la Iglesia
Por
Pbro. Pablo Arce Gargollo
¿Por qué se
le llama Papa?
"Papa" es el nombre con el que se designa ordinariamente al Romano
Pontífice, sucesor de san Pedro en la sede episcopal de Roma y en
el primado respecto a la Iglesia universal, de la que es la cabeza
visible y garantía de su unidad.
Además del de "Papa", recibe otros títulos, que indican de algún
modo sus funciones eclesiales: "Vicario de Cristo", "Sumo Pontífice", "Primado
de la Iglesia universal", "Obispo de la Iglesia Católica" (Catholicae
Ecclesiae Episcopus), "Obispo de los obispos" (Episcopus Episcoporum), "Patriarca
de Occidente", "Primado de Italia", "Metropolita de la Provincia
Romana" y "Obispo de Roma". También suele usar el título de "Siervo
de los siervos de Dios" (Servus servorum Dei). Es, además,
soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano.
Los títulos de "Papa" y, más especialmente, el de "Vicario de Cristo" (que
antes se atribuía también a los obispos y a los presbíteros e, incluso,
a los príncipes cristianos), quedaron definitivamente reservados
para designar al Romano Pontífice a partir del siglo IX, con Nicolás
I y Juan VIII y sobre todo con Gregorio VII e Inocencio III (m. 1216).
El Obispo de la Iglesia Romana, en quien permanece la función que
el Señor encomendó singularmente a Pedro, primero entre los Apóstoles,
y que habla de transmitirse a sus sucesores, es Cabeza del Colegio
de los Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia Universal
en la tierra; el cual, por tanto, tiene en virtud de su función,
potestad ordinaria, que es suprema, plena, inmediata y universal
en la Iglesia, y que puede siempre ejercer libremente.
Es el Vicario de Cristo.
El Papa es el Vicario de Cristo en la Tierra y el sucesor de san
Pedro en el obispado de Roma y en el gobierno supremo de la Iglesia.
El Papa se llama Vicario de Cristo porque hace sus veces en el gobierno
de la Iglesia. Vicario viene de las palabras latinas: vices agere,
hacer las veces.
El Papa se llama también:
a) Sumo Pontífice, esto es, sumo sacerdote porque tienen en
su poder todos los poderes espirituales con que Cristo enriqueció a
su Iglesia.
b) Cabeza visible de la Iglesia, porque la rige con la misma
autoridad de Cristo, que es la cabeza invisible. El jefe supremo
de la Iglesia es Jesucristo, que la asiste y dirige desde el cielo.
Pero al partir de este mundo era necesario que dejara quien hiciera
sus veces sobre la Tierra; y con ese fin designó a san Pedro (cfr.
Mt. 16, 18).
b) Sucesor de san Pedro
El Papa es el legitimo sucesor de san Pedro, porque Cristo nombró a
san Pedro jefe de su Iglesia. Pedro, por voluntad divina, estableció su
residencia en Roma. Y así, también por disposición divina, quien
le sucede como Obispo de Roma, le sucede también en el supremo gobierno
de la Iglesia.
Era necesario a su vez, que Pedro tuviera sucesores, porque los poderes
que Jesucristo le confió no fueron para el bien personal del Apóstol,
sino para el de la Iglesia que, según la promesa de Cristo, ha de
durar hasta el fin de los siglos. El Papa puede, si así fuere necesario,
retirarse de la ciudad de Roma; mas no puede dejar su título de Obispo
de Roma ni las prerrogativas inherentes a él.
El primado del Papa en la Sagrada Escritura
Los protestantes y los cismáticos ortodoxos niegan que Jesucristo
designara a Pedro y a sus sucesores como cabeza de su Iglesia y pretenden
que Cristo no les designó ninguna autoridad o jefatura suprema. Este
es un gravísimo error, que va no sólo contra toda la Tradición cristiana,
sino también contra la misma Escritura.
En varios lugares de la Escritura consta que Cristo nombró a san
Pedro Jefe de la Iglesia. Veamos los más importantes:
Cristo declaró a san Pedro piedra fundamental de su Iglesia: "Bienaventurado
eres, Pedro... Y yo te digo que sobre ti, Pedro, edificaré mi Iglesia,
y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mt. 16,
18).
Pues bien, la piedra fundamental de un edificio es absolutamente
indispensable en él; de esa misma suerte, Pedro jamás podrá faltar
en la Iglesia. Este texto tiene especial valor en arameo, la lengua
que hablaba Jesucristo; porque Pedro y piedra se designan en ella
con una misma palabra: Cefas (Como Pierre, en francés).
Cristo le prometió a san Pedro las llaves del Reino de los Cielos: "Te
daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que atares en la tierra
atado será en el cielo; y lo que desatares en la Tierra, desatado
será en el Cielo" (Mt. 16, 19).
La expresión "dar las llaves" equivale a darle el poder supremo sobre
su Iglesia, a la que muchas veces llama "Reino de los Cielos". Y
le promete confirmar desde el cielo lo que Pedro haga sobre la Tierra
en virtud de ese poder supremo. Las ciudades antiguas estaban rodeadas
de murallas. Y entregar las llaves que daban acceso a las murallas
equivalía a dar poder sobre la ciudad.
Cristo antes de su pasión le dirigió a Pedro estas palabras: "Simón,
Simón, he aquí que Satanás os ha reclamado para cribaros como el
trigo. Pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca; y
tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos" (Lc. 22, 32).
Confirmarlo en la fe y encargarlo de confirmar en ella a sus hermanos,
es constituirlo guardián y maestro supremo de ella.
En fin, antes de partir al Cielo, Cristo preguntó tres veces a Pedro: "Simón, ¿me
amas más que éstos?- Y después de su triple confesión le dijo: "Apacienta
mis corderos; apacienta mis ovejas" " (Jn. 21, 25). Lo nombró, pues,
pastor, no de un rebaño material, que no tenía, sino de su Iglesia
a la que muchas veces designa con tal nombre.
Es pues, imposible negar, sin negar también la Escritura, que Cristo
confirió a San Pedro el mando supremo de su Iglesia.
Poderes y prerrogativas
a) Primado Supremo
El Papa tiene en la Iglesia poder máximo y supremo. Esto lo definió el
Concilio Vaticano I diciendo que el Papa tiene el primado, esto es,
primacía o primer puesto en toda la jerarquía eclesiástica; y que
este primado no es solamente de honor, sino de autoridad y mando.
Este primado no le viene al Papa ni de los Obispos ni del poder civil,
sino directamente del mismo Cristo que, como ya hemos visto, lo constituyó jefe
de su Iglesia. Si el primado de Pedro no hubiera sido de origen divino,
ciertamente que los demás Obispos hubieran rehusado someterse como
inferiores al Obispo de Roma, puesto que ellos también habían sido
establecidos por los Apóstoles. Pues bien, la historia de la Iglesia
demuestra que desde la antigüedad más remota todos los Obispos reconocieron
la autoridad del Romano Pontífice, al cual consultaban en sus dudas,
apelaban en sus discusiones, y obedecían en sus mandatos.
b) La autoridad del Papa
La autoridad del Papa tiene las siguientes propiedades:
a) Ordinaria: esto es, en razón de su cargo, no por delegación
especial para ser ejercitada.
b) Plena: abarca la plenitud de los poderes confiados por
Cristo a su Iglesia.
c) Universal: se extiende a la totalidad de la Iglesia.
d) Suprema: no hay por encima del Papa autoridad alguna en
la tierra; de modo que una decisión suya no puede apelarse, ni siquiera
ante un Concilio universal.
Podemos considerar la autoridad del Papa desde tres puntos de vista.
Desde el punto de vista doctrinal, como supremo Maestro; desde el
punto de vista sacerdotal, como Sumo Pontífice; y desde el punto
de vista pastoral, como Supremo Pastor y jefe de la Iglesia.
Infalibilidad del Papa
Cuando, en virtud de su autoridad suprema, el Romano Pontífice propone
a los fieles una verdad de fe o declara una regla de moral, no puede
equivocarse, esto es, cuando les enseña lo que deben creer o hacer
para salvarse.
Este dogma tiene su fundamento en la Escritura. En efecto:
Si el Papa enseñara el error, el infierno, esto es, el demonio, espíritu
de error y de mentira, prevalecería sobre la Iglesia; lo que va contra
la promesa de Cristo.
Cristo le ofreció a Pedro que su fe no desfallecería y le encargó de
confirmar en ella a sus hermanos. Pero ¿cómo podrá confirmarle en
la fe, si él mismo los induce al error?
Cristo impuso a todos los hombres, bajo pena de condenación, la obligación
de creer: "Quien no creyere se condenará" (Mc. 16, 16). Pero repugna
que Cristo nos obligue a creer el error.
Resulta, pues, claramente de estos textos que Jesucristo hizo infalible
al Pastor Supremo de su Iglesia. Y el Concilio Vaticano I al proclamar
como dogma de fe la infalibilidad del Papa, no hizo otra cosa que
confirmar solemnemente lo que afirma la Sagrada Escritura. El Papa
es infalible cuando habla ex cathedra, y eso sucede cuando:
a) enseña una cosa referente al dogma o moral cristianos;
b) que se dirige a la Iglesia universal;
c) que habla en su calidad de Maestro supremo de la cristiandad.
Si falta una de estas condiciones, el Papa no es infalible. Así,
no es infalible: a) cuando trata de ciencias o temas que no se refieren
a la fe; b) cuando se dirige a personas o iglesias particulares,
a menos que por su medio se dirija a toda la Iglesia; e) cuando habla
como doctor privado o jefe de alguna congregación Romana. Aun en
estos casos en que no es infalible, su autoridad en lo espiritual
es la más grande y digna de respeto.