R.Guardini, un extraordinario guía de la juventud

Autor: Alfonso López Quintás. Universidad Complutense. Madrid

I. La dedicación al Movimiento de Juventud

Las Cartas sobre la formación de sí mismo (1) del gran escritor y pedagogo italogermano Romano Guardini (1885-1968) están inspiradas de parte a parte por el espíritu de renovación que surgió en Alemania entre las ruinas de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Numerosos pensadores se apresuraron a destacar la necesidad de cambiar el ideal de posesión, dominio y disfrute que había impulsado a los hombres de la Edad moderna por un ideal de respeto y servicio. La convicción de que este giro responde a la naturaleza misma del hombre inspiró el Movimiento dialógico (F. Ebner, M. Buber, Fr. Rosenzweig, E. Brunner...) y el Movimiento existencial (M. Heidegger, K. Jaspers, G. Marcel) y revitalizó diversos movimientos juveniles.

Uno de estos movimientos fue el denominado, con un término del antiguo alemán, "Quickborn" (fuente que mana). Al tener noticia de la actitud espiritual de los jóvenes de este grupo, Romano Guardini, impresionado por el poder demoledor de la guerra, sintió la necesidad de retomar el apostolado juvenil que había iniciado entusiásticamente en Maguncia.

"En 1919 -escribe- fueron algunos de nosotros al viejo castillo de Rothenfels, junto al Main, y volvieron contando que allí sucedían cosas impresionantes. Nadie manda en él, pero hay un orden magnífico. Se trabaja y se celebran fiestas, pero todo sale de la gente misma; chicos y chicas conviven con seriedad y alegría, mas todo es bello y limpio. Así que yo mismo fui allá en 1920 por la Pascua, y eso tuvo para mí unas consecuencias singulares; porque entonces entró en mi vida una fuerte ola de eso que se llama Movimiento de Juventud, aunque yo no era ya tan joven" (2).


Necesidad de un liderazgo espiritual de alto estilo

Guardini intuyó que la tarea de su vida consistía en clarificar una serie de cuestiones decisivas para el desarrollo de la persona y conseguir que la renovación espiritual fomentada por "Quickborn" se asentara sobre bases muy sólidas. Los jóvenes que integraban este Movimiento solían proceder de medios burgueses urbanos y ansiaban despegarse de la actitud espiritual de complacencia en actitudes hedonistas. Aspiraban a configurar una nueva época, caracterizada por un espíritu de generosidad y sencillez, veracidad y responsabilidad personal, fidelidad a la naturaleza física y espiritual.

Guardini supo hacer ver a estos jóvenes la importancia de cultivar la "personalidad" y abrirse, a la vez, al "objeto", entendido aquí como la realidad circundante, no meramente "subjetiva". Al entender ambos aspectos como "contrastados" y no como "opuestos" (3), descubrieron los jóvenes el sentido profundo de la Iglesia, vista como un espacio de libertad interior, propicio al desarrollo pleno de la persona, ser abierto al mundo y a la trascendencia. Años más tarde, el filósofo de Münster Josef Pieper dio testimonio emocionado de lo que tal descubrimiento significó entonces para él.

Para que tal desarrollo fuera equilibrado, Guardini analizó cuidadosamente una serie de términos y esquemas mentales: objeto, persona, cultura, libertad y normas, independencia y solidaridad, forma y plenitud, individuo y comunidad.. (4). Merced a tal estudio, el ímpetu reformista de los jóvenes no degeneró en ruptura anárquica; dio lugar a modos de vida inspirados en la primacía del logos y el orden, la voluntad de verdad y la decisión de estructurar la vida en formas de auténtica comunidad.

Nada extraño que los jóvenes hayan aceptado pronto el liderazgo de Guardini, que comprendía mejor que ellos mismos lo que en realidad anhelaban. Su capacidad de orientar sus energías juveniles hacia la meta justa le concedió una profunda autoridad, término que -como es sabido- procede del verbo latino augere, promocionar. Nadie mejor dispuesto que él para hacer patente la vinculación fecunda de autoridad y libertad, y conceder a los jóvenes la capacidad de desarrollo espiritual que adquieren cuando se convencen de que son verdaderamente libres si se comprometen con realidades fecundas. Por ser distintas del sujeto, esas realidades son consideradas como objetivas. Por ser fecundas y valiosas, encauzan la libertad creadora de modo eficacísimo (5).

Sólo cuando un joven acierta a unir creativamente la libertad interior y las normas fecundas que encauzan su actividad, podemos hablar de "autoformación". Cuando, en 1928, publicó Guardini unas cartas para adultos, advirtió que "formarse" no significa sólo adquirir conocimientos, sino sobre todo configurar la personalidad, orientar debidamente las distintas energías que laten en el propio ser y tejer la trama de relaciones que constituyen el ámbito de cada persona, vista en todo su sentido y alcance (6).


Formar a un joven es ayudarle a ser creativo

Fomentar la auténtica creatividad en los espíritus jóvenes fue la gran tarea de Guardini durante toda su vida. Desde el principio entrevió con claridad que éste era el camino que debía recorrer, por temibles que fueran los escollos a sortear. A las dificultades internas que planteaba el Movimiento de Juventud por su espíritu a la vez renovador y fiel a las raíces espirituales del Cristianismo se añadía la actitud de reserva o de abierta hostilidad que ciertos grupos y centros culturales adoptaban frente a él y sus promotores. En sus Apuntes para una autobiografía escribe Guardini:

"Tengo que añadir, como característico de mi modo de pensar de entonces, que se me había dado a entender que a duras penas podría aspirar a una cátedra si seguía en el movimiento juvenil, esto es, si seguía participando en Quickborn y en las actividades de Rothenfels. Con esto se expresaba la actitud que se había adoptado en los círculos oficiales respecto al movimiento juvenil, actitud que fundamentalmente no ha cambiado. Tendré que hablar más detenidamente de lo que el movimiento significaba para mí, pero en cualquier caso era tanto que declaré que, si tenía que elegir algún día entre la cátedra y Rothenfels, me decidiría por este último. Esto no significaba en modo alguno desprecio por la actividad docente. La renuncia a ella habría sido penosa para mí; pero la vida y el trabajo en el mundo del movimiento juvenil eran esenciales para mí" (7).

El contacto con este grupo juvenil, especialmente motivado para la vida del espíritu, estimuló a Guardini a profundizar en el estudio de las leyes del crecimiento personal (8). Para él, la "práctica" y la "teoría" estuvieron siempre fecundamente conectadas, como si hubiera convertido en lema de su vida intelectual la siguiente indicación del gran Friedrich von Schelling: "... El hombre se hace más grande a medida que se conoce a sí mismo y descubre la fuerza que tiene. Avivad en él la conciencia de lo que es, y aprenderá pronto a ser lo que debe ser; haced que se respete a sí mismo en el nivel teórico, y el respeto práctico no se hará esperar" (9).

Una característica peculiar de Guardini es su voluntad socrática de ir a la raíz de las realidades y los acontecimientos para alumbrar claves de orientación lúcidas que inspiren pautas de conducta certeras. Hasta en las minúsculas "hojas volantes" enviadas a los jóvenes ponía Guardini lo mejor de su espíritu, toda su capacidad de ir a lo esencial y clarificarlo. Ello explica que estas cartas formativas, enviadas una a una a los jóvenes desde 1921 hasta 1924, mantengan actualmente toda su frescura y su vitalidad.

"Las Cartas sobre la formación de sí mismo -escribe I. Klimmer, responsable de la edición de 1930- son más que un documento de los años en que fueron escritas. Pueden apelar de nuevo a los jóvenes y ayudarles a ser hombres y cristianos. Esto es importante precisamente hoy, cuando lo mejor de la juventud busca un nuevo comienzo, un punto de partida para una vida mejor, verdaderamente humana. Por eso es, tal vez, un signo de nuestro tiempo, uno de los más esperanzadores, que estas cartas salgan ahora de su entorno hogareño, del círculo en torno a Quickborn y el castillo de Rothenfels y se dirijan a todos los que quieran confiarse a su estilo de pensar y de vivir. Hablan de los fundamentos de la vida cristiana en la existencia cotidiana de los jóvenes, y por tanto de la libertad, la amplitud y la fuerza que alberga para hombres y pueblos la herencia del Cristianismo y la tarea que le compete" (10).

Estoy seguro de que cuanto dice Guardini en estas páginas sobre la alegría del corazón, la riqueza de la palabra veraz, la importancia del dar y el recibir, la libertad interior, la caballerosidad de ánimo, la fecundidad de la oración... será recibido por los lectores actuales como una palabra autorizada de un gran maestro capaz de promocionarnos a lo mejor de nosotros mismos.

II. La hondura y jugosidad de las Cartas

Las Cartas sobre la formación de sí mismo nacieron de coloquios intensos inspirados por el amor a la verdad. Fueron maduradas durante años, y en su momento oportuno obtuvieron la debida redacción. Guardini subraya a menudo que todo ser vivo crece lentamente y hay que esperar pacientemente a que madure. Necesita tiempo, y forzar su ritmo significa agostarlo en agraz. "... El servicio a la vida implica ante todo saber esperar" (11). Justo, la paciencia se define como el ajuste a los ritmos naturales. Todo ser vivo crece conforme a un ritmo lento de maduración. De la carta 8ª, titulada "Alma", indica que fue objeto de un largo tratamiento en diversos encuentros, y más de una vez las ideas surgían con tal intensidad que pensaba que debía ponerlas ya por escrito. Sin embargo, todavía no era el momento, y dejaba su redacción para un tiempo y un lugar distintos (12) .

Este cuidadoso proceso de elaboración otorga a las cartas hondura y seriedad, sin quitarles cercanía y ese aire cálido de lo que brota en la intimidad del diálogo amistoso. Al final de cada carta figuran incluso diversas cuestiones para meditar que el autor ofrecía a sus jóvenes para que las cartas abrieran todo un espacio de meditación en el cual las claves de orientación ofrecidas fueran traducidas por cada uno en pautas de conducta. Guardini nunca se mueve en nivel abstracto; aplica su atención a la vida concreta, porque es en ella donde se da la creatividad y surge el sentido. Por eso no habla a los jóvenes de temas generales, sino de formas concretas de configurar la vida. Pero la vida presenta un peculiar relieve, hondura, trascendencia, y para comprenderla hay que tomar distancia frente a ella, distancia de perspectiva, no de alejamiento. Esta impide ver; aquélla permite captar en bloque lo que es una realidad y descubrir su sentido profundo, su lugar en el conjunto de la realidad. Tener perspectiva significa situarse cerca de una realidad pero a cierta distancia. La cercanía la ganamos realizando experiencias concretas. La distancia la obtenemos mediante un conocimiento teórico realista. Esto explica que Guardini coordine de forma muy equilibrada en todas sus obras lo que suele llamarse "teoría" y "práctica", aspectos de la relación del hombre con lo real que en él no se dan nunca escindidos.

Esta actitud determina el tipo de temas que trata y el método con que los desarrolla. Los temas esbozan o delinean la figura ideal que tenía Guardini del ser humano: un ser profundamente alegre, veraz, dadivoso y receptivo a la par, serio en sus decisiones y compromisos, espiritual, vinculado personalmente al mundo religioso, interiormente libre, caballeroso, cívicamente responsable, entusiasta de la ciencia y la técnica pero no servil en el uso de los artefactos que ambas nos facilitan. El método viene determinado por la decisión de revitalizar el lenguaje y los conceptos.

Guardini estaba bien dotado para realizar esta decisiva tarea porque poseía una sensibilidad extraordinaria para captar la significación profunda, el relieve, a veces el encanto particular de cada realidad y cada acontecimiento. En las páginas de Diario que fué publicando en la revista Die Schildgenossen y recogió en la obra In Spiegel und Gleichnis. Bilder und Gedanken (En espejo y enigma. Imágenes y pensamientos) (13) muestra Guardini una capacidad de asombro lúcido ante muy diversas realidades, que van desde la luz, los árboles, el agua y las montañas hasta un poema de Goethe, la doctrina de la Didajé, los monumentos de la Italia clásica, o la transformación que se opera en una silla cuando un niño la inserta en uno de sus juegos...

"Un día fui solo por el bosque. (...) Los abetos se alzan hacia lo alto, tranquilos. Musgo dulce y espeso cubre el suelo entre las ramas. El pie se hunde profundamente. Es como si se fuera sobre una alfombra gruesa, y no se oyen los pasos. ¡Qué profundo es el silencio! Guarda silencio también tú. ¡Cállate, pensamiento! ¡Tranquilízate, afán incesante! Concede espacio a las cosas. Mira cómo van saliendo con tiento de su encierro; de la sorda existencia a la que las sometemos cuando sólo las conocemos y usamos. Mira cómo entra cada una en sí misma; se abre en ella un centro; todo adquiere, por así decir, una identidad propia. Y ahora tú vas entre cosas que tienen verdadera consistencia. Están ahí y tienen su sentido en sí mismas".

"El sol lo llena todo con su mágica luz. Esta tiene poder en sí, se halla en el espacio, impera a través de él, como un ser. Es toda claridad; sin nada de sobra, y sin embargo es tan profunda y llena de misterio...". "El misterio que late en la oscuridad del caos, en la impenetrabilidad de un ser enmarañado no es en absoluto lo más profundo. La intimidad más profunda se halla en la forma totalmente luminosa; en la figura que no tiene ningún rincón oscuro. Pero, bien entendido, cuando la luz lleva en sí la claridad del espíritu y la belleza entrañable del corazón y el poder transformador del amor. Yo creo que nadie puede comprender lo que fue la idea para Platón y luego para S. Agustín si no siente el misterio de la luz, vista de esta forma. Y lo mismo lo que entiende S. Juan por el ´Logos´, del que dice que es ´luz´. El Logos que promete que va a irradiarse en los espíritus y a conmover los corazones, y hacer que se le ame; y en cuya luz alumbrará un día el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra que no necesitarán luces porque serán iluminadas por Él mismo" (14) .

Sin esta sensibilidad de Guardini para todas las realidades relevantes que no se reducen a meros "objetos" -realidades manejables y dominables- sino que juegan un papel decisivo en la vida creativa del hombre no nos hubiera dejado tan finos análisis sobre multitud de cuestiones personales, culturales y religiosas. Justamente, el mayor mérito de toda su labor consiste, a mi entender, en el tacto y en la libertad interior con que supo aplicar su poder intuitivo y su capacidad de sobrecogimiento al análisis concienzudo de cuestiones de la vida que de ordinario suelen ser explicadas con un lenguaje árido y esotérico, erizado de tecnicismos propios de los profesionales de la filosofía, la teología y los estudios bíblicos.

El fruto de la vinculación de esta sensibilidad aguda con una mente lúcida y un carácter tenaz y laborioso lo hallamos plenamente granado en el análisis de los temas que aborda este libro de cartas. Veamos ahora algunos de ellos, para tener ocasión de advertir cómo Guardini siempre da un toque nuevo a las cuestiones que aborda, aunque sean muy conocidas.


-Catholic.net


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