|
< Volver
al índice
"El Código Da Vinci"
¿Odia
la Iglesia a las mujeres?
Escrito
por Desde la Fe
“El Código Da Vinci” dice:
Las
mujeres fueron líderes en la primitiva cristiandad hasta
que el “cristianismo patriarcal” llevó a cabo
una campaña misógina, cuya lucha permaneció durante
siglos. Muestra de ello fue la ejecución que hizo la Iglesia
Católica de cinco millones de mujeres “libre pensadoras” durante
los trescientos años de la “caza de brujas” (1500-1800).
A lo largo de su historia, el cristianismo ha sido ferozmente patriarcal
y está dispuesto a eliminar todo indicio de lo “sagrado
femenino” (culto a las diosas), así como el papel
activo de la mujer en la Iglesia.
Liderazgo
femenino en la Iglesia
Los
errores de apreciación de Dan Brown parecen irremediables.
La Biblia, en el Antiguo Testamento, contiene relatos sorprendentes
del liderazgo de grandiosas mujeres: la valentía de Jael,
la lealtad de Rut, la diplomacia de Abigail, el heroísmo
de Ester o el servicio de Febe. Es obvio que Brown es un ignorante
respecto al Nuevo Testamento porque no ha leído sobre las
hijas de Felipe que profetizaban, de Priscila, la esposa de Aquilas
o de Junias, compañera de trabajo de Pablo.
Resulta
sorprendente que un novelista tan comercialmente exitoso viera
cosas inexistentes en “La Ultima Cena” y en
otras pinturas, y no haya querido ver que en la monumental Capilla
Sixtina, donde se realizan los cónclaves, Miguel Ángel
pintó -con la aprobación del papa Julio II- a mujeres
como Eva, Ester, Judit, las Sibilas y donde María ocupa
un lugar preponderante.
En
los primeros años de la cristiandad hubo muchas mujeres
que se convirtieron en verdaderos pilares. Sin ellas, todo hubiera
sido más difícil para la Iglesia. Pablo las alienta
a seguir con su trabajo.
En
la defensa de la fe, muchas de ellas se convirtieron en mártires
como las santas Cecilia, Inés, Anastasia, Claudia, y otras
más que influyeron en santos y doctores de la Iglesia, como
santa Mónica, la madre de san Agustín. La Iglesia
también tiene reinas santas y célebres como Isabel
de Hungría o Margarita de Escocia, otras sabias como Hidelgarda,
Escolástica o Edith Satín.
Hay
otras importantes mujeres en la historia de la Iglesia y cada
una tiene su lugar: santa Catalina de Siena, santa Clara de Asís,
santa Juana de Arco, santa Teresa de Ávila, santa Teresita
de Lisieux, la beata Teresa de Calcuta, y en México, una
de talento prodigioso como sor Juana Inés de la Cruz.
María, la gran ausente
Si
realmente queremos apreciar la distancia que hay entre las afirmaciones
de esta novela y la realidad del cristianismo, basta reflexionar
un momento sobre la “extraña” omisión
de la figura de la Virgen María en la fantasiosa novela
de Dan Brown.
¿Por qué lo hace? Por la sencilla razón de que la
enorme importancia de María en el pensamiento y las manifestaciones
cristianas echan por tierra los argumentos del libro sobre el supuesto
odio que la Iglesia tiene hacia la mujer.
¿Quién es María?
Los
Evangelios dan a María un puesto importante al lado
de Jesús. Nos la presentan como activa colaboradora en la
misión de su Hijo. En Belén da a luz a Jesús,
lo presenta a los pastores y a los magos; convive con Él
treinta años en Nazaret; intercede en Caná, y sufre
al pie de la cruz; ora en el cenáculo. Por tanto, hacer
a un lado a María, separarla de Cristo, no es lo que la
Biblia nos demuestra.
La
Iglesia Católica enseña que María no es
una diosa sino la criatura más excelsa que Dios ha creado,
la preservó de todo pecado, le encomendó la misión
de ser la madre de su Hijo y se convirtió para la cristiandad
en modelo perfecto de fe, esperanza y caridad. Ningún hombre
creado por Dios alcanza la talla grandiosa de María, quien
fue reconocida y venerada por toda la cristiandad ya desde sus
inicios, como lo podemos constatar en la literatura, el arte y
la liturgia de los primeros siglos. Tal es el lugar que ocupa María
en la Iglesia, que los Padres conciliares de Éfeso no dudaron
en darle el título sublime de Theotókos, es decir: ¡Madre
de Dios!
La
Iglesia siempre nos presenta a María como abogada, auxiliadora,
socorro, mediadora. “Pero todo esto ha de entenderse de tal
manera que no reste ni añada nada a la dignidad y eficacia
de Cristo, único Mediador” (San Ambrosio).
La
luna brilla porque refleja la luz del sol. La luz de la luna
no quita ni añade nada a la luz del sol, sino manifiesta
su resplandor. Lo mismo, la mediación de María,
depende de la de Cristo, único mediador y salvador.
La
devoción de los cristianos a María se demuestra
especialmente en la imitación de sus virtudes: el amor a
su Hijo, su fe firme, su fidelidad al pie de la cruz, su obediencia
al Espíritu Santo, quien obró en ella maravillas.
RIDÍCULO
¿Librepensadoras igual a herejes y brujas?
“El Código Da Vinci” apunta que cinco millones de mujeres “libre
pensadoras” fueron ejecutadas por la Iglesia Católica
entre el año 1500 y el año 1800; sin embargo, los
expertos no coinciden en ello. Reconocidos especialistas de otras
confesiones religiosas, como el británico Henry Kamen, han
fijado a lo mucho en unas 40 mil las ejecuciones relacionadas con
la brujería durante dicho periodo: algunas por orden de
organismos católicos, otras por protestantes y la mayoría
por los gobiernos. Por cierto, alrededor de 30% de las acusaciones
de brujería se hicieron contra hombres.
Dan Brown comete un
error imperdonable al definir al emperador Constantino como un
verdadero manipulador de la Iglesia para privilegiar
a la figura masculina, en contra de la femenina, olvidando que
la madre del propio Constantino, santa Elena, fue una pieza clave
para el desarrollo, expansión y fortalecimiento de la Iglesia,
e incluso, gracias a esta mujer se pudieron rescatar algunas reliquias
de la pasión de Cristo. ¿Qué responde Brown
a esta contradicción? Es más, una de las esculturas
más grandes y mejor ubicadas en la Basílica de San
Pedro representa a santa Elena sosteniendo la cruz.
-
Desde
la Fe
< Volver
al índice
|