Oh
Jesús, escondido en el Santísimo Sacramento,
mi único Amor y Misericordia, te encomiendo todas las
necesidades de mi alma y de mi cuerpo. Tú puedes ayudarme
porque eres la misericordia misma; en ti toda mi esperanza.
Por los pecadores
Oh
Dios de gran misericordia, que te dignaste enviarnos a tu
Hijo Unigénito como el mayor testimonio de tu insondable
amor y misericordia, tú no rechazas a los pecadores
sino que también a ellos has abierto el tesoro de tu
infinita misericordia, del que pueden recoger en abundancia
tanto la justificación como toda santidad a la que un
alma puede llegar.
Padre de gran misericordia, deseo que todos los corazones se
dirijan con confianza a tu infinita misericordia. Nadie podrá justificarse
ante ti si no va acompañado por la insondable misericordia
tuya. Cuando nos reveles el misterio de tu misericordia, la
eternidad no bastará para agradecerte por ella debidamente.
En el sufrimiento
Oh
mi Jesús, dame fuerza para soportar los sufrimientos
y para que mi boca no se tuerza cuando bebo el cáliz
de la amargura. Ayúdame tú mismo para que mi
sacrificio te sea agradable: que no lo profane mi amor propia.
Que te alabe, oh Señor, todo lo que hay dentro de mí:
la miseria y la fuerza.
Oraciones
a la hora de la Misericordia
Oh
Sangre y Agua que brotaste del Santísimo Corazón
de Jesús como fuente de misericordia para nosotros en
ti confío.
Oh
Jesús, te entregaste por nosotros a tan asombrosa
pasión únicamente por amor. La justicia de tu
Padre habría sido expiada con un solo suspiro tuyo y
todos tus anonadamientos son actos de tu misericordia y tu
inconcebible amor (...) Cuando estabas muriendo en la cruz,
en aquel momento nos donaste tu vida eterna, al haber permitido
abrir tu sacratísimo costado nos abriste una inagotable
fuente de tu misericordia; nos ofreciste lo más valioso
que tenías, es decir, la sangre y el agua de tu Corazón.
He aquí la omnipotencia de tu misericordia, de ella
toda gracia fluye a nosotros.
Oh
Jesús extendido sobre la cruz, te ruego concédeme
la gracia de cumplir fielmente con la santísima voluntad
de tu Padre en todas las cosas, siempre y en todo lugar. Y
cuando esta voluntad me parezca pesada y difícil de
cumplir, es entonces que te ruego, Jesús, que de tus
heridas fluyan sobre mí fuerza y fortaleza y que mis
labios repitan constantemente: hágase tu voluntad, Señor.
Oh
Salvador del mundo, Amante de la salvación humana
que entre terribles tormentos y dolor, te olvidaste de ti mismo
para pensar únicamente en la salvación de las
almas. Compasivísimo Jesús, concédeme
la gracia de olvidarme de mí misma para que pueda vivir
totalmente por las almas, ayudándote en la obra de salvación,
según la santísima voluntad de tu Padre.
Expiraste,
Jesús, pero la fuente de vida brotó para
las almas y se abrió el mar de misericordia para el
mundo entero. Oh fuente de vida, insondable misericordia de
Dios, abarca el mundo entero y derrámate sobre nosotros.
Oh
Sangre y Agua, que brotaste del Corazón de Jesús
como una Fuente de Misericordia para nosotros, en ti confío!
Tu
expiraste, Jesús, pero la fuente de vida brotó inmensamente
para las almas, y el océano de Misericordia se abrió por
todo el mundo. O fuente de Vida, Oh Misericordia Infinita,
envuelve todo el mundo y desocúpate sobre nosotros.
Oh
Sangre y Agua que brotaste del Santísimo Corazón
de Jesús como fuente de misericordia para nosotros en
ti confío (187).
Oh
Jesús, te entregaste por nosotros a tan asombrosa
pasión únicamente por amor. La justicia de tu
Padre habría sido expiada con un solo suspiro tuyo y
todos tus anonadamientos son actos de tu misericordia y tu
inconcebible amor (...) Cuando estabas muriendo en la cruz,
en aquel momento nos donaste tu vida eterna, al haber permitido
abrir tu sacratísimo costado nos abriste una inagotable
fuente de tu misericordia; nos ofreciste lo más valioso
que tenías, es decir, la sangre y el agua de tu Corazón.
He aquí la omnipotencia de tu misericordia, de ella
toda gracia fluye a nosotros (1447).
Oh
Jesús, Verdad eterna, Vida nuestra, te suplico y
mendigo tu misericordia para los pobres pecadores. Dulcísimo
Corazón de mi Señor, lleno de piedad y de misericordia
insondable, te suplico por los pobres pecadores. Oh sacratísimo
Corazón, fuente de misericordia de donde brotan rayos
de gracias inconcebibles sobre toda la raza humana. Te suplico
luz para los pobres pecadores. Oh Jesús, recuerda tu
amarga pasión y no permitas que se pierdan las almas
redimidas con tan preciosísima, santísima sangre
tuya. Oh Jesús, cuando considero el alto precio de tu
sangre, me regocijo en su inmensidad porque una sola gota habría
bastado para salvar a todos los pecadores (...) Oh, qué alegría
arde en mi corazón cuando contemplo tu bondad inconcebible,
oh Jesús mío. Deseo traer a todos los pecadores
a tus pies para que glorifiquen tu misericordia por los siglos
de los siglos (72).
Oh
Jesús extendido sobre la cruz, te ruego concédeme
la gracia de cumplir fielmente con la santísima voluntad
de tu Padre en todas las cosas, siempre y en todo lugar. Y
cuando esta voluntad me parezca pesada y difícil de
cumplir, es entonces que te ruego, Jesús, que de tus
heridas fluyan sobre mí fuerza y fortaleza y que mis
labios repitan constantemente: hágase tu voluntad, Señor.
Oh
Salvador del mundo, Amante de la salvación humana
que entre terribles tormentos y dolor, te olvidaste de ti mismo
para pensar únicamente en la salvación de las
almas. Compasivísimo Jesús, concédeme
la gracia de olvidarme de mí misma para que pueda vivir
totalmente por las almas, ayudándote en la obra de salvación,
según la santísima voluntad de tu Padre (1265).
Expiraste,
Jesús, pero la fuente de vida brotó para
las almas y se abrió el mar de misericordia para el
mundo entero. Oh fuente de vida, insondable misericordia de
Dios, abarca el mundo entero y derrámate sobre nosotros
(1319).