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"El Código Da Vinci"
El
Código Da
Vinci y sus Mentiras
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La aparición de la novela de Dan Brown, El Código
da Vinci y el próximo estreno de la película basada
en el mismo libro, nos mueven a alertar a los fieles católicos
sobre los contenidos que dicha obra difunde, y que serán
divulgados a través de las imágenes cinematográficas.
Hay que decirlo con
claridad: El Código Da Vinci ES UNA
OBRA ANTICATÓLICA. Ataca a Jesucristo y a la Iglesia, y
niega, punto por punto, la fe que profesamos. Constituye unas agresión
y un insulto a la creencia de la mayoría de nuestro pueblo,
y denigra a la persona de Jesús, a las Congregaciones e
Instituciones Católicas del pasado y del presente y ofrece
una imagen totalmente falsa de la doctrina que el Señor
Jesús transmitió a sus apóstoles, y por su
intermedio, a la Iglesia y a toda la humanidad.
LA NOVELA
La historia que Dan
Brown, autor de El Código Da Vinci
relata, es la siguiente: Robert Langdon, estudioso norteamericano
y profesor de simbología religiosa en la Universidad de
Harvard, se halla en París dictando unas conferencias. De
pronto, es acusado del asesinato del curador del Museo del Louvre,
Jacques Saunier, quien es hallado muerto en el mismo museo, desnudo
y con un pentagrama y un mensaje en clave pintado con su sangre,
mencionando además a Langdon. La policía piensa que
Langdon es el asesino y trata de incriminarlo. Aparece en escena
Sophie Neveau, criptóloga de la policía, y nieta
de Saunier, quien convencida de la inocencia de Langdon, lo ayuda
a escapar. El desarrollo de la novela muestra que Saunier pertenece
a una sociedad secreta llamada “El priorato de Sión”,
cuya misión es proteger el secreto más valioso de
la historia, el Santo Grial. Pero no se trata del cáliz
donde, según la leyenda, fue recogida la sangre de Cristo.
El Santo Grial es, en realidad, el vientre de María Magdalena,
quien fue esposa de Jesús y con quien tuvo una hija, origen
de la dinastía real francesa. Esta “verdad” fue
ocultada por la Iglesia Católica, que cambió la historia
y convirtió a Jesucristo en Hijo de Dios y Dios, siendo
un simple maestro. Pero fue la sociedad secreta llamada “Priorato
de Sión” quien tuvo a su cargo la protección
de la descendencia de Jesús y de María Magdalena,
considerada como una “diosa” femenina. Entre los jefes
del Priorato, destaca Leonardo Da Vinci, quien en sus cuadros y
dibujos (como La Última Cena y la Monalisa) muestra las
claves para descubrir este secreto. La Iglesia Católica
trata de hacer desaparecer este gran secreto, y un monje asesino
perteneciente al Opus Dei, el albino Silas, persigue a Langdon
y a Sophie Neveau, que lo llevarán hasta el Grial. Huyendo,
estos dos últimos van en busca de Leigh Teabing, un sabio
inglés radicado en Francia, para que los ayude. Teabing
los saca de Francia y les cuenta el significado del Grial. Al fin,
en Inglaterra se descubre el misterio, y se revela que es Teabing
quien está detrás de los asesinatos y ha manipulado
al Opus Dei para que le obtengan el secreto tan buscado. Sophie
resulta ser descendiente de Jesús y María Magdalena,
y la novela termina con Langdon arrodillado ante la pirámide
del Museo del Louvre, en París, adorando la tumba de María
Magdalena, allí enterrada. Todo esto ocurre en el espacio
de un día, a lo largo de 105 capítulos y 557 páginas
de trepidante acción.
UN CÓDIGO DE MENTIRAS
Se ha dicho que El código Da Vinci es una novela de ficción,
y por eso no hay que tomarse tan en serio una obra de ese tipo.
En primer lugar, las obras de ficción de suyo no mienten
ni insultan, y pueden darse obras que a través de un relato
ficticio sobre cuestiones reales mantengan cierta coherencia histórica.
En el caso de El código Da Vinci, el autor no sólo
deforma la realidad histórica que fundamenta su novela,
sino que propone una interpretación ofensiva sobre Jesús
y el cristianismo. El asunto es tanto más grave, cuanto
que en la presentación, después de señalar
como auténticos los documentos del Priorato de Sión
(que por cierto, es un invento del siglo XX, creado como medio
para estafar) y difamar al Opus Dei, dice: “Todas las descripciones
de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que
aparecen en esta novela son veraces” (p. 11).
Dejando de lado los
numerosos errores de tipo histórico,
geográfico, artístico y de otro tipo que salpican
la novela, señalamos los aspectos de tipo religioso y teológico
que manifiestan las FALSEDADES que El Código Da Vinci divulga
de modo irresponsable e ignorante.
1. Las fuentes del conocimiento de Jesús
Según El Código Da Vinci, la verdad sobre Jesús
no está contenida en los Evangelios Canónicos que
conocemos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) sino en otros evangelios,
llamados “apócrifos” y que la Iglesia mantuvo
ocultos para que no se conociera su mensaje. Estos libros, que
supuestamente revelan la verdadera historia de Jesús, serían
los “evangelios” de Tomás, de Felipe, de María,
etc. Han sido encontrados en Qumram (1947) y en Nag Hammadi (1948),
pero la Iglesia los escondió porque comprometía la
doctrina “oficial” sobre Jesús (ver El código
Da Vinci, p. 292).
La verdad es que los
evangelios apócrifos son todos ellos
más recientes que los evangelios canónicos. Hoy sabemos
que los apócrifos fueron redactados en el siglo II, tal
vez cien años después de la vida de Jesús,
mientras que Mateo, Marcos, Lucas y Juan son del siglo I, muy cercanos
al acontecimiento. Por otra parte, los así llamados “evangelios
apócrifos” transmiten doctrinas heréticas,
y niegan aspectos fundamentales sobre Jesús, cosa que no
hacen los evangelios canónicos.
Dan Brown ignora que
en Qumram se encontraron sobre todo documentos judíos. Y por otra parte, miente cuando dice que la Iglesia
escondió los apócrifos. La verdad es que estos libros
siempre fueron conocidos y la Iglesia los estudió porque,
a pesar de sus errores ofrecen datos interesantes sobre los primeros
siglos de la historia del cristianismo. Hoy día, estos “evangelios
apócrifos” pueden comprarse en cualquier librería
católica.
2. La persona de Jesús
Según la novela, Jesús habría sido un simple
hombre, un gran sabio con un mensaje revolucionario. Pero Jesús
no era Dios. Se casó con María Magdalena, de la que
tuvo una hija y cuyos descendientes viven hasta hoy. Esta “verdad” es
la que describen los “apócrifos”, por eso la
Iglesia los persigue con tanto encono.
Este es el mensaje nuclear
de El Código Da Vinci: la negación
de la divinidad de Cristo. Con esto, se rechaza de plano la fe
de la Iglesia que desde sus inicios ha proclamado a Jesús
como Dios, y ha defendido esta fe de todos los ataques y negaciones.
La ignorancia de la
novela es patente cuando dice que los “apócrifos” enseñan
que Jesús es un puro hombre y que no es Dios, y que se casó con
María Magdalena. Los “evangelios apócrifos” pertenecen
a una corriente herética de inicios del siglo II llamada “gnosticismo”,
que profesa que Jesús, siendo Dios, no es verdaderamente
hombre (todo lo contrario de lo que afirma Dan Brown). Por otra
parte, ninguno de los apócrifos afirma que Jesús
haya estado casado con Magdalena, y mucho menos que haya tenido
hijos de ella. Es un invento del autor de la novela.
Todo el Nuevo Testamento,
escrito en el siglo I afirma claramente que Jesús es Dios (ver Jn 1, 1; Jn 20, 28; Rom 9, 5; Flp
2, 11; Tit 2, 13 y passim). Es también la enseñanza
firme de los Padres de la Iglesia de los siglos II y III, como
San Ignacio de Antioquía, San Justino Mártir, San
Ireneo de Lyon, y de doctores como Orígenes de Alejandría
y Tertuliano de Cartago. Para la Iglesia, la divinidad de Cristo
es una verdad centralísima, presente desde los orígenes
y que ha sido revelada por el mismo Señor Jesús.
Por otra parte, tampoco en los Evangelios y en las cartas de Pablo
o en los escritos de San Juan podemos encontrar algún dato
que señale que Jesús se casó con María
Magdalena. Eso no es más que una invención y una
mentira más de las muchas que contienes esta obra. El Evangelio
es claro en afirmar que Jesús se mantuvo célibe durante
toda su vida.
3. María Magdalena
La novela presenta a
María Magdalena como esposa de Jesús.
Su vientre es el “Santo Grial”, es decir el receptáculo
de la sangre (= descendencia) de Jesús. Indica el autor
que Jesús encomendó su Iglesia a María Magdalena,
y que en ella se vivía la religión de “la diosa”,
es decir, el culto de lo femenino como Dios. Esto también
lo describen los “evangelios apócrifos”. Pero
la fracción de Pedro (de tendencia machista) triunfó y
eliminó a María Magdalena de la escena, ensombreciendo
su figura e instaurando un culto machista.
Esta es la parte más llamativa de la novela, y lo que suscita
cierta curiosidad morbosa en unos y escándalo en otros.
Pero no es sino otra de las mentiras de El Código Da Vinci.
Se trata de un tema ya conocido, propuesto en la película
Jesucristo Superstar, donde se ve a Magdalena enamorada de Jesús,
y en la novela La última tentación de Cristo de Nikos
Kazantzakis, obra por la que su autor fue excomulgado. Más
aún, la idea de que el Grial es el vientre de María
Magdalena, ha sido plagiada por Dan Brown de la obra de Michael
Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, El enigma sagrado (1981;
ed. española 1997), libro calificado de especulación
ridícula, sin sustento científico.
Los “evangelios apócrifos” jamás dicen
que Jesús encomendó a María su Iglesia y la
religión del culto femenino, por la sencilla razón
de que los gnósticos tenían una visión descaradamente
machista y denigratoria de la mujer. Para los gnósticos, “toda
mujer que se convierta en varón podrá entrar en el
Reino de los Cielos” (Evangelio gnóstico de Tomás).
Por otra parte, la Iglesia nunca ocultó la figura de María
Magdalena.
En los Evangelios canónicos aparece como la primera en
ver a Jesús resucitado, y la Iglesia, lejos de denigrarla
o enterrarla en el olvido, la ha proclamado santa y le da un culto
de veneración. Decir que ha sido esposa de Jesús
es de una ridiculez y de una grosería inaceptables.
4. El cristianismo en la historia
En su novela, Dan Brown
dice que fue el emperador Constantino quien, a través del Concilio de Nicea, en el año
325, hizo proclamar a Jesús como Dios, siendo que era un
simple hombre. De este modo fue enterrada la verdadera religión
de Jesucristo, que era la “religión de la diosa”,
cuya representante era María Magdalena. La Iglesia ha mantenido
oculto este secreto, y ha buscado a sus defensores para destruirlos,
aunque algunos grupos, como los Templarios, la Masonería
y el Priorato de Sión se encargaron de proteger a la descendencia
de Jesús y de María Magdalena. Un grupo católico
que incluso llega hasta el asesinato para obtener el secreto del
Grial es el Opus Dei.
En este aspecto se mezclan
la ignorancia y la malicia. Son pocas las obras en las que se
ha podido reunir tantos disparates al mismo
tiempo. Para comenzar, Constantino no proclamó “Dios” a
Jesús mediante el Concilio de Nicea. Antes de dicho Concilio,
ya se creía en Jesús como Dios, como se ha visto
en el n. 2. El concilio de Nicea fue realizado para reafirmar la
fe de la Iglesia contra la herejía arriana, que negaba la
divinidad de Cristo, por tanto no proclamó nada nuevo, sino
lo que se creía desde siempre. Los Templarios, que menciona
la novela, eran una Orden militar y religiosa medieval cuyo cometido
era proteger a los peregrinos que visitaban Tierra Santa, y no
tenían por finalidad proteger secreto alguno.
No existe una Orden
secreta llamada “Priorato de Sión” que
se remonta al siglo XI y cuyos miembros han sido grandes sabios
y artistas de la historia. Hoy sabemos que es una farsa inventada
en 1956 por un grupo de pícaros con objeto de levantar dinero
de los incautos (ver Massimo Introvigne. El Código Da Vinci:
Pero la verdad es bien diferente). En cuanto a las menciones al
Opus Dei, resultan infamantes y denigratorias y constituyen una
burda manera de insultar y vilipendiar a la Iglesia Católica
en una de sus instituciones.
5. Nueva Religiosidad y relativismo moral
Según la novela, la religión originaria de la humanidad
fue “la religión de la diosa”, vinculada a la
tierra y a la fertilidad. Esta fue la religión que Jesús
reivindicó y que tuvo como símbolo a María
Magdalena. En esta religión, el rito central es la unión
sexual llamada “hieros gamos”, que simboliza la unión
con la divinidad. Este tipo de religión fue protegido por
los jefes del Priorato de Sión, algunos de los cuales fueron
homosexuales, como por ejemplo Leonardo Da Vinci.
La denigración y el rechazo del cristianismo en El Código
Da Vinci corren pareja con la propaganda a esta religión
de lo femenino. Hay toda una exaltación de lo pagano, pero
también de una visión feminista de la existencia,
muy propia de la corriente llamada New Age. Por otra parte, la
presentación de la homosexualidad como rasgo de distinción
se inscribe dentro de la tendencia actual a presentar esta realidad
como algo no sólo normal, sino incluso bueno y deseable.
No se puede estar de acuerdo con esta visión relativista,
contraria a la moral católica.
Aceptar una visión religiosa pagana como la propuesta por
la novela, en la línea de la New Age, no es avanzar, sino
retroceder. El cristianismo arrancó a los hombres de las
garras del paganismo, con sus errores y esclavitudes, y los liberó del
terror de los falsos dioses.
Por otra parte, la novela no dice que su tan mentado “hieros
gamos” en realidad era “prostitución sagrada”,
y las pobres mujeres que participaban en estos ritos no eran consideradas
como diosas, sino como meros instrumentos para satisfacer los deseos
de los hombres que buscaban la unión con la divinidad. Al
eliminar esos cultos, el cristianismo liberó a la mujer
de esa opresión religiosa y les devolvió su dignidad
de personas.
Conclusión
Después de revisar todo este conjunto de errores, falsedades
y difamaciones, no queda más que concluir que El Código
Da Vinci es una novela llena de mentiras y ataques que pretenden
pasar como verdades para denostar a Jesucristo y a su Iglesia.
El Señor Jesús nos dijo: “Conoceréis
la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8, 32).
Tenemos la certeza de conocer la verdad. Ella nos ha sido dada
por Jesús y comunicada por la Santa Iglesia Católica.
Lo que Ella nos enseña acerca de Jesús es la Verdad.
Nosotros también podemos decir, al igual que San Pablo: “Sé de
quién me he fiado” (2 Tim 1, 12).
Oficina de Pastoral del Arzobispado de Lima, Perú
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