Con
la energía y la luz que desprendían sus clases,
homilías y libros, varias generaciones se abrieron con
asombro al análisis de grandes filósofos y escritores,
descubrieron la emoción singular de la vida litúrgica
, se adentraron maravillados en lo más hondo de la personalidad
de Jesús.
Para que las nuevas generaciones puedan
vivir esa experiencia transformante, se han publicado últimamente en español
varias de sus obras más significativas, entre las que
figuran dos póstumas: la magna Ética (BAC) y
La existencia del cristiano (BAC). Es ya una fortuna que miles
de personas, afanosas de ganar un nivel de excelencia espiritual,
puedan leer las páginas memorables en las que Guardini
nos descubre, con su admirable estilo, el sentido profundo
de la alegría, el carácter ascendente de todas
las etapas de la vida, incluida la senectud, la elevación
espiritual que experimentan los creyentes al orar, es decir, «al
ir hacia Dios con toda el alma». Pero, actualmente, ese
don se incrementa sobremanera, pues conocemos la intimidad
del autor –gracias a la edición póstuma
de escritos autobiográficos– y podemos leer sus
obras con mayor hondura intelectual y más intensidad
de sentimiento.
Hoy sabemos que Guardini vivió en una continua búsqueda,
y a través de dificultades de todo orden –renuncias,
enfermedades, incluso abiertas persecuciones por parte del
nacionalsocialismo– perfiló un estilo sobremanera
persuasivo de pensar y de expresarse. Esta ejemplaridad he
querido plasmarla en las obras Romano Guardini, maestro de
vida (ed. Palabra) y La verdadera imagen de Romano Guardini
(EUNSA), así como en las Introducciones a ocho obras
de Guardini publicadas últimamente. En ellas resalta
la lucidez con que el maestro de Verona, tras un breve alejamiento
de la fe en la juventud, volvió a la práctica
religiosa por el presentimiento de que late una grandeza sobrehumana
en las páginas del Evangelio. La energía que
alberga la frase –aparentemente paradójica–: «El
que conserve su vida la perderá, y el que pierda su
vida por mí la ganará» (Mt 10, 39), lo
impulsó a sumergirse de lleno en el ámbito del
misterio cristiano. Su vida posterior fue una afanosa búsqueda
de la verdad.
La verdad de la vida humana, en todas
sus facetas, sabe hacerla resplandecer en párrafos de una lúcida expresividad. «El
hombre necesita de la oración para permanecer sano espiritualmente –escribe
en la bellísima Introducción a la vida de oración
(ed. Palabra)–. Pero la oración sólo puede
brotar de una fe viva. Y la fe, a su vez, sólo puede
ser viva si se ora... A la larga no se puede creer sin orar,
como no se puede vivir sin respirar. Orar es detenerse a hablar
con Dios para que la fuerza de Dios entre en nuestra alma».
En El Señor (ed. Cristiandad) nos hace vivir Guardini
de modo impresionante el espacio de presencia abierto entre
los hombres y Dios por el Espíritu Santo: «Al
abandonar Jesús el ámbito de la existencia visible
e histórica, se forma, en virtud del Espíritu
Santo, el nuevo ámbito cristiano: la vida interior de
los creyentes y de la Iglesia, mutuamente vinculados y unidos».
La Ética nos ayuda a descubrir por nosotros mismos que «el
conocimiento del bien es motivo de alegría», y
que «la vida del espíritu se realiza en su relación
con la verdad, con el bien y con lo sagrado... Sólo
en la realización de la verdad alcanza la persona su
sentido, porque ella está referida por naturaleza a
la verdad. Existe para la verdad, como posibilidad permanente
de realizarla».
En C a rtas sobre la formación de sí mis mo
(ed. Palabra), Guardini nos hace ver a qué alturas puede
elevarse la vida cotidiana cuando damos la debida calidad a
nuestras actitudes: «Debemos intentar que nuestro corazón
esté alegre. No divertido, que es otra cosa. Ser divertido
es algo externo, hace ruido y desaparece rápidamente.
Pero la alegría vive dentro, silenciosamente, y echa
raíces profundas».
El opúsculo Quien sabe de Dios conoce al hombre (PPC)
nos ofrece la clave del pensamiento antropológico de
Guardini: «El hombre sabe quién es en la medida
en que se comprende a partir de Dios». La meta de toda
la producción de Guardini fue descubrir la grandeza
que adquiere el hombre al vivir vinculado a Dios. El hombre
es de veras grande cuando está inquieto hasta que repose
en el Creador del que procede. Antes de entrar en coma, Guardini
recitó, durante una hora, la sentencia de san Agustín: «Nos
has hecho, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto
hasta que repose en Ti».
En Mundo y Persona (ed. Encuentro) expone,
de forma precisa, su idea relacional de la persona. «Aquí se trata
del hecho ontológico de que no puede darse una persona
a solas... El hombre se halla esencialmente en diálogo...
La vida espiritual se realiza esencialmente en el lenguaje». Éste
no es «un medio por el cual se comunican acontecimientos;
es el ámbito de sentido en el que todo hombre vive».
El contraste (BAC), la obra más académica de
Guardini, marca la medida y el ritmo de todos sus escritos,
pues asienta las bases de su pensamiento relacional, que tiende
a ver como c o n t r a s t e s que se complementan ciertas
realidades –o determinados aspectos de las mismas– que
parecen opuestas cuando no se actúa de forma creativa.
El secreto del carácter eminentemente positivo del pensamiento
de Guardini consiste en haber descubierto tempranamente que,
cuando vivimos de forma creativa, advertimos que libertad y
normas, independencia y solidaridad, identidad personal y apertura
al entorno... son aspectos de la vida complementarios, no contradictorios.
En La existencia del cristiano, Guardini
pone de manifiesto el valor vital de los Dogmas. La descripción del sentido
del paraíso terrenal sorprende por la luz que arroja
sobre lo más hondo de nuestra vida. «El paraíso
se perdió para siempre. No puede ser conquistado de
nuevo. Este hecho reviste, por de pronto, el carácter
de pérdida de una plenitud de valores a la que jamás
nos resignaremos, con todo lo que lleva consigo de privación
y de tristeza. Pero tiene también el carácter
de culpa. El paraíso se perdió porque el hombre
traicionó la confianza de Dios».
Guardini fue un testigo ejemplar de la
verdad en un tiempo de especial tribulación. Su legado
intelectual puede ayudarnos no poco a clarificar nuestra
existencia en este momento
agitado que vivimos.