Autor:
Jokin de Irala,Profesor titular, Unidad de Epidemiología y Salud
Pública, Universidad de Navarra
Acaba
de aprobarse una Ley en el estado americano de Nueva Jersey que da especial prioridad
a la promoción de la abstinencia de relaciones sexuales en
los programas de educación sexual en colegios públicos. La ley
insiste en que deben replantearse los materiales pedagógicos a fin de
que siempre quede claro y contundente el mensaje de que la abstinencia de relaciones
sexuales es la medida más eficaz y razonable contra los embarazos imprevistos
y las enfermedades de transmisión sexual, auténticas epidemias
de nuestro tiempo.
Los mensajes que hemos ido oyendo en los medios de comunicación promueven
el uso del condón. Estos mensajes no tienen nada que ver con la abstinencia,
más bien por el contrario dan al público una falsa idea de seguridad
frente al SIDA y los embarazos imprevistos.
El argumento que impera en la calle para justificar la
exclusividad del mensaje del preservativo es fundamentalmente que "no es posible, realista, pedir
a los jóvenes que se abstengan". Por otra parte, muchos dirán,
siguiendo el antiamericanismo superficial que parece ser lo políticamente
correcto en la actualidad, que dicha ley es fruto de lo exagerados y puritanos
que son los americanos para todo.
El problema es grave, estamos ante epidemias de embarazos
imprevistos y enfermedades de transmisión sexual sin precedentes, millones de jóvenes se
quedan infertiles o adquieren el virus del papiloma humano que es el principal
responsable del cáncer genital.
Son enfermedades de transmisión sexual contra las cuales poco hacen
los preservativos y no olvidemos que en diferentes países del continente
africano la esperanza de vida es en la actualidad de unos 45 años debido
al SIDA. Tenemos que valorar diferentes soluciones pero debemos evitar discusiones
populacheras como las que a veces se oyen en algunas tertulias radiofónicas
con pseudoexpertos. Podemos o no tratar el problema bajo el interesante punto
de vista moral. Sin embargo, nunca debemos obviar la evidencia científica
existente al respecto.
Lo indudable es que el mensaje que abunda en este país no tiene nada
que ver con el mensaje oficial de otras autoridades sanitarias como la Organización
Mundial de la Salud donde se afirman tres recomendaciones y por este orden:
1) El único medio eficaz de prevención del SIDA es la abstinencia
de relaciones sexuales , 2) En el caso de que esto no sea posible, que se tengan
relaciones sexuales mutuamente monógamas con una persona no infectada,
3) En el caso de que los anteriores no sean posibles, informar de que el uso
consistente del preservativo puede disminuir, aunque no eliminar, el riesgo
de transmisión del SIDA.
Hay en la actualidad bastante evidencia científica que sugiere que
es un error omitir este mensaje de la abstinencia: En primer lugar, los científicos
están apelando a que este mensaje se introduzca de manera prioritaria
en las escuelas (McIlhaney JS, Am J Obstet Gynecol 2000;183:334-9).
En segundo lugar, en el congreso sobre SIDA celebrado
en Durban en el verano del 2000, quedó muy patente la grave situación en diferentes
países africanos. En Uganda sin embargo, se ha conseguido disminuir
mucho la incidencia de infección por el virus del SIDA a base de programas
de educación sanitaria apelando al retraso del inicio de las relaciones
sexuales en los jóvenes y en contra de las relaciones sexuales promiscuas
fuera de una pareja estable.
Podemos señalar por último que las recientes revisiones de medicina
basada en evidencias realizada por la prestigiosa fundación Cochrane
(especializados en realizar revisiones críticas de toda la evidencia
científica que existe sobre un tema determinado) indican claramente
que el preservativo disminuye la probabilidad de infección por el virus
del SIDA en un 80%, lejos de ese 100% sugerido por nuestras campañas
que a la vista son claramente engañosas (Weller S, Davis K, Cochrane
Review, Issue 4, 2001).
Con todos estos datos, que cualquiera puede consultar,
no podemos menos que preguntarnos cómo es posible que nuestros jóvenes, y nosotros
todos, seamos capaces de abstenernos de dormir si queremos jugar un partido
pronto por la mañana, abstenernos de ver la televisión si queremos
aprobar un examen, abstenernos de una dieta que nos apetezca para mantener
la línea o incluso de no comer en una huelga de hambre para defender
un ideal y sin embargo no sea posible hablar de abstinencia en la sexualidad.
Quizás debemos examinar con más detenimiento las experiencias
en otros países (como el ejemplo de Uganda o la nueva ley norteamericana
antes citada) para valorar en qué medida nos puedan ser útiles
al menos algunas de las decisiones que se están tomando.
En realidad, la juventud actual está claramente engañada y en
consecuencia no puede ser plenamente libre en el campo de la sexualidad. Hasta
que no se les informe claramente de que la abstinencia es la mejor garantía
que tienen contra estos problemas y hasta que no se les informe de que el preservativo
solamente reduce el riego de transmisión en un 80%, no podemos hablar
de auténtica libertad de elección.