Preguntas
y Respuestas sobre la Eucaristía
¿Qué nos enseña nuestra fe acerca de
la Eucaristía?
Nuestra fe nos enseña que aquello que proclamamos en
la Eucaristía, la muerte y resurrección de Cristo,
también se hace presente en ese mismo acto por el poder
del amor y la bondad de Dios. Este es el corazón de
nuestra fe en el sacramento que denominamos Eucaristía,
el santo sacrificio de la Misa, la real presencia de Cristo.
¿De qué diversas maneras se describe la Eucaristía?
El Catecismo de la Iglesia Católica comienza el articulo
sobre la Eucaristía con una reflexión acerca
de los nombres con los que se identifica dicho sacramento.
Allí leemos que cada nombre del sacramento evoca algunos
de sus aspectos . Se le llama "Eucaristía porque
es acción de gracias a Dios (1328). A veces se lo denomina "Fracción
del pan porque Jesús usó este rito, sobre todo,
en la Última Cena (1 329). También se dice que
la Eucaristía es "el memorial de la pasión
y resurrección del Señor... el Santo Sacrificio
porque actualiza el sacrificio de Cristo Salvador e incluye
la ofrenda de la Iglesia (1330).
¿ Por qué es la Eucaristía
tan importante para la Iglesia?
La Eucaristía se encuentra en el corazón mismo
de la vida de la Iglesia. En la celebración de este
misterio de fe, Cristo mismo se hace presente ante su pueblo.
La Eucaristía, rica en simbolismo e incluso más
rica en realidad, lleva intrínsecamente toda la realidad
de Cristo y actúa cómo mediador de su obra hacia
nosotros. En pocas palabras, cuando la Iglesia se reúne
para adorar a Dios y ofrece el sacrificio Eucarístico,
Cristo no sólo está presente de forma real y
verdadera en la forma del pan y el vino sino que también
continúa su obra salvadora para nuestra salvación.
¿ Qué es lo que realmente se hace presente con
la Eucaristía?
En la Eucaristía, Jesús ha instituido un sacramento
en el que la misma pasión, muerte y resurrección
que el sufriría se haría presente nuevamente
en nuestras vidas de una forma que nos permite compartir los
beneficios de la cruz. Hablamos de la muerte ante el pecado
y el nacimiento en una nueva vida porque participamos en el
misterio de la muerte y resurrección de Jesús.
La Iglesia usa la palabra "re-presentar" (hacer presente
nuevamente) para referirse a lo que sucede en la Misa. La frase "santo
sacrificio dc la Misa también es exacta porque por medio
del sacramento, la muerte y resurrección de Jesús
se hacen presentes nuevamente. El sacrificio de Cristo y el
sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio.
¿ Cuándo y por qué se instituyó la
Eucaristía?
Con gran claridad, la constitución del Concilio Vaticano
II sobre la Sagrada Liturgia nos enseña: "Nuestro
Salvador, en la Última Cena, la noche que le traicionaban,
instituyó el Sacrificio Eucarístico de su Cuerpo
y Sangre, con lo cual iba a perpetuar por los siglos, hasta
su vuelta, el Sacrificio de la Cruz y a confiar a su Esposa,
la Iglesia, el Memorial de su Muerte y Resurrección:
sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad,
banquete pascual, en el cual se come a Cristo, el alma se llena
de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera (SC
47).
¿ Qué relación existe entre la Eucaristía
y la Ultima Cena?
Los orígenes de la Eucaristía se encuentran
en la Última Cena. EI Catecismo nos enseña que "para
dejarles una prenda de este amor, para no alejarse nunca de
los suyos y hacerles partícipes de su Pascua, instituyó la
Eucaristía como memorial de su muerte y de su resurrección
y ordenó a sus apóstoles celebrarlo hasta su
retorno; constituyéndoles entonces sacerdotes del Nuevo
Testamento (1337). En el contexto de la Última Cena,
Jesús instituyó un nuevo sacrificio memorial.
Como memorial de su muerte y resurrección en el curso
de la Cena Pascual con sus apóstoles, Jesús tomo
pan, "pronuncio la bendición, lo partió y
lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen, coman, éste
es mí cuerpo" (Mt 26, 26). De la misma manera,
tomó la copa ceremonial de vino, "dio gracias y
se la pasó diciendo: "Esta copa es la alianza nueva
sellada con mi sangre, que es derramada por ustedes" (Lc
22, 20). Finalmente, les ordenó: "Hagan esto en
memoria mía" (1 Co 11,24).
Al igual que la Cena Pascual, este sacrificio
memorial del nuevo orden es tanto sacrificio como comida
sagrada. Ambos
aspectos son parte, en forma inseparable, del mismo misterio.
En una representación sin sangre del sacrificio de la
cruz y aplicando su poder de salvación, el Señor
se ofrece en el sacrificio de la Misa cuando a través
de las palabras de la consagración y la efusión
del Espíritu Santo, Cristo está presente en forma
sacramental en la forma del pan y el vino para convertirse
en el alimento espiritual de los fieles.
¿ Qué significa que Jesús murió una
vez y para siempre?
Es verdad que sólo existe un único sacrificio:
la ofrenda personal de Cristo en la cruz en el Calvario. Jesús,
que fue la víctima de nuestros pecados, se ofreció una
vez y para siempre para nuestra redención. "Por
eso Cristo es el mediador de un nuevo testamento o alianza.
Por su muerte fueron redimidas las faltas cometidas bajo el
régimen de la primera alianza, y desde entonces la promesa
se cumple en los que Dios llama para la herencia eterna (Heb
9, 15).
Este gran sacrificio fue ofrecido por
Jesús, el sacerdote
y víctima, que se ofreció a sí mismo en
el altar de la cruz para nuestra redención. Este sacrificio
no se debe y no se puede repetir, pero se lo puede presentar
nuevamente de manera que podamos, en forma sacramental y espiritual,
participar en él y obtener alimento espiritual de este
sacrificio. Si bien es cierto que no podemos estar físicamente
presentes en el Calvario, estamos presentes en un sentido real,
sacramental y espiritual cuando participamos en la Eucaristía,
ya que los méritos obtenidos para nosotros mediante
la muerte de Jesús se nos ofrecen en lo que denominamos
el misterio pascual la pascua de la muerte a la vida.
¿ Durante cuánto tiempo hemos celebrado los cristianos
a Eucaristía como lo hacemos ahora?
Uno de los aspectos más curiosos de la celebración
de la Eucaristía es el hecho de que haya cambiado tan
POCO a lo largo de veinte siglos. Los elementos esenciales
se encuentran en la narrativa de la institución de la
Eucaristía tal como se la describe en los evangelios.
La estructura litúrgica de la celebración evolucionó muy
rápidamente en los primeros años de vida de la
Iglesia, tal como vemos en la Primera Carta del Apóstol
San Pablo a los Corintios (1 Co 11, 26) y los elementos esenciales
se han mantenido sin cambios. Incluso en muchos de los detalles,
encontramos hoy en la celebración de la liturgia una
identidad con lo que sucedió antes de nosotros durante
tantos siglos.
Tal como leemos en la Instrucción General del Misal
Romano, la Iglesia siempre ha respetado el mandato de Cristo
de preparar una gran sala amueblada y lista donde pudiera celebrar
con sus miembros la Cena Pascual e instituir el sacrificio
de su cuerpo y sangre (Mc 14, 12-16; Mt 26, 17-19; Lc 22, 7-13)
y toma bajo su responsabilidad dar directivas respecto de la
preparación de las almas de los creyentes y el lugar,
los ritos y el texto de la celebración de la santa Eucaristía.
Las normas descritas en el misal para la celebración
de la Misa de acuerdo con el Rito Romano "constituyen
una nueva demostración de este interés de la
Iglesia, de su fe y de su amor inalterable al sublime misterio
eucarístico (Instrucción General, Introducción,
1).
¿ Qué pruebas históricas existen de la
celebración de la Eucaristía en las primeras
comunidades Cristianas?
Al
referirse a la continuidad de la celebración de la
liturgia actual respecto de las formas más antiguas,
el Catecismo presenta para su análisis el texto de san
.Justino mártir, que vivió en el segundo siglo
de la era cristiana: "Desde el siglo II, según
el testimonio de san Justino mártir, tenemos las grandes
líneas del desarrollo de la celebración eucarística.
Estas han permanecido invariables hasta nuestros días
a través de la diversidad de tradiciones rituales litúrgicas
(1345).
Actualmente, el orden de la Misa convoca
al sacerdote que la preside y a la comunidad con quien celebrará la reunión,
especial y particularmente los domingos. Este día es
el que conmemora la resurrección de Cristo y, por lo
tanto, para los cristianos, es el Día del Señor,
nuestro día santo, el momento de celebrar el memorial
de su muerte y resurrección, que Cristo nos pidió que
realizáramos en su memoria.
¿Cuál es el significado de la Liturgia de la Palabra
en la celebración de la Eucaristía?
La liturgia se divide en dos partes,
la Liturgia de la Palabra y la Liturgia de la Eucaristía. Los domingos y los días
festivos, se hacen tres lecturas. La distribución usual
es una lectura del Antiguo Testamento, una lectura de los Hechos,
las Cartas o el Libro de la Revelación y una tercera
lectura, siempre tomada de uno de los cuatro evangelios. En
las celebraciones de los días de semana, normalmente
se hacen dos lecturas. La primera se toma tanto del Antiguo
Testamento como del Nuevo Testamento (fuera de los evangelios)
y la segunda lectura es de uno de los evangelios. San Justino
escribe: "se leen, en cuanto el tiempo lo permite, los
Recuerdos de los Apóstoles o los escritos de los profetas
(1345).
Actualmente, en la instrucción de la celebración
de la Eucaristía, leemos: "Cuando se leen en la
Iglesia las Sagradas Escrituras es Dios mismo quien habla a
su pueblo, y Cristo, presente en su Palabra, quien anuncia
la Buena nueva (Instrucción General, Capítulo
Segundo, 9).
Una destacada parte integral de la celebración de la
Liturgia de la Palabra es la homilía del sacerdote,
acerca de las lecturas o algún otro elemento de la fe
y la vida de la Iglesia. Dado que tantos aspectos de nuestra
cultura cambian rápidamente, resulta esencial que las
enseñanzas de Cristo se apliquen a las circunstancias
de nuestro día de manera tal que los fieles puedan comprender
todo lo que conlleva su profesión de fe. La Instrucción
General nos dice que "su eficacia aumenta con una explanación
viva, es decir, con la homilía, que viene así a
ser parte de la acción litúrgica (Capítulo
Segundo, 9).
En este punto de la liturgia, se reza
como resumen de nuestra profesión de fe el Credo, en el que reconocernos que
hemos leído la palabra de Dios y anunciamos que nos
unimos a las enseñanzas de Cristo y la profesión
de su Iglesia, de manera que podemos proceder a celebrar dignamente
la Eucaristía. El sacerdote luego invita a los fieles
a ofrecer sus oraciones por las necesidades de la Iglesia,
la comunidad y sus preocupaciones personales. Esto se denomina
oración de los fieles.
¿Qué significa la Liturgia de la Eucaristía?
La Liturgia de la Eucaristía es el corazón mismo
de la Misa. El sacerdote reza sobre los dones, pronunciando
una de las oraciones eucarísticas aprobadas, solicita
la efusión del Espíritu Santo sobre los dones,
recita el texto de consagración, eleva la hostia y el
cáliz para que los fieles los reverencien y procede
a invocar la pasión, resurrección y gloriosa
venida de nuestro Señor Jesús. En este acto sagrado
y sacramental, el pan y el vino se convierten en el Cuerpo
y la Sangre de Cristo y nosotros, por medio de nuestra participación
en este misterio de fe, compartimos espiritualmente la muerte
y resurrección de Jesús. San Justino describe
esta elevada oración de acción de gracias y luego
destaca: "cuando ha concluido, todos los presentes pronuncian
una aclamación diciendo "Amén"š.
En su descripción de la Liturgia de la Eucaristía,
el Catecismo nos dice: "Cumplimos este mandato del Señor
celebrando el memorial de su sacrificio. Al hacerlo, ofrecemos
al Padre lo que Él mismo nos ha dado: los dones de su
Creación, el pan y el vino, convertidos por el poder
del Espíritu Santo y las palabras de Cristo, en el Cuerno
y la Sangre del mismo Cristo: así Cristo se hace real
y misteriosamente presente" (1357).
Luego se procede a la comunión del Cuerpo y la Sangre
de Cristo. Leemos en la Instrucción General que en este
punto de la Misa: "Luego el sacerdote muestra a los fieles
el pan eucarístico que recibirán en la comunión,
y los invita al banquete de Cristo; y juntamente con los fieles
formula, usando palabras evangélicas, un acto de humildad.
Es muy de desear que los fieles participen del Cuerpo del Señor
con hostias consagradas en esa misma Misa y, en los casos previstos,
participen del cáliz, de modo que aparezca mejor, por
signos exteriores, que la comunión es una participación
en el sacrificio que en ese momento se celebra" (Capítulo
Segundo, 56 g, h).
A su vez, el Catecismo nos dice: "La Santa Comunión
acrecienta nuestra unión con Cristo". El principal
fruto de recibir la Eucaristía en la Santa Comunión
es una unión íntima con Jesucristo. Por cierto,
el Señor dijo: "Quien come mi carne y bebe mi sangre
habita en mí y yo en él" (Jn 6, 56). La
vida en Cristo encuentra su fundamento en el Banquete Eucarístico: "Lo
mismo que me ha enviado el Padre, que vive, y yo vivo por el
Padre, también el que me coma vivirá por mí" (Jn
6, 57) (1391).
¿Qué significa la real presencia de
Cristo en la Eucaristía?
La fe de la Iglesia respecto de la presencia
real de Jesús
en la Eucaristía en la apariencia del pan y del vino
se remonta a las palabras del mismo Jesús, tal como
se las describe en el evangelio según San Juan. En el
discurso eucarístico después de la multiplicación
del pan, nuestro Señor comparó el pan ordinario
con un pan que no es de este mundo, sino que contiene la vida
eterna para aquellos que lo comen. El dijo: "Yo soy el
pan de vida... Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.
El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan
que yo daré es mi carne y lo daré para la vida
del mundo" (Jn 6, 48.51).
Lo que Jesús nos ofrece es su presencia continua y
perdurable cada vez que celebramos la Eucaristía. El
pan y el vino se convierten en su cuerpo y su sangre. "Éste
es mi cuerpo... ésta es la copa de mi sangre".
La forma en que Jesús está presente en la Eucaristía
no se puede explicar en términos físicos ya que
trasciende las necesidades ordinarias de espacio y medida.
El hecho de que la persona que está completamente presente
en la Misa sea el mismo Salvador Resucitado que está sentado
a la derecha del Padre es un misterio supernatural. La condición
de Cristo no cambia al hacerse presente en forma sacramental.
No es necesario que abandone el cielo para hacerse presente
en la tierra.
¿Qué significa la transubstanciación?
Al explicar esta doctrina de la fe, el
Catecismo cita al Concilio de Trento, que resumió nuestra fe católica. "Porque
Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo
la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido
siempre en la Iglesia esta convicción, que declara de
nuevo el Santo Concilio: por la consagración del pan
y del Vino se opera el cambio de toda la substancia del pan
en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor
y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre;
la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente
a este cambio transubstanciación" (1376).
¿Por qué se guarda la Eucaristía
en el tabernáculo?
La presencia real perdura después de la celebración
de la liturgia eucarística. Por este motivo hay un tabernáculo
en las iglesias. Una vez que se ha distribuido la comunión,
las hostias restantes se colocan en el tabernáculo para
proporcionar viáticos a aquellos que acuden a la Iglesia
en su hora final y también, para presentar un punto
concentrado de oración y adoración de Cristo
en su presencia real.
Con el correr del tiempo, la reflexión reverente llevó a
la Iglesia a enriquecer su devoción eucarística.
La fe en que Jesús está realmente presente en
el sacramento llevó a los creyentes a adorar la morada
de Cristo en nosotros permanentemente en el sacramento. Dondequiera
que se encuentre el sacramento, allí está Cristo,
que es nuestro Señor y nuestro Dios; por lo tanto, se
le debe venerar eternamente en este misterio. Esta veneración
se expresa de muchas maneras: en las genuflexiones, en la adoración
de la Eucaristía y en las muchas formas de devoción
eucarística que ha alimentado nuestra fe.
La popularidad de la fiesta de Corpus
Christi (el Cuerpo y la Sangre de Cristo), con sus alegres
himnos y procesiones
públicas, alentó un mayor desarrollo de las devociones
eucarísticas. En ocasiones, el Santísimo Sacramento
se retira del tabernáculo en el que se lo guarda regularmente
y se lo coloca en el altar para su adoración. Estos
períodos de exposición se extienden, en ocasiones,
a las horas santas. La tradición parroquial de celebrar
un día eucarístico o días eucarísticos
(por ejemplo, las Cuarenta Horas de devoción), con la
exposición del Santísimo Sacramento y una homilía
que presta una atención particular a este don glorioso
y divino, goza de mucha popularidad. Cuando concluyen estas
devociones, la congregación recibe la bendición
de la Eucaristía, que se denomina Bendición del
Santísimo Sacramento.
¿
Por qué es importante que me prepare para recibir la
Eucaristía?
Para responder a la invitación del Señor a comer
su carne y beber su sangre, el creyente debe estar preparado.
San Pablo nos urge a examinar nuestra conciencia. Quien coma
el pan o beba el cáliz del Señor indignamente,
será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor
(1 Co 11,27). Antes de acercarnos a la mesa del Señor,
es importante reflexionar sobre nuestra vida, pedir el perdón
de Dios por nuestras faltas y, si es necesario a causa de un
pecado grave, acogernos a la confesión sacramental.
Algunas encuestas recientes indican que
una gran cantidad de católicos no comprenden completamente la Eucaristía
y, específicamente, la presencia real de Cristo en el
Santísimo Sacramento. Cualquiera sea la causa de esta
falta de comprensión de la fe, todos los que se acerquen
a la mesa del Señor deben reconocer el significado de
sus actos y la importancia de su preparación espiritual.
A veces, es tarea de los miembros mayores de la familia, especialmente
los padres, analizar con los más jóvenes qué sucede
en la Misa y a quién recibimos con la Santa Comunión.
En algunas instancias, los abuelos desempeñan un papel único
y privilegiado como maestros de la fe, en una época
en que la concienciación respecto de la presencia real
parece haber disminuido.
¿ Cómo debo prepararme para recibir la Eucaristía?
Se ha visto resurgir en muchas parroquias
la tradición
de que las personas se acerquen a la iglesia temprano, con
tiempo para prepararse tranquilamente para la experiencia espiritual
de la Liturgia Eucarística y para recibir a nuestro
Señor en comunión. Ésta es una buena costumbre,
que todos nosotros podemos adoptar como una forma de fortalecer
nuestra propia fe y apreciar con mayor profundidad el misterio
en el que se nos invita a participar cuando nos acercamos a
la presencia de Dios entre nosotros en la Eucaristía.
Estos pocos minutos de tranquila preparación tienen
el efecto espiritual de hacer de nuestros corazones una "avenida
para el Señor . Todo lo que necesitamos es un poco de
tiempo para reflexionar, recordar qué estamos haciendo
y agradecer a Dios por la presencia real de Jesucristo en la
Eucaristía.
¿ Se permite que todos reciban la Eucaristía?
A menudo, en las bodas, funerales y otras
ocasiones religiosas en las que se encuentran presentes personas
que no comparten
nuestra fe, existe la tentación entre los presentes
de evitar cualquier tipo de incomodidad, invitando a los no
católicos a recibir la Eucaristía. Sin embargo,
no se permite a aquellos que no están en plena comunión
con la Iglesia, participar en la mesa del Señor como
si fueran miembros plenos, que comparten la vida sacramental
toda de la Iglesia. El recibir la comunión crea la percepción
pública de que se está recibiendo al Señor
en plena unidad con la Iglesia católica. Las pautas
para recibir la comunión aprobadas por los Obispos de
los Estados Unidos se encuentran al final de estas reflexiones.
A fin de ayudar tanto a los católicos como a aquellos
que no comparten nuestra fe a actuar en forma apropiada, la
Conferencia Nacional de Obispos Católicos ha emitido
pautas para recibir la Santa Comunión. Éstas
recuerdan a los católicos la necesidad de estar dispuestos
en forma apropiada, de hacer ayuno durante por lo menos una
hora antes de recibir la Santa Comunión y de estar en
búsqueda de una vida de caridad y el amor con sus vecinos.
Para otros cristianos, el texto señala que el hecho
de que no podamos extender una invitación general para
recibir la comunión es una consecuencia de las tristes
divisiones de la cristiandad. Los católicos creemos
que la Eucaristía es un acto de la comunidad celebrante
que significa una unidad de fe, vida y culto de la comunidad.
La recepción de la comunión de parte de cristianos
no plenamente unidos a nosotros indicaría una unidad
que aún no existe y por la cual todos debemos orar.
¿ Cómo nos convierte la Eucaristía
en el pueblo de Dios?
De la misma manera que nos unimos a Cristo
individualmente a través de nuestra participación en el misterio
pascual y al compartir el pan y el vino consagrados, la Iglesia
es parte de esta celebración de la Eucaristía
como el nuevo pueblo de Dios. Somos un pueblo hecho uno con
Cristo y uno con los otros precisamente en la Eucaristía.
Es por este motivo que el Catecismo nos enseña que: "La
Eucaristía significa y realiza la comunión de
vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios por las que la
Iglesia es ella misma (1325).
¿ Por qué debemos asistir a Misa y recibir la
Eucaristía?
Dado que nos constituimos en la familia
de Dios - el pueblo de Dios, su Iglesia - precisamente por
nuestra participación
en la Eucaristía, no podemos convertirnos en el nuevo
cuerpo de Cristo como un miembro pleno y saludable sin compartir
la Eucaristía. Cada domingo en que se conmemora el día
en que Jesús resucitó de entre los muertos, los
fieles se reúnen no sólo para profesar la fe
sino también para renovar la vida de Cristo en su interior.
Nos reunimos como individuos aislados unos de otros, sólo
relacionados con Dios, sino precisamente como la familia de
Dios, interrelacionados unos con otros y, a través de
la Iglesia, relacionados con Dios, hechos uno en la Eucaristía.
Por este motivo, la Iglesia convoca a los creyentes a celebrar
el gran don de Dios con nosotros en la Eucaristía todos
los domingos. El ausentarse de la Eucaristía del domingo
es disminuir la propia vida espiritual - la propia comunión
con el nuevo cuerpo de Cristo, la Iglesia. Celebramos la Eucaristía
como una familia de fe, como la Iglesia, los domingos porque
es allí donde encontramos nuestra identidad, nuestra
unidad y nuestro ser como miembros del cuerpo de Cristo, miembros
de su Iglesia.
Algunos pensamientos finales
Al concluir sus enseñanzas sobre la Eucaristía,
el Catecismo nos recuerda que también es ?la esperanza
de la gloria por venir. "De esta gran esperanza, la de
los cielos nuevos y la tierra nueva? en los que habitará la
justicia (2 Ped 3, 13), no tenemos prenda más segura,
signo más manifiesto que la Eucaristía (1405).
El Catecismo concluye con una referencia a San Ignacio de Antioquía:
?En efecto, cada vez que se celebra este misterio, se realiza
la obra de nuestra redención? y partimos un mismo pan
que es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir,
sino para vivir en Jesucristo para siempre? (1405).
Nuestro Santo Padre, el Papa Juan Pablo II, nos enseña,
en su hermosa exhortación apostólica La Iglesia
en América: ?La Eucaristía es el lugar privilegiado
para el encuentro con Cristo vivo. Por ello los Pastores del
pueblo de Dios en América, a través de la predicación
y la catequesis, deben esforzarse en dar a la celebración
eucarística dominical una nueva fuerza, como fuente
y culminación de la vida de la Iglesia, prenda de su
comunión en el Cuerpo de Cristo e invitación
a la solidaridad como expresión del mandato del Señor:
?que os améis los unos a los otros, como yo os he amado?
(Jn 13, 34) (35). Sus palabras deberían ayudarnos a
todos nosotros, obispos, sacerdotes, diáconos, hombres
y mujeres consagrados y hombres y mujeres fieles laicos a renovar
nuestro compromiso de agradecer a Dios el extraordinario don
de la presencia de Jesús en la Eucaristía.
Pautas para recibir la Comunión
El 14 de noviembre de 1996, la Conferencia
Nacional de Obispos Católicos aprobó las siguientes pautas para recibir
la comunión. El objetivo de estas pautas es recordar
a todos aquellos que asistan a las liturgias católicas
las normas de disciplina de la Iglesia vigentes respecto del
acto en que se comparte la comunión eucarística.
Para los católicos
Como católicos, participamos plenamente en la celebración
de la Eucaristía cuando recibimos la Santa Comunión.
Se nos alienta a que recibamos la comunión con devoción
y frecuentemente. A fin de estar adecuadamente dispuestos a
recibir la Comunión, los participantes no deben estar
en conciencia de pecado grave y, normalmente, deben haber hecho
un ayuno de una hora. Las personas que tengan conciencia de
estar en pecado grave no deben recibir el Cuerpo y la Sangre
del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental,
a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad
de confesarse. En este caso, deben tener presentes que están
obligadas a hacer un acto de contrición perfecta, que
incluye el propósito de confesarse cuanto antes (cánon
916). Se alienta a todos a recibir frecuentemente el Sacramento
de la Penitencia.
Para nuestros hermanos cristianos
Damos la bienvenida a esta celebración de la Eucaristía
a otros cristianos como hermanos y hermanas. Oramos para que
nuestro bautismo común y la acción del Espíritu
Santo en esta Eucaristía nos unan entre nosotros y contribuya
a disipar las tristes divisiones que nos separan. Oramos para
que éstas disminuyan y, finalmente, desaparezcan, conforme
a la oración de Cristo de ?que todos sean uno? (Jn 17,
21).
Dado que los católicos creemos que la celebración
de la Eucaristía es un signo de la realidad de la unidad
de nuestra fe, vida y culto, normalmente no se permite que
los miembros de aquellas iglesias con las que no estamos aún
plenamente unidos reciban la Santa Comunión. A fin de
compartir la Eucaristía, en circunstancias especiales,
con otros cristianos, se requiere un permiso conforme a las
directivas del obispo diocesano y las disposiciones del derecho
canónico (cánon 844 ~ 4). Se urge a los miembros
de las Iglesias Ortodoxas, la Iglesia Asiria Oriental y la
Iglesia Católica Nacional Polaca a respetar las disciplinas
de sus propias iglesias. Conforme a la disciplina Católica
Romana, el Código de Derecho Canónico no presenta
objeciones a que los cristianos de estas iglesias reciban la
Comunión (cánon 844 ~ 3).
Para aquellos que no reciben la Santa Comunión
Se alienta a todos aquellos que no reciban
la Santa Comunión
a expresar en sus corazones un deseo piadoso de unidad con
el Señor Jesús y con el prójimo.
Para los no cristianos
También damos la bienvenida a esta celebración
a aquellos que no comparten nuestra fe en Jesucristo. Si bien
no podemos admitir que reciban la Santa Comunión, les
pedimos que consagren sus oraciones a la paz y la unidad de
la familia humana.
Por
Los Obispos Católicos de Pennsylvania.
Bibliografía: "Proclamando la fe en el Tercer Milenio"
www.iglesia.org