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"El Código Da Vinci"

Leonardo y la Última Cena

Escrito por Desde la Fe

“El Código Da Vinci” dice:

Da Vinci era un genio desafiante, obsesionado por su rechazo al cristianismo, mismo que plasmó en la enorme producción de su obra. Era también uno de los grandes maestros del Priorato de Sión.


Un juego sucio

En “El Código Da Vinci” se nos muestra a Leonardo como un hombre radical en el terreno espiritual, que se burlaba de la tradición cristiana por medio del empleo de los símbolos en su arte, de manera particular en la Última Cena. ¿Realmente fue así?

Según la novela, esta pintura está llena de códigos que muestran a un Jesús casado con María Magdalena y a un enfurecido Pedro.

¿En qué se basa? Según la fantasía descomunal de esta novela, en tres cuestiones básicas: 1) que el personaje que se ha considerado como el de Juan es supuestamente María Magdalena; 2) por una mano sin cuerpo, la de Pedro, que esgrime un cuchillo; 3) porque sobre la mesa no hay cáliz.

Empecemos por este último punto: cuando pensamos en la Última Cena, la asociamos inmediatamente con la institución de la Eucaristía. “El Código Da Vinci” juega precisamente con esta experiencia, indicando que en la pintura no hay cáliz y que, por lo tanto, María Magdalena es el Santo Grial.

La falsedad de este argumento fantasioso se demuestra de manera muy sencilla, pues el tema de esta pintura no representa el momento de la institución de la Eucaristía, sino cuando Jesús anunció que alguno de sus discípulos le iba a traicionar, como está específicamente descrito en el Evangelio de Juan (Jn 13, 21-24).

Leonardo intentó que cada una de las figuras expresara su personal respuesta al anuncio de la traición. Es un momento intensamente dramático, con los apóstoles apartándose de Jesús, dejándole aislado en cierto modo, hablando entre ellos, preguntándose quién puede ser el traidor e incluyendo la imagen de Pedro dirigiéndose a Juan.

Es importante señalar que el Evangelio de Juan, a diferencia de los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, no contiene el relato en que Cristo consagra el pan y el vino y, por lo tanto, en esta especial representación el cáliz no era necesario.

¿Es realmente de María Magdalena la figura que todos creemos de Juan? No. En aquel tiempo, san Juan se representaba invariablemente como un hermoso joven. Nos puede parecer muy femenino pero, para la gente de aquella época, era claramente un hombre sentado junto a Jesús, como aparece siempre en las representaciones de esta escena.

En su Tratado de la Pintura, Leonardo explica que cada personaje debe ser pintado con arreglo a su edad y condición. Un hombre sabio tiene ciertas características, una anciana otras y los niños otras. Un tipo clásico, como en muchos cuadros del renacimiento, es el “estudiante”. El favorito, el protegido o el discípulo son siempre hombres muy jóvenes, totalmente afeitados y de cabello largo, con objeto de transmitir la idea de que aún no han madurado lo suficiente como para haber encontrado su camino. A lo largo del renacimiento, los artistas pintaron así a san Juan: es el estudiante ideal; es el “discípulo amado”, el único que permanecerá al pie de la cruz. Y lo representaron siempre como un joven sin barba, sin la fisonomía dura y resuelta del hombre.

En cuanto a la mano misteriosa sin cuerpo que, según “El Código Da Vinci”, amenaza a María Magdalena, tiene también una explicación. En primer lugar, no es una mano sin cuerpo. El dibujo preliminar y las copias posteriores de La Última Cena demuestran que la mano y el cuchillo pertenecen a Pedro. Esta es una referencia a la defensa armada que hiciera Pedro de Jesús en el Huerto de los Olivos, actitud que, por cierto, reprobó el Señor.


Otras obras

La Virgen de las Rocas

Según “El Código Da Vinci”, las dos versiones de La Virgen de las Rocas, una en el Louvre y otra en la Nacional Gallery de Londres, pretenden contar la historia de un Leonardo tratando de comunicar unos secretos anticristianos.

Pues bien, un sencillo examen del cuadro en cuestión muestra lo desatinado de la argumentación de Brown.

Leonardo había recibido el encargo de pintar ese cuadro como parte de un retablo para la capilla de un grupo llamado la Cofradía de la Inmaculada Concepción de María. Brown afirma que se trataba de un grupo de monjas.

No. Una cofradía, especialmente en aquella época, era un grupo de hombres que se organizaban con un propósito, en este caso, promover la creencia en la Inmaculada Concepción de María (la doctrina de que Dios preservó a María del pecado original desde el comienzo de su vida). Las monjas eran mujeres, no eran hombres.

La cofradía explicó detalladamente al artista sus deseos: María en el centro, vestida en tonos dorados, azules y verdes, acompañada de dos profetas, Dios Padre en lo alto y el Niño en una plataforma dorada. El encargo se hizo en 1483, pero, a lo largo de los veinticinco años siguientes, Leonardo y la cofradía entablaron una prolongada batalla a causa del cuadro.

Parece ser que la batalla no tuvo nada que ver con los detalles que menciona Brown, aunque el estilo naturalista de Leonardo no iba a incorporar los aspectos requeridos por la fraternidad. No; parece que el conflicto se debiera al pago, aunque los detalles continúan siendo desconocidos: Leonardo pedía dinero continuamente y la cofradía se negaba a dárselo.

¿Por qué hay dos versiones de la obra? Se supone que en cierto momento el cuadro fue regalado. Hay quien dice que Ludovico Sforza, gobernante de Milán, lo entregó al rey francés o al emperador alemán: esta es la versión que hay en el Louvre. La segunda, que está en Londres, fue sacada directamente de la capilla (que ya no existe).

Veamos ahora las sorprendentes afirmaciones de Brown sobre esta pintura. Asegura que, en ella, Juan Bautista está bendiciendo a Jesús, todo lo contrario de lo que cabía esperar.

Bien, la verdad es esta: en ambas versiones, Jesús es quien bendice a Juan Bautista.

La argucia de Brown consiste en decir que, en el cuadro, Jesús está junto a María, que le rodea con su brazo. Y no es así. No hay experto en arte que no opine que ese bebé que aparece arrodillado a su lado, con las manos juntas, sea Juan Bautista. Es una disposición desacostumbrada, pero se ve con mayor claridad en la versión de Londres, donde Juan viste una pequeña piel de animal y sujeta la vara que la iconografía siempre ha asociado con él. Juan es el bendecido.

¿Y qué sucede con el resto del cuadro del Louvre? La mano de María, cerniéndose sobre Jesús, resulta realmente algo misteriosa, pero parece indicar un sentido de protección. La mano del ángel no amenaza: señala a Juan Bautista como el profeta al que hemos de escuchar.

Es una pintura poco corriente, especialmente por el encargo. Ciertamente, su relación con la Inmaculada Concepción tuvo que resultar bastante oscura para los clientes. Sin embargo, Bramly afirma que es posible establecer una relación concreta:

“Leonardo parece decir: la lnmaculada Concepción está pavimentando el camino para la agonía de la cruz...”.

Así pues, Brown adopta la personalidad de cliente de Leonardo, confunde las principales figuras del cuadro, malinterpreta la naturaleza del conflicto y malinterpreta la pintura.


La Adoración de los Magos

En este momento, Langdon, nuestro protagonista de la novela, intenta explicar los discutidos mensajes misteriosos de la obra de Leonardo aludiendo a La Adoración de los Magos de la Galería Uffizi en Florencia. Cita un artículo del New York Times Magazine (una auténtica referencia del 21 de abril del 2001, fecha de la publicación) que destaca el trabajo de Mauricio Seracini, un crítico de arte que supuestamente descubrió unos tremendos secretos ocultos en ese trabajo.

La Adoración de los Magos es un boceto para una pintura encargada por un monasterio de Florencia. Parece ser que Leonardo realizó el trabajo antes de marcharse a Milán. Según Seracini, una capa de pintura ocultaba el dibujo original de Leonardo y, según dice Brown, hubo un auténtico conflicto sobre la eliminación de dicha capa de pintura.

Sin embargo, está absolutamente confundido sobre el motivo. No se trata de que el cuadro revele algo, pues los dirigentes de los museos de la ampliamente secularizada Italia no sienten temor por los sentimientos antirreligiosos o heréticos en el arte. No: la controversia surge a causa de una división fundamental en el mundo del arte entre los que se dedican a devolver a la obra artística a su estado original y los que se oponen a ello.

En el caso que nos ocupa, una vez que se anunciaron los planes para la restauración -la eliminación de la capa de pintura, varias personas del mundo artístico organizaron un grupo llamado Art Watch lmernational que elevó grandes protestas. Decían que la obra era demasiado frágil para tal restauración, que no había pruebas de que el mismo Leonardo no la hubiera cubierto con la capa de pintura, y que no era un intento por aplicar el color, sino una capa preparatoria para poder seguir pintando encima. y discutían la afirmación (que también hace Brown en la novela) de que esa capa preparatoria no procedía de la mano de Leonardo.

En resumen, Art Watch lnternational aseguraba que la reparación podría dañar la obra a distintos niveles. Vencieron, y los planes para la restauración quedaron detenidos en el 2002, pero no por las razones que alega Brown (para más información, ver www.artwatchintemational.org).


La Mona Lisa

En El Código Da Vinci, el personaje de Langdon recuerda una conferencia que dio a los presos, en la que explicó la Mona Lisa en términos de androginia, y que el cuadro, según los análisis realizados por computadora, muestra unos puntos de semejanza con los autorretratos de Leonardo, con el decidido propósito de crear el retrato andrógino (Dicho de una persona cuyos rasgos externos no corresponden definitivamente con los propios de su sexo) de un hombre-mujer que reflejara su ideal del equilibrio entre lo masculino y lo femenino. Incluso el nombre “Mona Lisa” es un anagrama de los nombres de las deidades egipcias de la fertilidad: Amón (varón) e Isis (mujer).

Aquí hemos de hacer algunas puntualizaciones: La identidad del personaje de Mona Lisa, también llamada “La Gioconda”, pintada entre 1503 y 1505, es realmente un misterio. Hay docenas de teorías, ninguna de ellas demostrable: una, de hecho la más antigua, es la de que se trata del retrato de una mujer real, Monna Lisa, la esposa de un ciudadano florentino llamado Francesco del Giocondo.

Según el crítico de arte del New York Times, Bruce Boucher, “no existen imágenes definitivamente documentadas de Leonardo” con las que se pudiera comparar ese retrato, y Bramly califica de descabellada la teoría del autorretrato.

Arnón (o Arnmon o Arnun) era un dios del sol egipcio que, a pesar de ciertas impresionantes proporciones fálicas, no estaba especialmente asociado a la fertilidad. Si lo estaba con alguna deidad femenina, era con Muth y no con Isis.

Además, cualquier relación entre nombres de dioses egipcios y Leonardo y su pintura puede ser inmediata y fácilmente descartada gracias al siguiente dato: Leonardo no ponía nombre a sus cuadros, incluso no los menciona en cualquiera de sus cuadernos, aunque no cabe duda de que son obra suya. Aproximadamente tres décadas después de la muerte de Leonardo, Giorgio Visari, su primer biógrafo, identificó el trabajo como Mona Lisa. Esta es la única referencia que encontramos para autentificar el retrato como el de Mona Lisa, aunque Leonardo no lo menciona en ninguna parte. Por lo tanto, ¿cómo podía haber comunicado alguna cosa a través del título del cuadro cuando, aparentemente, no tenía nada que ver con aquel nombre?


RIDÍCULO

Empezando por el título y continuando por la novela, Dawn Brown y todos sus eruditos personajes se refieren al artista simplemente como “Da Vinci”, como si fuera un nombre propio. Pues bien, ninguna literatura histórica o libro de referencia le nombra de ese modo. Su nombre era “Leonardo”. “Da Vinci” significa que procede de la ciudad de Vinci. Alguien que afirma ser un experto en arte y que se refiere continuamente a él como “Da Vinci” es tan creíble como un supuesto experto en religión que llamara a Jesús continuamente como “de Nazaret”. Por otra parte, cabe señalar que Leonardo pintó la Última Cena en la pared del refectorio de un convento en Milán, y no fue pintada con la técnica de fresco como equivocadamente dice el autor de la novela. Sólo una fantasía delirante nos haría ver lo que de hecho no se ve, es decir, que Juan es en realidad María Magdalena.

 

- Desde la Fe

 

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