Nuestro
Señor Jesús, en las revelaciones privadas
a Santa Faustina, deseaba que todos los días se honrara
aquel momento de su agonía en la Cruz, por esto le pidió: “Cada
vez que escuches el reloj a las tres de la tarde, recuerda
sumergirte en Mi misericordia, adorándola y exaltándola;
invoca su omnipotencia para el mundo entero y especialmente
para los pobres pecadores, pues fue en esta hora cuando Mi
sacrificio se llevó a cabo para todas las almas” (Diario,
517). “Es una hora de grande misericordia para
el mundo entero” (Diario, 440). “En
esta hora nada le será negado
al alma que lo pida por los meritos de mi Pasión…” (Diario,
1320).
Se
trata por consiguiente de un momento más o menos
espacioso dedicado a meditar sobre su Pasión dolorosa,
porque precisamente en ella apareció de un modo
más pleno y más claro el amor de Dios para todos
los hombres.
Al sumergirnos en
la pasión de Jesús descubrimos
su infinito amor misericordioso: “Nadie tiene amor más
grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13).
Dando su vida por nosotros en la Cruz, Jesús nos muestra
el amor del Padre: “Tanto amó Dios al mundo que
le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en
El no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16).
Jesús
desea que se le adore y se exalte la misericordia de Dios
y que por los méritos de Su Pasión se
pidan gracias tanto para sí mismo como para el mundo
entero y sobre todo, para los pecadores.
Así exhortaba Jesús
a Santa Faustina:
“En esta Hora, trata de celebrar el Vía Crucis si tus
obligaciones te lo permiten y si no puedes rezar el Vía
Crucis, entra por lo menos a la capilla y ora por un momento
y honra Mi Corazón que está lleno de misericordia
en el Santísimo Sacramento. Y si no puedes acudir a
la capilla, haz por lo menos una oración por breves
momentos en el lugar en el que te encuentres” (Diario,
517).
Se
debe tener en cuenta que la Hora de la Misericordia está ligada
a las tres de la tarde y debe ser dirigida a Jesús y
que la materia de oración y reflexión que nos
ocupa es la muerte de Jesús. Puede utilizarse una reflexión
o varias, según el tiempo del que se disponga. Al iniciar,
estando de rodillas ante el Santísimo Sacramento, se
hace la invocación que se indica antes de la meditación.
Terminada la meditación se ha de realizar el Vía
Crucis, como solicita Nuestro Señor: pide expresamente
que se rece si nos es posible todos los días a las 3
de la tarde, que se recuerde a la hora en que Él murió por
todos nosotros.
Ademas
una promesa:
"En esa hora puedes obtener todo lo que pidas para ti o para
los demás. En esa hora se estableció la gracia
para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre
la justicia." (Diario 1572)
Esto es muy importante el rezo de las 3 de la tarde, la hora
de la Divina Misericordia.