Educación
sexual: Los programas favorables a la abstinencia a debate
No faltan los escépticos, pero los proyectos alternativos
son mucho peores
Las propuestas
surgidas en Estados Unidos para aumentar la financiación
de programas favorables a la abstinencia han recrudecido el debate en torno
a los programas de educación sexual.
La administración Bush ha pedido al Congreso un aumento del 33% en
la financiación de programas que enseñan la abstinencia, informaba
Associated Press el 30 de enero.
El presupuesto presentado por el presidente George W.
Bush pide un total de 135 millones de dólares sólo para los programas de abstinencia,
lo que no incluye la promoción del control de natalidad o los condones.
Durante su campaña electoral, Bush prometió dedicar más
dinero a programas a favor de la abstinencia como se dedican a la educación
de adolescentes sobre el uso de anticonceptivos.
Está creciendo en Estados Unidos, el número de adolescentes
que optan por la abstinencia, informaba el 3 de febrero el Washington Post.
Cerca de 3,3 millones de adolescentes han firmado este compromiso desde que
campañas como «El verdadero amor espera» comenzaron hace
algunos años. Estas campañas son promovidas por organizaciones
basadas en la religión o seculares.
El Washington Times citaba un estudio reciente que demostraba
que la firma de uno de estos compromisos tiene resultados concretos en el
comportamiento.
El sociólogo de la Universidad de Columbia, Peter Bearman, organizó entrevistas
a 20.000 adolescentes para el National Longitudinal Study of Adolescent Health,
publicado en el 2000. Descubrió que los firmantes del compromiso de
abstinencia esperaron, de promedio, 18 meses más que sus compañeros
que no firmaron, para tener relaciones sexuales por primera vez.
Otro estudio, publicado el año pasado, mostraba que la religión
desempeña un papel importante a la hora de ayudar a los adolescentes
a evitar la promiscuidad. Una encuesta encargada por la National Campaign to
Prevent Teen Pregnancy descubrió que el 39% de los adolescentes afirmaban
que “los valores morales y/o las creencias religiosas” eran los
factores más importantes que afectaban su decisión sobre si tener
o no sexo.
Este factor dobla en porcentaje a la segunda repuesta,
la preocupación
por las enfermedades de transmisión sexual, que fue citada por el 17%
de los encuestados, informaba Associated Press el 24 de septiembre.
Sin embargo, no todo el mundo está convencido de los programas de abstinencia..
Uno de los opositores más fuertes es el Instituto Alan Guttmacher, la
rama de investigación de Planned Parenthood. En un estudio hecho público
el pasado mes de noviembre, “Comportamiento Sexual y Reproductivo adolescente
en Países Desarrollados, ¿se puede progresar más?”,
el instituto afirmaba que lo que realmente se necesita en Estados Unidos es
un acceso más amplio a la planificación familiar y a los anticonceptivos.
El estudio afirma que los niveles de embarazo en Estados
Unidos, de maternidad y aborto entre adolescentes son sustancialmente más altos que en muchos
otros países occidentales. En el año 2000, el índice de
natalidad de chicas entre 15 y 19 años era de 49 por mil (con un descenso
del 20 por ciento con respecto a 1990) alrededor de doble del índice
de Gran Bretaña y Canadá, y cinco veces más elevado que
en Suecia y Francia.
El Instituto Guttmacher proponía que, para remediar la situación,
los adolescentes necesitaban un acceso más fácil a los servicios
de planificación familiar y un coste menor de los anticonceptivos.
¿Es la planificación familiar la respuesta?
En Gran Bretaña, los investigadores no están tan seguros de que
la planificación familiar haya tenido éxito. De hecho, estos
servicios puede que no tengan impacto positivo alguno en la reducción
del índice de embarazos o de abortos entre las adolescentes, informaba
el 4 de marzo la BBC.
El informe fue publicado meses después de que un grupo de consulta
del Gobierno sobre los embarazos de adolescentes recomendara que los niños
que quisieran tener relaciones sexuales antes de los 16 años deberían
tener acceso a la contracepción en la escuela.
Sin embargo, un estudio sobre embarazos adolescentes
de 14 años, publicado
por el Journal of Health Economics, ha cuestionado la efectividad de tal política.
Uno de los autores, David Paton, de la Escuela Universitaria de Negocios de
Nottingham, afirmaba: “Nos hemos dado cuenta que, en cuanto usted aumenta
el acceso a los servicios de planificación familiar, los índices
de embarazo para estos grupos o permanecen inalterados o aumentan”.
“Ciertamente no disminuyen, que es lo que desea el gobierno”,
añadía Paton. “Parece que la planificación familiar
anima a más gente a tener relaciones sexuales, lo que si, además,
se tiene lugar el alto índice de error de los anticonceptivos, puede
borrar cualquier logro”.
Los datos recogidos por la Oficina Nacional de Estadística para el
año 2000 revelan que 4.382 chicas de menos de 16 años habían
abortado, 200 más que el año anterior, informaba el London Daily
Observer el 17 de marzo. Los abortos en este grupo han aumentado en un 20%
desde 1992.
“La disponibilidad de píldoras del día después
parece haber estimulado el comportamiento arriesgado”, comentaba Paton. “Parece
como si la gente que tiene acceso a la planificación familiar pensara
que automáticamente tienen un riesgo menor de embarazos”.
El estudio aparece en un momento en el que se han publicado
nuevas pruebas sobre los peligros que comportan a la salud el aborto y los
anticonceptivos.
El British Medical Journal publicaba un artículo el 19 de enero en donde
revelaba que las mujeres que han abortado en su primer embarazo tienen un riesgo
mayor de una subsiguiente depresión clínica a largo plazo en
comparación con las mujeres que han llevado hasta el final su primer
embarazo.
Las conclusiones son arrojadas por un estudio nacional
de la juventud estadounidense que comenzó en 1979. En 1992, se examinó la relación depresión
y embarazo entre un grupo de 4.463 mujeres. Un total de 421 tuvieron su primer
aborto o su primera interrupción voluntaria entre 1980 y 1992.
En un promedio de ocho años después de haberse sometido al aborto,
el 138% de las mujeres casadas sufrían un mayor riesgo de depresión
clínica en comparación de las que llevaron su primer embarazo
hasta el final.
En cuanto a los anticonceptivos, incluso las más modernas generaciones
de píldoras de control de nacimientos conllevan riesgos para la salud.
La así llamada tercera generación de píldoras aumenta
el riesgo de infarto y también aumentan la posibilidad de desarrollar
coágulos de sangre. El doctor Ale Algra, del Centro Médico Universitario
de Utrecht, Holanda, afirmó en una reunión de la American Stroke
Association que cerca de tres mujeres de cada 10.000 tienen un infarto cada
año, pero el número se multiplica por dos (seis al año)
cuando toman la píldora anticonceptiva.
Algra también afirmaba que mientras su grupo informaba en enero que
las píldoras de tercera generación conllevan un riesgo menor
de ataque al corazón, otro grupo hizo un estudio similar, descubriendo
que el riesgo era mayor, informaba Reuters el 7 de febrero.
Un
informe más reciente, esta vez de los mismos fabricantes de la píldora
anticonceptiva, respaldan la alerta de Algra. Un estudio interno de la compañía
Wyeth de medicamentos reveló que ocho de cada 10.000 mujeres
que usan píldoras de tercera generación desarrollan coágulos sanguíneos
potencialmente fatales, informaba el Sunday Times el 3 de marzo.
El
informe forma parte de los resultados presentados en una demanda legal
ante Corte Suprema de Londres. El caso se está llevando en nombre de
104 mujeres, cuyas muertes o enfermedades están relacionadas con la
píldoras introducidas en los primeros años ochenta. Siete mujeres
británicas murieron poco después de comenzar a tomar la píldora
y las 97 restantes aseguran haber sufrido daños, incluyendo infartos
y parálisis.
¿Y ahora qué? Como Deborah Simmons comentaba en el Washington
Times del 15 de febrero, es necesario estudiar más a fondo los programas
de abstinencia para medir cuidadosamente su efectividad. Si bien los programas
que promueven la abstinencia pueden tener sus problemas, los programas de educación
sexual llevados a cabo en años pasados han tenido resultados mucho peores.
Según esos antiguos programas, “en vez de enseñar a los
niños a no practicar el sexo, se les enseñaba cómo practicarlo”,
comentaba Simmons. El resultado fueron índices altísimos de embarazos
y de enfermedades de transmisión sexual entre adolescentes. La educación
en la abstinencia, en comparación, ofrece sin duda muchas más
garantías.