El
pudor es un mecanismo de defensa, propio de la castidad,
que protege instintivamente la intimidad sexual con la vergüenza.
Es un muro protector de la pureza.
Pudor no es miedo al cuerpo desnudo, sino respeto a él.
No es casto el que trata de ignorar lo sexual, sino el que
sabe mirarlo con ojos limpios 23.
«
El pudor distingue al hombre de los animales» 24.
El pudor proteje la propia intimidad.
El pudor es propio de la persona humana. Los animales no tienen
pudor.
Por so hacen en público sus funciones más íntimas.
Esta protección de la intimidad que es el pudor se
expresa en tres cosas: la vivienda, el vestido y el lenguaje.
La casa es un lugar íntimo. A un amigo se le invita
para compartir intimidad. Pero esto no se hace con un desconocido.
El pudor también se expresa en el vestido. Por eso
se cubren las partes más íntimas, que no se compartren
con cualquiera.
De ahí el celo que muestra el marido o el novio por
la decencia en el vestir de su esposa o de su novia.
El tercer ámbito del pudor es el lenguaje.En su modo
de expesarse no hace «de dominio público» sus
estados afectivos 25.
El pudor ayuda a evitar eficazmente excesos y peligros morales
de todo tipo en materia sexual.
Además, evita aquellos aspectos de vulgaridad, chabacanería
y desorden que acompañan a ciertas expresiones sexuales.
«El pudor no indica gazmoñería, apego
irracional a costumbres pacatas. Supone respeto a lo más
personal del hombre.
»
Protegerse de la mirada ajena, no indica ñoñería
sino salvaguardar su sexo del uso posesivo de los demás.
»
Palpar algo es, en cierta medida, un acto de posesión.
Ver es como tocar a distancia.
»
Ofrecer a la mirada ajena las partes íntimas del cuerpo
supone dejarse poseer en lo que tiene uno de más íntimo.
»
Toda exhibición sugiere un acto de entrega. Hacerlo
en público se asemeja a la prostitución» 26.
Dice el psicopedadogo Bernabé Tierno:
«
La educación del pudor sólo es posible allí donde
imperan ideas nobles y sentimientos limpios.
»
El pudor sólo es sentido por quien todavía es
sensible a las amenazas que sufre la virtud. En medio de un
ambiente que apenas distingue la línea divisoria entre
lo que es bueno y lo que es malo, hay que devolver a los jóvenes
el sentido de dignidad personal, y a la opinión pública
una mayor sensibilidad.
»
Pero no podemos cometer el error pedagógico de atribuir
a toda realidad sexual una sensación de vileza o un
sentimiento de vergüenza que se identifica muchas veces
con el pudor.Los educadores hemos de poner el acento, no sobre
la educación sexual, sino sobre la educación
de la persona.
»
No educamos la sexualidad del muchacho; es él el verdadero
artífice de su educación como persona, que, en
consecuencia, se expresa también en sus comportamientos
sexuales. Lo que debe ser educado, no es la sexualidad, sino
la persona.
»
La actitud egocéntrica de la persona hace neuróticamente
compulsiva, especialmente en la adolescencia, la necesidad
de autoafirmación que se manifiesta claramente en el
sector de la sexualidad. La compulsión se hace tanto
más fuerte cuanto más se convence el joven de
su falta de valía, lo que le hace aferrarse al sexo
como único medio de autoafirmación...
»
Está claro que una atmósfera cargada de hedonismo
sexual que se nos cuela de rondón en casa a través
de la “ventana televisiva”, envuelve al joven por
doquier, y no contribuye lo más mínimo a una
higiene mental que favorezca el dominio normal sobre los propios
impulsos.
»
La trivialización de la sexualidad conduce a la desvalorización
de las relaciones heterosexuales, cada vez más frecuentes
y precoces. En el fondo es la desvalorización misma
de la persona del “otro” que queda reducida a la
condición de simple instrumento al servicio del placer...
»
La apología que ciertos medios de comunicación
hacen de aberrantes conductas sexuales contribuye a deformar
el concepto y la naturaleza de los papeles sexuales con los
que deben identificarse los jóvenes» 27.
Esforcémonos por ver todo lo que tiene el vicio de
repugnante y abominable. Esto nos ayudará a amar la
castidad.
Todo lo que tiene ella de grande y de noble, de dominio propio
y de respeto, lo tiene el vicio impuro de bajo y despreciable.
La persona impura es una persona sin voluntad.
La razón, que debería ser la señora, se
vuelve esclava de los instintos animales; el hábito
vicioso se convierte en el peor de los tiranos, exige cada
vez más y vuelve a la persona egoísta, con un
egoísmo de la peor especie: la persona impura lo sacrifica
todo para satisfacer su propia pasión.
El vicio impuro quita a la persona la
tranquilidad de conciencia, la alegría, la libertad,
la fe, la esperanza, el verdadero amor, la honra, la fortuna,
la salud y, en fin, la gloria del
cielo.
No
es raro que a la persona que se deja
dominar del vicio impuro le sobrevenga, antes o después, la dureza de
corazón, la pérdida de la fe, y al fin la condenación
eterna.
Hay que tener en cuenta que los pecados
contra la pureza no son los únicos, ni los más
graves.
No podemos olvidarnos que el buen cristiano, además
de la virtud de la pureza, debe tener la de la justicia y la
caridad. Hay entre nosotros demasiada ambición, avaricia,
egoísmo, soberbia, odio, envidia, ruindad de corazón
y falta de honradez profesional.
Los fieles tienen
derecho a ser informados
fielmente en la doctrina católica.
El 7 de enero de 1987 la Comisión Episcopal Española
para la Doctrina de la Fe, publicó un documento donde
dice:
«
A quienes elaboran materiales catequéticos, de enseñanza
religiosa o de divulgación teológica, les pedimos
que pongan un empeño especial en transmitir con fidelidad
e integridad la enseñanza de la Iglesia sobre estos
temas. A los fieles cristianos les asiste el derecho a que
no sean difundidas, con ligereza y arbitrariedad, doctrinas
parciales o hipótesis relacionadas con la moral, y en
concreto con la moral sexual, sin que previamente hayan sido
sometidas al estudio y al parecer de la comunidad teológica
y, en última instancia, al discernimiento de los pastores»(nº18)...
«
El fin de las normas objetivas morales no es la represión
de la sexualidad, sino proteger y favorecer que el dinamismo
profundo de la sexualidad llegue a su plenitud y sentido»(nº15)
28.
Un resumen de la concepción cristiana de la sexualidad
podría ser:
a)
Dios estableció la institución
matrimonial como principio y fundamento de la familia y de
la sociedad.
b) El sexto precepto del Decálogo -no fornicar- protege
el amor humano y señala el camino moral para que el
individuo coopere libremente en el plan de la creación,
usando la capacidad de engendrar, que ha recibido de Dios,
solamente dentro del matrimonio.
c) El sexo es un don de Dios abierto
a la vida, al amor y a la fecundidad. Su ámbito natural y exclusivo es el
matrimonio. Jesucristo elevó el matrimonio a la dignidad
de sacramento.
d) La generación no es el resultado
de una fuerza irracional, sino de una entrega libre y responsable
-es decir, humana-
de acuerdo con la dignidad natural de la persona creada por
Dios.
e) Como los demás mandamientos, el sexto precepto del
Decálogo está impreso en la naturaleza humana,
es parte de la ley natural, y, por tanto, obliga a todos los
hombres.
f) La virtud de la castidad consiste
esencialmente en la ordenación
de la función sexual al fin que Dios le ha señalado;
por eso es una virtud positiva que se ha de vivir según
las características de la vocación regida por
Dios: virginidad o matrimonio.
g) Con frecuencia, la corrupción de las costumbres
comienza por los pecados contra la castidad; se tiende a querer
justificarlos, de modos diversos, a través de la deformación
del juicio de la conciencia.
h) Por tratarse de una exigencia de la
ley natural, todos los hombres reciben de Dios la ayuda necesaria
para cumplir
este precepto del Decálogo. Por otra parte se señala
la necesidad de medios sobrenaturales que Dios no niega nunca
a los creyentes que los imploran por medio de la oración» 29.
23.
Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº2521-24
24. Dr. JUAN PABLO D’ORS: Diario YA, 16-I-84, pg. 5
25. ALBERTO SÁENZ: El hombre moderno, IX. Ed. APC. Guadalajara.
México.1999.
26. ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS: El amor humano,XII,
2, a. EDIBESA. Madrid
27. BERNABÉ TIERNO, Fichas 58 y 59 de Aprender a Educar.
YA Domingo, 17 y 24-III- 1991
28. Revista ECCLESIA, nº2303(24-I-87)33
29. RAFAEL GÓMEZ PÉREZ: Problemas morales de
la existencia humana, 4, V, 5. Ed. Magisterio Español.
Madrid, 1981