

La
confianza en la Divina Misericordia
La confianza es
el fundamento de aquellos que deseen vivir el mensaje de
la Divina Misericordia. Debemos ser vasijas de
misericordia, y la cantidad que pueda contener esa vasija para
irradiarla a los demás, dependerá de la confianza.
“El alma que confía en Mi misericordia es la
más feliz porque Yo Mismo tengo cuidado de ella” (Diario,
1273 )
“..invita a las almas con las cuales estás en
contacto a confiar en Mi misericordia infinita. Oh cuánto
amo a las almas que se Me han confiado totalmente, haré todo
por ellas.” (Diario, 294)
La confianza requiere
de la conversión del corazón;
esencia del mensaje de nuestro Señor. Esta escrito en
Ezequiel 36, 26 :”Y os daré un corazón
nuevo, infundiré en vosotros espíritu nuevo,
quitaré de vuestra carne el corazón de piedra
y os daré un corazón de carne.”
David escribió en el Salmo 62, “En
Dios solo el descanso de mi alma, de él viene mi salvación,
solo él mi roca, mi salvación, mi ciudadela,
no he de vacilar” (Sal 62, 2-3). Sin embargo, desafortunadamente
muchos de nosotros carecemos de la confianza en Dios y canalizamos
nuestros enojos, frustraciones, dolores y ansiedades a través
de medios que nos hacen daño, como el alcoholismo, el
abuso de drogas, la adicción por el trabajo y la comida.
El confiar en Dios
requiere de una relación con Dios.
Algunos de nosotros no tuvimos una relación sana con
nuestros padres, que supuestamente deberían de habernos
nutrido y apoyado en todos los sentidos, y ya como adultos,
nos cuesta trabajo confiar. Los que son adictos a algo, tienen
una relación de confianza patológica con un objeto
o evento; para sentirse en paz y felices, confían en
el alcohol, en la comida u otras cosas. En el Programa de los
Doce Pasos, se recomienda que uno desarrolle una relación
con una “fuerza mayor”. Sin embargo, los
Cristianos sabemos que Jesucristo es esa “Fuerza Mayor”, ya
que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. “Por
lo cual Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre
que está sobre todo nombre. Para que al Nombre de Jesús
toda rodilla se doble, en los cielos, en la tierra y en los
abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es
El SEÑOR, para gloria de Dios Padre,” (Flp. 2,9-11)
El
Salmo 62 nos invita a arriesgarnos confiando en Dios y abandonándonos
a su cuidado. La ansiedad y la confianza en Dios son incompatibles;
la ansiedad por cualquier cosa, especialmente por cosas que
están fuera de nuestro control, reflejan una cierta
incredulidad y falta de confianza en Dios.
Muchos
de nosotros perdemos tanto tiempo, esfuerzo y energías,
preocupándonos por lo que pudo haber sido, podría
pasar o pasará, que perdemos el sentido del momento
presente. Debemos mantenernos en el presente y concentrarnos
en lo que estamos haciendo ahora, y cómo estamos ante
Dios hoy. No necesitamos preocuparnos del mañana; podríamos
aprender la lección de los israelitas, que el maná que
ellos comieron en el desierto sólo era bueno por un
día (Cfr. Ex 16). En otras palabras, ellos tenían
que confiar cada día en que el Señor proveería.
La confianza requiere
de humildad; la persona orgullosa y exitosa siente que su
bienestar material y sus logros vienen
solo de su propio esfuerzo. Cuando uno está en la cumbre
del éxito, hay poca necesidad de confiar en Dios. Pero
el confiar en uno mismo y no en el Señor sólo
nos llevará al fracaso. “Confía en Yahveh
de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia.” (Pr
3,5) Dice Nuestro Señor´: “Nunca confíes
en ti misma, sino que abandónate totalmente a Mi voluntad.” (Diario,
1760)
El
Señor le dijo claramente a Santa Faustina, que mientras
más confianza tengamos en Él y tratemos de vivir
Su voluntad y no la nuestra, mayores gracias recibiríamos.
Le dijo: “Di, hija Mía, que soy el Amor y
la Misericordia Mismos. Cuando un alma se acerca a Mí con
confianza, la colmo con tal abundancia, la colmo con tal abundancia
de
gracias que ella no puede contenerlas en sí misma, sino
que las irradia sobre otras almas" (Diario, 1074).
Nuestro
Señor nos habla acerca de la confianza en Su
misericordia:
“El alma más querida para Mí es la que cree fuertemente
en Mi bondad y la que Me tiene confianza plenamente; le ofrezco
Mi confianza y le doy todo lo que pide.” (Diario 453)
“...Tu empeño debe ser la total confianza en
Mi bondad, el Mío, darte todo lo que necesites. Me hago
dependiente de tu confianza; si tu confianza es grande Mi generosidad
no conocerá los límites.” (Diario, 548)
De nuevo, la confianza
en Dios es facil cuando todo va bien. Sin embargo, en momentos
de sufrimiento y pruebas, aparece
la duda y nos preguntamos “¿dónde
está Dios?” o “de verdad existe Dios”? La ruina financiera,
la súbita muerte de un ser querido, el divorcio, y los niños atormentados
por las drogas, son solo algunos de los episodios dolorosos de la vida que Dios
puede utilizar para acercarnos más a Él. Pero la confianza en
Dios es la clave; debemos dejar que sea como el salvavidas al que nos aferramos
cuando
sentimos que nos estamos ahogando.
¿Has experimentado alguna vez la enfermedad o la muerte de algún
familiar? Involucrar a los seres queridos puede que sea muy espiritual, pero
cuando nos
enfrentamos a una crisis y una prueba, inmediatamente olvidamos todo lo relacionado
con la confianza en Dios y nos paralizamos en la prueba. Debemos recordar que
estas formas de sufrimiento nos dan la oportunidad de confiar en Dios y de
crecer espiritualmente. Y si oramos, discernimos y entonces debemos pedir fortaleza, ánimo
y una mayor confianza en Jesús – La Divina Misericordia – en
el momento de la prueba.
Piensa en
Job, quien perdió a su familia, su salud y su fortuna. Durante
sus continuas pruebas, Dios nunca le informó porqué le estaba
pasando todo aquello. Sin embargo, Job no maldijo a Dios; al contrario, se
maravillaba de las bellezas de la creación y sabía que debía
confiar en el Creador en tiempos de sufrimiento. Así como en el caso
de Job, especialmente en sus sufrimientos y pruebas de la vida diaria, la experiencia
de un ser querido en un accidente, el ser despedido del trabajo, nos hacen
darnos cuenta de qué tan vulnerables somos y el poco control que de
hecho tenemos sobre los acontecimientos de la vida.
En momentos
de lucha y frustración, debemos de tener la actitud de Pedro
que dijo, “Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado
nada; pero en tu palabra, echaré las redes” “Y, haciéndolo
así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban
romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para
vinieran en su ayuda.” (Lc 5,5-7)
En otra
ocasión, el Señor le dijo a Santa Faustina; “Que
las almas que tienden a la perfección adoren especialmente Mi misericordia,
porque la abundancia de gracias que les concedo proviene de Mi misericordia.
Deseo que estas almas se distingan por una confianza sin límites en
Mi misericordia. Yo Mismo Me ocupo de la santificación de estas almas,
les daré todo lo que sea necesario para su santidad. Las gracias de
Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza.
Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá.
Las almas que confían sin limites son mi gran consuelo, porque en tales
almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro mucho de que pidan
mucho, porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en
cambio, si las almas piden poco y estrechan sus corazones.” (Diario 1578)
“En cada alma cumplo la obra de la misericordia, y cuanto más grande
es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia.
Quien confía en Mi misericordia no perecerá porque todos sus
asuntos son Míos y los enemigos se estrellarán a los pies de
Mi escabel.* ” (Diario, 723)
*Escabel: escabel
1. m. Tarima pequeña que se pone delante de la silla para que descansen
los pies de quien está sentado. Fuente: Diccionario de la lengua española.
Vigésima segunda edición
Fuente: Libro, la Divina Misericordia
en mi alma, Diario de Santa Faustina. Libro: La Divina Misericordia una forma
de Vida / Autor:
Bryan S.Tatcher, Apóstoles
Eucarísticos de la Divina Misericordia.