El
Papa Juan Pablo II a la asociación italiana del “RnS”
«La Renovación Carismática
es un don para la Iglesia»
El
jueves 14 de Marzo de 2002, el Santo Padre celebró el
30º aniversario de la llegada de la Renovación
Carismática a Italia, cuando recibió a
una delegación de miembros del Rinnovamento
nello Spirito Santo (RnS), la realidad carismática
más representativa de Italia. El RnS tiene alrededor
de 200.000 miembros en 1.800 comunidades o grupos de
oración. El Santo Padre resumió lo que
es este movimiento de esta maravillosa manera: “La
Renovación en el Espíritu puede considerarse
un don especial del Espíritu Santo a la Iglesia
en nuestro tiempo. En vuestro movimiento, nacido en
la Iglesia y para la Iglesia, a la luz del Evangelio
se experimentan el encuentro vivo con Jesús,
la fidelidad a Dios en la oración personal y
comunitaria, la escucha confiada de su Palabra y el
redescubrimiento vital de los sacramentos, pero también
la valentía en las pruebas y la esperanza en
las tribulaciones”. He aquí la traducción
del discurso en italiano del Papa.
Amadísimos hermanos y
hermanas:
Con gran alegría os acojo a vosotros, representantes
del grupo de la Renovación en el Espíritu
Santo, con ocasión del trigésimo aniversario
de vuestra presencia en Italia. Saludo al coordinador
del Comité nacional de servicio y a cuantos
colaboran con él.
Recuerdo con agrado los encuentros
que he tenido con vosotros durante los años pasados. Desde el
primero, en la solemnidad de Cristo Rey de 1980, hasta
el de 1998, en la víspera del Encuentro con
los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades,
con ocasión de Pentecostés. No puedo
olvidar tampoco la contribución que la- Renovación
en el Espíritu dio con ocasión del gran
jubileo del año 2000, de modo especial ayudando
a los jóvenes y a las familias, que desde el
comienzo de mi pontificado no me canso de indicar como ámbitos
privilegiados del compromiso pastoral. También
deseo agradecer a vuestros dirigentes el haber querido
imprimir a la Renovación un marcado carácter
de colaboración con la jerarquía y con
los responsables de los demás movimientos, asociaciones
y comunidades. Por todo esto, juntamente con vosotros,
alabo al Señor, que enriquece a su Iglesia con
innumerables dones espirituales.
¡Sí! La Renovación en el Espíritu
puede considerarse un don especial del Espíritu
Santo a la Iglesia en nuestro tiempo. En vuestro movimiento,
nacido en la Iglesia y para la Iglesia, a la luz del
Evangelio se experimentan el encuentro vivo con Jesús,
la fidelidad a Dios en la oración personal y
comunitaria, la escucha confiada de su Palabra y el
redescubrimiento vital de los sacramentos, pero también
la valentía en las pruebas y la esperanza en
las tribulaciones.
El amor a la Iglesia y la adhesión a su Magisterio,
en un can-ún6 de maduración eclesial
sostenido por una sólida formación permanente,
son signos elocuentes de vuestro empeño por
evitar el peligro de secundar, sin querer, una experiencia
de lo divino sólo emocional, una búsqueda
excesiva de lo “extraordinario” y un repliegue
intimista que evite el compromiso apostólico.
En esta circunstancia especial
deseo bendecir idealmente tres proyectos, en los
que estáis trabajando,
y que proyectan “fuera del Cenáculo” a
los grupos y a las comunidades de la Renovación
en el Espíritu con generoso impulso misionero.
Me refiero, ante todo, al apoyo
que estáis
dando a la implantatio Ecclesiae en Moldavia, en estrecha
colaboración con la fundación “Regina
Pacis” de la Arquidiócesis de Lecce, constituyendo
una comunidad misionera unida a la diócesis
de Chisinau. Saludo con afecto a los pastores de esas
comunidades eclesiales, monseñor Cosmo Francesco
Ruppi y inonseñor Anton Cosa, así como
a los obispos que participan en este encuentro.
Otro interesante proyecto es
la animación espiritual
en los santuarios marianos, lugares privilegiados del
Espíritu, que os brinda la ocasión de
ofrecer a los peregrinos itinerarios de profundización
de la fe y de reflexión espiritual.
Por último, está el proyecto “Zarza
Ardiente”, que es una invitación a la
adoración incesante, día y noche. Habéis
querido promover esta oportuna iniciativa para ayudar
a los fieles a “volver al Cenáculo”,
a fin de que, unidos en la contemplación del
misterio eucarístico, intercedan mediante el
Espíritu por la unidad plena de los cristianos
y por la conversión de los pecadores.
Se trata de tres diversos campos
apostólicos,
en los que vuestra experiencia puede dar un testimonio
muy providencial. El Señor guíe vuestros
pasos y haga que vuestros propósitos den abundantes
frutos para vosotros mismos y para la Iglesia.
Si se mira bien, todas vuestras
actividades de evangelización
tienden, en resumidas cuentas, a promover en el pueblo
de Dios un crecimiento constante en la santidad. En
efecto, la santidad es la prioridad de todos los tiempos
y, por tanto, también de nuestra época.
La Iglesia y el mundo necesitan santos, y nosotros
seremos tanto más santos cuanto más dejemos
que el Espíritu Santo nos configure con Cristo. Éste
es el secreto de la experiencia regeneradora de la “efusión
del Espíritu”, experiencia típica
que distingue el camino de crecimiento propuesto a
los miembros de vuestros grupos y comunidades. Deseo
de corazón que la Renovación en el Espíritu
sea en la Iglesia un verdadero “gimnasio” de
oración y ascesis, de virtud y santidad.
De modo especial, seguid amando
y haciendo amar la plegaria de alabanza, forma de
oración que reconoce
más inmediatamente que Dios es Dios; le canta
por él mismo, le da gloria por lo que él
es, más que por lo que hace (cf. Catecismo de
la Iglesia Católica 2639).
En nuestro tiempo, sediento de
esperanza, dad a conocer y haced amar al Espíritu Santo. Así ayudaréis
a que torne forma “la cultura de Pentecostés”,
la única que puede fecundar la civilización
del amor y de la convivencia entre los pueblos. No
os canséis de invocar con ferviente insistencia: “¡Ven
Espíritu Santo! ¡Ven! ¡Ven!”.
La Madre Santísima de Cristo y de la Iglesia,
la Virgen orante en el Cenáculo, esté siempre
con vosotros. Os acompañe también mi
bendición, que os imparto con afecto a vosotros
y a todos los miembros de la Renovación en el
Espíritu.
Roma, 14 de Marzo de 2002
Juan
Pablo II
Boletín de ICCRS. Número
especial / Mayo - Junio 2002
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