Nos
dice Nuestro Señor Jesucristo sobre su Divina Misericordia:
Has
de saber, hija Mía, que Mi Corazón es la
Misericordia Misma. De este mar de misericordia las gracias
se derraman sobre el mundo entero.
Ningún alma que se haya acercado a Mí, se ha
retirado sin consuelo. Toda miseria se hunde [en] Mi misericordia
y de este manantial brota toda gracia salvadora y santificante.
Hija Mía, deseo que tu corazón sea la sede de
Mi misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre
el mundo entero a través de tu corazón. Cualquiera
que se acerque a ti, no puede retirarse sin confiar en esta
misericordia mía que tanto deseo para las almas.
Reza,
cuanto puedas por los agonizantes impetra para ellos la confianza
en Mi
misericordia, porque son ellos los que más
necesitan la confianza quienes la tienen muy poca. Has de saber
que la gracia de la salvación eterna de algunas almas
en el último momento dependió de tu oración.
Tú conoces
todo el abismo de Mi misericordia, (129) entonces recoge
de ella para ti y especialmente para los pobres
pecadores. Antes el cielo y la tierra se vuelven a la nada,
que Mi misericordia deje de abrazar a un alma confiada.
* Fuente: "La Divina Misericordia en mi alma" (Diario
de Santa Faustina Kowalska) Mensajes dictados a Santa Faustina
por Nuestro Señor Jesucristo.